En la fruticultura chilena por lo general se produce un marcado relajo estival luego de que se ha cosechado la fruta. Es el fin de la temporada.
Pero una fruticultura moderna, orientada a la calidad, no permite relajos y según enfatizan los expertos: “la próxima temporada comienza al día siguiente”.
Si nos remitimos a la literatura, desde hace mucho tiempo que se reconoce la importancia de fertilizar los frutales caducifolios en postcosecha. Sin embargo, la mejor oportunidad de realizarla, en las distintas especies y variedades frutales, y las cantidades adecuadas a cada una, es donde se han dado los cambios más importantes.
En este artículo entregamos las recomendaciones de investigadores y asesores para realizar una correcta fertilización de postcosecha en variedades de Uva de Mesa y Manzano, especies que según datos de CIREN, son cultivadas en más de 86.000 ha, de las cerca de 208.000 ha de frutales mayores que hay en Chile.
La fertilización de postcosecha (FPC), en rigor, debe ser considerada como la primera fertilización de la temporada siguiente, pues las especies frutales que pierden sus hojas en otoño tienen la capacidad de almacenar elementos de reserva. Las investigaciones han demostrado que el nitrógeno (N) retorna hacia la madera (desde las hojas) y se almacena en órganos de acumulación de reservas. Pero además muestran que hay varios micronutrientes que antes de la senescencia y caída de hojas, son traspasados de éstas a los reservorios, para luego de la etapa de receso, generar la energía y los metabolitos necesarios para la “salida” y la brotación de la siguiente temporada.
Aunque difícil de asimilar para muchos productores, dado el largo período que separa la FPC de la fruta de la siguiente temporada, la fertilización de postcosecha tiene una consecuencia lógica en la fruta, pues la tiene en todos los procesos fisiológicos que se suceden antes de la próxima frutificación. En general se mejoran parámetros indirectos de producción como pesos de poda y largos de brotes, lo que permite –por ejemplo- tener cargadores con mayor capacidad para sostener fruta, y aumenta la expansión radicular en el caso de especies que tengan un segundo flash radicular, entre otros aspectos. La fertilización de postcosecha es importante porque acondiciona a la planta y le entrega los nutrientes que va a requerir la temporada que viene.
Asesor Antonio Lobato: FERTIULIZACIÓN DE POSTCOCECHA EN UVA DE MESA
“Durante los últimos 2 años hemos tratado de establecer el siguiente concepto: El término de la temporada es cuando se cosecha la última fruta exportable, o que va al mercado más importante, y la próxima temporada comienza al día siguiente”.
| El Ingeniero Agrónomo Antonio Lobato es consultor y asesor de empresas agrícolas y de exportadoras, en tanto que su zona de trabajo fundamental es toda el área cultivada con uva de mesa en Chile, además de atender productores en Argentina y Bolivia. En sus recomendaciones de postcosecha el asesor diferencia entre las estrategias adecuadas para variedades tempranas, de larga postcosecha, de las estrategias adecuadas a variedades tardías, como la Red Globe. |  En variedades tardías, como Red Globe, se dispone de poco tiempo para fertilizar en postcosecha. | Afirma el agrónomo que en general algo muy importante es mantener la humedad y no permitir que el volumen húmedo se contraiga desde el patrón normal de mojamiento. Al disminuir la cantidad de agua aportada eso se puede lograr corriendo las líneas de riego hacia el centro de la entrehilera (mano de obra) o utilizando surfactantes. El principio es mantener el suelo adecuadamente mojado.
Pero también se debe cuidar el follaje. Las hojas, en esa etapa, tienen varios meses de vida y todavía les quedan varios meses hasta que se caigan de forma natural en el mes de mayo, en particular en las variedades de cosecha temprana.
Por eso recomienda un trabajo foliar de postcosecha. “También es importante que apliquemos nutrientes que permitan mantener las hojas firmes y activas hasta que caigan de forma espontánea con las primeras heladas del mes de mayo y no por una senescencia prematura. Esto, en la zona central (de Aconcagua al sur), porque en el norte las hojas no se van a caer y las podas se hacen con las hojas presentes”. Para lograr lo anterior hay microelementos que son importantes, como el Zn y en menor medida el B, elemento este último que no va a ser traslocado, pero que va a mantener a las hojas verdes y activas.
Según al agrónomo, las aplicaciones foliares deben ser en base a fertilizantes foliares completos, con buenos elementos, de preferencia quelatados. Sin perder de vista que se trata de que el follaje se mantenga activo.
POSTCOSECHA EN VIDES TEMPRANAS
Las variedades de uva temprana o primores se caracterizan por tener un largo período de postcosecha. Antonio Lobato examina el caso de una uva cuya cosecha se termina el 10 de diciembre: “Primero viene un relajo natural de toda la gente, pero para terminar la fruta de exportación y darle los atributos deseados, se le ha exigido a la planta un esfuerzo enorme. Junto al relajo ocurre, entre el 15 de diciembre al 15-20 de enero, el período más caliente del año, en que la ET es altísima. Todos estos factores hacen que las plantas lo pasen muy mal en diciembre y enero, y por ‘mentalidad’, recién se comienza a trabajar en postcosecha a partir de marzo, con los suelos muy secos”, explica Lobato.
 Se aconseja aplicar B y Zn en vides que no tengan sincronizado el crecimiento vegetativo con el flash de crecimiento radicular, como ocurre en el norte de Chile. | Según el asesor, si se empieza a fertilizar recién en marzo los manejos resultan poco efectivos pues los suelos se han secado durante todo el verano y las hojas están muy mal termo reguladas, se les han quemado los bordes, se han perdido hojas, etc. El flash de crecimiento radicular comienza a fines de febrero y principios de marzo, aunque el grueso del crecimiento va a ser en abril para algunas especies, ralentizando el crecimiento hacia la segunda semana de mayo. Las malas condiciones de verano no van a evitar el flash de postcosecha, pero éste va a ser menor: “Interesa que la expansión de raíces sea la máxima. | Es distinto si se llega al período de marzo con el suelo húmedo y aireado, con una oferta de agua que promueva el crecimiento. Si la planta tiene 1 m3 de suelo donde están todas sus raíces, no es lo mismo si 1/3 de ese metro cúbico contiene raíces y el resto está seco, que si tengo todo el volumen se moja. Hay mucha más expansión, muchas más raicillas y por tanto mucha mayor capacidad y probabilidad de captura de nutrientes”.
“Postcosecha 1”:
Lobato define, para las variedades de postcosecha larga, una ‘etapa de postcosecha 1 o temprana’ que va desde que se corta la uva hasta cerca de la tercera semana de febrero. En ella lo más importante es mantener los suelos húmedos, con una menor oferta de agua que en precosecha, pero sin permitir que se sequen. Simultáneamente, a nivel del follaje: “Trabajar con una fertilización foliar muy sencilla, que no es de corrección de deficiencias sino de mantenimiento, para lograr: Hojas verdes, bonitas y brillantes”.
“Lo que interesa, continúa el consultor, es que todas esas hojas se mantengan vivas, activas y sanas el mayor tiempo posible. Esto no implica crecimiento, pues no interesa un crecimiento más allá de enero en los caducifolios. Queremos que las hojas trabajen y se produzca una síntesis de azúcares apropiada para que vayan a las reservas de carbohidratos en las estructuras permanentes de la planta y a la lignificación de la madera”. En el caso de la vid: brazos, tronco, raíces, etc.
“Postcosecha 2”:
A la 3ª o 4ª semana de febrero, junto con el inicio del flash de crecimiento de raíces, se comienza con lo que el asesor denomina: ‘la postcosecha 2 o de reservas’. Lobato: “Se utilizan cantidades mayores de N para acumular suficientes reservas para todo el desarrollo primaveral. Los elementos más importantes respecto a cantidades y proporciones, son N y algo de K y P. Entre el 40 y 50% del total del N de la temporada debe ser aplicado en el período de postcosecha”.
En primavera, desde brotación -a mediados de septiembre-, prácticamente no se riega hasta principios de octubre, y desde allí hasta flor los riegos no son más de 3 o 4. Además, no se debe fertilizar hasta que los brotes lleguen a los 40 cm. “Es por eso, que de los 3 o 4 riegos, sólo dos son fertilizables. A lo que se añade que la tasa de absorción en esa etapa es muy baja, por lo que si el nivel de reservas es malo no hay cómo corregirlo”. Lobato enfatiza una regla que según él jamás se debe violar: “Nunca regar para fertilizar”.
CUÁNDO FERTILIZAR:
Con los Kc correspondientes a postcosecha, entre 0,3 y 0,4 dice Lobato, llevados a la evaporación de bandeja de la época, se van a tener riegos cada 6 o 7 días (aprox.). Lo que significa que durante el mes de marzo se dan entre 4 y 5 riegos, y entre 3 y 4 en abril, y quizás 1 la primera semana de mayo. Un total de 8 a 10 riegos, considerando el último de febrero, en que se puede fertilizar.
Según el consultor una dosificación potencial de postcosecha de 70-80 unidades de N es lo que se utiliza para todas las variedades excepto Sultanina, que requiere cerca de la mitad. Y los fertilizantes se deben distribuir de forma homogénea en todos los riegos.
“EN LAS VARIEDADES TARDÍAS NO SE DISPONE DE 10 RIEGOS PARA APLICAR LA CANTIDAD NECESARIA DE FERTILIZANTES”.
Advierte Antonio Lobato que algunas de sus siguientes afirmaciones pueden parecer ‘temerarias’, pero afirma que se dispone de mucha evidencian empírica y de un buen sustento teórico. “La primera experiencia en el tema la tuvimos 10 años atrás con la industria pisquera. Las vides no suelen presentar añerismo, salvo que algo afecte la fertilidad de las yemas, por lo que era curioso que un año se lograban 60 ton y el siguiente 40, luego 65 y después 38. El problema era que, por el nivel de carga y el grado de azúcar (º Brix) que pide la industria pisquera, a veces el 15 de mayo todavía estaban esperando el azúcar y las cosechas podían comenzar en abril”.
En esas circunstancias, según el agrónomo, cosechaban y las hojas se tornaban amarillas al día siguiente: “En estricto rigor no había fertilización de postcosecha, por lo que regaban para fertilizar y la cantidad que podían poner era mínima. Cuando observábamos la expresión vegetativa de la siguiente temporada, los brotes eran más chicos y cortos, los niveles de reservas -medidos como argininas y carbohidratos en raíces- eran bajos, etc.”
Decidieron comenzar la fertilización de postcosecha en precosecha, no con toda la uva colgando, pero sí más temprano. Como norma se propusieron comenzar la primera semana o máximo la segunda de marzo, aún con fruta sin cosechar. Manifiesta el asesor que el añerismo se acabó de inmediato, por lo que resultó ser un problema absolutamente nutricional.
La duda era qué pasaría con uva de exportación que tiene que viajar 30 días y mantener una buena condición de postcosecha. Las primeras experiencias las tuvieron con Red Globe de la parte baja del valle del Limarí. Uva cosechada entre fines de febrero y mediados de marzo, en parrones de cargas muy altas, de entre 4 y 5.000 cajas (más de 40 ton), cuya uva tenía como destino el Lejano Oriente.
“Partimos colocando entre un 1/3 y la mitad de la postcosecha antes de cosecha y entre 2/3 y la mitad, en estricta postcosecha, y fue un éxito. Llevamos de 6 a 7 años logrando los niveles adecuados de argininas medidos en raíces, alrededor de 36-38 milígramos/kilo. Una práctica particular de la Red Globe es no fertilizar en primavera, por lo que las reservas tienen que sustentar el crecimiento de los brotes hasta la primera fertilización, en postcuaja”. Según Lobato, eso es imposible de lograr fertilizando sólo en postcosecha, por el corto tiempo entre la cosecha y la senescencia de las hojas.
Artículo publicado en Redagrícola Edición Nº 15, Marzo, 2007. |