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Dr. Rafael Ruiz: PDF Imprimir E-Mail
martes, 05 de febrero de 2008

Efecto del estado del sistema radicular en la nutrición, sustentabilidad productiva y desórdenes fisiológicos de la uva de mesa

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El Dr. Ruiz de INIA La Platina expuso los resultados de dos proyectos ejecutados por investigadores de INIA La Platina. El primero, citado continuamente por los diferentes expositores durante el seminario, es claramente un referente para la industria y consistió en el estudio de las causas del decaimiento productivo de los parrones del valle de Aconcagua (proyecto liderado por los doctores Gabriel Sellés y Rafael Ruiz). 

El problema de Aconcagua, según Ruiz, tenía directa relación con la situación de los sistemas radiculares. El segundo es un proyecto Innova Corfo sobre el síndrome de Baya blanda, problema también relacionado –entre otras cosas– con las raíces y el suelo. Publicamos un artículo sobre esto último, en base a una entrevista al Dr. Ruiz, en la revista Redagrícola Nº 17 (ver www.redagricola.com).

La sintomatología general de los parrones decaídos de Aconcagua era una leve clorosis de las hojas, baja productividad, fruta de bajo calibre y asoleada, poco vigor de las plantas, mal cubrimiento del parrón y sarmientos débiles. El sistema radical débil y poco desarrollado de los parronales decaídos, casi totalmente carentes de raicillas finas, contrastaba con los parrones de alta producción sostenida, los que presentaban un buen sistema radicular. “Los pocos parrones que en Aconcagua tenían buenos sistemas radiculares coincidían con que eran los que tenían buenos rendimientos”, afirmó Ruiz. 

Análisis de reservas


La técnica tradicional de análisis foliar resultó ser poco eficiente para distinguir los parrones decaídos de los no decaídos, con la sola excepción de los niveles de potasio, en los que sí se notaba diferencia:

Decaídos       = 0,87 ± 0,14
No decaídos  = 1,21 ± 0,09

Explicó el Dr. Ruiz que las reservas corresponden a una acumulación en ciertos órganos de metabolitos estratégicos para suplir carencias nutricionales que se producen en ciertos períodos críticos del desarrollo de las plantas.

Entre los análisis de las reservas más importantes el Dr. Ruiz mencionó al nitrógeno, principalmente arginina (un aminoácido); los carbohidratos, el almidón con sus componentes amilosa y amilopectinas; y el fósforo (fracción no identificada).

Las raíces para crecer requieren ser alimentadas desde la parte aérea, por lo que la carga frutal (un sumidero muy potente) es un factor fundamental. El Dr. Ruiz mostró que, según los resultados de sus estudios, luego de dos años de manejo de la carga, se pudo apreciar que el fósforo muestra una leve tendencia a descender, sobre todo con cargas altas; pero que -en general- todas las reservas estudiadas muestran una tendencia a la baja.


Interacción de los problemas físicos del suelo y del enraizamiento

Una de las principales acciones que realizan las raíces es absorber agua y nutrientes de la solución del suelo. Pero otra actividad de gran trascendencia de las raíces es transmitir señales hormonales a la parte aérea de la planta. Rafael Ruiz recordó que Darwin afirmaba que: “Las raíces son el cerebro de la planta”.


Si se dispone de un buen sistema radicular y se le aporta humedad y nutrición óptimas, el sistema radicular enviará señales compuestas de citoquininas (CK), lo que permitirá sustentar un alto nivel de carga con fruta de buen calibre, firmeza y adecuados aportes de solutos nutrientes y racimos con bayas muy firmes: > 240 g F mm-1.
 
Situaciones de saturación hídrica o de estrés hídrico, pueden gatillar señales hormonales a la parte aérea. En situaciones de saturación esporádica por exceso de riego, con subsuelo compactado, se crean áreas con anoxia, muerte celular y pudrición de raíces, por lo que el sistema radicular envía señales A.B.A. (ácido abcísico), que inhiben a la citoquinina y producen un menor ingreso de solutos osmóticos al fruto, provocando por tanto una alta incidencia de fruta débil. Por otra parte, también provocan cierre estomático, una menor síntesis de terminales carbonados y una mayor susceptibilidad a excesos de NH4+ y putrescina, lo que por su parte también provoca una alta incidencia de fruta débil. El A.B.A. además aumentará el etileno, lo que incidirá en bayas blandas y provocará destrucción de clorofila. Lo mismo puede ocurrir en situaciones en que parte del sistema radicular recibe suficiente humedad, en tanto que otra parte del mismo se mantiene seca.

 



1 Cuartel testigo riego y mojamiento adecuado..
 


La compactación o falta de estructura del suelo produce efectos catastróficos sobre el crecimiento del sistema radicular, en especial sobre las raíces absorbentes. Con una macroporosidad del 10% se produce anoxia y pudrición radicular y finalmente raíces muertas y gleyzadas.

En la siguiente tabla se aprecia la concentración de nutrientes minerales en las hojas, en relación a clorosis en vides bajo estrés hídrico (Los Andes, V Región). Se puede ver que los niveles de los elementos analizados estaban todos sobre los niveles considerados críticos. Es decir ninguno de esos elementos explica la clorosis observada.

Esto indicaría que la clorosis no se produce por problemas en la absorción de nutrientes sino por las señales ‘negativas’ que las raíces envían a la parte aérea de la planta. Las raíces son fundamentales porque además de absorber agua y nutrientes, acumulan reservas y envían señales hormonales.


El efecto del suelo


En el proyecto sobre decaimiento en Aconcagua se identificó una variable física que tenía directa relación con el enraizamiento: la macroporosidad o capacidad gaseosa, definida como porosidad libre al flujo de gases con el suelo a capacidad de campo. La que obedece a la siguiente fórmula:

FAX = 1 – Р/Рs θ cc

De acuerdo a lo expuesto por el Dr. Ruiz, el hecho de que el suelo esté compactado o por el contrario bien estructurado, se traducirá en una enorme diferencia en la densidad o número de raíces por unidad de superficie. Los problemas de estructura de suelo derivan principalmente de (1) acciones mecánicas realizadas con humedad inadecuada; (2) del tipo de arcilla: (1:1) mala estructura, (2:1) buena estructura; (3) bajo porcentaje de materia orgánica y escasa actividad biológica; (4) bajos niveles de calcio (el Ca es un elemento estructurante del suelo por excelencia); y (5) un predominio de una fracción limo o arena fina.



La importancia del crecimiento de nuevas raíces
Fisiología y habilidad competitiva en la absorción de nutrientes y agua
Dr. David Eissenstat, Dep. de Horticultura, Pennsylvania State University

El conferencista internacional del seminario fue el Dr. David Eissenstat quien se refirió a sus experiencias y estudios sobre los sistemas radiculares de la especie de uva Concord (Vitis labrusca: usada para jugo) y en Vitis vinifera de la variedad Merlot. Eissenstat enfatizó sobre la importancia de conocer perfectamente los tiempos de crecimiento del sistema radicular (flushes) para potenciarlos y para nutrir a la planta en el momento adecuado, lo que se puede hacer en base a la observación constante en rizotrones y calicatas.

Según el Dr. Eissenstat es fundamental saber exactamente cuándo crecen las raíces para ajustar el riego y la fertilización a los momentos de mayor actividad de absorción de nutrientes de las plantas. Pero, además, ese conocimiento es de mucha utilidad para elegir la fecha del muestreo radicular y conseguir estimaciones de biomasa máxima, así mismo para entender la distribución de carbono y las interacciones competitivas bajo tierra. También puede servir para identificar los factores que controlan o limitan el crecimiento radicular.

El nivel de actividad metabólica de las raíces cambia en el tiempo, lo que incide en su capacidad de absorber agua y nutrientes, así como también afecta la tasa de respiración, la tasa de acumulación de nitrógeno y otros elementos, y su eficiencia. La mayor actividad metabólica se produce al principio de la vida de una raíz, cuando las raíces son de color blanco y luego va decreciendo, en tanto que la raíz va cambiando de color y del blanco pasa a café (marrón) y finalmente al negro.

 
Actividad metabólica de las raíces.

Estacionalidad del crecimiento de raíces

Según los resultados del Dr. Eissenstat, la cantidad y época del crecimiento de raíces varía mucho de un año a otro. Comúnmente el crecimiento de raíces es mínimo cuando la planta está en dormancia y durante los períodos peak de desarrollo de la fruta, antes de cosecha. Los flushes de crecimiento radicular de primavera sólo se generan en forma ocasional y normalmente no hay flush de crecimiento radicular en otoño (postcosecha). De acuerdo al investigador, el mayor crecimiento radicular ocurre en verano, es decir, el crecimiento radicular normalmente NO ocurriría más en primavera y otoño que en verano. De acuerdo a los ensayos de Eissenstat, no se pueden dar por sentados los crecimientos radiculares de primavera y otoño, por lo que –a nivel de campo– la única garantía se obtiene gracias a la observación permanente de los sistemas radiculares mediante calicatas.


 

Artículo publicado en Redagrícola Edición Nº 19, Noviembre, 2007.
 
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