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Mayo 2017 | Fitosanidad

Para evitar daños en el acopio de frutos secos

Manejo integrado de plagas insectiles en la agroindustria

El Manejo Integrado de Plagas (MIP) es una estrategia de mitigación que utiliza diferentes métodos de control (biológicos, culturales, físicos, etológicos y químicos), los que se complementan entre sí y cuyo objetivo es reducir el daño ocasionado por las plagas, dándoles prioridad a aquellos métodos más inocuos para la salud humana. A pesar de que fue un concepto creado por entomólogos, en la actualidad se aplica a todo tipo de plagas (patógenos, insectos, nematodos, malezas y vertebrados), tanto en la agricultura como en la agroindustria, siendo hoy día un prerrequisito fundamental para la implementación de un Sistema de Análisis de Peligros y Puntos Críticos de Control o HACCP, según su sigla en inglés.

Si consideramos como escenario una agroindustria como la de los frutos secos, por ejemplo, observaremos que los productos se encuentran aislados, en condiciones estables de temperatura y humedad, lo que favorece el ataque de insectos, especialmente si el período de almacenaje es prolongado. Estas condiciones permiten además, su rápido desarrollo y una alta tasa reproductiva, lo que les permite incrementar sus poblaciones en el corto tiempo, alcanzando niveles importantes de infestación. No obstante, cabe señalar que el ataque de estos insectos no se producirá en la totalidad del producto almacenado y dependerá de la especie de insecto de que se trate, el tipo de producto y la forma en que está acopiado.

En productos almacenados las plagas más recurrentes pertenecen principalmente a los órdenes Coleóptera y Lepidóptera, las que se clasifican: en primarias, si son capaces de perforar granos, semillas y nueces y que, generalmente, pasan su período larvario al interior de estos, provocando un grave daño; y secundarias, aquellas que sólo pueden desarrollarse sobre granos dañados, ya sea por efectos mecánicos del proceso agroindustrial, como por acción de otros insectos. Cuando se presentan éstas últimas, es indicativo que el producto almacenado no está en condiciones óptimas y que deben aplicarse medidas para mitigar los efectos en su calidad.

De acuerdo a datos de la ODEPA 2016, la agroindustria hortofrutícola chilena ha tenido un importante desarrollo y actualmente existen cerca de 250 plantas industriales en el país, con una fuerte participación en el mercado de frutos secos y deshidratados, los cuales son altamente demandados en el mercado internacional por sus características organolépticas y de calidad. En términos de exportación y de acuerdo al reporte de ProChile, 2013, esta industria realizó envíos por US723,7 millones, destacando los envíos de nuez con y sin cáscara, almendras y avellanas.

En términos globales, las pérdidas económicas para este rubro en lo que respecta al ataque de plagas en granos almacenados, varía entre 9 y 50%, los cuales dependen particularmente del manejo agroindustrial, siendo el resultado de:

 Contaminación de los productos por la presencia de exuvios o restos de mudas y fecas.

 Potenciales reclamos de los consumidores tanto por la presencia visual de algún estado de desarrollo del insecto, como por los efectos alérgicos (dermatitis y asma) provocados por el contacto del alimento con insectos y ácaros.

 Daños a las maquinarias, debido a la producción de telas de algunos lepidópteros.

 Impacto negativo en la imagen corporativa de la empresa.

En este contexto y para una buena aplicación de MIP, tres acciones deben considerarse en el siguiente orden de importancia: Prevención, Monitoreo y Control:

A PREVENCIÓN SE ORIENTA EL 80% DE LOS RECURSOS

La prevención es esencial en todo proceso de implementación de MIP y debe abarcar el 80% de los esfuerzos y recursos dispuestos para este fin. Se debe incluir, entre otros, una evaluación de las condiciones del almacenamiento (higiene, hermeticidad, calidad de las estructuras etc.) y establecimiento de un programa óptimo de limpieza y sanitización, el que debe partir por la identificación de todos aquellos lugares de difícil acceso y que dificultan la mantención de un buen aseo, tales como: rincones, maquinarias, ventanas, uniones, cielos, muros, vigas en altura, etc.

Se debe tener en cuenta que los restos de granos y el polvo que permanecen dentro de las instalaciones, son fuente de alimento para los insectos, por lo que las operaciones de limpieza deberían incluir: transportadores de producto (sinfines, caños de carga y descarga, cintas transportadoras), vehículos de transporte (camiones, tolvas y carros) y estructuras de almacenaje dentro y fuera de la planta (pisos, conductos y paredes laterales, techos, bocas de inspección y ventiladores). Hay que destacar que una buena sanitización provoca efectos negativos sobre la población de insectos y mejora la efectividad de los insecticidas residuales.

Junto con este plan de limpieza y mantención, especial atención deben tener las aperturas que facilitan las inmigraciones de los insectos, características de las rápidas re-infestaciones luego de una fumigación. Por ejemplo, en el caso de Plodia interpuctella, el lepidóptero plaga más importante en productos almacenados, su vuelo y su comportamiento de oviposición se produce por atracción del olor al alimento al interior de los almacenes, lo cual es favorecido por las bajas hermeticidades en las infraestructuras disponibles.

Figura. Fenología de Plodia y Ephestia en industria de granos almacenados.

Dentro de las medidas preventivas, están las medidas de exclusión que impiden la entrada de los insectos. Estas se refieren a:

1- Un adecuado diseño y construcción de la planta.
2- La instalación de barreras físicas que resguardan la hermeticidad del recinto.
3- Una correcta disposición de los desechos.
4- La revisión de los materiales de empaque.
5.- La ubicación y tipo de iluminación de las lámparas.
6.- El uso de tarimas en todas las bodegas de la Planta.
7- Una mantención periódica de las áreas verdes del entorno.

Finalmente, es importante seguir la regla FIFO al interior de los almacenes de alimentos (lo que primero entra es lo primero que sale).

MONITOREO Y DETECCIÓN PRECOZ DE INFESTACIONES

Para conseguir un control efectivo de las plagas resulta prioritario identificarlas, conocer su biología y hábitos. Por ejemplo, las polillas ovipositan y se mueven en la superficie del grano mientras que los coleópteros se pueden distribuir por todo el grano, estableciéndose en los sectores en los cuales las condiciones sean más favorables (temperatura y humedad). El monitoreo debe corresponder al 15% de los esfuerzos de la implementación del MIP.

Es importante, por lo tanto, establecer sistemas para la detección precoz de las infestaciones, más aún si consideramos que los productos pueden venir infestados inadvertidamente con huevos y larvas, los que pueden completar su desarrollo dentro del grano. Es así que las trampas de feromonas son una gran herramienta para detectar la plaga a niveles muy bajos de población, difícilmente pesquisables por otros métodos, lo que permite tomar medidas correctivas antes que se produzcan daños de importancia. La detección y seguimiento de las poblaciones es el uso más extendido y cuando se utilizan correctamente permite ahorrar tratamientos de insecticidas y mejorar su eficacia, así como también revelar una probable re infestación a partir de individuos que hayan sobrevivido. Adicionalmente, una adecuada disposición de las trampas permite identificar zonas de mayor infestación o de riesgo.

Las trampas de feromonas se componen de una estructura de pisos pegajosos y una septa de goma, que va al interior de la trampa, cargada con la feromona sintética en cantidades que varían entre 0,1 a 1 mg, lo que atrae a los machos, permitiendo su adhesión a los pisos. Los resultados de captura en ellas, permiten determinar cuándo y dónde la plaga está presente y además estimar su dinámica poblacional, estableciendo los momentos más adecuados para la aplicación de estrategias de control. Cabe destacar que las feromonas son especie-específicas y actualmente, existe una amplia disponibilidad comercial de feromonas y trampas para una diversidad de especies que atacan productos almacenados.

Una segunda alternativa, consiste en utilizar trampas de luz que son efectivas para insectos voladores, pudiendo ir acompañadas de un electrocutor o de bandas pegajosas.

Independiente de la alternativa seleccionada se debe realizar un monitoreo y registro sistemático, lo cual permitirá conocer la eficacia de las aplicaciones y de las estrategias de prevención implementadas. La presencia de insectos vivos en las trampas, después de una fumigación, es un signo inequívoco de que falló el tratamiento.

DIVERSAS ESTRATEGIAS DE CONTROL

Sólo el 5% de las acciones del MIP deberían estar dirigidas al control, entre ellas encontramos:

Control físico: algunos ejemplos son el uso de ciclones para remover el grano almacenado lo que elimina insectos debido al efecto de percusión que produce sobre ellos, la utilización de temperaturas elevadas (sobre los 40°C) que eliminan todos los estadios de los insectos, uso de atmósferas controladas, así como también bajas temperaturas para reducir las tasas de desarrollo y la sobrevivencia de los insectos.

Control etológico: consiste en producir la “confusión de los machos” mediante la inundación o saturación de grandes áreas con una sobrecarga de feromona sexual. El exceso de feromonas en el medioambiente evita que los machos detecten la feromona secretada por las hembras y, consecuentemente, pierden la capacidad de encontrar pareja y con ello la posibilidad de copula.

Control biológico: consiste en la utilización de otros organismos como parasitoides, depredadores o patógenos que mantienen las poblaciones de las plagas a un nivel más bajo de lo que pudiera ocurrir en su ausencia. Las ventajas de este método en la industria agroalimentaria son: la inocuidad para usuarios y consumidores, son inofensivos para el medio ambiente, efectivos para localizar la plaga y no generan resistencia. Sin embargo, es necesario conocer la biología de la plaga objetivo y resguardar una inocuidad alimentaria con una adecuada eliminación de los insectos introducidos.

Control químico: hay que considerar que el uso de sustancias químicas en el control de insectos de productos almacenados tiene desventajas como son: los riesgos de contaminación del producto con residuos de pesticidas, desarrollo de resistencia de los insectos, costos de los insecticidas y de los equipos para su aplicación, necesidad de mano de obra entrenada, etc.

Los principales tipos de sustancias químicas usadas para el control de insectos, según su forma de penetración son: ingestión, contacto y fumigantes, siendo la fosfina el producto más utilizado en la actualidad.

La fosfina es un gas letal para los insectos capaz de eliminar todos sus estadios de desarrollo, incluso los de las plagas primarias, ya que difunde hacia el interior del grano. Tiene la ventaja que no deja residuos superiores a los límites máximos permitidos, sin embargo, estudios demuestran que ciertos insectos como Cryptolestes spp. y Rhyzopertha dominica poseen una “resistencia física” al gas en el estado de huevo, lo cual, debe ser considerado para el desarrollo de medidas suplementarias de control.

PARA UN MIP EXITOSO

El manejo integrado de plagas en agroindustrias consiste en realizar un conjunto de tareas en forma racional, continua, preventiva y organizada para brindar seguridad en los alimentos, mejorar la calidad de los mismos, disminuir pérdidas por productos alterados y cuidar la imagen de las compañías.

Para que la implementación y el desarrollo de un plan MIP sea exitoso, como para cualquier otro sistema de gestión, es fundamental la concientización de todos los actores intervinientes en la cadena de abastecimiento y elaboración, como así también un trabajo coordinado con transportistas y distribuidores. El éxito se basa en la educación, prevención y en la incorporación de una cultura de mejora permanente, en cada una de los procesos.

Agradecimientos
Proyecto CORFO PRAE-33644.
Contacto: www.controlmip.cl