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Pudrición Ojo de Buey (Neofabraea alba): Un amenazador terremoto de poscosecha en manzana PDF Imprimir E-Mail
domingo, 21 de junio de 2009
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En las últimas temporadas se han incrementado las pudriciones de poscosecha en algunas variedades de manzana. La peor situación que se recuerde ocurrió la temporada 2003-2004, cuando las manzanas presentaron graves problemas durante el almacenaje o peor, a su llegada a los mercados de destino.

Es la pudrición conocida como ‘Ojo de Buey’, la que hoy sabemos se debe a la infestación del hongo Neofabraea alba, cuyos síntomas no se aprecian en el huerto. Para saber más entrevistamos a un experto, al investigador de la U. de Chile José Luis Henríquez, quien orientó su doctorado en EEUU a esta enfermedad.

Aún no está claro lo que ocurrió en 2004. “Creemos que tuvo que ver con el clima, explica Henríquez. Esta enfermedad es como los sismos: tiembla todos los años, pero de vez en cuando se produce un terremoto. Así como ocurrió en 2004 estoy seguro que a futuro se van a producir más terremotos”, advierte.

El impacto en la industria chilena de la manzana, en términos generales, es difícil o imposible de cuantificar. “Cuando me llegó una muestra (en 2004) que determiné correspondía a Neofabraea alba, llamé a todas las exportadoras y en principio todas afirmaron que no tenían problemas, pero después comenzaron una a una a sincerarse y al final resultó que todas fueron afectadas. Fue un problema generalizado e impactó en especial a las exportadoras que trabajan con Pink Lady y otras variedades tardías”.

El Dr. José Luis Henríquez, quien regresó a Chile en 2003, realizó su doctorado investigando sobre las especies de hongos que componen el género Neofabraea (ver recuadro), en el país que muy probablemente es su centro de origen, EEUU, lugar en donde se encuentran 4 de las 5 especies del género. En 2003 Henríquez realizó el primer reporte de Neofabraea alba causando pudrición lenticelar de manzanas en Chile.

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Ingeniero agrónomo de la Universidad de Chile, doctor José Luis Henríquez.

“Previamente existieron dos determinaciones de Neofabraeas en Chile (Adriana Pinto en 1978 y Jaime Montealegre en 1972) pero referidas a Neofabraea malicorticis. La identificación es coherente con lo que se conocía hasta ese entonces. Ambas, malicorticis y alba, tienen macroconidias curvas, por muchos años se confundieron y al encontrarse con conidias curvas se pensaba que correspondían a malicorticis, pero en realidad correspondían a alba”, señala Henríquez. Pero con la llegada del experto la confusión se dilucidó. “Seguramente, dice Henríquez, Neofabraea alba ha estado presente en Chile desde hace muchos años”. Una diferencia importante es que malicorticis es la causante de los cancros antracnósicos en tanto que alba sólo produce pequeños cancros difíciles de percibir.




Sintomatología de la enfermedad en el fruto


La pudrición se presenta con mayor frecuencia en las variedades de más color y se expresa en manchas circulares, normalmente círculos concéntricos, dando la impresión de un ‘tiro al blanco’. De allí su nombre en inglés: Bull Eye Rot, en donde Bull Eye se refiere al tablero circular del tiro al blanco.

Es normal que las lesiones converjan formando lesiones mayores, pudiendo alcanzar a todo el fruto. La característica principal es que comienzan a aparecer tarde en poscosecha, luego de 3 o 4 meses de almacenamiento, lo que dependerá de la especie frutal involucrada (peras o manzanas).

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Pera Asiática contaminada con Neofabraea alba.
En inspecciones iniciales las lesiones aparecen como un ‘machucón’ pero posteriormente comienzan a desarrollar un halo oscuro en el exterior, aunque existe variabilidad sintomática. “Es una enfermedad bastante intrigante porque normalmente no se observa en el huerto y aparece en poscosecha en manzanas preciosas durante el almacenaje. Muchas veces se presume que se origina en poscosecha pero en realidad es un problema que viene desde el huerto”, afirma el experto.

Con la pudrición Ojo de Buey los síntomas no se desarrollan todos a la vez. Por ejemplo, se puede limpiar un bin con manzanas infestadas y a la semana se vuelve a tener fruta con síntomas. “No es fruta que se contamine en el bin, si no que viene contaminada del campo”. Por esta razón, según Henríquez, es muy importante la segregación y el conocimiento de los huertos. “Si tú sabes que tienes un huerto donde rutinariamente se generan más problemas, entonces la fruta de ese huerto hay que trabajarla antes”. Además dice que la fruta de más al norte, en la zona productiva, probablemente va a tener menos problemas y se pueda guardar por más tiempo.


El ‘terremoto’ de 2003-2004

Salvo este año (2009), todos los últimos años se han producido lluvias en febrero o marzo, por las que era previsible esperar un incremento en las pudriciones por N. alba. Pero no resultó así. “Eso me hace pensar que cuando ocurrieron esos eventos de lluvia la cantidad de inóculo era muy baja y que el inóculo tuvo un peak más tarde. Lo interesante es que el año 2004 no sólo fueron las Pink Lady y las Fuji, si no también las Braeburn, las Royal Gala y las Granny. Lo que indica que probablemente hubo una mayor cantidad de inóculo antes de lo normal, como para que hubiera pudrición en Gala, manzanas que se cosechan entre enero y febrero. Esto no se ha repetido en años posteriores y yo creo que eso está condicionado por el clima pero no conocemos el factor específico”.

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Manzanas Pink Lady con síntomas de pudrición lenticelar causada por Neofabraea alba.
Por lo que Henríquez observó en EEUU, y algo en Chile, la esporulación del hongo en el campo aumenta a fines del verano y principios de otoño. “Sin embargo, dice, hay algunas condiciones climáticas que pueden hacer que la esporulación parta antes y que se multipliquen los problemas pues ya no va a atacar sólo a las variedades tardías si no también a variedades intermedias. Pero, si no hay agua no hay diseminación, ya que en términos generales las esporas no se diseminan con el viento. Entonces, en las variedades más tardías se junta el que haya una mayor producción de inóculos (esporas) con las condiciones de humedad como para que se diseminen”.


Las condiciones predisponentes


En el campo Neofabraea alba coloniza tejidos muertos como corteza, dardos viejos o tocones dejados por la poda. Pero también tiene la capacidad de desarrollarse epifíticamente sobre el árbol sin causar lesiones y sus cuerpos frutales (acérvulos) han sido observados en laboratorio sobre hojas asintomáticas.

Dentro de un huerto el hongo se disemina por las salpicaduras producidas por la lluvia o por una cantidad de agua capaz de escurrir. Por ejemplo, una neblina que moja la madera y hace que escurran conidias hasta caer sobre la fruta. En la medida que se está más al norte la humedad es más tardía. Aunque muchas veces hacia el norte el color de la fruta llega más tarde.

En tanto que el contagio entre huertos puede ocurrir durante una lluvia con viento en que se produce un barrido. “Pero, advierte Henríquez, no sabemos nada de hospederos alternantes o alternativos y tampoco sabemos si la fase sexual se produce en los huertos en Chile y la fase sexual generalmente se disemina por viento”.


Control químico de pre y poscosecha

Pese a que las recomendaciones de control químico son en base a productos genéricos y de amplio espectro, no es posible hacer aplicaciones que apunten simultáneamente a varias especies de patógenos, ya que la enfermedad requiere de aplicaciones previas a la cosecha, cuando ya se terminaron los tratamientos contra Venturia y Botrytis.

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Conidias del hongo Neofabraea alba en cultivo in vitro.
Señala el experto que en la actualidad los agricultores han adoptado como estrategia realizar al menos cuatro aplicaciones de precosecha. “Aplican cada quince días: primero cobre, después estrobulinas y luego un fosfito, u otra combinación, y consiguen algún grado de efectividad. Pero sin saber cuál de esos productos es el que realmente está controlando. Se conforman con la efectividad del control sin buscar conocer cómo se logra. Podría bastar con un solo producto y sería interesante investigar el efecto real para entender cuál de las aplicaciones es la que acierta. Quizás sería suficiente con una o dos. Si supiéramos cuándo se produce mayoritariamente la infección, de acuerdo a las condiciones ambientales. Si ésta es permanente o se produce al final. Si es al final y se hace una aplicación 45 días antes, probablemente esa aplicación no está teniendo ningún efecto”.

Con respecto a la efectividad de los tratamientos de poscosecha, José Luis Henríquez explica que las aplicaciones durante el proceso de embalaje por inmersión o ducha de los fungicidas thiabendazol y pyrimethanil han probado ser efectivas en reducir la incidencia de la enfermedad. Pero el control no es total. “Al aplicar por ejemplo thiabendazol, uno de los fungicidas más utilizados en poscosecha, se redujo al menos a la mitad la infección. Este producto corresponde a un benzimidazol, moléculas que se han retirado de los huertos por problemas de resistencia”.  

Para el mundo orgánico el problema es aún más complicado “pero hay estudios extranjeros en que se han utilizado extractos de plantas junto a calor (baño de entre 1 y 3 minutos a 45º C) con muy buenos resultados. En Chile aparentemente hay un rechazo a someter a la fruta a esas temperaturas. En Brasil (Santa Catarina) se hace hasta a 50º C”, dice el experto.

Como sea, si se tiene la enfermedad en el huerto, a pesar de las aplicaciones de pre y poscosecha siempre se va a sufrir algún nivel de incidencia. Desde el punto de vista comercial el consejo es vender lo antes posible la fruta potencialmente infestada y comerse las manzanas antes de que aparezcan los síntomas.

Les recomendamos guardar este artículo por si ocurre otro ‘terremoto’. Cuando los agricultores descubran con espanto que desde los sombríos frigoríficos sus manzanas los observan con grandes Ojos de Buey.

Neofabraea spp.

En la actualidad se conocen cinco especies del genero Neofabraea. Dos de ellas se caracterizan por presentar una fase patogénica en el árbol, ocasionando cancros en manzanos.

N. malicorticis (Jackson) causa el cancro antracnósico, siendo este el más severo y que puede afectar ramas principales y troncos, pudiendo incluso causar la muerte del árbol, esta especie es la más agresiva y no requiere de heridas para infectar la madera.

N. perennans (Kienholz) causa el cancro perenne, este patógeno requiere de heridas para infectar la madera y su presencia en los huertos se ve favorecida luego de inviernos severos.

Una tercera especie, Cryptosporiopsis kienholzii Seifert, Spotts & Levesque recientemente descrita (Spotts et. al., 2009) fue originalmente encontrada en un estudio genético a partir de dos aislados asociados a cancros y pudrición de frutos en manzanos (de Jong et. al., 2001). Esta especie fue además encontrada causando pudrición lenticelar de peras en Estados Unidos (Henríquez et al., 2004) y de manzanas a partir de muestras de herbario en Australia (Cunnington, 2004).

 

Como información complementaria reproducimos este resumen de un trabajo sobre Neofabraea alba realizado en la Universidad de Talca.

 

Efecto del número de horas de fruto mojado y su momento de ocurrencia en el huerto sobre la incidencia de la enfermedad ‘Ojo de Buey’ (Neofabraea alba) en manzanos Pink Lady, luego de cuatro meses de almacenaje refrigerado.

M. Lolas; S. Soto; C. Muñoz y J. Callofa. Facultad de Ciencias Agrarias, U. de Talca.

La enfermedad ‘Ojo de Buey’ se ha convertido en la mayor patología de poscosecha de manzanas, especialmente de aquellas de cosecha tardía o de almacenaje refrigerado prolongado. El objetivo de este estudio fue determinar el efecto del número de horas de fruto mojado y el momento de ocurrencia previo a cosecha sobre la incidencia de Ojo de Buey en manzanas Pink Lady de un huerto ubicado en Longaví, Región del Maule. Los árboles seleccionados fuero sometidos a dos lluvias artificiales, realizadas a 45 y 30 días antes de la cosecha más una lluvia natural que ocurrió 15 días antes. En cada momento los huertos se asperjaron de modo que los frutos tuvieron 3, 6 y 9 horas de mojado. En la cosecha, los frutos se almacenaron por 4 meses a 0ºC. Luego de este período se contabilizó el número de lesiones presentes por fruto y se determinó la incidencia de la enfermedad...

Durante la cosecha se colectó una caja de 80 frutos por unidad experimental. Todos los tratamientos que recibieron lluvia artificial, independiente del momento de ocurrencia y del tiempo mojado, presentaron una incidencia significativamente mayor (entre 61,1 y 77,8%) a la del testigo (47,8%). La máxima incidencia fue del tratamiento asperjado a los 30 días antes de cosecha y 9 horas de fruto mojado.


Fuente: Revista Redagrícola nº 26, mayo 2009.
 
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