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Junio 2019 | Poscosecha

En la industria agrícola y de los alimentos

Los envases hacen un guiño a la sostenibilidad

Un envase ayuda a garantizar la calidad y seguridad de un alimento. Eso está claro. Y, aunque comúnmente están hechos de plástico, está claro que se debe apostar por la innovación en los materiales, a fin de hacerlos más sostenibles. Europa, ya ha puesto una fecha: 2030 será el año en que todos los plásticos deben ser reciclables y eso abre una reto y también una oportunidad a todos aquellos que exportan a ese mercado.

Parksine fue el primero de todos. Desarrollado por Alexander Parkes, es considerado el primer plástico artificial de la historia elaborado con celuloide. Las características de este termoplástico eran únicas para la época, ya que podía ablandarse y moldearse las veces que fuese necesario. El genial invento salió de la mente de Parkes porque andaba buscando un material que pudiese sustituir al marfil que, además de costoso, para conseguirlo se estaba realizando una matanza de miles de elefantes en la África del siglo XIX.
Tras ese primer invento, durante todo el siglo XX se han sucedido una serie de alternativas, desarrolladas principalmente por la industria química (ver línea de tiempo) que han visto la luz en diversas aplicaciones, desde bolsas pasando por botellas, hasta diferentes instrumentos o piezas e incluso ropa.

Ya en pleno siglo XXI la tendencia ha continuado. La producción de plásticos se ha multiplicado por veinte durante los últimos sesenta años, y se sigue incrementando año a año. Mientras en 2015 se habían producido 322 millones de toneladas de plásticos en el planeta, la cifra se elevó a 335 millones en 2016 y 348 millones en 2017. Solo en Europa se produjeron 55 millones de toneladas de plásticos en 2015, cifra que subió a 60 y 64.4 millones en 2016 y 2017, respectivamente. Mientras tanto, en 2017 en Europa se consumieron 51.2 millones de toneladas, siendo la industria del packaging la principal demandante (39.7%) de este material.

Gráfico 1. Porcentaje de la demanda europea de plásticos (2017).

La industria agrícola europea consumió en 2017, es decir, 1.75 millones de toneladas de plásticos, que se emplean en un sinnúmero de aplicaciones, donde el packaging se lleva un buen porcentaje, aunque en franca competencia con el papel, cartón y madera.
Pero Europa está caminando hacia una industria de plásticos inteligente, innovadora y sostenible; donde el diseño y la producción respeten las necesidades de reutilización, reparación y reciclaje. El objetivo en la UE es solo uno: que todos los envases de plástico existentes en el mercado deberán ser reutilizables o deberán poder reciclarse de manera rentable.

SOSTENIBILIDAD A BASE DE ENVASES DE PET Y CARTÓN

La situación en Chile es diferente a lo que pasa en Europa, aunque en términos de sostenibilidad se ha avanzado mucho en la última década. Sin embargo, se debe seguir avanzando, a fin de cumplir con las tendencias y exigencias de los mercados internacionales, por ejemplo, Europa. Andrés Rodríguez, representante de la PMA en Chile sostiene que en Chile sí se está preocupado del tema de la sostenibilidad sí se aborda, pero se está haciendo desde una perspectiva medioambiental, dejándose de lado las aristas social y económica.

PET. El plástico no debiera ser sinónimo de basura, sino “de residuos, que sí se pueden reciclar”, explica Angélica González, subgerente Innovación & Desarrollo de Integrity.

Para Isabel Quiroz, directora de IQonsulting, estamos viviendo una agricultura orgánica 3.0 que se caracteriza por una conversión generalizada hacia una verdadera sostenibilidad , sin embargo, advierte que hay que hacer frente a una serie de desafíos. “Se requieren nuevas formas de comercialización, una cadena sustentable. En segundo lugar, es necesario abrazar a la tecnología e Innovación y en tercer lugar, es preciso difundir el verdadero valor de la agricultura orgánica, no solo como bienestar para las personas sino también para el ambiente”, explica.

Hay muchos plástico, eso es cierto, pero, “es no tienen por qué ser basura, son residuos, que sí se pueden reciclar”, explica Angélica González, subgerente Innovación & Desarrollo de Integrity en un evento de la PMA, donde estaba invitada. De hecho, el PET es el plástico más reciclado del mundo.

Precisamente en Integrity trabajan con PET, esencialmente, diseñando y fabricando envases a partir de botellas de bebidas hechas con este plástico. “Lo volvemos a transformar en materia prima”, cuenta Angélica y remarca que lamentablemente no tienen la disponibilidad de botellas que quisieran tener. “Reciclamos toda la botella”, afirma, pero advierte que no todas las botellas se pueden reciclar, porque hay algunas cuya etiqueta no se puede remover.

Una vez reciclado el material y convertido en un clamshell, por ejemplo, hay etiquetas que tampoco se pueden remover para volver a reutilizar el envase. “Es importante que las empresas trabajen con etiquetas que sean fáciles de retirar”, subraya. Asimismo, resalta que en Chile se necesita una política de ‘ecoetiquetado’, que indique al consumidor con qué tipo de plástico se ha fabricado ese envase.

DESINTEGRA.ME. El bioplástico creado por Margarita Talep está hecho del agar extraído del alga pelillo. Para darle color trabaja con tintes naturales como la piel del arándano (fotos 1 y 2). Tras eso, la cáscara se hierve para que suelte el color (foto 3), que tras un proceso de tamizado (foto 4), se añade al bioplástico para obtener diferentes colores (foto 5). El producto que se consigue tiene diferente grosor y flexibilidad, de acuerdo a lo que se necesite (foto 6). Foto: GENTILEZA DE MARGARITA TALEP

Además de los desafíos del sector de plásticos reciclados, el ‘ecodiseño’ también enfrenta sus retos. Uno de ellos que es que sea posible diseñar envases que tengan más de un uso. “Hacerlo así desde un inicio y no que tengan un uso casual”, advierte la subgerente de Integrity. Otro punto que se debiera tener en cuenta es el diseño de un envase con menos plástico, pero manteniendo las características y que faciliten su reciclado. Asimismo, se menciona el uso de más materiales. “Nosotros usamos solo PET, pero hay envases que usan cinco plásticos diferentes”, sostiene y da el ejemplo de la salsa de tomate, cuyo envase está fabricado con varios tipos de plásticos, a fin de conservar el producto.

Recientemente, a fines de marzo, el pleno del Parlamento Europeo aprobó una normativa que prohibirá a partir de 2021 los artículos de plástico de ‘usar y tirar’ más populares, es decir, platos, cubiertos, bombillas para beber, bastoncillos de algodón y envases de poliestireno para alimentos, con el objetivo de reducir su impacto en el medio ambiente. No es todo, porque a partir de 2030 todos los envases de plástico existentes en el mercado de la UE deberán ser reutilizables o deberán poder reciclarse de manera rentable. “El desafío para la industria es el de cambiar el chip, crear conciencia e internalizar que ésta es la nueva forma de producir y de hacer negocios”, subraya la subgerenta de Integrity.

Esa tendencia, poco a poco se está sintiendo en Europa, Javier Mozó, director comercial de MM Packaging Marinetti enumeró varios productos que están dejando el plástico en el pasado, por ejemplo, los envases de pilas o cuchillas de afeitar hoy solo se producen en cartón e incluso los bastoncitos de algodón están reemplazando el plástico por bambú y son envasados en una caja de cartón.

El cartón es un material que además de Europa, está siendo aceptado por China, pero con colores llamativos. Aunque, hace la salvedad de que el cartón no siempre se puede reciclar, sobre todo cuando las impresiones llevan un tratamiento. “Eso, por ejemplo, en China no es un problema, pero es imposible llegar a Europa con un envase de estas características”, sostiene.

DESINTEGRA.ME, EL BIOPLÁSTICO ‘MADE IN CHILE’

La idea de Desintegra.me nació mientras su creadora, Margarita Talep, estudiaba diseño industrial en la Universidad Diego Portales. Allí, en un taller de biopolímeros, Margarita había desarrollado un bioplástico cuyo ingrediente principal era leche. “Como la materia prima viene de un animal y yo quería hacer algo más ético, decidí cambiar el ingrediente principal y empecé a trabajar con algas”, cuenta. Estuvo un año experimentando en lo relacionado a texturas y grosores, donde además se dio cuenta de que el material que había conseguido era hidrosluble.

Como era algo que no se iba a poder reutilizar, decidió aplicar este bioplástico a aquellos productos que tuviesen un solo uso. “Como voy al supermercado, me compro la fruta que viene en un clamshel o en una bola y cuando ya me la he comido, boto en envase. Son plásticos de un solo uso”, precisa la diseñadora. Hoy Margarita trabaja con el agar, un polisacárido que se obtiene del pelillo (Gracilaria chilensis), un alga muy común en Chile, que está presente en las regiones de Coquimbo, Valparaíso y Los Lagos. Esta especia de alga es una de las principales fuentes de agar, la otra es Gelidium.

Al trabajar con esta alga se consiguen diferentes grosores y flexibilidades del bioplástico. Y eso dependerá de las cantidades de polímero, plastificante y aditivo, que son los tres componentes de los que está hecho el bioplástico. “El polímero le dará la fuerza al material, el plastificante le otorgará la flexibilidad y el aditivo le entregará color y textura”, explica. En este último caso, Margarita también trabaja con colorantes naturales, por ejemplo, piel de arándano y repollo morado para el color púrpura; la cúrcuma para el naranjo y amarillo. Sobre los grosores, aclara que estos dependerán de la cantidad de material que se incluya en los moldes, aunque el menor espesor que obtuvo fue casi idéntico al papel de celofán, “flexible, delgado y trasnparente”, precisa.


Respecto a las formas, la diseñadora cuenta que les puede dar todas aquellas imaginables, y las inimaginables también. Incluso, con este producto, se pueden hacer las mallas para la fruta y verdura. “Cómo se hace. Se extiende el producto y antes de que se seque se corta y el material restante se recicla”, explica.

Hoy Desintegra.me hoy está en etapa de desarrollo a escala industrial. “Sé cómo tiene que funcionar la máquina para que haga la mezcla y la tire en una superficie y los tipos de moldes que se necesitan”, apunta la diseñadora. El problema es que esa máquina no existe en el mercado y debe ser hecha a la medida. “No existe porque este material no trabaja igual que el plástico”, dice y cuenta que ya tiene en mente un prototipo. El próximo paso es llevarlo a diseño con un ingeniero mecánico.

La máquina es imprescindible para trabajar con nuevos moldes y formas. Por ello es que Margarita, necesita de un inversionista o varios, que apuesten por el proyecto que ha desarrollado. Margarita ha hecho prototipos para galletas y los envió a empresas chilenas, pero no recibió una respuesta. Hoy, como el proyecto se ha vuelto más mediático, Margarita ha recibido invitaciones para participar en dos exposiciones en Europa, una en Milán (Italia) y otra en Estocolmo (Suecia).

“Me encantaría que Chile fuera el primero como en tener este producto. Pero, lamentablemente en Chile el tema del bioplástico está en pañales. Estamos preocupados de las bombillas, pero estas son solo una parte pequeña del problema”, advierte y cuenta que ya ha recibido pedidos desde otros países. Uno de ello fue de Aesop, una empresa que se especializa en cuidados de la piel y que ha trabajado con Nike. Hoy están preparando un proyecto de ‘supermercado milennial’ y querían Desintegra.me para incluirlo en sus packagings. “Querían grandes cantidades, pero lamentablemente, por el momento, no puedo hacerlas”, cuenta. Asimismo, ha hecho pruebas en la Dulcería Aztlán, con resultado positivo. Por el momento, Margarita espera poder obtener financiación para poder construir la máquina que necesita para producir a gran escala. Eso es lo que le falta para poder salir a vender este bioplástico al mercado doméstico y al mundo.