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Septiembre 2017 | Suelos

La preparación de suelo en frutales como un requisito fundamental para una producción sustentable en el tiempo

En los últimos 20 años nuestra fruticultura ha mostrado un crecimiento sostenido gracias al auge de especies como cerezos, nogales y más recientemente avellanos europeos, esta última con gran expansión en Chile, desde la región del Maule al sur. Este crecimiento ha obligado a explorar nuevas zonas agroclimáticas y a su vez, la búsqueda de suelos que resulten aptos para ser plantados.

ANTONIO LOBATO1, EDUARDO ALONSO1, MAURICIO SÁNCHEZ1 y FELIPE MAYOL2

1 Consultores
2 Empresario y Agricultor

Lamentablemente, los mejores suelos de Chile a estas alturas de nuestro desarrollo frutícola, es decir aquellos planos, bajo cota de canal, de texturas medias y sin limitantes; y en clima amigable, o tienen valores altísimos por su calidad intrínseca, o porque prontamente serán utilizados en nuevos proyectos inmobiliarios.

Esto nos ha obligado, como se mencionó en el párrafo anterior, a explorar nuevas zonas donde los suelos tienen diferentes tipos de limitantes, ya sea físicas o químicas y que requieren de preparaciónes con maquinaria pesada, donde pensar en subsolados con tractores como antaño es un total despropósito. Las limitantes físicas descritas comprenden la presencia estratas cementadas, de tipo Duripan o Fragipan, altos contenidos de arcilla, presencia importante de piedras, afloramiento de roca madre en proceso avanzado de meteorización a escasa profundidad, presencia de napas freáticas, etc. Todos estos factores limitarán la expansión del sistema radical, afectando seriamente la relación Copa/Raíz en la edad adulta y limitarán el movimiento del agua y consecuentemente la aireación.

Una de las causales más frecuentes del decaimiento a lo largo de los últimos 20 años ha sido la asfixia radical, la cual deteriora principalmente a las raicillas que corresponden al ciclo anual de crecimiento de este órgano, y las responsables principales de la absorción de agua y nutrientes. Para mantener el crecimiento anual de ramas, ramillas y un adecuado Índice de Área Foliar (IAF), estructura fundamental para sustentar a la producción requerida en cantidad y calidad, se necesita una cantidad de crecimiento anual de raíces y raicillas proporcional, que sea capaz de sustentar el crecimiento de la parte aérea a lo largo de los años.

Para lograr lo anterior, es fundamental desde el comienzo de la plantación, construir las mejores propiedades físicas y químicas en el suelo, como ser: macroporosidad, bajas densidades aparentes, adecuada conductividad hidráulica y alta capacidad de aire, estructura de alta relación superficie/volumen, equilibrio de bases, etc., todos factores esenciales para mantener la productividad y sustentabilidad en el largo plazo.

Durante los últimos 10 años los productores y técnicos han tomado conciencia de la importancia de la preparación del suelo, así como del uso de maquinaria pesada para lograr adecuadamente este propósito. Sin embargo, lamentablemente pese al esfuerzo realizado, hemos constatado que las preparaciones en muchos casos han quedado defectuosas, lo cual ha limitado el vigor, la cantidad y calidad de la fruta; y lo que es peor aún, la vida útil de los huertos.

El objetivo del presente artículo es presentar nuevos argumentos que explican los defectos detectados, y las técnicas que hoy nos permiten corregir este inconveniente a fin de asegurar la sustentabilidad de largo plazo.

FACTORES QUE DEBEN SER CONSIDERADOS PARA UNA EXITOSA PREPARACIÓN DE SUELOS

Es fundamental entender que este proceso consta de 2 partes que deben ser tratadas y llevadas a cabo de manera diferenciada. Estas son: “La preparación física y química del suelo”. Respecto a lo que se refiere a la Preparación física, ésta a su vez se divide en dos partes: “La preparación de la capa arable y el Subsolado”, las cuales se describen detalladamente a continuación.

LA PREPARACIÓN FÍSICA

El Subsolado: corresponde a la técnica utilizada para roturar los suelos por debajo de la capa arable, idealmente 1,0 a 1,2 m de profundidad, normalmente con maquinaria pesada de tipo buldócer y/o excavadoras, según sea el caso. Esto permite eliminar los impedimentos físicos que limitaran el drenaje, la profundidad efectiva del suelo y en último término, la exploración del suelo que realizaran las raíces.

Es fundamental comprender que entre los factores más relevantes para el éxito de esta labor está el contenido de humedad del suelo. Por muchos años los subsolados se han realizado una vez que los suelos han perdido la humedad invernal, lo cual ocurre normalmente al final del verano. Esto es un gran error, ya que trae aparejado varios problemas. El primero, es que la profundidad efectiva de trabajo será menor, porque la resistencia del suelo será mayor que si el suelo hubiese estado con un contenido de humedad igual al Umbral de riego, o ligeramente atrasado respecto de este momento. Lo segundo, si se quisiera corregir el problema de la escasa profundidad efectiva, entonces se tendría que repetir la labor, sobre la que ya se realizó, y aun así no se logrará una significativa mayor profundidad de roturación, con el consiguiente incremento en el costo. En tercer lugar, al realizar una labor con suelo seco, el tamaño de los terrones será indeseablemente grandes, con una pequeña superficie específica, situación muy difícil de corregir posteriormente. Es por esto, que la preparación de suelo nunca debe realizarse con suelo seco.

En cuanto a la maquinaria para realizar el subsolado, tenemos buldócer y excavadoras con tridentes que reemplazan al balde, y que se describirán a continuación.

BULLDOZER

Respecto a los bulldozers, sus potencias y tonelajes varían sustancialmente, y se debe realizar con extremo cuidado su elección. Por razones de costo y eficiencia máquinas del orden de 38 a 40 ton y potencias de 300 a 350 HP como ser modelos D-8 o 155 AX en Caterpillar o Komatsu respectivamente, solo deberían ser utilizados en suelos amigables y sin estratas endurecidas de tipo Duripán. Si se trata de suelos difíciles, endurecidos y/o con estratas de Duripán, entonces máquinas de 48 a 50 ton y potencias de 400 a 450 HP, modelos D-9 y 275 AX en Caterpillar y Komatsu respectivamente son las más apropiadas. Ahora bien, si el terreno es muy marginal, con piedras (lechos de río u otros), estratas cementadas, etc., entonces se debe recurrir a máquinas de 70 a 78 ton y potencias de 500 a 550 HP, modelos D-10 y AX 375 en Caterpillar y Komatsu respectivamente.

Es fundamental entender que, si no se selecciona la potencia adecuada, el trabajo quedará imperfecto y con un alto costo. Es por esto, que el análisis de calicatas previo a al subsolado, permitirá definir esta cuestión tan importante.

Surgen también preguntas como las siguientes al utilizar bulldozer: ¿Son todos los bulldozers iguales? Como ya se describió anteriormente, hay enormes diferencias entre los modelos, variando su peso, potencia y torque, y por lo tanto su capacidad efectiva de roturar suelos de diferente dificultad. La correcta selección de la potencia, sumada a pruebas de campo para determinar el número de pasadas asegurará una correcta preparación del suelo.

Foto 1. Características de la Pata de un Buldócer con Colmillo y Canilla.

¿Es posible subsolar con 3 patas y ahorrar a si tiempo y dinero? ¿Cómo debería(n) ser la(s) pata(s) adecuadas para la labor? Pues bien, este es otro punto crucial e importante de precisar. En primer lugar, nunca se debe subsolar con más de una pata, ya que la potencia de cualquiera de las máquinas descritas no permite profundizar adecuadamente con más de 1 pata. Es posible utilizar 3, pero solo en labores de nivelación previo al subsolado. Respecto a la pata en sí misma, esta debe tener el largo y ancho apropiado a cada potencia, contar con un protector denominado Canilla, que aumenta la superficie de contacto con el suelo, y por supuesto, en ningún caso la pata puede tener filo, ya que la resistencia con el suelo será mínima y por lo tanto la roturación deficiente (Foto 1).

Otra de las preguntas que surge es la siguiente: ¿Cómo debería contratar la labor? ¿Por hectárea o por hora? La respuesta es muy simple: Jamás se debe contratar esta labor por ha, ya que esto le otorga total libertad al operador para optimizar el uso de su máquina y los costos de operación, pero esto no tiene relación alguna con una correcta preparación de suelos. La forma correcta es realizar una prueba de campo (con la máquina previamente seleccionada por su adecuada potencia para el tipo de suelo), y subsolar una pequeña superficie. Esto consistirá en subsolar a una distancia de 0,7 m entre pasadas, con lo que se obtiene un avance lineal de 14,3 km/ha con una pasada simple. A continuación, en la mitad de la superficie anterior, se vuelve a subsolar en forma de rombo a la misma distancia, y luego en la mitad de lo anterior, se realiza una tercera pasada de las mismas características descritas. Una vez terminado se procede a hacer calicatas para determinar con cuantas pasadas el suelo queda preparado acorde al estándar requerido para establecer frutales.

EXCAVADORAS

Las excavadoras son máquinas que realizan el trabajo gracias al tamaño de su sistema hidráulico, el cual va acompañado del peso de esta. En el mercado tenemos máquinas que van desde las 22 ton, 36 ton y 45 ton y potencias de 130 HP, 247 HP y 350 HP, como ser los modelos Komatsu PC-200. PC-300 y PC-450 respectivamente. Sin perjuicio de lo anterior, existen otras marcas y modelos en el mercado, que pueden diferir ligeramente en sus potencias y pesos de las descritas anteriormente.

Foto 2. Tridente con cabezal independiente y dientes desmontables de 1,70 m.

Inicialmente, se utilizó el balde estándar para las preparaciones de suelo como alternativa al uso de buldócer, y si bien, parecía una buena práctica, ésta fue desplazada por los denominados Tridentes (Foto 2).

Este corresponde a un dispositivo que reemplaza al balde, que cuenta con 3 dientes, y que son de uso frecuente en la industria forestal, con longitudes que varían desde 1,0 m hasta 1,7 m, las que los prestadores de servicio colocan indistintamente en las máquinas sin importar el tonelaje de estas. Cabe consignar que las primeras Garras correspondían diseño de fabricantes para uso principalmente forestal como se mencionó previamente, pero con el tiempo, y gracias a la prueba y error, estas fueron modificadas en sus formas, largos y otras características, las quese han validado en campo, pero que en muchos casos lamentablemente, ha carecido del rigor de la observación y validación de la relación por ejemplo peso maquinaria v/s largo del implemento y su real efecto de roturación en profundidad.

El uso de las máquinas más potentes resulta necesariamente mejor cuando se emplea en suelos amigables, porque la labor será de mejor calidad, y el costo será igual o ligeramente mayor que haberlo realizado con una máquina más pequeña. Estas últimas resultan muy apropiadas para el arranque de huertos.

Por otra parte, el empleo de máquinas de inadecuada potencia para suelos complejos y de alta dureza, aun cuando se realice una segunda pasada, no cumplen con el objetivo de roturar en profundidad, logrando solo un mayor esponjamiento del suelo, pero sin aumentar la profundidad de la roturación.

Finalmente, respecto al uso de estas máquinas, es importante señalar que el subsolado con garra de ninguna manera reemplaza el subsolado con Buldócer, en algunas situaciones funciona mejor, y en otras simplemente no sirve, como por ejemplo en suelos con tosca, suelos pedregosos, y en terrenos muy secos, así como el Buldócer no funciona bien en suelos con mucha de humedad, donde la garra funciona bien.

COMBINACIONES DE BULLDOZER Y EXCAVADORAS

Cuando se preparan suelos endurecidos sin estratas de tipo Duri o Fragipan, y se requiera realizar más de una pasada con bulldozer, entonces es posible y deseable por costo y eficiencia realizar una pasada con buldócer primero, y a continuación con una excavadora con Tridente. Los resultados observados con esta técnica son muy interesantes y utilizado cada vez más en la industria.

Preparación de la capa arable: (0 – 30 cm), corresponde a la segunda parte de la preparación física, y es una labor fundamental y complementaria al subsolado. El objetivo de ésta es dejar el suelo mullido, con terrones de pequeño tamaño y por lo tanto con la mayor superficie específica posible. Esto asegurará un gran volumen de raíces y raicillas; y el acceso de estas a los stocks de aire, nutrientes y agua que un suelo en particular pueda contener, y aportarlo para el desarrollo de las plantas.

No se debe olvidar que hay ciclos de nutrientes como por ejemplo el fósforo y potasio (y todos los nutrientes inmóviles en el suelo) y la materia orgánica, cuya mayor concentración se encuentra en la capa arable, y si esta parte del suelo queda defectuosamente preparada, la fertilidad física, y el acceso a estos y otros nutrientes como los descritos, se verá seriamente limitado.

Para lograr lo anterior, es importante mirar la acuciosa práctica y dedicación que tienen los horticultores respecto de este punto. Ellos tienen plena conciencia que el éxito no solo del establecimiento de sus cultivos, sino también el rendimiento depende de ello. Para lograr lo anterior cuentan con maquinaria idónea para roturar el suelo de forma tal que no existe presencia de grandes terrones. Normalmente para esta labor se utilizan arados cinceles de tamaño grande y rastras de 18 discos escotados.

Además de la maquinaria, hay un factor esencial para lograr el objetivo buscado, y esto es el contenido de humedad del suelo. Al igual que en el subsolado, si la preparación se realiza en seco, indefectiblemente permanecerán en éste terrones de gran tamaño, inexplorables por las raíces y que se comportarán como piedras, no aportando ningún valor como aporte de agua, aire y nutrientes para las plantas.

El contenido de humedad para la preparación podríamos definirlo coloquialmente como: “Atrasado para regar o en el Umbral de riego”, y es muy bien conocido empíricamente entre quienes practican la horticultura y lamentablemente si bien muy conocido por los fruticultores para regar, muy poco conocido y aplicado para efectos de una apropiada preparación del suelo. Esto ocurre normalmente desde mediados de octubre a fines de diciembre. En el caso que el contenido de humedad sea muy bajo, entonces se podría regar y esperar el umbral deseado, o realizar la labor después de las primeras lluvias otoñales o invernales.

Foto 3. Escasa cantidad de raíces y precario acceso al suelo a causa de una preparación con muy bajo contenido de humedad.

Foto 4. Alta cantidad y densidad de raíces y excelente exploración e interacción con el suelo a causa de una apropiada preparación tanto de la capa arable como el subsolado.

Se debe entender entonces que el subsolado No involucra a una correcta preparación de la capa arable, sino por el contrario, si esperamos que el suelo pierda demasiada humedad, particularmente en la superficie, entonces la capa arable quedara defectuosa para siempre, con todas las implicancias que esto conlleva (Fotos 3 y 4).

Una preparación física precaria, con maquinaria de baja potencia y/o peso; y/o inadecuado número de pasadas o la no combinación de máquinas, generará con certeza limitantes a la expansión del sistema radical en profundidad, hipotecándose así irreversiblemente el potencial productivo, lo cual es particularmente importante en agricultura orgánica, por cuanto a mayor volumen de suelo explorado, mayor será el acceso de las raíces al stock de aire, agua y nutrientes que el suelo puede proveer, como ya se mencionó anteriormente.

Foto 5. Aplicación de enmienda sobre la superficie de la banda a tratar en un suelo sin camellón previo a la incorporación mediante rastra.

Foto 6. Incorporación de enmienda mediante rastra sobre la banda a tratar en un suelo sin camellón.

LA PREPARACIÓN QUÍMICA

Análisis químicos y cálculo de requerimiento de enmiendas: Como segunda parte del proceso de preparación de suelos, se requiere conocer mediante análisis químicos, aspectos tales como, pH, fertilidad, saturación de bases, niveles de M.O., niveles de fósforo; y características físicas como textura, Densidad aparente y volumen de piedras; y a partir de estos datos, realizar los cálculos que permitan corregir los desequilibrios y carencias de elementos previo a la plantación, a una profundidad no superior a los 30 cm, que es aquella a la que una rastra u otro implemento permite incorporarla. La incorporación en mezcla con el suelo de elementos de origen orgánico u inorgánico en cantidades que exceden el requerimiento anual (en el caso de nutrientes) se le denomina Enmienda (Foto 5 y 6).

Cabe aclarar que estas correcciones pretenden proporcionar equilibrios químicos en los stocks de elementos de largo plazo, así como nutrientes como fósforo y microelementos y M.O. los cuales deberán ser mantenidos en el tiempo mediante un programa de fertilización y enmiendas que satisfaga los balances nutricionales de cada situación en particular.

CONSIDERACIONES ECONÓMICAS

Todo lo expuesto, hace necesario y urgente dar el correspondiente valor y relevancia a la correcta preparación de suelo como cimiento fundamental de toda nueva plantación frutal. Su impacto técnico y las consecuencias en el desarrollo de las plantas, así como el consecuente beneficio o detrimento en la productividad futura, hacen de esta práctica un verdadero hito, tan importante como cuando decidimos que especie o variedad/patrón que escogeremos o la calidad y sanidad de las plantas que utilizaremos.
Dicho esto, y por alguna razón que es difícil explicar, es sorprendente la cantidad de proyectos que ven la luz, que han sido financieramente evaluados, con análisis económicos positivos, incluso bajo condiciones de alto stress, como vidas productivas cortas (12-15 años), uso de alta tecnología (mallas, cubiertas, altas densidades, etc), los cuales presentan falencias en este hito tan relevante desde el momento mismo de la definición del proyecto o ya en los primeras etapas de su implementación.

Dado que el componente técnico no está en cuestión trataremos de establecer las variables económicas que pudieran explicar la falta de interés o rigurosidad respecto de esta práctica fundamental.

Antes de responder la pregunta aparentemente obvia: ¿Cuánto cuesta preparar un suelo? Debemos tener en consideración las variables que hay que considerar: tipo de suelo y sus limitaciones, maquinaria apropiada para que este sea trabajado, la eficiencia y eficacia de los diferentes equipos y la cantidad de trabajo o pasadas hasta que el suelo quede preparado acorde al proyecto que hemos definido.

Es realmente importante conocer y comprender empíricamente las eficiencias de los diferentes equipos utilizados en estos trabajos, así como la combinación de labores realizadas por ellos a fin de obtener una adecuada preparación. Es posible encontrar en algunas publicaciones referencias a equipos e implementos, numero de pasadas y profundidades, las cuales están lejos de presentar los resultados mínimos deseados en las preparaciones reales, siendo muchas veces como se mencionó al inicio de esta publicación, simples trabajos de la capa arable.

En el Cuadro 1, podemos apreciar el desempeño de las maquinarias usualmente usadas en relación a su rendimiento de hectáreas por cada hora de trabajo (ha/hr) o su inverso en cantidad de horas que requiere cada equipo para trabajar apropiadamente “una pasada” a una hectárea (hr/ha), el costo del arriendo de la maquinaria, incluido su transporte y de igual forma los gastos en operador y sus viáticos. El costo del combustible puesto en el predio y su consumo por hora de trabajo (l/h) nos permitirá tener una valorización lo más aproximada posible del real costo total por hectárea (USD/ha) para cada uno de los distintos equipos que consideremos.

Sin el afán de complejizar la información presentada en el cuadro anterior, cabe insistir que los costos totales expuestos corresponden solo al costo total de una ‘pasada’ o recorrido total por ha de cada uno de los equipo, dependiendo del tipo de suelo, limitaciones propias y situación particular la que definirá la cantidad de pasadas y el conjunto de equipos a utilizar para cada plantación.

Cabe señalar, que es de la mayor relevancia la correcta definición de la maquinaria a usar, puesto que, esto obviamente nos dará la mejor relación costo/beneficio. En caso de sobre estimar el equipo, es decir, utilizar un D-9 donde un D-8 habría sido suficiente, conlleva mayores gastos operacionales. De igual forma, el subestimar la maquinaria, es decir, utilizar un D-8 donde la complejidad del suelo requiere un D-9 o algo mayor, conllevara una preparación inadecuada, con las consiguientes limitaciones para la vida del huerto y su productividad. Por tanto, si existen dudas en la definición del equipo, es preferible optar por el de mayor potencia. Sin embargo, esto no entrega espacio suficiente para cambiar de manera considerable los parámetros de la labor en sí. El agregar ‘patas’ adicionales, aumentar significativamente el ancho, aumentar la velocidad, etc., debido al uso de esta mayor potencia, solo generaran un detrimento en el resultado de la labor y en el particular caso en que se obtuviese alguna mejora, esta estaría basada en una incorrecta definición de la complejidad del suelo en primera instancia. A fin de evitar esto, es clave la correcta determinación y requerimiento del perfil por medio de calicatas, así como la verificación con pruebas iniciales de equipo y numero de pasadas.

Si consideramos que la preparación comúnmente usada, recomendada o valorizada en la mayoría de los proyectos alcanza un valor cercano o equivalente a los 1.000 USD/ha, esta posiblemente considera las labores de subsolado o preparación del sub suelo con garra o buldócer (a veces incluye también la capa arable) dejando ‘lista’ y bien preparada la hectárea en cuestión, podemos pensar a la luz de la oferta que es un gran ahorro. Sin embargo, es muy probable que la prisa y presión sobre los costes resulte en un trabajo mal hecho ya sea de poca profundidad y/o cobertura deficiente de la hectárea en cuestión.

La experiencia de campo nos demuestra una y otra vez que aunque puede darse que un suelo quede bien preparado con una pasada, lo usual es que requiera el uso de un mismo equipo más de una vez o el conjugarlo con otras maquinarias como se puede observar en el cuadro siguiente.

En el Cuadro 2 podemos observar el costo total de diferentes combinaciones de maquinaria, a la cual se le descuenta el valor de la preparación o subsolado base o estándar (1.000 USD/ha) que se ofrece o considera para los proyectos de plantaciones nuevas y que usualmente presentan las falencias al inicio de este artículo. La diferencia, corresponde al valor que los productores ‘ahorrarían’ al realizar esta labor de forma incorrecta pero con un aparente buen resultado, vieron el equipo trabajar y lo hizo rápidamente.

Pero ¿Qué significa este ‘ahorro de tiempo y dinero’?, ¿Qué representa en términos de producción y qué impacto tiene en términos de retorno?

Cuando evaluamos un proyecto a 12,15 o 20 años, lo más difícil es saber realmente cuanto nos generara dicho proyecto, razón por la cual intentamos (o deberíamos intentar) ingresar la mayor cantidad de variables productivas, sobretodo, porque como productores difícilmente tenemos la capacidad de definir el valor internacional de nuestra producción salvo muy escasas oportunidades, por tanto es sensato abocarse en primera instancia a tener altas producciones, de gran calidad y sostenibles en el tiempo. Cualquier otra variable se acerca más a la especulación, aunque pueda obtener un excelente trato con la exportadora de turno, los precios están sujetos a las variaciones internacionales siendo afectados por gran cantidad de factores climáticos, económicos y geopolíticos a nivel global.

 

Al observar el Cuadro 3, podemos observar que la ‘diferencia o ahorro’ obtenido con una preparación inadecuada pero visto desde la perspectiva de la vida útil del proyecto. Es decir, se consideró la diferencia del costo por hectárea, entre la preparación estándar y una correcta preparación y este valor/ha, fue llevado a su equivalente en kilogramos de fruta por ha para los casos más comunes de preparación y donde se requerían pasadas simples o combinadas y que requerían un mayor “costo o inversión”.

Al establecer la cantidad de kilogramos de fruta por ha/año podemos apreciar que la porción de la producción con la que ‘financiamos o amortizamos’ ese gasto o inversión extra inicial es irrelevante si consideramos el nivel productivo del huerto, siendo superado ampliamente por otros ítems como lo tomado por los cosecheros o lo afectado por enfermedades y plagas, situaciones a las que usualmente les asignamos menor importancia relativa. De esto podemos concluir que este mayor costo inicial es irrelevante en el resultado productivo del proyecto, entonces la pregunta que sigue es siendo tan pequeño su mayor costo, ¿Hay algún efecto sobre el potencial productivo y/o en el resultado financiero de nuestro proyecto?

Es sabido que las limitaciones físicas de suelo sumado a grandes exigencias productivas y búsqueda de precocidad generan stress significativo en los huertos generando en el largo plazo decaimientos prematuros de los mismos, afectando en primera instancia la disponibilidad de madera frutal calidad y posteriormente acortando la vida productiva del huerto o parrón.

Para finalizar, mirando fuera de nuestra realidad, hemos sido testigo desde hace algunas décadas, como en otros referentes de la producción frutícola como EEUU y Sudáfrica, la preparación de suelos con maquinaria pesada ha sido la base de su fruticultura y era común explicarnos que su realidad era diferente a la nuestra, otros suelos, otros costos, otras condiciones. Con los cambios de los últimos años y dada la incorporación a nuestra fruticultura de suelos otrora marginales y/o de mayor complejidad ¿habrá llegado el momento de equipararnos en este aspecto?