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Septiembre 2019 | Plagas

Especies de ácaros Colomerus vitis y Calepitrimerus vitis

Nuevas variedades de uva de mesa, nuevos problemas

Los eriófidos, especies de ácaros de cuerpo alargado y de entre 0.1 a 0.2 mm de largo -que antes pasaban prácticamente desapercibidos-, sorpresivamente están tomando protagonismo como plagas de importancia en uva de mesa. Si bien las variedades de vid presentan distintos niveles de sensibilidad a estas plagas, resulta que algunas de las nuevas variedades, licenciadas, han resultado mucho más sensibles que cualquiera de las tradicionales. En las sensibles, a la misma cantidad de individuos en yema que en las variedades tradicionales, el daño es mucho más severo que en estas últimas. Sobre esto conversamos con la entomóloga Karina Buzzetti.

Doctora Karina Buzzetti, entomóloga, directora de la Consultora Agri Development.

Desde hace varias campañas, las nuevas variedades de vid han manifestado frecuentemente un problema que no solo ha afectado el normal desarrollo de las plantas jóvenes, sino que además retrasa su entrada en producción, disminuye el rendimiento, porcentaje de cuaja, condición de la fruta, calidad del racimo y estado de los brotes, entre otras sintomatologías. Lo anterior conlleva a un aumento de costo en los programas de manejo fitosanitario, con poca indulgencia a errores en la elección del producto empleado o del momento de aplicación escogido dada la rápida proliferación de los individuos, diferencias en susceptibilidades entre variedades de vid y otros manejos asociados al programa fitosanitario en sí, como son los programas de fertilización. Todo lo anterior se debe al ataque de ácaros de la yema:Calepitrimerus vitis y Colomerus vitis (Acari: Eriophyidae). “En Chile están en todos los huertos de todas las zonas productivas de vid, pero los parrones de variedades tradicionales sólo comenzaron a evidenciar los síntomas en la medida que enfrentaron otras dificultades, como por ejemplo estrés en las plantas por problemas de riego o nutricionales, en especial en huertos que estaban envejeciendo. En casos como esos se empezaron a evidenciar los daños más severos que finalmente, determinamos, se relacionaban con la presencia de eriófidos”, recuerda la entomóloga, doctora Karina Buzzetti.
Sin embargo, el diagnóstico del problema no fue fácil ni rápido de precisar. Los primeros reportes de daños datan de 2008 y se observaron en huertos envejecidos de Copiapó. En principio se trataba principalmente de variedades tradicionales, pero en situaciones de desmedro. Aunque las alarmas recién comenzaron a sonar cuando parrones de variedades licenciadas, sin antecedentes productivos en Chile, empezaron a mostrar problemas de desarrollo o que incluso no lograban alcanzar el alambre cuando ya debían haber estado en etapa productiva.
“He atendido casos de huertos que cuando me empezaron a llamar, eran parrones que ya deberían haber estado produciendo 3 mil cajas por hectárea, pero no tenían hojas. No tenían hojas, o sea, por edad del huerto ya deberían haber estado pagando los costos y no estaban pagando los costos porque no había forma de que el brote repuntara. Le metían fertilizantes, pero no había caso, el brote seguía encarrujado, lograban un pequeño crecimiento que se veía sano, pero la siguiente yema volvía a brotar nuevamente con problemas. Y este ciclo continua incluso hasta las yemas de las feminelas”, recuerda Buzzetti.

-¿Una vez que el parrón está vegetativamente desarrollado, ¿qué tan importante es el daño?
-Se hace mucho más aguantable. De hecho, he visto variedades -de las que considero menos sensibles-,en que el daño casi no se nota. Pueden presentan la hoja terminal completamente deforme, como si fuera una hoja de una cala, o tienen las hojas redondeadas. No parecen hojas de vid. Sin embargo, producen igual ya que son hojas funcionales y hay fotosíntesis, aunque el follaje presente una deformidad cosmética. En ellas los rendimientos se logran y todo lo demás funciona. Pero las variedades de media sensibilidad a muy sensibles sí que presentan problemas de rendimiento en etapa productiva y tienen racimos deformes, o simplemente no logran tener racimos producto de la mortalidad de yemas.

-Entonces los síntomas aparecen, inicialmente, en la zona de Atacama en variedades tradicionales. ¿Cómo llega el problema al resto de las zonas productivas y a las nuevas variedades?
-Pasaron varias temporadas en que, como eran variedades tradicionales, tardaron bastante en mostrar alguna sintomatología más concreta. Usualmente el ataque de Colomerus vitis y Calepitrimerus vitis (Acari: Eriophyidae), estaba asociado a huertos deprimidos, con mala nutrición o con problemas de riego, por ejemplo. O sea, se tenía una causa primaria de estrés y luego una causa secundaria, cuando empezaron a aumentar estas plagas. Durante bastante tiempo la presencia de estos eriófidos no fue asociada a un daño directo o daño económico, recién se reconoció como un problema importante cuando comenzó el recambio varietal en el norte.

SÍNTOMAS QUE SE CONFUNDEN Y TOLERANCIA POR VIGOR

-Es decir, ¿se sabía de la presencia de estos ácaros de las yemas en los parrones?
-Sabíamos que estaban presentes y dónde estaban, ya que algunos reportes técnicos del Dr. González y de investigadores de Inia reportaron su presencia en Chile hace más de 30 años.
En nuestra experiencia entre los años 2008 y 2009 registramos más de 50 análisis de yemas con 600 individuos o más, pero sin una evidente sintomatología en los brotes. Tal era el caso de Crimson, por ejemplo, una variedad muy vigorosa. Claro, tenía cierto daño en la yema, lo que se podía observar con la lupa estereoscópica. Al aislar los individuos logramos corroborar que correspondían a Colomerus y que también había presencia de Calepitrimerus, pero, todavía no se había presentado un daño económico, es decir, en el rendimiento, o reportes de brotes corrugados y de hojas encarrujadas en una incidencia relevante. No había nada más extraño en el cultivo que evidenciara que había daño causado por estas especies de eriófidos. Esto fue así hasta el ingreso de las nuevas variedades, aún cuando en un principio los síntomas fueron confundidos con problemas nutricionales.

-¿También son plagas presentes y que causan daño en cepas para vino?
-De hecho, Colomerus y Calepitrimerus siempre habían sido descritas, en la literatura tradicional, como plagas de viñas, donde se describen los brotes tipo escoba de bruja. Brotes cortos, de similar longitud, en que todos nacen desde el mismo punto de crecimiento. Estaba el asunto de los brotes en zigzag, de las hojas encarrujadas hacia arriba o hacia el envés, etc. Descripción que puede variar dependiendo del autor.

-Desde el punto de vista nutricional, ¿se podría confundir con una deficiencia de zinc? Por ejemplo.
-Exacto, o, con deriva de productos hormonales que se emplean como herbicidas. Por ejemplo, del 2,4 D, básicamente porque la hoja queda con una textura y decoloración que es típico del 2,4 D. Entonces, efectivamente, hubo muchos cuadros que fueron inicialmente mal diagnosticados, asociados a problemas de otra índole. Pero al no lograr levantar esos huertos mediante los manejos recomendados para los problemas antes señalados, empezaron a sumar antecedentes hasta concluir que estos síntomas eran causados por Colomerus y Calepitrimerus. En ese contexto, los primeros huertos que presentaron daño económico significativo, fueron los huertos de las nuevas variedades de los primeros productores que se sumaron al recambio varietal.

-¿Alguna idea de por qué una variedad es más sensible que otra?
-Al parecer tiene mucho que ver con el vigor. Una de las hipótesis que manejamos es que cuando una planta es vigorosa resiste mejor la presencia de estos ácaros, sin embargo no es una pregunta que podamos resolver en el corto plazo, dado que puede deberse a una causal mucho más compleja como la relación con algún metabolito secundario que promueva la alimentación o proliferación de estos ácaros.
Sospechamos que Crimson no habría presentado mayores daños gracias a su gran vigor a pesar de ser de las variedades que más mostraba antecedentes de presencia de eriófidos. De hecho, como dijimos, los ‘peaks’ de conteo de eriófidos los encontramos en Crimson, donde pueden llegar a ser 600 u 800 individuos por yema, pero prácticamente sin daño. O sea, el productor solicitaba a terceros el análisis de fertilidad de yema, a quienes les llamaba la atención que debajo de la lupa veían estas poblaciones que no sabían exactamente a qué correspondía. Pasó un tiempo considerable antes de que esos casos fueran derivados a especialistas, y a que se iniciaran estudios locales sobre este tema.

-¿Por qué se confunden los daños que causa una especie de eriófido con los de la otra?
-Porque presentan algunos aspectos similares. Por ejemplo, en Colomerus se han descrito, al menos, dos razas y hasta tres. Una corresponde a la raza de la yema y la otra corresponde a la raza de la Erinosis. Pero además se ha reportado una tercera raza a la que se ha llamado migratoria o vagabunda. Me resulta muy difícil saber si la literatura antigua realmente se refiere a la raza migratoria de Colomerus o corresponde a la descripción de Calepitrimerus. Casi toda la literatura española o europea, por ejemplo, habla de Calepitrimerus asociándolo a la ‘Acariosis de la vid’, lo que corresponde a la sintomatología de las hojas encarrujadas hacia el envés, punteadura amarillenta en la hoja, brotes cortos con entrenudos cortos; a inicio de brotación un brote que queda mucho más corto de lo normal, dejando principalmente a Colomerus como la casual de la erinosis o causal de agallas en hojas son difíciles de observar en vid de mesa; mientras, literatura americana tiende a segmentar más la existencia de razas que coinciden al menos en la sintomatología. Además, un punto no menor, es que estas especies conviven incluso con otros eriófidos en la yema, por lo que aislar la causal de un síntoma puede ser muy dificultoso.
Actualmente esta realidad es una problemática mayor en otros huertos de vides presentes en España, Sudáfrica, Perú y México, al punto que hay algunos reportes científicos sobre este tema asociados a una o hasta 3 especies conjuntas.

-¿Presentan diferencias de comportamiento que incidan en las oportunidades de control?
-Claro, se considera que la migración de Calepitrimerus vitis parte más temprano y se concentra hasta el período de pinta, mientras que la migración de Colomerus vitis es un poco más tardía y puede extenderse hasta la postcosecha. Ambas especies presentan de 6 a 10 generaciones por temporada, y pasan el invierno en la yema como hembras grávidas. Pero la partida de la migración es distinta y Calepitrimerus vitis, además, desde la pinta en adelante tiende a resguardarse en las yemas, donde va a pasar el invierno como hembra fecundada. Entonces, efectivamente, la temporada siguiente la partida la hacen como hembras que salen a poner los huevos y el primer peak de la migración ocurre entre yema algodonosa y brote de 10 a 15 centímetros. Por su parte Colomerus tiene razas que difieren en síntomas, pero inicia migración usualmente con brotes de 5 cms. Una es la raza que provoca la Erinosis, la que genera los englobamientos en las hojas, las agallas. Esas agallas son un síntoma bastante evidente, pero que en las nuevas variedades se ha expresado de manera un poco más disimulada, aunque la presencia de ejemplares móviles en hojas es más frecuente que con el ácaro de la acariosis. Entonces, todo lo que se haga después de pinta solo puede ser efectivo para controlar Colomerus, pues es el único que permanecería expuesto.

VARIEDADES SENSIBLES A LA PLAGA Y RETIRADA DEL AZUFRE

“Sabemos que hay distintos niveles de sensibilidad y que algunas de las variedades nuevas son mucho más sensibles que cualquiera de las antiguas o tradicionales. Entonces, a la misma cantidad de individuos contados en las variedades tradicionales, respecto a las que son consideradas sensibles, el daño es mucho más severo en las sensibles”, explica Buzzetti.
El protagonismo de estas plagas, que siempre han estado presentes en las vides pero que recién ahora causan daño significativo, coincide además con el retiro del uso de azufre para control de hongos. Esto ha ocurrido en consideración a la incompatibilidad del elemento o algunas de sus formulaciones con otros productos aplicados. Según la especialista, el azufre actuaba como un efectivo repelente de plagas tales como los ácaros eriófidos. “El azufre es una excelente alternativa desde el punto de vista fungicida. Pero, además, tiene esta función de repelencia sobre ácaros en general, la que esta muy bien reportada en la literatura. No es que los ácaros huyan, pero sí en los huertos que son tratados con azufre se observa una menor tasa de reproducción y una menor incidencia de daño. Entonces, al retirarse el azufre teniendo estas especies presentes en los huertos, estos ácaros se han reproducido sin limitaciones”, apunta la entomóloga.

-Estas son especies cosmopolitas, ¿cierto? Es decir, en general no provocan cuarentena porque, además, no van a la fruta.
-Son especies cosmopolitas, no clasificadas actualmente como cuarentenarias. Pero existen otras especies de eriófidos, que no han sido reportados en Chile, que eventualmente podrían ser cuarentenarios, si es que hubiera intercambio de material vegetativo. Hay algunos, por ejemplo, que son cuarentenarios en España, otros que han sido reportados en intercepciones en Italia y leí otro reporte sobre Sudáfrica. Eventualmente estos ácaros pueden terminar en la fruta, pero son súper difícil de detectar, ya que los adultos son individuos de solo 0,2 milímetros. En general las intercepciones han sido, principalmente, por material vegetal -como son estacas o yemas- que han sido sometidas a inspección cuarentenaria.

IDENTIFICACIÓN, MANEJO Y CONTROL ADECUADO DE LAS PLAGAS

-¿Cuáles son los momentos de control? ¿Hay alguna forma de determinar cuál especie está causando principalmente el daño? O, se debe controlar las dos especies en paralelo, pero cada una en un periodo determinado.
-Lo ideal es identificar si es que tienes Colomerus vitis o Calepitrimerus vitis. Pero a falta de identificación, lo más recomendable es asumir que tienes Colomerus vitis. Eso lo damos por sentado porque es la de mayor distribución y frecuencia. Calepitrimerus ha sido un poco más errático. Si embargo, hoy día aconsejo un programa que considera la presencia de ambas, o que asume la presencia de ambas especies. En términos generales, en las variedades que ya sabemos que son más sensibles, el programa contempla entre seis y ocho aplicaciones de acaricida, dependiendo de la edad del huerto entre otros factores. Desde ahí se tienen todas las variantes en términos de si el huerto ya es relativamente adulto y presenta buena estabilidad en el crecimiento y de brote, se puede bajar el número de aplicaciones. O si tu programa contempla el uso de azufre, aunque no suprimes las aplicaciones de acaricida, puedes tener menor número de aplicaciones por temporada. En concreto, este problema puede significar hasta tres pasadas más con acaricida en el caso de las variedades sensibles.

-¿Coinciden en algún período de control con Brevipalpus chilensis (Falsa arañita roja)?
-Sí, principalmente en los periodos de inicio de flor o previos a flor. En el norte también coinciden con el inicio de los ataques del ácaro Oligonychus vitis, por lo que incluso se juntarían cuatro diferentes especies de ácaros. En la mayoría de las situaciones, los controles para eriófidos consideran aplicaciones hasta inicios de flor, ya que luego corres el riesgo de sumar residuos en la fruta. Ahora bien, desde el punto de vista de la continuidad de los ciclos, ese corresponde al periodo clave. También, cuando recién está despegando el brote y especialmente a inicio de la brotación, es donde no te puedes saltar un control de eriófidos. Además, todo lo que se haga después de pinta solo puede ser efectivo para controlar Colomerus vitis, puesto que Calepitrimerus vitis ya se habrá resguardado en la yema. Después de brotación puedes ser más flexible, incluso espaciando las aplicaciones. Por ejemplo, si se trata de a una variedad menos sensible, hasta se pueden suprimir algunas de las aplicaciones. Sin embargo, en el caso de variedades extremadamente sensibles, particularmente cuando están recién plantadas o cuando el problema lo vienes acarreando de la temporada anterior y este año es tu primera temporada de tratamiento, donde no puedes fallar es en la partida. De otro modo, te queda un brote encarrujado, con problemas de fertilidad de yema, entre otros síntomas.

-¿Se dispone de suficientes herramientas químicas de control para estas ‘nuevas’ plagas?
-Actualmente sí, además el desarrollo e investigación ha avanzado harto en el sentido de que se ha solicitando la ampliación de registro para varios productos acaricidas respaldando este uso. En cuanto al control, lo que cambia más que el producto en sí, es su posicionamiento. Y por ahí pasa la necesidad de tener estudios biológicos en términos de conocer cuándo y dónde en la planta está dominando la presencia de adultos, cuándo dominan los huevos, etc., porque el posicionamiento de cada tipo de producto responde a esa lógica.

-El ciclo biológico es afectado por la temperatura, por la humedad, ¿cómo funciona?
-En parte sí, pero la oportunidad de control no responde sólo a las variables climáticas que incidan en el ciclo. Los eriófidos son los ácaros de la yema y reciben ese nombre porque una parte de la población permanece siempre en las yemas. Por lo tanto, tu puedes pensar el ciclo solo desde el punto de vista de la biología del ácaro: ahora están en etapa de huevo, en ninfa o en adulto, pero ¿dónde están esos huevos? ¿dónde están esos adultos? Esa información sobre la población de la plaga tiene que ser asociada a la fenología de la vid. No solo se debe estudiar el ácaro en una placa con dieta y determinar cuánto demora el huevo en eclosionar, por ejemplo, pues si ese huevo está cinco capas bajo el tejido externo no podrás alcanzarlo con aplicaciones.

-En ese contexto, ¿qué tan útil es el monitoreo de la plaga?
-El monitoreo en este caso es útil para diagnosticar el problema, pero no es tan útil para determinar las aplicaciones de control ya que no es fácil de implementar a nivel del huerto. Se necesitan buenos elementos como lupa estereoscópica ojalá de aumento y enfoque gradual, y cierto expertise o pericia para manipular los ácaros. Además, cómo se deshidratan con facilidad, el horario de toma de muestra y su manipulación antes del conteo es clave. Por eso, para definir cuándo vas a hacer las aplicaciones por ahora manda más la fenología del cultivo, y, obviamente, los mecanismos de acción del producto y las referencia locales de comportamientos ee estas plagas. Por ejemplo, a la hora de aplicar un acaricida regulador de crecimiento tal como Envidor; Springer u otro. Si el ingrediente activo actúa sobre huevos y estados juveniles, no sirve de nada ponerlo a inicio de brotación, ya que desde inicio de brotación lo que manda son las hembras adultas, las que no son controladas por el producto. Por mucho que te digan que un producto es el mejor que hay en el mercado, si tú no lo posicionas de acuerdo a la fenología del cultivo, considerando el mecanismo de acción del producto en relación al estado de la plaga, no será efectivo. Errores graves se han cometido ya que he visto programas fitosanitarios de exportadores importantes con tres o cuatro aplicaciones de spirodiclofen para controlar eriófidos, pero mal posicionadas, lo que es dinero perdido y además va contra del manejo anti-resistencia. Si bien no se ha reportado resistencia local, ésta es un riesgo ya que es una plaga que completa muchas generaciones por temporada, lo que aumenta la selección de individuos.

-¿Hay manejos que puedan potenciar el problema?
-Es factible que la fertilización nitrogenada. Esta se ha estado asociando al aumento de la tasa reproductiva de los ácaros, cosa que está reportada para otras plagas, pero que está en estudio en el caso de los eriófidos. Se ha visto que, efectivamente, después de aplicar fertilizaciones nitrogenadas consecutivas, en un huerto que está presentando un repunte desde el punto de vista del control (mermando la población de ácaros), la plaga se vuelve a disparar, sin embargo hace falta más información para poder atribuir esta causal.

-¿Falta investigación local como para lograr determinar cuál especie es el principal problema?
-Sí que falta. Son plagas nuevas y son interesantes en ese sentido. El asunto es que hoy día, en base a un diagnóstico general de huerto es prácticamente imposible determinar si es que fue una u otra especie la causante del daño, porque ambas están presentes. O sea, no es decir que en determinado huerto sólo ataca Calepitrimerus vitis y que el daño sólo se puede explicar en base a esta especie. Eso sería falso ya que en prácticamente todos los huertos afectados ha estado presente Colomerus vitis.
Según la Doctora Karina Buzzetti, el problema se evidenció antes en el norte del país solo por el hecho de que esa zona comenzó antes el recambio varietal. O sea, no porque estas plagas se adapten mejor a la zona norte o porque las nuevas variedades muestren mayor sensibilidad en el norte de Chile. La buena noticia es que al menos uno de los principales licenciatarios de nuevas variedades de uva de mesa en Chile se está haciendo cargo del problema y ha facilitado material genético de modo de encontrar la mejor solución para controlar estas plagas que han incrementado su protagonismo en el nuevo escenario varietal de la industria de la uva de mesa.