 Manejar el vigor de los olivos en una plantación superintensiva es un problema que interesa a todos los países productores, y que varía según la latitud en que se encuentren las plantaciones.
La mejor muestra de que la olivicultura española mira al futuro son los trabajos que realizan con distintos patrones donde, además de controlar el vigor, se busca tolerancias o resistencias a enfermedades del suelo como Verticillium.La investigación española es líder para responder a las necesidades de un sector que en ese país supera los 2,4 millones de ha. Por ello, las II Jornadas de Olivicultura, organizadas por la Sociedad Española de Ciencias Hortícolas y el IRTA de Cataluña, reunieron en Tarragona a investigadores y técnicos de los centros y universidades españolas, quienes mostraron el avance de las investigaciones en material vegetal, técnicas de riego, fertilización y calidad de aceite.
La nariz artificial afinará aún más los parámetros de calidad del aceite de oliva español. Al menos eso espera todo el sector. Confían en que este nuevo ‘bicho tecnológico’ sea el complemento ideal al análisis sensorial (panel test), todo un hito en el sector desde que se introdujera a finales del siglo XX, pero que tiene un problema: la ausencia de catadores expertos, capaces de evaluar los atributos de aroma y sabor del aceite.
Calidad. Eso es lo que reclama un sector que está perdiendo terreno frente a sus competidores. Por lo menos así lo cree y advierte José Alba, del Instituto de la Grasa de Sevilla: “Tenemos los mejores árboles, tenemos las mejores variedades, tenemos la mejor tecnología, pero no tenemos los mejores consumidores ni el mejor aceite. Eso es lo que nos falta y hacia allá tenemos que ir”.
Los olivos han acompañado a España a lo largo de su historia. El cultivo se desarrolla en casi todo el territorio, en una superficie de 2,4 millones de ha, que producen poco más de 1,2 millones de toneladas, de las cuales un 50% se destina al mercado externo. Hasta hace poco tiempo el riego no existía en la olivicultura mediterránea. Nadie quería regar los olivos. Mientras unos decían que el olivo es un árbol de secano al que no le gusta el agua, otros postulaban que el riego disminuía notablemente la calidad del aceite.
Hoy sí se riega
Pero hoy ese panorama ha cambiado. Los productores se están convenciendo de que regar es una práctica beneficiosa, tanto para la producción como para la calidad del aceite. En Cataluña, un equipo de investigadores del IRTA, liderados por el Dr. Joan Girona, estudió los efectos del riego deficitario controlado (RDC) en olivos jóvenes, tanto en el crecimiento vegetativo como en el comportamiento fisiológico. “La estrategia se basó en la reducción del agua de riego en los periodos con menor sensibilidad del olivo al déficit hídrico. La respuesta vegetativa fue superior para los tratamientos con una mayor cantidad de agua de riego aplicada, con diferencias entre los tratamientos extremos”, explica Girona.
El RDC en olivos es viable, pero su aplicación y justificación en árboles jóvenes es más complicada porque, aunque las reducciones de riego se aplican en momentos en los que no hay un crecimiento vegetativo evidente, se produce un efecto sobre el volumen de la copa de los árboles.
Los investigadores aplicaron reducciones hasta conseguir aplicaciones de agua del 80, 60, 20 y 10% del tratamiento control, con una distribución estacional diferente durante el ciclo del olivo. El diseño del riego se modificó durante el ensayo y cada árbol disponía de cuatro goteros autocompensantes de 6 l/h, con programación semanal y riego diario.
 Andalucía, Aragón, Cataluña, Castilla y León... Las plantaciones superintensivas se ven en distintas zonas de España. El estudio demostró que la producción de olivos jóvenes, tanto de aceitunas como de aceite, muestra un escalado proporcional de los resultados con la cantidad de agua aplicada (ver cuadro Nº1). La producción final en árboles jóvenes es básicamente dependiente del volumen de agua aportada e independiente de la estrategia de riego.
La reducción del agua de riego no debería producirse durante la primavera e inicios de verano, porque tiene lugar un crecimiento importante y el desarrollo floral hasta el cuajado del fruto. Un déficit excesivo durante el verano tampoco es positivo, ya que se podría afectar la capacidad fotosintética, crecimiento del fruto y las etapas de inducción y diferenciación floral. La respuesta vegetativa fue superior para los tratamientos extremos. A nivel fisiológico, el estudio demostró valores más negativos para las dosis menores, pero sin una diferenciación clara. Entre los parámetros productivos se observaron diferencias claras en producción total de aceite, con resultados superiores para las aplicaciones de riego más altas e inferiores para los tratamientos más deficitarios. En árboles jóvenes se observó que la producción final es básicamente dependiente del volumen de agua aportado, independientemente de la estrategia de riego seguida.
En Córdoba (Andalucía) trabajan en RDC. Aquí el riego se ha expandido debido a la excelente respuesta del cultivo a esta práctica, incluso por pequeñas que sean las aportaciones. Una investigación del IFAPA reveló que la eficiencia del agua es mucho mayor cuando se aplican dotaciones pequeñas (750m3/ha) y en momentos críticos, que cuando se hace de forma continua a lo largo de toda la temporada de riego.
También en Andalucía, investigadores de la Universidad de Huelva han estudiado el patrón de comportamiento del olivo frente al estrés hídrico, con la intención de caracterizarlo y poner a punto indicadores que, en condiciones de campo, permitan evaluar el estrés para tomar decisiones de riego. Ya han establecido una metodología práctica para la monitorización del estrés basada en el uso de sensores de humedad de suelo, dendrómetros y parámetros agroclimáticos, lo que ayudará a la toma de decisiones de riego, que eviten los efectos adversos del estrés hídrico en la productividad del olivar. Trabajar más en nutrición
“La fertilización del olivar español deriva de la tradición y desemboca en la reiteración anual de un mismo programa de fertilización, tendiendo la aplicación arbitraria de cantidades excesivas o innecesarias de algunos fertilizantes, a la vez que alude a la aplicación de otros que pudieran ser requeridos en un momento determinado”, explica Ricardo Fernández-Escobar, de la Universidad de Córdoba.
Agricultores y técnicos tienen el presentimiento de que los aportes anuales de fertilizantes son necesarios para asegurar una buena cosecha, aún en olivares establecidos sobre suelos profundos, fértiles y sin limitaciones para el cultivo, los que, incluso, son abonados con mayor profusión.
Asimismo, se usan poco las técnicas de diagnóstico foliar, “pero esto es una estrategia de fertilización en el olivar español”, precisa Fernández-Escobar. A veces, a ello se une un mal uso de las mismas y una confusión sobre lo que realmente indican. Un argumento frecuente es que el análisis foliar, al realizarse sobre muestras recogidas en verano, diagnostica tarde el posible problema nutritivo, sin dejar tiempo para su corrección. Se aprecia también una falta de asesoramiento sobre el empleo de técnicas de diagnóstico, así como facilidad para ejecutarlas e interpretarlas correctamente.
El nitrógeno es el elemento más empleado en España. La tradición, el hecho de tratarse de un elemento móvil y volátil y su condición de macronutriente justifican su uso. Pero se ha observado que la aplicación anual de N no está justificada de una forma general, y su práctica está provocando excesos con efectos negativos en la calidad de la flor, en la calidad del aceite y en el medio ambiente. Una investigación de la Universidad de Córdoba permite aproximar los siguientes niveles:
 Cuadro Nº2: Concentraciones críticas de N en hojas de olivo tomadas en julio. (En % de materia seca).
Hongos formadores de micorrizas Los hongos formadores de micorrizas contribuyen a mejorar la absorción de nutrientes minerales y de agua del suelo. Un estudio conjunto entre centros de España, Israel, Turquía y Grecia demostró que en los olivares ya establecidos, los árboles presentan la simbiosis micorriza, sin embargo en zonas en las que se ha efectuado un laboreo intenso, seguido de periodos de barbecho, las poblaciones de hongos nativos son bajas, y podrían correlacionarse con dificultades en el establecimiento de plantaciones.
En condiciones controladas, la mayoría de los cultivares de olivo responden favorablemente a la micorrización, favoreciendo al crecimiento de los plantones en campo. En un primer ensayo se valoró la efectividad de Glomus intraradices, inoculando plantones de Arbequina y Picual con un inóculo de dicho hongo en contenedores de 2 litros, rellenos de un suelo arenoso pobre en nutrientes y de pH neutro. A los tres meses se observó que las plantas inoculadas presentaban la simbiosis, pero no hubon crecimientos significativos hasta pasados los seis meses.
Luego se inocularon patrones de Arbequina con hongos formadores de micorrizas arbusculares en el proceso de transplante a contenedor, con una mezcla de sustratos orgánicos, para un periodo de endurecimiento antes de su establecimiento en campo. “En este caso vimos un aumento en el crecimiento de las plantas, incluso en condiciones de cultivo intensivo con fertirrigación, y también una mejora en la captación de nutrientes”, precisa. Al año de la plantación los árboles no inoculados presentaron la simbiosis, sin embargo, los árboles previamente micorrizados con los hongos introducidos siguieron manteniendo un diferencial de crecimiento respecto a los árboles no inoculados inicialmente. A medida que la simbiosis se fue desarrollando en las plantas no inoculadas, las diferencias en el crecimiento disminuyeron.
 Con nuevos patrones se espera controlar el vigor de las plantas, pero además buscar tolerancias o resistencias a enfermedades del suelo. 272 variedades, 3 sistemas de plantación En España existen 272 variedades de olivo, pero sólo 24 son las más demandadas comercialmente, las que se plantan bajo tres conceptos bien distintos: 300-400 árboles/ha, aptos para recolectar con vibradores de tronco; 600-800 árboles/ha, que se adaptan a máquinas de recogida lateral y las plantaciones superintensivas, (más de 1.500 árboles/ha), pensadas para recolectar con cosechadoras tipo cabalgantes, planteadas como una inversión a corto plazo.
En plantaciones intensivas de olivos jóvenes, Dematophora necatrix (Rosellina), un hongo patógenos del suelo que tiene especial incidencia en plantaciones intensivas y que puede causar grandes pérdidas, sobre todo en aquellos campos que tienen antecedentes de cultivos frutales (duraznero, almendro y avellano). Un estudio del IRTA inoculó dos cepas de Dematophora necatrix sobre doce variedades, reveló la alta sensibilidad de todas las variedades, pero una de las cepas (DN5395) manifestó una mayor virulencia. De todas las variedades sólo se apreció cierta actividad vegetativa externa en el clon de Arbequina i-18, aunque las raíces y el cuello también se veían afectados.
Patrones, la olivicultura del futuro
A la industria oleícola le urge contar con patrones, sobre todo en las plantaciones superintensivas, para poder disminuir y controlar el vigor de los árboles (Arbequina, Arbosana...), y así facilitar el cultivo y el paso de máquinas cabalgantes en época de cosecha. Pero además, para buscar tolerancias o resistencias a determinadas enfermedades del suelo como el Verticillium.
 Los asistentes a las jornadas pudieron conocer in situ los ensayos en olivos del IRTA. Un estudio conjunto entre el IFAPA de Andalucía y el IRTA de Cataluña estudia el efecto de diferentes variedades de olivo como patrones de Picual y Arbequina (clon IRTA-i•18®) para reducir el vigor y aumentar con ello la densidad de la plantación. “También es importante poner a punto la técnica del injerto herbáceo para el sector viverístico que, al final, será el que dará o no la viabilidad a este producto comercial”, explica Joan Tous, del IRTA.
En Cataluña, destacan los patrones Corbella, Lomoncillo y Arbosana por disminuir significativamente el vigor de la variedad injertada, el clon Arbequina IRTA i 18 y el Menya por aumentarlo. En cuanto al volumen de copa destaca Picual de Estepa, que disminuye significativamente el tamaño del clon, mientras que Menya lo aumenta.
“El uso de los patrones en olivo abre nuevas posibilidades al futuro de la olivicultura, tanto desde el punto de vista de la modulación del vigor y la fructificación de las variedades injertadas, como de la resistencia o tolerancia a determinados patógenos o condiciones desfavorables de suelo”, explica Tous.
Fuente: Revista Redagrícola nº 26, mayo 2009. |