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Febrero 2018 | Agtech

Impresión 3D con frutas amazónicas y ‘super foods’ cada vez más cerca

Una máquina para imprimir nutrientes

Benito Juárez, de Fab Lab Perú, ha creado un concepto de impresora que se nutre de frutas amazónicas y ‘super foods’ para diseñar alimentos a la medida de las necesidades de cada persona.

Stefano De Marzo

Benito Juárez es presidente de Fab Lab Perú, una organización que forma parte de una red de laboratorios que buscan no poner límites a la fabricación digital. Su origen está en las aulas del Massachusetts Institute of Technology (MIT).

A nivel mundial la organización se divide en spernodos: Europa, África, Asia, Latinoamérica, etc. Cada supernodo tiene un país que lo articula. En el caso de Latinoamérica es el Perú. Todo empezó en 2009 cuando vino una delegación de Fab Lab para seleccionar a dos peruanos. Benito Juárez y Víctor Freundt fueron los elegidos para llevar el programa del Fab Academy en Barcelona. En 2010 se dio inicio al supernodo América Latina con Perú.

Llevaron el programa a Barcelona y se les asignó un presupuesto para el implementar el laboratorio de fabricación digital en el Perú, al más alto estándar mundial, además del financiamiento por dos años. Hoy son más de 100 laboratorios en América Latina y más de 10 en el Perú. Benito, por su lado, es uno de los especialistas en fabricación digital más importante de la región. Ha impulsado con decisión la incipiente industria de la impresión 3D en el Perú y otras partes de América Latina.

EL CAMINO HACIA NUTRIGENE

En 2016, Benito Juárez ganó el Global Impact Competition con su proyecto de un Fab Lab flotante en el río Amazonas. Por ello, fue invitado hace poco más de un año a participar del Global Solutions Program en Singularity University, en Sillicon Valley (Estados Unidos).

Dentro de este espacio se incuban y aceleran proyectos que pretenden transformar el mundo como lo conocemos hoy. La idea es encontrar soluciones a desafíos globales y que estas puedan impactar, por lo menos, a mil millones de personas en los próximos años.

“Lo mismo empieza a ocurrir con la fabricación digital”, señala Juárez. “Hace unos años las impresoras 3D costaban de US$25,000 para arriba. Ahora las encuentras de US$2,500 para abajo”, añade.

El programa dura 10 semanas y comparten sesiones ochenta personas de todo el mundo, vinculados a distintas áreas: científicos, políticos, artistas, activistas, tecnólogos, arquitectos, ingenieros… La idea es que entre todos puedan abordar soluciones para lograr lo que las Naciones Unidas han señalado como los 17 objetivos de desarrollo sostenible en el mundo.

LABORATORIO FLOTANTE. Con el Fab Lab flotante se buscaría llevar herramientas de fabricación digital a las comunidades de la cuenca del Amazonas.

Benito comenta que su proyecto del Fab Lab Flotante tiene un trasfondo familiar. Él es de Río Negro, Satipo. Creció rodeado de estímulos visuales y naturaleza. Pero también vivió el terrorismo, lo que llevó a la familia a mudarse a Lima. “Siempre ha estado en mi corazón la idea de cómo contribuir y devolver algo a mi tierra. Cómo devolver canales y oportunidades para que los jóvenes y el talento que tenemos ahí se desarrolle”.

Por ello desarrolló el proyecto del Fab Lab amazónico que surcara por el Amazonas. Sería un laboratorio de fabricación digital y biotecnología flotante que llevaría tecnología de punta a las comunidades de la selva. Pero una vez que llegó a Singularity University lo invitaron a ir más allá.

CONTRA LA DESNUTRICIÓN

La selva pierde áreas de bosque todos los años por diversas actividades extractivas, agrícolas y ganaderas, además por la contaminación de la minería y la industria petrolera. En ese contexto, en el de buscar soluciones contra la depredación de la selva, es que nace la idea de desarrollar una impresora de nutrientes.

Así es como Benito pensó en la diversidad de frutas y ‘super foods’ que hay en este territorio y la paradoja de que justamente ahí existiera una gran masa de personas con problemas de desnutrición.

“La desnutrición es un problema mundial no solamente de los países en desarrollo. Es un problema que afecta a más de 3,000 millones de personas. La gran mayoría en el mundo no tiene siquiera una noción de su nivel nutricional”, señala Juárez. “En el contexto peruano esto es crítico, hay zonas donde el 60% o 70% de los niños sufren de desnutrición crónica. De ahí, fuimos tejiendo los hilos y la propuesta  que planteamos fue imaginarnos que tenemos en casa una máquina que pueda recibir los datos de la persona de sus actividades diarias. Y esto puede ser monitoreado mediante un reloj inteligente o mediante un celular o, ya si quieres un nivel de monitoreo más profundo, mediante exámenes de sangre de distinto tipo. También mediante información genética”, añade.

Todo eso pasa a una plataforma, se procesan los datos, y la máquina dice cuál es la cantidad exacta de vitaminas que debería producir para ese día. La idea es que sea un ciclo constante. Que se retroalimente con la performance diaria. Dentro de la máquina se cultivarán microorganismos que irán produciendo estas vitaminas para cada caso.

La impresora funcionaría, a diferencia de las máquinas de café con cartuchos descartables, con una carga de microorganismos que podrá ser usada durante cinco o seis meses sin necesidad de cambiarla, solo agregando agua.

“Esto parte de la propuesta original. La empresa que fundamos en EE UU se llama Nutrigene. Una vez que empezamos a desarrollarlo nos enfrentamos a ciertas  barreras. Una de ellas es que para que esto sea seguro y puedas desarrollar tus vitaminas en casa, se necesita un mayor tiempo de investigación, una serie de pruebas y mayor inversión”, indica Juárez.

FRUTOS DIGITALES

El contexto amazónico ofrece oportunidades enormes en cuanto a la gran diversidad de frutas y ‘super foods’ que se encuentran. Según Benito, muchas de esas se están perdiendo porque no tienen salida al mercado.

A partir de ello, hizo un rediseño del modelo original y creó un nuevo sistema que se llama ‘Árbol digital’ o ‘Tree D’, donde los cartuchos son de fruta de la Amazonía. Estas frutas serán procesadas de manera natural sin necesitar de conservantes químicos. De este modo,  prolongará la vida de la fruta de entre veinte a cien veces más.

“Mi papá es agricultor, y como agricultor, él tiene este gran drama que una vez que cosechas, si no lo vendes en dos semanas pierdes todo. Otra gran ventaja que te da esto es que reduces el peso en 80% y, por ende los costos logísticos”, comenta Juárez. “Con la fabricación digital podemos dar un salto más allá y crear productos personalizados, incluida la nutrición. Ya no es que simplemente me compro la fruta y me la como. Gracias a estas tecnologías la voy a ingerir y lo que estoy ingiriendo está hecho específicamente para mí, para las actividades que voy a realizar, para mis condiciones fisiológicas”, continúa.

Todo esto se logra a partir de la gestión de la información. Al igual que en Nutrigene, en esta máquina están conectados los datos, provenientes de un reloj inteligente que va haciendo un monitoreo de las actividades diarias. Es decir, de cuántas horas uno camina o duerme. También se puede agregar data de tipo de sangre, pruebas nutricionales o información genética.

Toda la información relevante acerca de la nutrición de una persona se sube a la plataforma y la máquina calcula, según los insumos que tiene, cuál es la mejor combinación. En este momento, se encuentran en fase de prototipo. Ya se inició el proceso de patente.

“Son tres componentes (máquina, material y software) en los que estamos trabajando. Tenemos la carcasa, cómo se vería. Con el material hemos estado probando qué estructuras se pueden formar a partir de estos. Y en la parte del software también estamos viendo el  algoritmo de nutrición. Todavía no está todo integrado. Para eso se requiere un fondo mayor  que es lo que estamos buscando”, señala Benito.

IMPRIMIR LA FRUTA QUE SE QUIERA EN EL LUGAR QUE SE QUIERA

ÁRBOL 3D. Benito Juárez posa junto al prototipo de lo que será Tree D, un dispositivo portátil con alta capacidad nutricional.

DESARROLLO EN LA SELVA. Tree D no solo es nutrición, también busca alargar la vida de los productos de los agricultores y hacer más viables sus actividades productivas.

Por un lado, Tree D generará beneficios nutricionales. Por otro, beneficios a los agricultores al permitir que sus productos tengan más tiempo de vida y disminuir sus costos. “Además de tener un alcance a un mercado mundial a través de la red de Fab Lab, con la que podemos distribuir máquinas en todo el mundo. Y ellos pueden distribuir sus productos para estas máquinas”, añade Juárez.

La idea es poder imprimir la fruta que quieras en el lugar que quieras en la forma que quieras con los nutrientes personalizados. De esta manera se pueden resumir las ventajas de Tree D.

El prototipo se ha probado con diversas frutas del país. De la selva central, la piña Golden. De la selva baja, camu camu, aguaymanto Y aguaje. Aunque también se ha probado con interesantes resultados con ‘super foods’ como la quinua y la kiwicha. Otras frutas también tiene un potencial enorme: cítricos, mango, papaya y bananas, entre otras. 

Lo primero que sale tras procesar la fruta es un líquido. Sin embargo, están trabajando en una técnica para convertir ese líquido en una especie de gel que sea como una gomita. Si bien las fibras se conservan, la textura pasa a otro estado. Aunque el valor nutricional y el sabor se mantienen. Solo tiene aditivos naturales para darle la consistencia al gel, para que no se chorree.

“Otra idea que tenemos, pero que todavía no  hemos piloteado, es que si tu compras una máquina sepas de dónde son los insumos, de qué comunidad, y a qué ecosistemas estarías beneficiando con esto”, señala Juárez.

Sin embargo, Tree D no solo se trata de nutrición. También de incentivar la conservación en la selva.  A todo el mundo. Para Benito Juárez lo importante es incentivar biodiversidad. Parte de su equipo está en México, donde también hay zonas con especies en peligro. “Es nutrición, pero también es buscar zonas en el mundo donde se esté perdiendo biodiversidad. Lo que me apasiona es que esta es una forma de incentivar la conservación de la selva”, añade.

No existe un mercado específico al que este producto apunta. Señala su creador que toda metrópoli es un mercado potencial, debido al ritmo de vida acelerado y las necesidades nutricionales de las personas. Aunque también Tree D está pensada para los programas de lucha contra el hambre y las diversas instituciones que luchan contra la desnutrición en zonas de África y Latinoamérica. El precio para mercado estaría alrededor de los US$500. La impresión se tomaría diez minutos en estar lista. Aunque se puede programar. Para cuando uno se despierte o regrese de hacer deporte ya estaría lista para ingerir.