El agua es un recurso limitado, ya sea escaso o caro de producir

El ingeniero agrónomo doctor Luis Gurovich, presidente de la Asociación Gremial de Riego y Drenaje (Agryd), reflexiona sobre cómo se puede optimizar el uso del agua para la agricultura en Chile y de cómo las tecnologías implementadas en Israel podrían aportar en el logro de esta meta.

 

Por Jorge Velasco Cruz

 

El académico Eilon Adar, del Zuckerberg Institute of Water Research (ZIWR) de la Universidad Ben Gurion del Negev, en Israel, realizó una visita a Chile a comienzos de año, donde participó en el 12° Congreso Mundial del Tomate Procesado y en el seminario “Riego en Zonas Áridas”, organizado por el Consejo Nacional de Producción Limpia (CPL) y Chilealimentos. En ambas oportunidades presentó la experiencia de Israel en el uso de diversas tecnologías de riego tecnificado -invernadero, goteo, plásticos para cubrir el suelo y para sostener las raíces, riego entre hileras, cintas enterradas y riego responsivo, entre otras-, que permiten efectivamente optimizar el uso del recurso hídrico hasta en un 95%. Para comprender de qué manera se han implementado en Chile o cuál podría ser su potencial, conversamos con el ingeniero agrónomo Luis Gurovich, académico y presidente de la Asociación Gremial de Riego y Drenaje (Agryd), con más de 40 años de trabajo en proyectos relativos al diseño, operación agronómica y a la eficiencia de sistemas de regadío.

 

“En general, la mayoría de las tecnologías que se emplean en Israel no son realmente nuevas. Derivan todas del riego por goteo, que ya tiene más de 35 años y que en Chile está presente desde hace más de tres décadas. Lo que sucede es que son desarrollos nuevos, que han permitido ahorrar todavía más agua. Estas técnicas no sólo apuntan a lograr una mayor eficiencia en la aplicación, sino también en el uso de agua en los momentos en que la planta la necesita y en las cantidades precisas. Por lo tanto, es una segunda etapa del riego por goteo”, explica Luis Gurovich.

-¿En qué consiste esta nueva fase en los sistemas de riego?

-Hay cosas muy interesantes que se han logrado realizar, por ejemplo que no se pierda ninguna gota de agua bajo de las raíces, poniendo un plástico que cumple la función de macetero. Esta técnica, que prácticamente no se usa en Chile, obliga a regar con mucha precisión, porque si uno agrega un poco de agua de más, se va a producir una poza debajo de las raíces y estas se van a podrir. Por lo tanto, hay que saber exactamente el consumo de la planta para aplicar la cantidad de agua que se necesita. 

-¿Qué otra alternativa usada en Israel se podría implementar en Chile?

-Otra técnica que se utiliza hace tiempo y en Chile prácticamente no se emplea en ningún cultivo, es enterrar las cañerías a 30 ó 40 centímetros de profundidad, de tal manera que el agua nunca llegue a la superficie, desde donde se evapora, sino que las raíces son las que la aprovechan al 100%. En Chile no se usa porque, en general, el agricultor quiere ver las mangueras goteando, quiere estar tranquilo de ver que el agua se está aplicando y si se entierran las cañerías no lo va a poder hacer. Entonces, si hay cualquier problema, se va a enterar cuando la planta esté marchita. Por eso es que ha habido mucha resistencia y suficiente agua hasta ahora como para que el agricultor se dé el lujo de aplicar un poco más, aunque una parte se evapora desde la superficie del suelo y no la aprovecha el cultivo.

-¿Hay otras técnicas que sí se estén implementando en Chile para aumentar la eficiencia de uso del agua?

-Lo que se está buscando es que no sólo el equipo de riego funcione perfectamente y de manera uniforme, sino que además se está tratando de darle agua al cultivo cuando la necesita y en la cantidad exacta. Es el riego responsivo, que va en respuesta a mediciones que se hacen de las necesidades reales de agua de la planta.

-¿Cómo funciona eso del riego por goteo que se instala cada dos hileras de cultivos en campo abierto?

-Se trata de cultivos que no son de alta rentabilidad, como el maíz, y que no sería rentable regarlos por goteo, a menos que uno ponga mangueras cada dos hileras pero con una descarga un poco más alta. Entonces, en vez de perder agua como cuando se riega por aspersión o por surco, así se logra un ahorro importante de agua y de infraestructura de riego, pero entregando el agua justa. 

 

-¿En qué zonas geográficas y para qué tipos de cultivos sería recomendable usar estas técnicas?

-Hoy día estamos con problemas de sequía hasta Chiloé. O sea, si uno pudiera regar papas en Chiloé con sistemas de riego por goteo sería un gran éxito. Uno, porque con seguridad le alcanzaría el agua al agricultor para sacar el cultivo adelante y dos, porque realmente se aprovecharían los pocos recursos que hay, ya que no llueve lo suficiente. Hoy en día todo el país podría verse beneficiado con estas nuevas técnicas.

-¿Qué tan caras de implementar o rentables son las tecnologías que se emplean en Israel?

-Estas tecnologías, en conjunto, tienen un costo marginal en relación al riego por goteo tradicional que en Chile se usa bastante. Podría ser un 15% a 20% más que un equipo de riego por goteo y el impacto sobre los rendimientos sería bastante importante, por lo menos de un 50%, más otro 30% de ahorro de agua.

-¿Qué riesgos conlleva el uso de la tecnologización en el riego?

-Lo que hay que destacar es que mientras más tecnología se le mete a un cultivo, es mayor el riesgo que se corre si se la maneja mal. El daño es mucho más grande que cuando se hacen las cosas de otra manera, porque la cantidad de raíces que ahora están involucradas en aportar a la planta son mucho menos.

 

INFRAESTRUCTURA Y EFICIENCIA HÍDRICA

Otro de los aspectos en los que Israel presenta grandes avances, es en los sistemas de acumulación de agua, un tema sensible para Chile, donde las precipitaciones han presentado un promedio a la baja y en el cual el aumento de la isoterma cero ha disminuido la capacidad de la cordillera como la gran reserva de agua en forma de nieve del país. De hecho, los planes gubernamentales de construcción de embalses, han presentado un lento desarrollo en las últimas décadas.

-¿Cómo se podría mejorar en Chile la gestión del agua embalsada?

-La mejor 'tecnología' que se podría utilizar en Chile es que los agricultores se pongan de acuerdo para usar los recursos que hay. Es decir, educación y compromiso de parte de todos los usuarios de una misma fuente de agua, para emplearla de la forma más eficiente. Ése es el gran problema que tenemos en el país. Se construyen embalses, se hacen tranques pero nadie se hace cargo de un manejo racional de ese recurso. Entonces, mientras más agua se pone a disposición de los agricultores, con una tremenda inversión, menos eficiente es su uso. Porque como el agua no tiene costo, no tiene un valor por sí misma, no se paga por el metro cúbico realmente utilizado y no hay ningún estímulo para su uso eficiente.

Hacer embalses de cabecera, arriba en los valles, implica inversiones caras. Son buenas inversiones, pero cuando hay agua. Si no, ¿qué sacamos con tener ahí un elefante blanco? Entonces, hay mucho que hacer todavía en la parte del manejo del agua que sí hay, antes de entrar en grandes inversiones para resolver el problema. Porque la verdad es que la mayor parte de los proyectos que finalmente se llevan a cabo para llevarles más agua a los agricultores, terminan haciendo que se riegue con menos eficiencia.

-Pero hay tecnologías que permiten optimizar la conservación del agua embalsada, como la tecnología para cubrir los tranques…

-Ha surgido una tecnología muy interesante, que consiste en depositar sobre los tranques varias bolas de plástico con un peso adecuado para que no se hundan y para que no se las lleve el viento, de tal manera que se evitan la evaporación y la aparición de algas, uno de los grandes problemas que hay cuando se acumula agua.

Además, hay que impermeabilizar los tranques y hacer que el agua llegue relativamente limpia, porque viene del río con sedimentos que se van depositando en el fondo. Al cabo de 30 o 40 años, ese tranque se embanca y no se puede usar más, porque ya no tiene capacidad de embalse. Entonces, en muchas partes del mundo hay sistemas de separación de material flotante para poder darle más vida útil a los tranques.

-Una fuente de agua muy importante son los acuíferos o aguas subterráneas. ¿Qué alternativas hay que ayuden a controlar su uso?

-La más importante es saber cómo funcionan los acuíferos, conocer la hidrogeología de un valle para saber cuál es la recarga y la extracción que tiene. Eso en Chile es prácticamente desconocido en todos los acuíferos. En el mundo se usan modelos por cuenca, que simulan y calculan las entradas y las salidas para determinar cuáles son los máximos que se pueden extraer para que no se pierda el acuífero. Acá en Chile prácticamente no tenemos ningún especialista en ese tema, no hay ninguna universidad que forme gente en eso. Falta invertir en las personas adecuadas. Las tecnologías básicamente las conocemos, pero nos faltan los datos de las cuencas para usar los modelos. 

 

LOS MÚLTIPLES USOS DEL AGUA

En países como Israel, donde el agua es un recurso escaso, se busca extraerle el máximo provecho al recurso, esto gracias a diversos sistemas de tratamiento. Por eso, la misma agua que se emplea para regar, puede ser manejada también para la cría de peces ornamentales, la formación de lirios en lagunas y el cultivo de algas.

“Por ejemplo –explica Luis Gurovich-, es posible tomar el agua de mar para desalinizarla y usarla en las ciudades. En otros países, a ésta se le realiza un nuevo tratamiento para que quede apta para el uso agrícola. E incluso después los excedentes se pueden emplear para la minería. Con ello, los costos de utilizarla para el agro bajarían”.

-¿Se puede incorporar esa práctica en Chile?

-Tenemos algunas leyes bien particulares que lo dificultan. En primer lugar, el agua de mar no se puede extraer para desalinizarla, a menos que uno tenga mucha paciencia para conseguir los permisos. Luego, tenemos la gracia de que más del 90% de las aguas de las ciudades es tratada, pero por ley las empresas que lo hacen tiene que devolverla al cauce. En otros países, lo que ocurre es que esa agua tratada se incorpora a una red hidráulica presurizada especial que la lleva a los campos.

-¿Qué tan real es la posibilidad de utilizar agua desalinizada con fines agrícolas en Chile?

-Es tremendamente real, dado que hay países en que prácticamente se abastecen en un 100% con agua de mar. Esto se debe a los costos que presenta hoy día, los que han bajado casi un 40% en cinco años por la incorporación de nuevas tecnologías. Actualmente, se encuentran en unos US$43 centavos el metro cúbico, de los cuales US$20 centavos corresponden a energía y el resto es amortización el capital de lo que cuesta hacer la planta. Todavía ese costo es muy alto para la agricultura, porque usa demasiados metros cúbicos por hectárea para que sea justificable económicamente, aunque hay algunos cultivos que sí lo podrían pagar, por ejemplo algunos berries. Pero si esa agua, antes de entregársela a la agricultura, se la hace pasar por la ciudad y después se le da un segundo tratamiento, ahí el costo es perfectamente razonable para la agricultura.

Ahora, los desarrollos que vienen -por ejemplo, con la incorporación del grafeno- plantean que estos valores podrían reducirse prácticamente a un décimo de lo que están costando hoy día. No sabemos lo que va a pasar de aquí a cinco años, pero es muy probable que lleguemos a valores muy bajos.

-En resumen, ¿cuáles serían las lecciones de la experiencia de Israel que nos podrían servir en la agricultura chilena?

-La más importante es la conciencia de todos los habitantes del país de que el agua es un recurso escaso, limitado, caro de producir. En Israel, los niños desde que nacen son educados en este concepto de que el agua hay que cuidarla a todo nivel. Eso es determinante en cómo la gente se comporta frente al recurso.

En segundo lugar, la idea de que todo el consumo de agua tiene un costo relacionado con la cantidad que se consume. En Israel es más barata el agua que en Chile en el tramo más bajo de consumo, pero cuando uno se pasa en un metro cúbico, la multa es tremenda; acá no. Entonces, hay poco estímulo para usar menor cantidad de agua.

Y lo otro es que hay un concepto generalizado de respeto al otro, en el sentido de que todos tienen derecho al agua. Y aquí ese respeto no es generalizado y vemos cómo en años de tremendas sequías, la gente se roba el agua y se secan los humedales. El Estado no tiene gente ni recursos para fiscalizar. Acá, si no hay agua, vemos gente regando las calles y las veredas, lavando los autos… botando el agua. Y agricultores mal usando agua en sus campos y no dándole la posibilidad a los que están más abajo de usar lo que les corresponde.

-¿Le correspondería al Estado cumplir un rol más activo para ayudar a los agricultores a financiar infraestructura hídrica?

-Pienso que todos estos subsidios y recursos que se dan son muy mal empleados y muy mal gastados. No es el papel del Estado actuar en ese sentido. Lo que el Estado en Chile debiera hacer, es decir 'de ahora en adelante el agua tiene un valor, tiene un precio y lo que yo recaude por ese precio del agua no me lo voy a quedar en el bolsillo y no lo voy a gastar en otras cosas. Se va a gastar cada peso en mejorar la infraestructura'. Si eso se hiciera, tendríamos el capital suficiente para mejorar y reparar la infraestructura y sería un castigo para aquellas personas que usan mal el agua. Pero que el Estado se meta la mano al bolsillo y deje de mantener un jardín infantil para ponerle agua al agricultor, no me parece razonable. Además que la experiencia ha mostrado que no se logra el impacto que uno quiere.