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Universidad de Tarapacá inicia proyecto biochar para mejorar suelos agrícolas PDF Imprimir E-Mail
lunes, 20 de abril de 2009
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El trabajo utilizará desechos hortícolas y biomasa de los valles de la Región de Arica y Parinacota, para elaborar carbón vegetal o biochar que aumente la fertilidad de suelos salinos y bajos en nutrientes. Además, también surge como una alternativa para mitigar el cambio climático.

Experiencias a nivel mundial muestran que el uso del carbón vegetal —también conocido como biochar o “terra preta”— podría ser una fuente de bioenergía; tener un alto potencial para combatir el calentamiento global y posicionarse como una herramienta para impulsar la agricultura en zonas improductivas. Por este motivo, y por primera vez en Chile, la Universidad de Tarapacá (UTA) inició un proyecto que utilizará residuos hortícolas y biomasa para elaborar biochar.

Se trata del proyecto “Desarrollo conjunto de un método de mejoramiento de las propiedades físico-químicas del suelo y una estrategia sustentable de secuestramiento de CO2 atmosférico por medio del concepto de Terra Preta–Biochar”, el cual es cofinanciado por la Fundación para la Innovación Agraria (FIA), dependiente del Ministerio de Agricultura.  

Su objetivo es desarrollar y rentabilizar el manejo de desechos agrícolas y biomasa (hierbas leñosas, abonos animales, residuos orgánicos domésticos e industriales) de los valles de la Región de Arica y Parinacota, para transformarlos en carbón vegetal.

Este tratamiento de residuos era utilizado hace 1.500 años por habitantes del Amazonas, para enriquecer terrenos agrícolas.

Este material, al ser incorporado a los suelos como fertilizante, ya que mejora su estructura, es decir, la capacidad para retener agua y nutrientes. Asimismo, elevaría algunas de las propiedades químicas determinantes para una mejor fertilidad de los suelos, especialmente los del norte de Chile, conocidos por ser pobres en materia orgánica, áridos y muy salinos.
 
Por último, a largo plazo, la iniciativa espera convertir al biochar en una fuente de ingresos por la contribución al “secuestramiento de carbono”, que aporta este tratamiento de rastrojos.

El trabajo, que finalizará el 2013, tiene un valor total $299.800.000, al cual FIA —dependiente del Ministerio de Agricultura— aporta $117.036.000 (39,03%).  
Entre los asociados al proyecto se encuentran Asitec Ltda.; el agricultor del Valle de Lluta, Hernán Camilo Urbina; y, a medida que se obtengan resultados, la universidad espera iniciar pruebas piloto con pequeños productores seleccionados por parte de INDAP.


Modelo de negocio


El coordinador de esta iniciativa, Leonardo Figueroa, señaló que para hacer biochar “la Universidad de Tarapacá empleará combustión a baja temperatura y con una reducida proporción de oxígeno (pirólisis). Con esto, se logra duplicar la concentración de carbono en el residuo sólido obtenido, respecto de lo que está presente en el material original. Igualmente, se considera medir el impacto de la materia orgánica carbonizada a nivel de la disponibilidad y dinámica de nutrientes y de las sales minerales”.

Al mismo tiempo, el trabajo quiere efectuar una validación técnico- económica del tratamiento de la materia orgánica, como una alternativa sustentable para enriquecer la fertilidad del suelo. Esto implicará evaluar su impacto en el rendimiento de cultivos hortícolas.

En total, la UTA dispondrá de hasta 2 hectáreas entre los Valles de Azapa y Lluta para este proyecto. Durante la primera etapa, los investigadores esperan conseguir algunos cientos de kilogramos de residuos orgánicos para iniciar la pirólisis a pequeña escala, con la expectativa de llegar a incorporar varias toneladas de biochar en la etapa piloto.

El coordinador agregó que también se desea convertir el biochar en una fuente de ingresos, ya que al ser este carbón vegetal resistente a la descomposición, permanece en la tierra como depósito o bolsón de carbono (“secuestramiento de CO2”). Esto significa que se impide la oxidación del carbono de las estructuras químicas presentes en los tejidos del residuo vegetal, estabilizándolo como carbono por más de 7 mil años. Con este sistema, se evita la emisión de este gas.

Por este motivo, Figueroa indicó que “este insumo podría incluirse en el mercado de los Bonos de Carbono. Sólo es necesario conseguir la certificación de reducción de emisiones para su venta”.

Finalmente, y a largo plazo, la UTA espera reunir, al menos a 20 pequeños agricultores de zona, para que utilicen, en forma permanente, la “terra preta” en sus sistemas  productivos.


Experiencias mundiales

El coordinador dijo que durante la ejecución de este trabajo, la universidad será asesorada por la Internacional Biochar Initiative (IBI), una ONG fundada durante el 2006, que se ha impulsado iniciativas para la fabricación de biochar, a pequeña escala y en países subdesarrollados.  

IBI  apoyará con el soporte técnico y científico para la validez y reconocimiento internacional de las investigaciones chilenas. El proyecto de la UTA se suma a los programas que la ONG ya ejecuta en Belice, Camerún, Costa Rica, Egipto, Kenya, India, Mongolia y Vietnam.

Finalmente, el coordinador acotó que “la ONG IBI considera al proyecto en el extremo norte de Chile como pionero en zonas hiper áridas, donde el impacto del uso de biochar nunca ha sido evaluado”.

 
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