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Blancaluz Pinilla y Botrytis cinerea: Para que la fruta llegue a destino sin pudrición PDF Imprimir E-Mail
martes, 06 de noviembre de 2007
ImageLa Botrytis cinerea o Pudrición gris afecta a diferentes cultivos, pero sin duda impacta más severamente al principal cultivo frutícola de Chile, la uva de mesa. Según la investigadora de INIA La Platina, para lograr una excelente uva se debe tener un buen programa fitosanitario - bien aplicado, un manejo cultural adecuado y una excelente cosecha y packing. Además advierte sobre la externalización de la mano de obra en contratistas y sobre los efectos del Cambio Climático.

Son diversos los cultivos de importancia a los que afecta la botritis en Chile, pero es en la uva de mesa donde Botrytis cinerea causa las mayores pérdidas económicas. “Todos los años hay botritis porque este hongo vive en el parrón, y como las parras son un monocultivo pueden estar 20 a 25 años en un mismo lugar. Allí el hongo va a ir construyendo una población de patógenos que siempre va a estar disponible para iniciar infecciones”, explica la fitopatóloga Blancaluz Pinilla (M. Sc.).
Sin embargo, dependerá de las condiciones climáticas que la infección sea más severa y cause mayores pérdidas.

Blancaluz Pinilla, de INIA La Platina, es una de los fitopatólogos (M. Sc.) más destacados de nuestro país.

 “Durante la primavera –cuando brotan las parras- y luego en flor, pero especialmente dependerá de las condiciones climáticas de precosecha, cuando se pueden ver los focos y la botritis desarrollada en el parrón”, señala la investigadora. Las etapas fenológicas más susceptibles de uva de mesa a la botritis son: flor, pinta y precosecha. “Si en precosecha, además se tiene una lluvia, el panorama se complica mucho más”.

La peor situación es cuando llueve inmediatamente antes de cosecha o durante la misma, pese a que hoy en día los pronósticos de lluvia son bastante acertados (según dicen): “El productor tiene que analizar su programa de control y ver qué fungicida aplicó antes de la lluvia. Si está protegido  ya que aplicó un producto que tiene un efecto residual que cubre la lluvia, está todo hecho. Pero si por algún motivo el agricultor está descubierto o el producto aplicado está en los últimos días de efectividad, habrá problemas. Siempre conviene aplicar los productos de forma preventiva”, precisa Blancaluz Pinilla.

Según la profesional, si luego de una lluvia -previa a cosecha- se tienen nidos visibles de botritis, “lo mejor es secar con productos orgánicos (de origen natural) en general fabricados en base a semillas de cítricos, de los que hay varios en el mercado. Esos productos secan y facilitan la limpieza, para no perder el 100% del racimo. Lo que finalmente va a depender del porcentaje de bayas con pudrición”.


DISTRIBUCIÓN GEOGRÁFICA DE LA ENFERMEDAD:


En la zona norte la botritis afecta a las áreas costeras que reciben la humedad de la influencia marina (ej. neblina), áreas en que además se puede tener oidio. En tanto que en las partes altas de los valles del norte, donde generalmente se obtienen los primores, no ataca la botritis, sino solamente el oidio. En los valles de las regiones III y IV el oidio es la principal enfermedad.

La botritis ataca con mayor severidad en la zona centro sur. Es grave en las regiones V y RM pero se expresa con la mayor violencia en las variedades blancas (Thompson seedless) de la VI Región. En esas regiones las cosechas empiezan a mediados de febrero y dependiendo del tamaño del parrón, pueden durar 15, 20 días o más. Además, el mejor negocio que se puede hacer con esa uva es guardarla para escapar del peak de oferta y venderla en un momento de mejor precio.


CONTROL QUÍMICO Y RESISTENCIAS:


A nivel mundial se ha constatado que varios hongos, entre ellos el de la botritis, desarrollan resistencia a algunos fungicidas. “La Botrytis cinerea es un hongo que desarrolla resistencia ya que esporula mucho: produce una gran masa de esporas. Es muy fácil que una de ellas sufra una mutación genética y si tiene la habilidad de implantarse en un medio, se multiplica la variedad resistente y termina dominando el panorama dentro del parrón”, explica la fitopatóloga.

Dependiendo de su forma de acción, hay determinados productos fungicidas que son más proclives a desarrollar resistencias que otros. Hay fungicidas muy específicos que son unisitio (en general los de última generación), es decir que atacan sólo en un sitio del metabolismo del hongo y el hongo se las arregla para desarrollar un mecanismo para evitar la acción del producto. Por otro lado existen fungicidas que atacan muchos sitios del metabolismo del hongo, por lo que es muy difícil que éste desarrolle resistencia (el azufre, los cobres, los ditiocarbonatos).

Se debe analizar permanentemente el estatus de resistencia del hongo a los fungicidas que se usaron en los programas fitosanitarios. Blancaluz Pinilla aporta dos consejos básicos a los agricultores: “Primero, no repetir los principios activos de los productos, es decir alternar productos, especialmente aquellos que tiene formas de acción específicas sobre hongos que tienen la capacidad de desarrollar resistencia: botritis, oidio o mildiu (tres hongos que afectan a la uva). Y en segundo lugar, utilizar mezclas de productos de distintos grupos químicos o con distintas formas de acción”.




Pese a desarrollar resistencia, los nuevos fungicidas presentan varias ventajas. Blancaluz Pinilla: “Antes se utilizaban fungicidas en dosis de 240 o 300 gramos/hectolitro, hoy con 10 o 20 cm3 o gramos por hectolitro se logra un control más eficiente, por tiempo más largo (mayor efecto residual) y muchas veces curativo. Son productos que la planta absorbe y una vez dentro matan al patógeno que invade los tejidos. Además son más amigables con el medio ambiente (en parte por las menores concentraciones), menos tóxicos para las personas y se requieren menos aplicaciones. Es por eso que hay que cuidar ese tipo de productos, usándolos lo menos posible, alternando o mezclando. Nunca repitiendo”.

Además de escoger bien los productos y los momentos en que se usan (en las etapas más susceptibles de las parras), éstos deben ser aplicados correctamente.  Es decir, es importante cuidar la calidad y condición de las máquinas fumigadoras, usar la cantidad de agua adecuada y supervisar la aplicación.

EL CONTROL CULTURAL ES MUY IMPORTANTE:

Enfatiza la investigadora que el mejor control de enfermedades como la botritis es preventivo, es decir, deben ser controladas antes de que aparezcan. “Una vez que las enfermedades se expresan y se ven los síntomas en las hojas, las flores, las bayas, etc., ya es grave el problema. En estas enfermedades, por la rapidez con que se multiplican, es muy difícil curar. Es preferible prevenir y tener una baja presión de enfermedades que esperar a que se manifiesten para recién empezar a controlar.”

Pero el control no es sólo químico. Blancaluz Pinilla aconseja realizar un control cultural impecable. Eso se logra con un programa de riego adecuado, en el que se evita sobre todo el exceso de humedad, y programas nutricionales balanceados, diseñados según los análisis foliares y de suelo. “No aplicar mucho abono nitrogenado para evitar excesos de vigor, ya que los tejidos demasiado tiernos son más proclives al ataque del hongo. Además, con un mayor follaje hay menos ventilación e iluminación, lo que obliga a hacer un manejo de follaje más intenso para abrir ventanas y lograr un parrón ventilado, sin exceso de sombra (más iluminado)”.

Además es importante poner atención en las podas, el manejo de la carga, el calibre de las bayas y las épocas de cosecha. “Se debe dejar una carga aceptable, sin exceso de racimos en la parra. También cuidar los calibres, no tener bayas enormes, porque generalmente -cuando se aprietan los racimos- es muy fácil que con lluvia, neblina o rocío las bayas se partan y comience la pudrición. En la medida en que se tiene más carga, la cosecha se demora, porque los racimos tardan en acumular los sólidos solubles requeridos. Lo que aumenta la probabilidad de que llueva”, explica la fitopatóloga.

Tamaño de baya: “En el último tiempo se ha apreciado un uso inadecuado de hormonas. Los calibres que alcanzan las Thompson o las Red Globe conllevan una gran facilidad para desgarrarse, pues el pincel es casi inexistente en bayas hormonadas. Esos racimos con calibres mayores deberían ir a un packing de lujo y ser tratados con extremo cuidado... Ese desgrane no se producía antes de las hormonas”.

No dejar restos de poda en el huerto: “La botritis es un hongo capaz de formar esclerosios en los sarmientos, que son estructuras de resistencia. Estos pueden estar en los sarmientos picados que se dejan en las entrehileras. Los sarmientos se deben sacar o tapar con tierra. En la medida que se les quite el oxígeno, la mayor parte de los hongos no va a germinar”.

Época de cosecha: “Conviene acortar al máximo el ciclo de cultivo y cosechar sólo los racimos cosechables. Dejar atrás todo lo podrido, no limpiar la botritis al momento de cosechar (en el parrón) porque ésta se disemina. No se tocan los racimos con botritis o se secan y luego se limpian”.



CAMBIO CLIMÁTICO Y LA FIGURA DEL CONTRATISTA:


“Uno de los problemas más graves de la uva de mesa (y otros frutales) en Chile ha sido la aparición de la figura del contratista, ya que hoy casi todas las labores del huerto se externalizan. Los productores exitosos, que llegan con su uva sin problema, a los que ni siquiera se revisa en EEUU porque tienen su sello de calidad, trabajan con personal propio durante todo el año”. Según la investigadora eso lo consiguen cultivando diferentes especies frutales, con exigencias de manejo desfasadas en el tiempo, lo que les permite aplanar los peak de mano de obra y rotar a la gente en distintas labores. “Los temporeros que trabajan con los contratistas no son especializados ni capacitados y siempre están cambiando. Realizan los manejos de forma mecánica y de acuerdo a lo que se le va a pagar por día. No tienen estímulo ya que no pertenece a la empresa del predio”, advierte la fitopatóloga. 

Afirma Blancaluz Pinilla que ya se nota la influencia del Cambio Climático en las enfermedades. “Hoy día tenemos otoños mucho más largos, que se adentran en el invierno, y por lo mismo inviernos más abreviados. Las lluvias son más cortas y más intensas. Antes uno se preparaba cuando comenzaba a chispear, pero hoy ya nadie habla de chispear. Antes, en Chile, no eran comunes las lluvias de verano o primavera, pues llovía sólo en invierno. En la actualidad tenemos inviernos bastante más secos y las primaveras más frías y más húmedas. Además ha habido un incremento general de la temperatura de por lo menos dos grados”. La investigadora manifiesta que sin ninguna duda los cambios en el clima están influyendo en la incidencia y la severidad de algunas enfermedades, entre ellas la ‘podrida’ botritis.
 
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