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Marzo 2017 | Fitosanidad

Límites de residuos y aparición de resistencia en fungicidas

Cómo resolver el puzle de botritis en uva de mesa

Redagrícola entrevistó sobre el tema de botritis en uva de mesa a distintos profesionales, con el fin de tener una visión práctica. Conversó con Jaime Espinoza, encargado de manejo técnico del grupo Ramón Achurra; René Riquelme, administrador de RALCO Ltda.; Gabriel Marfán, gerente técnico de Subsole; Manuel José Arriagada, administrador del campo La Inca, de la misma exportadora, y el consultor independiente Dragomir Ljubetic.

Todos los entrevistados coinciden en que Botrytis cinerea es el problema sanitario número uno en uva de mesa desde San Felipe al sur, y el que aporta más activos en los análisis multirresiduales. “Los botriticidas, por las dosis y por los momentos en que se aplican, difícilmente no aparecen”, señala Gabriel Marfán.

Los límites máximos permitidos de residuos son cada vez más bajos y en ciertos mercados de destino se limita a cinco el número de activos presentes en la fruta. Incluso algunos poderes compradores exigen una fracción mucho menor de lo aceptado por la norma y restringen los activos a tres.

También hay unanimidad en otro aspecto: los fungicidas químicos son vitales en el programa, pero no solucionan solos el tema. “El mejor botriticida del mercado es un buen manejo cultural”, sentencia Dragomir Ljubetic.

El hongo siempre está presente y la uva es un hospedero sensible, son como la chispa y la pólvora, por lo tanto hay que prevenir por todos los medios las condiciones para que el problema se exprese.

HERRAMIENTA DISPONIBLE PARA CONOCER LA RESISTENCIA

Hoy la resistencia de botritis a fungicidas es un hecho demostrado por la investigación, con el agravante de que en 2008 se detectó la resistencia multidroga en Chile. El fenómeno se encuentra asociado al uso repetido e indiscriminado de los productos.

Todos los entrevistados participan de la investigación encabezada por Marcela Esterio (M.Sc.) y Jaime Auger (Dr.), de la Universidad de Chile, orientada a generar programas de control de botritis basados en la identificación de los aislados o poblaciones de Botrytis cinerea presentes en cada predio y su nivel de resistencia, si la hay, a una o más de las moléculas disponibles.

La metodología implica la toma de una muestra previa y otra posterior a la aplicación. En el laboratorio se determina los genotipos del hongo presentes, se identifica cuáles mueren o sobreviven a la acción de los distintos ingredientes activos, y en qué porcentaje lo hacen. Sobre dicha base se establece el nivel de control logrado y es posible elegir los productos a los que los genotipos sean más sensibles, para las etapas siguientes.

Los resultados obtenidos hasta ahora han sorprendido: “Yo esperaba un poco más de nivel de control, y que fuera más homogéneo dentro del cuartel” cuenta, por ejemplo, Jaime Espinoza.

FUNGUICIDAS QUÍMICOS: LA HERRAMIENTA FRONTAL

Los fungicidas químicos frontales tradicionalmente se utilizan en oportunidades claves, en forma preventiva. “No hay que esperar a ver un ataque de pudrición para tratar de controlar” aconseja Marfán.

En floración se cubre el período donde se produce el primer ciclo de infección, dejando el inóculo que se expresará con posterioridad. El tratamiento puede ser doble, a inicios de flor y luego en plena flor. Entre cuaja y pinta por lo general no se controla, dado que las bayas no tienen azúcar y por lo tanto no son colonizadas por el hongo. En cierre de racimo-pinta aumenta el azúcar y disminuye la acidez, de manera que se vuelve a las aplicaciones. El otro momento de uso clave de fungicidas va entre pinta y cosecha, unos 10 días antes de esta última.

Aplicaciones adicionales muchas veces resultan obligatorias, frente a lluvias u otros eventos climáticos relevantes, ataques declarados, en las variedades más tardías, o si la cosecha se alarga. Sin embargo, se encuentra en retirada la antigua “aplicación para el viaje” que se hacía tres días antes de cosecha con el fin de que la fruta viajara sin problemas. Cuando la fruta llega sana, esta función la cumple el paso por la cámara o los dosificadores de anhídrido sulfuroso y luego los generadores de SO2 en el trayecto a su destino. Las preferencias de los entrevistados se inclinaron por la cámara sobre los dosificadores, debido a su mayor rapidez y a que sanitiza la caja cosechera.

Aun basándose en una columna vertebral de aplicaciones, el programa debe ser flexible, para enfrentar contingencias inesperadas de la enfermedad, pero también, a la inversa, para evitar fungicidas si las condiciones son favorables.

El número de moléculas desarrolladas por la industria para botritis es muy limitado, lo que reduce las posibilidades de jugar con distintos ingredientes activos para prevenir o enfrentar la resistencia y al mismo tiempo no sobrepasar los límites de los mercados.

Gabriel Marfán precisa que los residuos de las aplicaciones de floración difícilmente aparecen en los mercados de destino, por el tiempo transcurrido. Pero los de aquellas hechas a partir de cierre de racimo lo hacen “sí o sí”. En las fases de maduración esto resta posibilidades al uso de los productos con dos activos. Más todavía cuando muy probablemente hay que reservar al menos un par para oídio, lobesia o chanchito blanco.

Por supuesto, lo primero es mantener la fruta sana. Por lo tanto, si hay la necesidad de hacer más aplicaciones, siempre está la posibilidad de redestinar la fruta a los mercados con menos exigencias. Eso forma parte de las estrategias. Sin embargo se traduce en contar con menos opciones de comercialización.

Lo mejor es apuntar al uso del menor número de activos que sea posible, sin caer en la monoaplicación que lleva a la aparición de genotipos resistentes.

PRÁCTICAS CULTURALES Y DE MANEJO: TODO SUMA

La botritis se ve favorecida por distintos factores. La presencia de materiales contagiados, el calor, la humedad, las aberturas o heridas para ingreso del patógeno. Por lo tanto los manejos culturales se dirigen a evitar condiciones como las indicadas o también a obtener el máximo efecto de las aplicaciones. A continuación se enumeran los mencionados por los entrevistados:

  • No establecer el parrón en las zonas más lluviosas, elegir las áreas de menor riesgo dentro de una zona.
  • Parrones ventilados, incluyendo el uso de “ventanas” en el follaje.
  • Cargadores bien distribuidos.
  • Hacer una buena desbrota.
  • El follaje debe dejar pasar una luminosidad equilibrada; con manchas de sol en el suelo “como piel de leopardo”, según describe Manuel José Arriagada.
  • Evitar el exceso de humedad, en especial si el parrón todavía se riega por surcos.
  • Carga de racimos adecuada. Un parrón muy cargado retrasa su maduración y es más susceptible al ataque del hongo.
  • Arreglo de racimos sueltos, para dar aireación y permitir el ingreso de los botriticidas. Hacer rápidamente esta tarea: “buscamos a tenerla lista el 15 de diciembre” explica Jaime Espinoza, en la VI Región.
  • Capacitar a los mandos medios para controlar bien el trabajo de la mano de obra.
  • Racimos descolgados, separados del follaje. Evitar que queden enredados, escondidos, pegados a las hojas.
  • No abusar de los reguladores de crecimiento. Su exceso incide en el aumento de botritis a causa de factores como el debilitamiento de la cutícula, baja cantidad de pruina, propensión a las heridas y desgarros en el pedicelo. Además tiende a atrasar la cosecha.
  • Manejo racional del nitrógeno asociado al vigor del parrón y a la rápida maduración de la fruta madure rápido, logrando el contenido de azúcar; “que no le cueste terminar”, precisa Ljubetic.
  • Máxima uniformidad en la aplicación de los botriticidas. Entre los entrevistados las preferencias se inclinan por el empleo de la nebulizadora con bajo volumen y gota fina, debido a su uniformidad y capacidad de llegar al interior de los racimos. Los equipos deben estar bien regulados, con las boquillas adecuadas y en buen estado. “El producto debe llegar a todas las flores o racimos, y cubrirlos por completo” acota René Riquelme.
  • Idealmente, anticiparse a la lluvia con la aplicación de un botriticida.
  • Aunque la fruta esté lista para cosecha, en caso de lluvia hay que aplicar y esperar tanto el cumplimiento de la carencia, como al menos dejar pasar dos o tres días para la estabilización de los racimos, debilitados por el mojamiento.
  • Precaución especial con variedades más susceptibles, por ejemplo Thompson Seedless, o poco resistentes a las lluvias, como Red Globe.
  • Aprovechar las condiciones favorables del parrón y del clima para disminuir aplicaciones y número de activos.
  • Estar siempre atentos a las condiciones desfavorables y si aparecen síntomas “atacarlos” de inmediato, de manera frontal.
  • Eliminar bayas o racimos con síntomas.
  • En todas las etapas vigilar que no se produzcan daños o heridas al manipular la fruta.
  • Controlar el picado de pájaros, el ataque de insectos como trips.
  • Tratar de hacer la cosecha en una sola pasada, rápida, ordenada. La fruta de la primera pasada es mucho más sana que la de las siguientes.
  • Llevar un registro histórico de los predios y cuarteles, con los productos, fechas de aplicaciones, dosis, volúmenes.
  • Hacer análisis multirresiduales para comprobar el comportamiento de los productos utilizados, en las condiciones del predio (tiempo de degradación). De no contar con una base de datos de registros propios, guiarse por la agenda de pesticidas de ASOEX.
  • Eliminar los restos de botritis para la siguiente temporada.

Dragomir Ljubetic agrega: “Pareciera que la batalla está ganada una vez que coseché la fruta sin botritis, pero ahí parte la segunda mitad de la carrera”. Entre otros aspectos, subraya la necesidad de no quebrar la cadena de frío y critica la insuficiente capacidad de frigoríficos en la zona central de Chile para la época de mayores envíos. Considera necesario aumentar el tamaño de las cajas para no maltratar la fruta en su embalaje y trayecto a destino: “una fruta podrida no vale nada”.

LOS OTROS PRODUCTOS Y OPCIONES

Para ayudar al control se han ido incorporando diversos instrumentos no químicos, algunos todavía en etapa de evaluación.

Todos los entrevistados emplean los extractos de cítricos. Estos fungicidas naturales no tienen carencia ni cuentan como residuos, de manera que son privilegiados en la última etapa de maduración. Son considerados complementarios a los tratamientos químicos. Más que un efecto curativo, se les asigna la función de mantener la fruta sana, evitando el potencial contagio.

En Subsole usan una nebulizadora con el turbo encendido, que genera un fuerte viento dirigido al racimo (antes del cierre), con el fin de remover los restos florales.

Gasco ha avanzado un prototipo de máquina aplicadora de calor (100 a 200ºC) directamente al follaje y los racimos, con el fin de eliminar inóculos. Su uso parte en floración, cada 10 a 15 días, y desde pinta en adelante cada 7 a 10 días.

También se usan trichodermas, hongos que colonizan los mismos espacios que la botritis, y funcionan como sus competidores naturales. Se aplican al final de floración o en los primeros días de cuaja. En etapa de desarrollo se encuentran extractos de quillay, con resultados preliminares auspiciosos. Otros productos naturales mencionados: Bacillus subtilis, toxinas bacterianas, lecitinas de soya.

Subsole está dando los primeros pasos en la prueba de techos plásticos sobre los parrones para la protección contra lluvias, el enemigo número uno. La tecnología es ampliamente utilizada en la zona de Bari, Italia. Aunque abierta entre las hileras (un espacio libre de 50 cm), la cobertura produce un impacto sobre el calor y la humedad al interior del parrón, aspectos que se están evaluando.

Dragomir Ljubetic testimonia: “no se puede sacar un parrón sin haber hecho las prácticas culturales, pero sí puedo sacar un parrón sin haber aplicado un solo fungicida para botritis”. Aun así, no es posible recetar un manejo libre de productos químicos que asegure tal resultado. Por ahora, señala el consultor, está probando la viabilidad de estrategias que permitan bajar al menos en una o dos las aplicaciones consideradas claves, y así reducir el peso de la botritis sobre el límite de residuos y el número de activos.