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Febrero 2018 | Agua

Emilio Custodio Gimena, Universidad Politécnica de Cataluña, España

“Para una gestión eficiente hay que tener claro las características del acuífero de Ica”

El agua no se va a acabar en Ica porque hay un río importante. Puede que el recurso sea escaso, pero el acuífero seguir funcionando con un nivel determinado y a ello debe acomodarse la gente, sentencia Emilio Custodio Gimena, Dr. de la Universidad Politécnica de Cataluña, quien considera que siempre que haya un río habrá agua. Sin embargo, el uso sostenible del acuífero que garantice largos años de producción agrícola en la zona es algo que debe ir de la mano de una buena gobernanza y un conocimiento de la capacidad y morfología del acuífero, mediante diferentes técnicas existentes.

Marienella Ortiz

Para un adecuado manejo del acuífero iqueño, este especialista en investigación de aguas subterráneas ha destacado la necesidad de establecer un modelo hidrogeológico conceptual de funcionamiento con apoyo hidrológico, hidrogeológico, hidrogeoquímico-isotópico y geofísico, que consideren las relaciones con las aguas superficiales y otras. “Hay que conocer cómo funciona el acuífero (de Ica). El balance no es muy claro. Hay muchas incógnitas. Lo pendiente es estudiar los niveles, la superficie geométrica, la química, los isótopos naturales, lo que uno tenga en mano. A veces uno piensa que debe desplegar una campaña de química impresionante, pero los usuarios tienen los suyos; quizá se pueda poner todo en una base de datos y tener una visión general”, explica Emilio Custodio.

Según el especialista, la veda de la instalación de nuevos pozos es una medida transitoria, en tanto se defina la gobernanza. Sobre si es necesario tener una gran obra de transvase de agua, el experto indica que hay que analizar la rentabilidad y las externalidades de traer agua, pues puede generar más costos que beneficios. “Esta no puede ser una decisión meramente técnica, sino social y económica”, apunta.

SOBRE LOS EXCEDENTES DEL RÍO ICA Y MANEJO DE LA RESERVA

Ica es un caso complejo y único en el mundo, donde en determinado momento del año el agua sale del valle medio y se divide entre dos zonas bajas. “Por la piezometría se ve claramente que el agua va hacia dos lados. No hay datos de química e isótopos pero probablemente si se hiciera quedaría claro que se divide en dos porque hay una estructura geológica que parece que tectónicamente está activa. Eso requiere de un estudio piezómetro e isotópico para ver cómo se distribuye el agua que sale del valle medio. De allí se puede tomar la decisión, porque una explotación muy cerca de la zona donde el agua va hacia un lado puede afectar al otro lado. Por eso, se requiere un organismo de coordinación para que el reparto sea razonable, que ambas zonas no se queden sin transferencia”, recomienda.

Sobre los pozos de infiltración en Ica, Custodio señala que se deben perfeccionar, básicamente porque hay una serie de pozos que no están en la zona idónea porque el agua entra y sale y no termina almacenándose en el acuífero. Todo esto, con el tiempo y el estudio, puede perfeccionarse.

Lo cierto es que el ciclo hidrológico o ciclo del agua tiene muchos componentes, pero que, en resumen, existen dos tipos de recarga natural de un acuífero. La primera es la que se produce por la lluvia, que aquí en la costa del Perú no es significativa. “He visto que el promedio anual es de 9 mililitros. Eso no produce ninguna recarga, pero en las zonas más altas llueve un promedio de 200 a 250 mililitros. Esos volúmenes, dependiendo del tipo de terreno o del recubrimiento del suelo, pueden generar algún tipo de recarga”, explica. Sin embargo, el agua de las precipitaciones se va mermando por medio de la evapotranspiración, pero también por la escorrentía superficial y la escorrentía subsuperficial, quedando al final el residuo que viene a ser la recarga.

El segundo tipo de recarga se da en el curso de agua superficial natural o artificial que pierde agua, conectándose con el medio saturado del acuífero. Las dos posibilidades existen con un impacto según las características del terreno, pero en las zonas áridas es muy importante la infiltración que se produce en los canales. En general, el resultado de la recarga natural es muy incierto.

Entonces, ¿cómo se puede lograr un balance del agua subterránea? La idea es que la explotación sea sustentable, es decir, que lo que sale y entra no genere una variación de almacenamiento. “La ventaja de ese almacenamiento es que permite regular la secuencia de años secos y años húmedos. Por lo tanto, el agua subterránea es la gran reserva, es el gran elemento que yo tengo para coordinar una hidrología de superficie muy variable con una hidrología subterránea que es mucho más constante. En general, quitando excepciones por situaciones particulares, el usuario de agua superficial siente las sequías muy dramáticamente, y el usuario de aguas subterráneas la siente mínimamente o a veces ni entere”, sostiene.

MUCHAS ENTRADAS Y MUCHAS SALIDAS

Tomando como referencia un determinado volumen y un cierto intervalo de tiempo  (seis meses o un año), las entradas de agua menos las salidas deberán ser iguales al almacenamiento del acuífero. “Esto es el balance que me dice cómo está funcionando el acuífero, pero las entradas y salidas son muchas. Hay mucho por conocer antes de hacer un balance”, refiere Custodio.

Además de la recarga por precipitación y infiltración de agua superficial, también hay entradas de agua marina y lacustre, entradas lateral y vertical, retornos del riego, recargas inducidas y artificiales. En cuanto a la salida figuran la evapotranspiración freática, salida lateral y vertical, extracciones por drenes y pozos, entre otros. Entonces, la variación del almacenamiento (reserva) de agua tiene que ver a su vez con la variación del nivel freático, la porosidad drenable/llenable, la variación piezométrica, coeficiente de almacenamiento, entre otros. “Esos cálculos lo podemos hacer si tenemos datos. Si el modelo es más complicado, tenemos algunos modelos matemáticos, que no es nada más que entender el problema, entender el ciclo del agua. El modelo lo que me da es el balance y en base a eso puedo tomar determinadas decisiones. Existen muchos métodos y lo mejor es aplicar varios a la vez, para reducir la incertidumbre”, apunta Custodio.

También existen los métodos de análisis de variaciones del nivel freático por precipitaciones, métodos satelitales/aerotransportados indirectos, métodos empíricos, modelación numérica de una malla regular o irregular, modelos de flujo y modelos de flujo y transporte de masa.

En tanto, el método gráfico hidrogeoquímico permite evaluar de dónde proviene el agua almacenada del acuífero. Por ejemplo, si proviene del río de las quebradas o si hay inclusión marina, incluso, determinará qué volumen es retorno de riego, debido al cambio de distribución de los isótopos. Gracias a estos estudios, por ejemplo, se tiene claro que en el Macizo de Betancuria, en las Islas Canarias, España, el agua es de recargas recientes y tiene aguas salinas antiguas, donde se registra, incluso, efectos del volcanismo residual; mientras que en la Pampa del Tamarugal, Chile, se puede distinguir el aporte de las diferentes quebradas y alimentación de la zona.

AGUA SUBTÉRRANEA, UN SEGURO CONTRA SEQUÍAS

En climas áridos y semiáridos, el agua subterránea es el seguro contra sequías. Por tanto, es casi inevitable una extracción intensiva en épocas secas cuando fallan otras fuentes. Aunque no tan árida como Ica, Custodio menciona el acuífero en el Campo de Cartagena, España, que tiene 20 km y una potencia de 150 metros. “Cuando los agricultores no disponen de agua superficial usan pozos de agua salobre que es mezclada con el agua dulce almacenada. Esa agua la desalobran para usarla en el regadío con una máquina especial cada vez que hay un año seco. Este es un sistema de gestión que no la hace la administración sino los propios usuarios, nada más que teniendo en cuenta sus propios intereses”, explica.

Para el especialista, una gestión del agua subterránea debe estar apoyada en una normativa y en una sociedad civil que la propicie. “El explotar una reserva no es un desastre porque crea riqueza que, claro, no será para siempre. La economía del agua debe ser suficientemente diversificada en sistemas estresados, para que cuando falle algo haya una parte que subsista y dé tiempo para la reconversión. Es un reto económico importante y es el agricultor que lo lidera, siempre que no sea un mendigante sino un regante”, concluye.