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Generación Eólica: Chile a 4 metros por segundo |
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lunes, 14 de enero de 2008 |

El desarrollo de la energía eólica en el mundo avanza rápido. Pero la realidad chilena es muy distinta: sólo la capacidad eólica instalada de Alemania es superior a lo que se produce en nuestro país, considerando todas nuestras fuentes energéticas. El potencial aquí es enorme, pero este año recién habrá dos grandes proyectos funcionando.
Para el mundo rural la Eólica es una fuente de energía muy interesante ya que en algunos casos permitirá aumentar el valor de terrenos de baja rentabilidad agrícola. Es el momento de acelerar para recuperar terreno… o viento.
Se dice que el dios griego Eolo tenía a los vientos encadenados en la isla de Eolia. Pues bien, en pleno siglo XXI llegó la hora de que el señor de los vientos los libere para el bien de la humanidad. Tal como Don Quijote desafiaba con valentía a los antiguos molinos, hoy la tendencia es a favorecer la construcción y uso de sus descendientes: los aerogeneradores. Con las consecuencias latentes del Cambio Climático Mundial, la utilización de Energías Renovables No Convencionales (ERNC), más que una opción, se ha transformado en una necesidad.
Sin embargo, su aprovechamiento todavía es menor. Sólo el 13 % de la energía generada en el mundo proviene de este tipo de fuentes. Actualmente, las más importantes son las generadas por biomasa (10,4 %) e hidroelectricidad (2,2 %), aunque la primera está limitada por la disponibilidad de biomasa y la segunda por las condiciones geológicas. Mientras una debe someterse a altos costos de transporte, la otra se ve enfrentada a proyectos de mucha envergadura (represas) que también pueden afectar el entorno. Y ello, según la revista The Economist, deja dos alternativas limpias de amplio crecimiento y bajo impacto al medio ambiente: las energías solar y eólica.
La energía eólica, originada por el movimiento de las masas de aire, ha ido ganando terreno en los últimos tiempos, aunque todavía representa sólo el 0,064 % de lo producción energética mundial. Ha crecido sobre el 18 % en los últimos tres años; la electricidad de países como Dinamarca proviene en un 20 % de esta fuente y naciones como Alemania, España y Estados Unidos llevan la delantera con producciones de 17.743, 9.653 y 8.500 MW respectivamente. En 2005 la capacidad instalada de energía eólica en el mundo era de 55.000 MW (megawatts) y en 2006 se colocaron otros 15.197 MW. Y eso no es todo: se espera que en los próximos diez años se llegue hasta los 200.000 MW de potencia en todo el planeta.
¿Cuáles son las razones de este crecimiento? “Es un medio de producción limpia, no contaminante y poco invasiva”, dice Jorge Moreno de la Carrera, ingeniero de estudios de Systep, empresa que se dedica en Chile a la evaluación económica de proyectos de energía. En términos más concretos: el beneficio principal es el desplazamiento de generación de centrales que utilizan combustibles fósiles. Comparada con una central a carbón, la generación eólica estaría mitigando, por cada MWh (megawatt hora) producido, la emisión de 0,9 toneladas de CO2. El Parque Eólico Canela, por ejemplo, con una potencia calculada de 18,15 MW, que está construyendo en la Región de Coquimbo la compañía Endesa Eco (filial de Endesa), calcula que desplazaría entre 23.400 y 10.660 toneladas de CO2 al año. O, si se quiere ser más concreto aun: el funcionamiento de la Central Eólica Alto Baguales, ubicada en las cercanías de Coyhaique y la única operativa en el país, equivale a un ahorro de 1.600.000 litros de petróleo anuales.
Aunque, en rigor, en el resto del mundo el crecimiento sostenido de la energía eólica tiene que ver con un plan de subvenciones estatales y, por supuesto, con mucha historia y evolución. Ya en el invierno entre 1887 y 1888, en Ohio (Estados Unidos) Charles Brush inventó la que se cree que fue la primera turbina eólica de funcionamiento para generación de electricidad. Producía sólo 12 KWh, pero duró veinte años alimentando las baterías de su mansión. En tanto, en Dinamarca, Poul La Cour construyó en 1897 aerogeneradores más parecidos a los de hoy, ya que contaban con seis aspas (hoy tienen tres). No sólo eso: en 1904 fundó la “Society of Wind Electricians”. Para 1918, su invento ya cubría el 3 % de las necesidades de electricidad de Dinamarca.
 | El desarrollo de los aerogeneradores continuó durante las siguientes décadas, con importantes avances durante la Segunda Guerra Mundial y gracias a la crisis del petróleo de los años setenta. Con el tiempo, lo generadores han ido aumentando en altura, diámetro de rotor y potencia. Mientras en 1980 medían 30 metros, con un diámetro de quince y una producción de sólo 30 KW, en el presente la situación es muy distinta: |
las torres han llegado a 120 metros, con diámetros de rotor de 115 y potencia nominal de 5.000 KWh.
A pesar de que las cifras en el mundo desarrollado son auspiciosas, en América Latina la situación es muy diferente. Brasil tiene sólo 31 MW de potencia instalada; Argentina le sigue con 27,9 y Colombia viene después con 19,5 MW. ¿Chile? Sólo 2,1 MW. Si bien las potencialidades en nuestro país son muchas, los costos de implementar un campo eólico (también conocidos como granjas) son elevados. A ello hay que sumarle que, a diferencia de lo que ocurre en Europa, aquí no hay subvenciones estatales. La Presidenta Michelle Bachelet, sin embargo, se ha comprometido a que el 15 % del aumento energético del país al 2010 provenga de ERNC. Una apuesta que podría ser factible gracias a ciertas medidas, como algunos cambios regulatorios: la aprobación de las leyes 19.940 y 20.018 han intentado incentivar el desarrollo de proyectos que generen este tipo de energías.
Una Mapa Eólico para Chile
La energía eólica tiene dos problemas: no siempre se consigue donde se quiere y tampoco cuando se necesita. Por ello tener un mapa de vientos es fundamental. La gran dificultad es que en Chile todavía no se ha hecho uno. En 1993 la CORFO encargó el estudio “Evaluación del potencial de energía eólica en Chile”, basado en la información disponible hasta esa fecha. No obstante, según confiesa la CNE (Comisión Nacional de Energía), las características de las estaciones meteorológicas disponibles no entregan información plenamente confiable. Por ello, años más tarde esta institución encargó otros estudios como “Mejoría del Conocimiento e Información Eólica en Chile” (2005), elaborado por la Universidad de Magallanes.
El informe incluyó la medición de viento de 124 estaciones entre las regiones Metropolitana y Décima (De los Lagos), además de la Cuarta Región de Coquimbo. Y es justamente en esta última donde se recomienda realizar un mapa más detallado, ya que presenta amplias posibilidades (valor media anual de 6 m/s a 50 metros de altura en Punta Lengua de Vaca). Además, recomienda prestar atención a las regiones de O’Higgins, la Araucanía y los Lagos.
Un informe anterior, fechado en 2003, con vientos medidos a diez metros sobre la superficie, observa valores sobre 5 m/s en Punta Curaumilla, Cristo Redentor, La Silla, Punta Cerro de Arena, Tal Tal, Punta Lengua de Vaca, Punta de Toro y Cerro Tololo. Y, además, dice que “los dos modelos (aplicados) muestran una zona de máximos vientos frente a las costas de Chile central, los que se traducen en altas velocidades a lo largo de la costa en las regiones IV al sur. En particular se distinguen las zonas costeras de la IV Región entre Lengua de Vaca y Río Choapa, la zona entre Los Vilos y Pichidangui, el entorno de Punta Curaumilla en la V Región, y el litoral de la VI Región en la zona de Pichilemu”. A ello hay que agregarle potencialidades en las regiones de Aysén y Magallanes, donde hay varios sectores con velocidades de 9 y 10 m/s.
Problemas Eólicos
Cuantificar el recurso en un país con poca experiencia en el tema es complicado. Hay que tener en cuenta que para producir energía eólica de manera atractiva se deben considerar velocidades medias anuales mínimas entre 6, 7 y 7,5 m/s a cincuenta metros de altura. Además, la generación de energía eólica presenta un alto costo. Deben calcularse unos US$ 1.600 por KW instalado y un factor de planta entre un 30% y 35 %. “El factor de planta es muy importante, porque quiere decir qué proporción de energía realmente genero en relación a lo que pude haber generado en condiciones de producción máxima”, explica Jorge Moreno.
El proyecto del Parque Eólico Canela (Región de Coquimbo) de Endesa Eco tiene un presupuesto aproximado de US$ 31 millones para 18,15 MW de potencia instalada. En el costo tipo de una campo eólico, según el estudio “Generación Eólica en Chile” de Moreno, Mocarquer y Rudnick, el 80 % del valor se lo llevan las turbinas (tamaño 850 KW a 1.500 KW). Las fundaciones, instalaciones eléctricas, conexiones a la red, consultorías, terreno, costos financieros y la construcción de accesos hacen el resto.
Se trata de una alta inversión que demanda realizar un estudio acabado. Porque lo más importante, señalan los expertos, es medir el recurso que se tiene. Para ello hay que usar un anemómetro (registra velocidad del viento) o un anemógrafo (registra velocidad, dirección, distancia y ráfagas) a una distancia que oscile entre los 10 y los 50 metros de altura, simulando lo más posible la ubicación donde estará el buje del generador. De esta manera, se opera en la capa laminar, donde el viento está menos afectado por el roce con la tierra. El tiempo del estudio no debiera ser menor a un año (media anual), de forma tal que se tenga información acabada del comportamiento de los vientos en distintos momentos del día y estaciones del año.
Antes de establecer una estación para medir el comportamiento eólico, lo mejor es una atenta observación en terreno. Según Sergio Contardo, dueño de Solarco, ex piloto de la FACH y con más de veinte años de experiencia en energías alternativas “hay que ir para allá y mirar con atención ecológica. Situarte muy bien en el lugar y decir: ¿dónde está el viento acá? Si tú miras bien un árbol y está inclinado, eso significa que el viento ha estado modelando ese árbol, creando lo que se llama el efecto de bandera. Entonces, quiere decir que ahí ya estás reconociendo viento y viento no tan ocasional”. Contardo recomienda también conversar con los lugareños; ellos incluso pueden entregar una noción de la cantidad de horas al día y los meses del año en los que sopla el viento. En su opinión, la experiencia de observar la naturaleza durante mucho tiempo puede ser un punto muy favorable. “Una sábana horizontal colgada en un alambre son treinta kilómetros por hora. Y eso son aproximadamente 7 m/s, lo que es bastante bueno. Ver si hay días en que se vuela la ropa. Eso es 40 km/h”, afirma.
PLa problemática de instalar un parque eólico, sin embargo, va más allá de tener espaldas financieras y buenos vientos. “Por lo general, las zonas que tienen muy buenas condiciones para generar mediante energía renovable no convencional, el viento por ejemplo, están muy alejadas de los puntos de conexión. Entonces, ahí tengo una barrera de entrada: trazar una línea muy larga para un proyecto chiquitito puede que no sea rentable. Si bien tiene buen recurso, puede no estar geográficamente bien localizado para conectarlo al sistema”, explica Jorge Moreno.
Además, este ingeniero eléctrico detalla otras trabas: la presencia –especialmente en medios de poca generación- de inversionistas no tradicionales con escaso conocimiento del sector eléctrico y el desconocimiento técnico por la falta de experiencia. “No hay una masa crítica de conocimientos que se dedique a prestar servicios en esta materia”.
|  El funcionamiento de la Central Eólica Alto Baguales, ubicada en las cercanías de Coyhaique y la única operativa en el país, equivale a un ahorro de 1.600.000 litros de petróleo anuales. |
Si embargo, existen diversas tendencias que apuntan a revertir esta situación. Empresas locales como Systep, Solarco y WindService están operando en el mercado en consultoría de energías renovables no convencionales. Además, otras compañías instaladas en Chile como Lahmeyer Internacional, ofrecen toda su experiencia adquirida en la implementación de parques eólicos en Europa.
El gobierno tampoco se ha quedado quieto. A mediados de este año, impulsó un proyecto de ley que exige a aquellas empresas que inyectan energía al SING (Sistema Interconectado del Norte Grande) y SIC, que el 5 % de ésta provenga de ERNC, comenzando por iniciativas que se materialicen en 2010. A su vez, desde 2005 Corfo ha implementado un concurso para el desarrollo de proyectos de energías no convencionales, que cubre parte de los estudios o asesorías en etapa de preinversión para proyectos que impliquen inversiones entre US$ 400 mil y US$ 2.000.000.
Junto con todo ello, la CNE se ha ido preocupando de proporcionar mejor información con miras a configurar un mapa eólico del país. Actualmente, incluso, está desarrollando una campaña de caracterización del patrón de vientos en zonas de las regiones de Atacama, Coquimbo y del Maule. En 2006, incluso, en colaboración con CONAMA y la GTZ de Alemania desarrollaró una acabada Guía para Evaluación Ambiental de Energías Renovables No Convencionales para Proyectos Eólicos, de manera de poder guiar a futuros inversionistas en esta materia. Y, finalmente, se está operando en un mercado energético con precios cada vez más altos y atractivos, merced al alto valor del crudo, los cortes de gas provenientes de Argentina y la falta de infraestructura hidroeléctrica.
Por mientras, los proyectos eólicos siguen avanzando. Desde 2001 está operando Alto Baguales, de Edelaysén –filial de Saesa- a pocos kilómetros de Coyhaique. En tanto, en agosto se comenzó a montar el Parque Eólico Canela, el primero en su tipo conectado al SIC (Sistema Interconectado Central), que pretende comenzar sus funciones en noviembre. Mientras tanto, otros proyectos se encuentran en el Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental buscando percibir el viento: Altos de Hualpén, Punta Colorada y Monte Redondo son algunos de ellos.
Actualmente, en Chile sólo se producen 294 MW a raíz de ERNC (un 2,4 % del total), de los cuales apenas 2 MW provienen de la energía eólica. Es probable y de esperar, que con todos estos impulsos y proyectos, se llegue a la meta de 900 MW de capacidad instalada de Energías Renovables no Convencionales para 2020. Quizás sólo falte un pequeño soplido para lograrlo.
Artículo publicado en Chileriego, Edición Nº 31, octubre, 2007. |
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