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Julio 2017 | Plagas

Balance y perspectivas en uva de mesa, arándano y ciruelo

Los próximos pasos contra Lobesia botrana

Luego de la notable caída de capturas del insecto en campo que se logró en 2015/16, ha llegado el momento de dar un nuevo embate a la plaga. Se trata de una campaña mucho más atenta a los detalles, como la oportunidad de aplicación de acuerdo a la biología de la polilla o el análisis de los factores de riesgo interno y en la vecindad inmediata, entre otros aspectos. Carlos Barriga, de Asoex, estima que la coordinación público-privada y el apoyo de los productores posibilita alcanzar el objetivo de erradicación en algunas regiones y en las otras llegar a una prevalencia tan baja que permitiría exportar a todos los mercados sin problemas.

Carlos Barriga.

Cuál a sido el impacto de Lobesia botrana?, se pregunta el ingeniero agrónomo Carlos Barriga, asesor de Asoex como coordinador del sector frutícola en el programa orientado a esta plaga.

El primer año hubo pérdidas en predios de uva para vino, pero su incidencia mayor se produjo en los mercados. La determinación de algunas regulaciones fue bastante estricta, como en México, que no recibe uva de huertos positivos a la Polilla del racimo de la vid, para lo cual basta un solo individuo que caiga en trampa. O la exigencia de tratamiento de arándano y uva de mesa con bromuro de metilo en EE.UU., el cual conlleva una fuerte reducción de la calidad y de la vida de postcosecha. Además, la aparición del insecto impidió que el system approach comenzara a operar en el caso de la uva. “Es decir causó un frenazo a la exportación más libre de nuestra fruta, especialmente en los mercados de América del Norte y Corea”.

COSTOS DE CONTROL SUPERAN LOS 120 MILLONES DE DÓLARES

También ha significado un aumento de los residuos, por el control obligatorio mediante aplicaciones en fechas definidas por el Servicio Agrícola y Ganadero. El consecuente aumento del número de metabolitos en nuestra fruta resulta importante porque, en mercados donde Lobesia no es un problema, como Europa, la cantidad de ingredientes activos usados sí lo es.

Por otra parte, todos los años se están gastando alrededor de 30 millones de dólares para proteger la superficie bajo control oficial. El 35 a 40% corresponde al Estado y el resto a los productores, indica el ingeniero agrónomo. A lo anterior se suman 20 millones de dólares en costos de exportación por los tratamientos con bromuro de metilo o con fosfinas. Los costos acumulados para el control de la plaga superan ya los 120 millones de dólares, estimó Carlos Barriga.

Chile hoy tiene grandes desafíos para enfrentar a la plaga. El primero, generar investigación propia para el control, ya que, a diferencia de los países europeos donde se encuentra, nuestro problema no es disminuir el nivel de daño productivo, sino llegar a cero presencia de estados inmaduros del insecto pues su detección significa quedar fuera de algunos mercados.

Otro desafío corresponde a la acción en sectores urbanos, que actúan como un reservorio desde donde la polilla reinfesta los huertos. Aun con las medidas más estrictas al interior de la plantación, basta una hembra grávida proveniente de un parrón casero para reiniciar el ciclo.

Actualmente hay cerca de 135.000 hectáreas (ha) bajo control obligatorio, lo cual representa alrededor de un 30% de la superficie total de frutales del país. La cifra se compone de 83.000 ha de predios con uva para vino, 21.000 ha de uva de mesa, 8.000 ha en predios mixtos, 16.000 ha de ciruelos y 6.000 de arándanos. En las regiones de Coquimbo, Valparaíso y Biobío el objetivo público-privado es erradicar la plaga, en tanto las regiones Metropolitana, de O’Higgins y del Maule se consideran zonas de contención.

Adicionalmente, el Comité de Cerezas de Chile ha hecho un esfuerzo a través de sus productores asociados para llevar a cabo un programa de control privado en zonas de riesgo con el fin de evitar la posibilidad de encontrar fruta larvada en sus envíos al exterior y mantenerse fuera de las restricciones.

Figura 1. Evolución de índice de capturas/trampa/día (CTD) en predios de vid en regiones en contención en 6 temporadas. Programa Nacional Lobesia botrana.

LLEGÓ LA HORA DE LA PUNTERÍA FINA

La figura 1 muestra cómo el aumento de la superficie con uso de emisores de confusión sexual (ECS) redujo fuertemente el índice de captura diaria por trampa en vides, un indicador de la baja en las poblaciones del insecto. Sin embargo, como se aprecia en el gráfico, el considerable aumento de las ECS en 2016/17 en comparación a 2015/16 no produjo un impacto tan acentuado en las capturas como sí lo había logrado la estrategia en 2015/16 respecto de 2014/15. De hecho, el número total de productores “descolgados”, es decir excluidos de la posibilidad de exportar a ciertos mercados por presencia de la plaga, disminuyó solo en un 7%, y en el caso de arándanos y ciruelas incluso aumentó (cuadro 1). También se aprecia un incremento en el número de predios descolgados aun habiendo utilizado ECS. Por otra parte, señaló Barriga, la plaga se ha ido expandiendo territorialmente en el país. Un dato peligroso: 73 productores, entre ellos 47 de uva, fueron descolgados en inspecciones de caja terminada. “Afortunadamente se paró en el país y no llegó a destino. Si esto hubiera sucedido en una caja para China, estaríamos hablando en otros términos”.

Cuadro 1. Productores descolgados al 28 de marzo por temporada.

Parece ser que, luego del enorme avance macro logrado en términos de disminuir masivamente la presencia de polilla, el siguiente paso es enfrentar de manera más focalizada algunos aspectos que frenan los resultados de ese esfuerzo.

Es el caso de la cuarentena interna. Lobesia botrana, aunque vuela, no es una gran viajera; difícilmente se desplaza más allá de algunos centenares de metros. Por lo tanto, infiere Carlos Barriga, en las distancias largas se mueve con la fruta desplazada por los humanos. El desplazamiento ocurre, por ejemplo, en la uva para vino que se cosecha en una región y se lleva a otra para procesarla, o las cosechadoras mecánicas que recorren los campos. Existen normas donde se especifica los protocolos de sanitización y de seguridad a cumplir para evitar la presencia de la plaga en esos traslados. No obstante, a juicio del ingeniero agrónomo se requiere una fiscalización más estricta en su cumplimiento, con el fin de detectar los casos de uva con estados inmaduros e impedir que la plaga se intensifique en “sectores que están bastante libres, como la zona del Maule sur”.

“Yo creo que aquí tenemos un talón de Aquiles que necesitamos atacar con fuerza. Y no solo en la industria del vino”. La uva para pasa o las ciruelas para deshidratado, ejemplifica, se suelen transportar a la zona de erradicación al norte de la región Metropolitana.

–¿Tiene importancia el traslado de fruta para consumo por las personas, o más bien resulta anecdótico?

–Puede ocurrir que las personas lleven racimos de parrones caseros para comer a la hora de colación y ahí vaya fruta larvada, iniciando un foco. Pero el grueso está en el transporte masivo y en la maquinaria que se utiliza. En el caso del sur, regiones de la Araucanía, Los Lagos, Los Ríos, las incursiones de la plaga se han encontrado alrededor de centros de distribución de frutas y hortalizas. Es posible que sea fruta que llega de la zona central. Los fruticultores para poder sacar su producto de un área de contención tienen que tener una autorización, pero una vez que la fruta se ha vendido en un centro de distribución como la Vega Central o Lo Valledor es muy complicado controlar a la gente que la lleva a otras zonas.

PRECISIÓN EN LA APLICACIÓN Y EFICACIA DE LOS PRODUCTOS

La aplicación de productos químicos y biológicos de control es una herramienta importante, pero hay un espacio amplio para mejorar, a juicio del profesional de ASOEX. Un área en la que se está avanzando corresponde a determinar su eficiencia comparativa.

“El primer día todos los productos aplicados tienen una eficiencia muy alta, un gran efecto knock down. A medida que va pasando el tiempo la degradación va a ser diferente. Al día 7 un insecticida puede presentar un 50% de eficacia y otro un 80%. El periodo de protección que otorga es relevante. Todos los productos de la lista permitida ya demostraron que funcionan, pero ahora se va a pedir un porcentaje mínimo de eficacia. Hoy se exige un 50% de eficacia y a lo mejor un producto da 21 días de protección, pero si se le pide un 70% quizá va a dar 18 días”.

Asimismo se requiere mucha más precisión en el momento de aplicar, con el fin de combatir al insecto cuando se encuentra en el estado fisiológico y nivel poblacional de mayor susceptibilidad al tratamiento. Ya se ha avanzado avisando fechas de aplicación diferidas de norte a sur en el programa de control obligatorio, porque obviamente la población del insecto no tiene el mismo comportamiento en un área tan extensa. Esta polilla es termo dependiente. Cuando la acumulación de temperatura es alta, los ciclos son muy cortos y los días calendario son menos; con menos temperatura los ciclos se alargan.

Ocurre que el microclima local puede ser distinto al de la macrozona. Tampoco es lo mismo aplicar el primer día que el último del periodo indicado por el SAG. Adicionalmente, el uso de emisores de confusión sexual va a cubrir 100.000 ha o más, y los ECS inciden en el sistema tradicional para definir las aplicaciones, que son trampas de captura de machos, haciéndolas menos válidas como indicador de la evolución del insecto.

Un nuevo avance ha sido la utilización de los días-grado “no para fijar la fecha, sino como un semáforo: está en verde, en amarillo, se puso en rojo…” A ello se suma el tener una forma más exacta, asociada al reloj biológico de la plaga, que son las jaulas de monitoreo de campo. Estas permiten hacer el seguimiento de Lobesia en las condiciones de terreno. “Por ejemplo, decir: hoy la plaga está pasando de pupa a adulto, ahora el adulto está colocando los huevos, los huevos están amarillos de cabeza negra, etc. Este año se van a usar las jaulas en conjunto por el SAG y la FDF en distintos puntos de las regiones de contención, lo que nos va a dar mucha más certeza de lo que está ocurriendo. Por otra parte, este año el SAG consultará con una mesa de expertos para determinar en conjunto las fechas de control”.

LA PASADA TEMPORADA PUDIMOS HABERLE PEGADO MÁS FUERTE

“La temporada que pasó perdimos la oportunidad de haberle pegado muy fuerte a la primera generación de la polilla, porque las aplicaciones se realizaron por calendario y no por los indicadores biológicos de la plaga. La acumulación térmica se alcanzó 15 días antes, o más, y los frutales se adelantaron. Pero no solo en ellos: las temperaturas determinan el ciclo del insecto y, dado que el clima de nuestro país está cambiando, debemos usar indicadores mucho más precisos”.

En tal sentido, los conocimientos del personal en los campos de producción todavía resultan deficitarios. “Deben capacitarse en monitoreo y saber más sobre la biología de la plaga para poder elegir bien los momentos de aplicación y ejecutar bien las técnicas de control. Lo ideal sería que el productor tuviera gente capacitada para hacer un seguimiento del insecto en su propia realidad. Pero como el mundo no es ideal, hay que dar las grandes líneas de cuándo él debe mantener protegido su cultivo, de manera que el fruticultor esté preparado y con las maquinarias necesarias para ejecutar el tratamiento oportuno. No hay que esperar hasta el último día de plazo, el resultado va a ser muy superior si controla en los primeros dos días y no en los dos finales. El otro punto es tener los equipos bien regulados para que la aplicación sea eficiente”.

El atraso en la colocación de los emisores y en la fecha de aplicación del primer vuelo en 2016 es una de las causas principales del aumento de productores de arándano y ciruelo excluidos de los mercados, estima el entrevistado. Recordó, no obstante, que los productores descolgados de los mercados que Chile quiere proteger tienen la posibilidad de reintegrarse si toman las medidas de mitigación necesarias para prevenir la presencia de estados inmaduros.

En cuanto a las áreas urbanas, el gran instrumento debiera ser la técnica del insecto estéril (TIE). Los antecedentes internacionales y las pruebas realizadas en el país permiten augurar buenos resultados. Sin embargo, ello requiere de financiamiento para llevar a cabo la crianza y liberación masiva de polillas esterilizadas que se crucen con los individuos que se encuentran de manera natural en los sectores poblados. Este apareamiento no origina crías y a largo plazo puede llevar a la extinción de la plaga. Carlos Barriga considera que la TIE sería de un uso muy valioso en otros sectores de producción, especialmente en la uva para vino, ya que además de su potencial efectividad, “es totalmente compatible con los emisores y los tratamientos químicos”.

Jaula de monitoreo en campo.

LA INFESTACIÓN PUEDE VENIR DE CASAS O JARDINES DEL MISMO PREDIO

El especialista llamó a ampliar la mirada más allá de la plantación de ciruelo, arándano o vides, y tener en cuenta el entorno. Dicho entorno empieza al interior del mismo predio, con las plantas y malezas que sirven de hospederos a Lobesia. Estas se pueden encontrar en los cercos, en los jardines e incluso en las pequeñas plantaciones existentes en las casas del mismo campo (parras silvestres, crateus, ligustrinas, moras, correhuela, diente de león, etc.). Al interior de la empresa se cuenta con todas las herramientas para el control en esos hospederos y no hay razón para no ejecutarlo.

Un aspecto vital es que cada productor realice un profundo análisis con el fin de determinar dónde está el riesgo y saber qué puerta tocar, teniendo en cuenta que Lobesia solo es capaz de volar unos 100 a 150 metros y por lo tanto tampoco es necesario inquirir demasiado lejos. Si hay peligro proveniente de vecinos externos, conviene tomar contacto con tiempo, explicarles el problema y ofrecerles alternativas, desde aplicar pesticidas o instalarles emisores (un emisor cada 4 o 5 parras es suficiente), pasando por prácticas culturales, como eliminar el ritidoma en invierno, hasta ofrecerles cajas de la uva de mesa de exportación a cambio de eliminar su producción propia y dejar el parrón casero solo para sombra.

UN CINTURÓN DE SEGURIDAD EN LA PERIFERIA DEL HUERTO

Hay casos a con muy buenos resultados, menciona el ingeniero agrónomo, de productores colindantes que se han agrupado para hacer un programa integral de manejo del área, incluyendo casas y hasta pequeños poblados semiurbanos.

–¿Y qué hacer si no hay una buena respuesta?

–Si todas las puertas se cierran se debe reforzar las medidas al interior del campo para que no prospere esa polilla que puede llegar. El tratamiento de bordes: formar un cerco alrededor de nuestro cuartel, ya sea de feromonas o químico, constituye el único instrumento para bajar la probabilidad de ingreso de la plaga. El 99,9% de los casos de descuelgue de productores se debe a bayas con estados inmaduros ubicadas en la periferia, en la primera o segunda hilera. Por lo tanto, una forma adicional de prevención es botar, antes de la inspección, la fruta que se encuentra en ese sector y destinarla a jugo o pasa. Sale más barato perder eso que un mercado como Corea. O bien se le puede dar un tratamiento químico reforzado. Se trata de uva que normalmente no es de las mejores y por lo general las aplicaciones cercanas a la vuelta del tractor en el cabezal resultan de menor calidad, de manera que el porcentaje de exportación que hay ahí es bajo. Conviene recordar que el uso de feromonas no protege a la fruta, sino que es un tratamiento para bajar las poblaciones de Lobesia. La única forma de garantizar la eliminación del insecto en la fruta es con una buena aplicación de pesticidas y una cobertura 100%.

Figura 2. Huertos de vides descolgados (ID) por estados inmaduros de Lobesia botrana. Temporada 2016/17. Las flechas indican las aplicaciones del control obligatorio. Asoex-FDF-Fedefruta. Fuente: SAG.

 LA DESPROTECCIÓN DE LA UVA DE MESA TARDÍA Y LA UVA PARA VINO

Como se aprecia en la figura 2, el 50% de descuelgues en uva de exportación se produce después del periodo de control, y el 80% está dado desde el primer día del tercer vuelo hasta el final. Los huertos deben tomar las medidas para cubrir este gap más allá del periodo oficial, porque el 15 de marzo todavía se está iniciando la cosecha de variedades de uva de mesa como Red Globe, Crimson, Timco u otros cultivares tardíos. Y la vendimia para vino igualmente está comenzando. El caso de arándanos resulta totalmente diferente, pues el mayor nivel de capturas se produce entre el primer y el segundo vuelo.

Los emisores duran activos unos 150 a 180 días porque están hechos para Europa, afirma Barriga, una condición climática diferente a la nuestra, donde por lo común la plaga tiene solo dos generaciones. Si se instalan el 15 de septiembre (la fecha máxima prevista para este año), ya su acción va a comenzar a declinar desde mediados de febrero y el 15 de marzo el emisor estaría con una operación muy deficiente. Hoy la mayor demanda mundial de ECS se encuentra en Chile, agrega, y por lo tanto los fabricantes debieran hacer un desarrollo para que operen mucho más allá (210 a 240 días). Así cubrirían toda la cosecha de vides, de forma que nuestro país “no quede con una fase sin control con feromonas entre mediados de marzo y primeros días de mayo. Además, las fechas de aplicación con químicos están dadas hasta los primeros días de marzo, por lo tanto también queda un espacio posterior desprotegido, con una gran cantidad de polilla porque los niveles de población del tercer vuelo en Chile son muy altos”. Las opciones de manejo disponibles hoy son el uso de feromonas asperjables –que debiera ser más barato que duplicar el número de emisores– y la mantención del parrón protegido con productos fitosanitarios.

“Los emisores son una herramienta que ha demostrado su eficiencia, por lo que se deben mantener”, postula Barriga. “Eso no lo vamos a discutir, pero sí las aplicaciones químicas deben acompañarlas, también en el caso de las uvas para vino, de acuerdo al nivel de captura, de estados inmaduros. No ha sido una buena estrategia eximir de aplicaciones a todos o casi todos los predios de uva vinífera, especialmente si no tenemos una cuarentena fuerte”.

LOS OBJETIVOS SE LOGRARÁN CON TRABAJO EN CONJUNTO Y RECURSOS

Aun con todo lo que queda por hacer, Carlos Barriga pide destacar la unión público-privada para enfrentar la plaga, aspecto que fue un desafío en su momento.

“Había mucha desconfianza entre los sectores frutícola, vitivinícola y el SAG. Esta mesa donde se encuentran los tres ha funcionado muy bien. Ha servido para ponerse de acuerdo en aspectos en que antes no se lograba. Los resultados positivos se empezaron a ver gracias a esa instancia donde se aborda un tema que es técnico, político, económico y financiero. Va a ser muy interesante para tenerlo en vista frente a las nuevas plagas que llegaron a Chile, Drosophila suzukii y Bragaria hilaris”.

–¿Cuál es el pronóstico para Lobesia?

–Hay condiciones de erradicación posible en las regiones de Atacama, Coquimbo y Valparaíso, y yo creo que se va a lograr también de Biobío al sur si se sigue trabajando en la línea que está ahora. El plazo va a depender de los recursos. En las zonas de contención vamos a tener una disminución fuerte de la plaga, pero la erradicación va a ser muy difícil si no hacemos una inversión muy fuerte en la técnica del insecto estéril (TIE). Estoy seguro de que a nivel de zona de producción frutícola se va a lograr una muy baja prevalencia que permitiría exportar a todos los mercados sin problemas, pero la industria no puede hacerse cargo de las ciudades; eso tiene que ser de responsabilidad del Estado, y ahí la única fórmula contundente es la TIE.