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Abril 2019 | Uva de mesa

Newton Matsumoto, asesor, especialista en uva de mesa

Manejo de reservas en uva de mesa en condiciones tropicales

Producir uvas en condiciones templadas, que son las que imperan en los principales países productores, se parecen poco o nada a la producción de uva en zonas tropicales. Para graficarlo, la curva de crecimiento en California se inicia con la brotación, en los meses de marzo y abril (primavera en el hemisferio norte). Tras ello, se continúa con el crecimiento de las raíces, la mayoría de las veces estimulándolas con auxinas. Pero bajo condiciones tropicales, la situación es muy distinta. El asesor brasileño Newton Matsumoto lo sabe muy bien, porque ha estudiado y medido ese comportamiento en un clima tropical, como es el de Petrolina, en el nordeste de Brasil. “Es un comportamiento diferente, sobre todo en lo referido al ciclo de crecimiento de las raíces”, afirma y señala que, cuando la temperatura baja, entre mayo y julio, las raíces dejan de crecer. “Pero eso dependerá del portainjerto que se esté usando”, precisa Matsumoto que, desde 2004 ha visitado varias veces Piura.

En una zona tropical, cuando finaliza la cosecha, se tiene casi un 80% de la recomposición de carbohidrato en la planta que, casi siempre es de un 100% en las raíces, mientras que en los cargadores el promedio es de un 40%. “Hay una diferencia muy grande, porque a finales de otoño, en clima templado, los porcentajes son idénticos en la planta, las raíces y los cargadores, porque se está completando un ciclo. Pero en clima tropical es diferente porque se hace una poda de formación. Además, la diferencia es que la recomposición de los carbohidratos no es la misma en variedades distintas”, sostiene el experto brasileño.

Cuadro 1. Fases de la dormancia. Fuente:Newton Matsumoto.

En la producción de uva en clima tropical, las fases de dormancia, también son diferentes a una zona templada, ya que el no existir una estación fría, la vid se convierte en una planta de hoja perenne con crecimiento continuo.
Matsumoto explica que es en la ecodormancia donde se aplican la mayoría de los productos, “solo que en las condiciones de clima tropical, si nos salimos de la paradormancia, no funcionan, salvo la cianamida hidrogenada”, advierte el especialista y añade que están realizando ensayos con otros productos porque la cianamida hidrogenada está prohibida en Europa.

COMPARACIONES DE YEMAS DE 120 Y 180 DÍAS

La poda de formación es clave en la agricultura tropical. Así lo señala Matsumoto y explica que una yema de 180 días, que viene de un área donde se realiza una poda de formación, tiene entre 25 y 30% de almidón, mientras que una yema de 120 días, de un área que se estaba cosechando, tiene un 15% menos de almidón. “Los brotes salen de manera totalmente diferente”, remarca. “La reserva que se tiene en la yema define toda la estructura de los brotes de los racimos y el espesor de las hojas. En una puedes ver el corrimiento de los racimos (180 días), en la otra (120 días) no”, añade. Asimismo, hay una diferencia en el espesor de los brotes, de 4.6 mm, y 6.8 mm y, específicamente, el espesor de los brotes entre el cuarto y quinto nudo es muy diferente. También se ha comprobado que hay un espesor de las hojas. Además, el potencial de la fotosíntesis es mucho mayor en una que en otra. “Por ello, es que es clave realizar un monitoreo, una labor que no es complicada”, recomienda el asesor.

ALMIDONES, PATRONES y ARGININAS

En 2017 hubo un problema común en Perú, que fue el corrimiento de racimo, “muy conectado con la reserva de almidón en los cargadores”, precisa Matsumoto. Ya en el año 2000, el Dr. Rafael Ruiz, investigador de INIA Chile, había trazado la curva de arginina y almidón, indicando que cuando se tiene un área débil, se debe a que hay una oscilación de arginina entre 1.4 y 2.8. Rafael Ruiz además, había identificado que el porcentaje de almidón en una uva de buena calidad es del 40%, mientras que en una uva cuya calidad no es óptima, solo llega al 10%. “Los números que hemos encontrado en un análisis que hemos realizado en Brasil son muy cercanos a estos números que identificó el Dr. Ruiz. Se trata de un análisis muy simple, tanto en las raíces como en los cargadores. Y eso es clave para saber qué es lo que ocurre en el huerto”, remarca Matsumoto.

Cuadro 2. Escala referencial del contenido de almidón en yema y raíz. Fuente:Newton Matsumoto.

En portainjertos como Harmony, Richter o Freedom hay una mayor acumulación de almidón que en Salt Creek, aun cuando la reserva de arginina en Salt Creek es buena. Por ello es que Salt Creek es más vigoroso que los otros; sin embargo, y según sostiene el experto, no es favorable para la acumulación de almidón porque la inversión del flujo no es buena. “Es muy difícil parar el crecimiento Creek y que, al mismo tiempo, se acumulen las reservas para las raíces y los cargadores”, advierte el experto brasileño.

Normalmente, Harmony, Richter y SO4 tienen una acumulación de almidón más alta, pero una deficiencia de acumulación de arginina. “En trabajos realizados en 2017, donde se analizaron unas 600 muestras se constató que, para patrones vigorosos, la relación de arginina con la producción es cero o negativa. Sin embargo, en portainjertos de bajo vigor como el SO4, hay una correlación muy positiva de la arginina y la producción”, explica. Así, la arginina es importante dependiendo de los portainjertos que estamos usando. Si usamos Salt Creek, lo limitante de la producción y del equilibro es el almidón. Salt Creek es resistente a las sales y es muy vigoroso, entonces, no entiende que las condiciones no son muy buenas y siempre está invirtiendo en nuevas hojas, por ejemplo. Entonces, la recomendación es que se debe hacer un equilibrio nutricional para analizar las señales que se les están dando a las plantas”.

REDUCIR LA INCIDENCIA DEL ESTRÉS ABIÓTICO PARA SER MÁS PRODUCTIVOS

Para Matsumoto, los estreses bióticos tienen una influencia del 35% en la producción de un parrón, mientras que la influencia de los estreses abióticos llegan al 65%. “Hay que convivir con ellos, pero si se pudiesen reducir al 50%, se podría doblar la producción. Es la principal limitante para que podamos obtener mayores producciones”, advierte.

En 2017, en Brasil, los productores de uva de mesa tuvieron temperaturas muy bajas hasta inicios de octubre, “pero en las podas de ‘agosta’ que hicimos en el mes de agosto para cosechar en diciembre para el mercado interno, tuvimos floración en septiembre, en condiciones de temperaturas más bajas”, explica Matsumoto. No es todo, porque en variedades como Arra 15, según el asesor, vieron formación de semillas, producto del estrés que afectó a las plantas.

“Cuando tenemos estrés también tenemos fotooxidación, que compromete toda la capacidad fotosintética porque no hay carbohidratos. Si no hay fotosíntesis no hay carbohidrato. Si no hay carbohidrato no tenemos cómo acumular almidón. La cuestión es cómo podemos mantener las hojas verdes con la capacidad máxima fotosintética, y que no se fotooxiden. Esa es la condición ideal. Está claro que contamos con muchos productos y técnicas que podrían reducir los efectos negativos del estrés abiótico”, explica el asesor.

La fotooxidación produce radicales libres y hace que se perjudiquen las paredes celulares. “He testeado y confirmado en campo una manera muy simple de medir la fotooxidación, a través del trasvase de electrolitos. Es muy simple de hacer y su costo es bajo, no más de 300 soles. Usamos un sacabocado de 10 mm de diámetro, con el que obtenemos 25 muestras, que pondremos en agua destilada durante 24 horas. Tras eso, realizamos mediciones con un conductivímetro. Así hemos visto que en la mayoría de los síntomas de fotooxidación, principalmente en variedades sensibles como Arra 15, se inician tras los 70 días de poda, donde encontramos niveles de fotooxidación mayores a 50 us/cm”, explica el asesor y señala que para el control de la fotooxidación la prolina ha tenido efectos positivos.

Asimsimo, están realizando ensayos con protectores solares para controlar la temperatura de las hojas, para realizar un control de fotooxidación. “Son productos que reducen la fotooxidación y aumentan la acumulación de almidón para poder tener hojas verdes todo el tiempo, hasta la aplicación de etefón o la poda”, precisa el especialista.

NUEVAS VARIEDADES: NO ES LLEGAR Y PLANTAR

En variedades como Crimsom, y en condiciones tropicales, Matsumoto ha comprobado que los brotes son más verdes y más fuertes, pero también han visto, por ejemplo, que es una variedad que ralea más. “En variedades como la Sweet Globe o Midnight Beauty, que tienen un poco de sobre raleo, nosotros no recomendamos el uso de etefón porque se anticipa al uso de la reserva de almidón, y las reservas de las raíces se utilizan después de la floración para la uniformización y crecimiento de las bayas”, explica. El experto cuenta que en una variedad como Sugar Crisp, al menos entre quince y veinte días antes de la cosecha, ya tiene más del 20% de almidón en los cargadores. Sable, a pesar de ser una variedad de ciclo temprano, se cosecha con 100 días, sin embargo, para la acumulación completa de almidón se necesitan 210 días.

Cuadro 3. Variación de contenido de almidón en yema y raíz (diferentes variedades). Fuente: Newton Matsumoto.

No es llegar y plantar una nueva variedad. “Hay que testear cada una de ellas. Testear la curva de recomposición de los carbohidratos en los cargadores es un análisis muy simple de hacer. Es muy importante que en el momento de la floración haya un pico de crecimiento de las raíces porque si no hay raíces no hay citoquinina y, si no hay citoquininas, no hay división celular y, si no hay división celular no hay paredes para que exista baya firme”, advierte el asesor y subraya que si hay una deficiencia de citoquinina, se tendría una baya menos consolidada. Para que ello no ocurra, el monitoreo del crecimiento de las raíces es muy importante.

“Si no tienen raíces en los momentos de floración, entonces la única manera de contrarestar eso es aplicando una citoquinina sintética. Por ejemplo, en el momento de la polinización, se tiene una célula, que se incrementarán a 200,000 en una semana. Es muy corto el período de multiplicación hasta el momento de la cosecha. Así, por ejemplo, una baya blanda tendría 400,000 células, mientras que una baya firme tiene unas 700,000 células. La multiplicación celular debe realizarse en este periodo. Si no se consiguió hacerlo, no se puede pretender que se conseguirá después. Es en ese momento, es decir, una semanas después de la polinización, donde se decide el juego”, subraya.

RECOMPOSICIÓN DE CARBOHIDRATOS

Matsumoto concluye que la curva de recomposición de carbohidratos y de almidón es diferente en las raíces que en los cargadores. “La planta utiliza para la brotación la reserva de los cargadores para producir los brotes, las hojas y, posteriormente, los racimos. Esto depende de la reserva de los cargadores. Tras ello, la planta gastará las reservas de las raíces para sustentar la producción del crecimiento de las bayas. Luego, la planta recuperará las raíces, primero, y después los cargadores”, sostiene.

El especialista subraya que la curva de recomposición de carbohidrato es el factor más limitante para la sustentabilidad de la producción en la viticultura tropical. Y es tan importante que mucha gente viene preguntando si posible hacer dos cosechas por año para reducir los precios por kilo. Para Matsumoto la pregunta correcta sería otra: ¿Las variedades tienen la capacidad de la recomposición de los carbohidratos para los ciclos? “Recomiendo que hagan un análisis de almidón y la curva de carbohidrato de las raíces y cargadores para que la decisión sea un poco más técnica no solo de corazón, no sólo pensando en el bolsillo. Es necesario realizar estos análisis y comparar esta curva en cada variedad”, finaliza.