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Marzo 2018 | Espárrago

Un enfoque de sostenibilidad

Manejo integrado de enfermedades en el espárrago

El profesor Martín Delgado conoce al dedillo lo que ha pasado y lo que está pasando en el cultivo del espárrago en Perú, fitosanitariamente hablando. Tras treinta años de investigación ha visto cómo esta hortaliza ha ido cediendo en superficie, por cuestiones comerciales y climáticas; pero también por el ataque de plagas y enfermedades. De estas últimas, las más importantes son Fusarium, Meloidogyne, Sthemphylium y Roya. En las siguientes páginas, Delgado explica cuál es la incidencia de cada una de ellas y cómo se ha intentado mantenerlas a raya.

Los fitopatólogos tienen un dogma. Y es que no es posible que exista una planta severamente afectada si el patógeno que causa ese mal no es virulento. Y si es que esa interacción, que se ha dado en cualquier parte de la tierra, ha sido en condiciones favorables. “Ese fenómeno ocurre en cada momento, pero cuando nosotros intervenimos este fenómeno natural, le llamamos enfermedad y nos interesa saber qué es lo que la produce”, explica Martín Delgado, investigador de la Universidad Privada Atenor Orrego (UPAO). Y no lo dice por decir, porque en más de treinta años tratando de desentrañar diferentes enfermedades que afectan a frutales y hortalizas, ha escuchado muchas veces de la voz de los productores lo siguiente: Ha aparecido este problema. Tú ve cómo lo resuelves, aplicando este u otro producto. Pero muchas veces esa no es la solución, porque primero se debe hacer un diagnóstico. “Si bien ha habido algunos que no han sido los más acertados, se han ido afinando porque los patólogos contamos hoy en día con técnicas moleculares que nos permiten identificar con qué patógeno se estamos trabajando”, apunta.

Por ello es que una vez que se sabe qué agente es el que causa el problema, es preciso conocer si este significará un daño económico a corto, mediano o largo plazo. Delgado señala que se debe tener en cuenta en qué condiciones ocurren los eventos. Por ejemplo, ¿en qué tipo de suelos? Algo que será determinante.

“Es determinante porque son condiciones que van cambiando y es bueno conocer en qué escenario se está produciendo un evento. Por ejemplo, hace años atrás registramos que las condiciones del viento iban de 0 a 48  km/h, mientras que hoy llegan hasta los 52 km/h. Lo mismo pasa con la radiación solar, que décadas atrás, cuando la medíamos, era de hasta 900 W/m2 y hoy es de 1200 W/m2 y lo mismo pasa con las temperaturas mínimas y máximas que eran de 11 y 24ºC, pero que hoy son de 11 y 28ºC y cuando tenemos el Niño Costero tenemos hasta 32ºC”, explica el experto.

CONTROL CULTURAL, QUÍMICO Y BIOLÓGICO

Los fiopatólogos cuentan con tres herramientas para el control de patógenos: control cultural, químico y biológico. “Las medidas culturales siempre se miran desde lejos, pero a mi parecer, debieran ser las que mejor deben ser estudiadas. A nosotros nos toca averiguar qué pasa si modifico la humedad en el suelo o qué ocurre si lo limpiamos de rastrojos. Eso lo aprendemos a través de los ciclos de los patógenos y es eso lo que nos lleva a encontrar sus puntos débiles y hace que nos desconectemos de la unión intrínsica que el patógeno tiene en la planta”, explica Delgado. Lo que hacen con las medidas culturales es interferir un poco entre la dinámica poblacional del patógeno y la planta, reduciendo los daños a umbrales económicamente rentables. “Si pretendemos eliminar al patógeno, ese no es el camino correcto”, advierte.

Con el control químico los especialistas se suelen preguntar qué, cómo y cuándo aplicar. “Hace unos años hicimos una evaluación cuando el viento era menor a 30 km/h y cuando la variación solar era de menos de 600 W/m2. Pero el ‘cuándo’ tiene dos momentos: qué día debemos aplicar y en qué momento del día debemos aplicar, dependiendo del patógeno y tipo de cultivo que queremos controlar”, precisa y señala algo que no es menos importante: “Rara vez el fabricante dice que el producto tiene ciertas restricciones”.

Con el control biológico, son los productores quienes quieren ver resultados rápidamente, “pero esta es una herramienta que necesita tiempo para poder ver resultados”, apunta. Donde sí se ha aplicado con éxito es en Almería, España, la zona productiva del mundo donde el control biológico ha experimentado un crecimiento y éxito arrollador.

“Este es F. oxisporum que solo sale cuando el tejido está muerto, cuando esa raíz se va desprendiendo poco a poco. En el campo había miles de plantas con este problema”, relata Delgado.

FUSARIUM, RESULTADOS POSITIVOS CON CONTROL BIOLÓGICO

El equipo que lidera Delgado se dedicó a estudiar la incidencia de Fusarium en espárrago durante una década. Durante ese tiempo identificaron tres especies en La Libertad: Fusarium oxysporum f. sp asparagi, Fusairum proliferatum Grupo D y Fusarium verticillioides Grupo A. Son estas las que están presentes en la mayor parte de las plantaciones de espárrago, reduciendo sistemáticamente la densidad poblacional y, por ende, el rendimiento.

Pero, ¿qué pasa si fusarium afecta a toda la corona? “No hay nada que hacer”, responde el experto. “Podemos encontrar parte de la corona con infección. He hecho trabajos de recuperar coronas afectadas por Fusarium y sí es posible, usando fuertemente el control biológico, no químico”.

Si de las raíces sanas se emiten raíces nuevas y estas emiten exudados, todas las bacterias o rizosféricos que tenemos para proteger a la raíz están trabajando bien. “Además es difícil que una raíz infectada se conecte con su vecino. Cuando la corona está afectada es porque todos los sistemas independientes se han afectado”, explica el especialista de la UPAO. 

El desafío que tienen por delante los fitopatólogos es cómo mejorar el medio para que el Fusarium detenga su dinámica poblacional y luego sea afectado por microorganismos de suelos. En 1996 una importante empresa asentada en Trujillo recurrió a Delgado para hacer un plan piloto porque de las 32,000 coronas que había en campo, tenían problemas 7,000. Para ello se trabajó con sustratos orgánicos supresivos (SOS) como compost y humus de lombriz.

“Cada vez que se cosechaba teníamos una broza que usábamos en una relación de 10 de broza y 1 de estiércol. Así realizábamos un compostaje y lo aplicábamos con humus de lombriz. Decidimos que lo mejor eran las camas grandes en vez de las de pequeño tamaño. Cuando un animal moría lo metíamos al compost y las lombrices se lo comían, lo mismo pasaba con los pollos. El humus de lombriz que tenía un 1% de nitrógeno pasó a tener un 5%. Entonces, si aplicaban 5 t/ha estaban aplicando 250 unidades de nitrógeno. Era un círculo virtuoso”, explica Delgado. Asimismo trabajaron con trichodermas y tras un año se detuvo el impacto negativo de Fusarium y los espacios en blanco que se veían en el campo, donde habían muerto las coronas, comenzaron a brotar nuevamente.

Tras estos buenos resultados, Delgado replicó esta experiencia en otras empresas productoras de espárragos, obteniendo también resultados positivos. El trabajo continuó con la siembra de plantines en humus de lombriz. Además realizaron un aislamiento selectivo de microorganismos (Paenibacillus macerans (ALE 155) que probaron sobre Rhizoctonia solani y F. oxysporum, también con resultados positivos.

Daños provocados por Meloidogyne se traducen en clorosis, reducción del tamaño y vigor de la planta.

MEOLOIDOGYNE, ATAQUES MÁS SEVEROS HOY QUE HACE 20 AÑOS

Meloidogyne es un nematodo que nadie pensaba que podría transformarse en un patógeno sumamente dañino cuando la industria del espárrago se inició en los años noventa del siglo pasado. “Eso ocurre porque el Molidogyne de 1996 es completamente distinto al de hoy, donde sus daños son severos, tanto que el espárrago no brota”, asegura Delgado.

En campos que una gran empresa tenía en la zona de Trujillo se había dado la orden de que cuando el tractor terminase de aplicar debía salir inmediatamente del campo para ser desinfectado, pero el jefe de parcela dio la orden contraria y el tractor siguió aplicando, contaminando 50 ha más. “Bastaba aplicar esa medida para no afectar al resto de la producción”, precisa Delgado.

Asimismo, vieron que aplicando un sustrato orgánico podían controlar el avance del hongo. En 1997 realizaron ensayos con humus de lombriz y probaron otro método cultural, que es sembrar Crotolaria entre líneas. “Meloidogyne formaba nódulos, pero las hembras en ese nódulo tenían apenas 40 a 50 huevos, mientras que las hembras formadas en las raíces del espárrago tenían 800 huevos”, explica el experto. Este manejo integrado se fue aplicando con éxito en otros campos de la región.

Asimismo, el uso de hongos nematófagos como trichoderma y Purpureocillium lilacium fue replicado en sustratos artificiales como arroz y maíz. “Es fácil tener varias generaciones de estos organismos, pero cuando queremos aplicarlos para que hagan lo que la naturaleza hace, es decir, comer huevos, estos comen pocos huevos porque los hemos reciclado muchas veces en un sustrato artificial. Entonces la habilidad parasítica que antes era de 35 y 40% baja al 18% e incluso a un 10%”, explica el especialista. Para que eso no ocurriese, se debían aislar esos huevos y hacer otro linaje de P. lilacium porque ya había demostrado su habilidad parasítica.

El uso de nemastáticos no ha sido extenso, según Delgado. “Últimamente hemos trabajado con una enmienda orgánica producto de la fermentación anaeróbica de estiércol de gallinas ponedoras que se llama Avibiol y puedo decir que es un producto extraordinario. Tiene 26 ppm de ácido giberélico, tiene citoquininas y tiene bacterias de las termoresistentes estables en la población durante 345 días”, explica. “Cuando la raíz tiene rizosféricos estos debilitan la gradiente electroquímica entre el namatodo y la raíz. Pero cuando hay pobreza de rizosféricos, el nematodo se orienta por la gradiente electroquímica y llega a su destino, que es el punto radicular. Cuando interferimos eso con un rizosférico el nematodo se muere por inanición, porque no alcanzó su destino”, añade.

Lesiones necróticas en los turiones provocadas por Stemphylium.

STEMPHYLIUM, LA PRINCIPAL AMENAZA FITOSANITARIA

Stemphylium vesicarum apareció también en 1998 y cuando lo hizo necesitaba las mismas condiciones que la roya para prosperar. Su principal daño son las manchas púrpuras que ocasiona en turiones y tallos. Sin embargo, tiene otra fase (la de tizón) , que puede reducir la producción en más de 1,200 kg/ha. Su acción se agrava porque basta con que una hoja se infeste para que se infeste otra y otra y otra y así sucesivamente. “La fase de tizón afecta a la producción. La stenfilosis en espárrago en nuestra zona es una de las amenazas fitosanitarias más severas”, afirma el experto.

Por ello es que se realizó un mapeo de la zona productora entre 2009 y 2010, donde se comprobó que el 60% de los ataques eran súper virulentos, el 30% eran virulentos y solo el 10% eran medianamente virulentos “Las razones de esto eran condiciones ambientales favorables, la gran susceptibilidad de la variedad UC 157 F1 y la rápida diseminación del patógenos”, precisa.

Entre las estrategias culturales se realizó arenado, es decir, se limpiaba al máximo, y luego se ponía una película de arena sobre el suelo, que cubría los filocladios para evitar el ataque de Stemphylium a los turiones. Además, se procedió a la eliminación de residuos afectados, quemando los rastrojos infestados, básicamente porque hay 100,000 conidias viables/gramo de broza. “Pero solo hay que quemar cuando hay emergencia”, subraya Delgado.

El equipo liderado por Delgado realizó además ensayos con control químico usando fungicidas cúpricos (Hidróxido de Cu, Oxicloruro de Cu), fungicidas azufrados (S polvo y mojable), azufrados orgánicos (Ditiocarbamatos), fungicidas sistémicos (triazoles), Strobilurinas (KresoxinMethy(Strobi), extracto de semilla de cítricos y fosfito de potasio.

 

El futuro de una producción esparraguera sostenible

Genético

Corto plazo: nuevas variedades

Mediano y largo plazo: selección ‘in situ’ de súpermachosy súperhembras (componente epigenético)

Biológico

Corto plazo: ensayos con microorganismos eficientes producidos en otras latitudes.

Mediano y largo plazo: selección de rizosféricosy filosféricospara el control de patógenos foliares, radiculares y fibrovasculares. Análisis de la ‘interacción transcriptómica tridimensional’.

Así, a fines de los noventa, la severidad de daño de Stemphylium fue de un 61.88% en el testigo, mientras que con tres aplicaciones de Kresoxin Methyl fue de solo un 19.25%. Diez años más tarde, en 2010, se hizo otro ensayo, donde se realizaron diez aplicaciones de productos a base de ditiocarbamatos, clorotalonilo, triazoles, estrobilurinas y mezcla de triazoles con estrobilurinas cada diez días.

¿Cuál fue el impacto económico ante una presión de infección de 85.80% de severidad de Stemphylium? Aquel que aplicó las 20 veces tuvo 7,479.7 kg, mientras que aquel que no aplicó tuvo 4.508.8 kg, es decir, 2,970.8 kg de diferencia, un 39.71% menos. “Hace 20 años controlábamos con 3 aplicciones de Strobi, 60 g/200 l, pero en 2010 lo hacíamos con aislamientos ‘in vitro’ con 120 g/200 l. Hoy, sin embargo, no lo podemos controlar así. Esa es la verdad”, sostiene Delgado.

LA ROYA, LA VEDETTE DE LOS NOVENTA

Sus ataques tuvieron con más de algún dolor de cabeza a los esparragueros, sobre todo a mediados y fines de los noventa, que veían pústulas ovales en tallos, ramillas y filocladios. Fue todo un infierno en los campos de espárragos, ya que las condiciones para su crecimiento eran más que propicias: temperatura diurna entre 21 a 24ºC, temperatura nocturna entre 14 y 21ºC, humedad relativa mayor a 95% y un punto de rocío entre 4 y 8 horas.

La roya tuvo con más de un dolor a los productores en los años noventa. Sus ataques provocaban daños en tallos, ramillas y filoclaidios.

La roya ingresa a tejidos sanos y tarda quince días en formar una lesión. El resto del ‘trabajo’ lo hace Sthemphylium, que entra rápidamente a liquidar el tejido muerto porque esporula. Actualmente, la roya ha sido desplazada por Stemphylium y donde hay mucho Stemphylium hay poca roya y viceversa.

Para el control biológico roya se ha trabajado mediante un aislamiento de Bacillus cereus ( ENA-19) obtenido de la filosfera del espárrago, mientras que el control biológico de Stemphylium se ha hecho con Pseudomonas putida (strainENA-12), Bacillus cereus (strainENA-24) y Bacillus sphaericus (strainB-4) que fue aislado del humus de lombriz.

*Este artículo está basado en la presentación que Martín Delgado dio en el Seminario Internacional Espárragos y su Futuro Auspicioso.