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Clementinas en la IV región: El renacer del pequeño gran negocio naranja PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Marcela Quiroz   
lunes, 29 de octubre de 2007
ImageLa apertura del mercado estadounidense reabrió las esperanzas. Hoy las clementinas se presentan nuevamente como un negocio prometedor para la agricultura chilena. Las hectáreas cultivadas así lo demuestran: tan sólo en la IV región hay alrededor de dos mil. La disponibilidad de tierra y agua, así como también la salinidad en las zonas ideales para cosechar son los grandes obstáculos para que la mina de oro naranja se dispare a niveles insospechados.

La IV región es una zona de cítricos. Hay 3.600 hectáreas repartidas a lo largo de los valles que pelean palmo a palmo cada centímetro de tierra y de la escasa agua disponible en la zona con los demás cultivos.

En 1992 un nuevo competidor entró al circuito: las clementinas, grupo de la especie Citrus Reticulata Blanco, frutas cítricas de fácil pelado. Entonces Uniagri decidió plantar algunas hectáreas para complementar sus cultivos de uva de mesa y paltos, y disminuir así la capacidad ociosa de sus maquinarias e insumos durante el año. Hoy manejan alrededor de 450 há en la zona y poseen los huertos más grandes del país. 

Hasta el momento su estrategia de diversificación ha dado resultado y han conseguido lo que todo agricultor desearía: cosechar prácticamente durante todo el año. La temporada se inicia con la uva (noviembre/ marzo), luego con las clementinas (abril/ julio), y posteriormente con palto (julio/agosto). En septiembre comienzan nuevamente los trabajos con los parrones para la nueva temporada. Así se cierra un círculo perfecto de 9 meses de cosecha, lo que les permite cautivar a la mano de obra, principal ítem de sus gastos, que en total alcanzan los 7 mil 500 dólares por hectárea.

¿Las barreras? Principalmente el agua. “Nosotros plantamos lo que el agua nos permite plantar, no arriesgando más allá porque eso significa asumir un riesgo demasiado alto”, explica Román Aros, ingeniero agrónomo y administrador de los 5 fundos que maneja Uniagri en la IV región. No puede ser de otra manera: en la zona existen ciclos marcados de sequía que se suceden cada 10 o 12 años. El desarrollo de las clementinas, y de los cítricos que en la zona alcanzan las 2 mil há en total, ha sido posible gracias al “milagro” del riego por goteo.

    Otro obstáculo es la salinidad de los suelos, tema extremadamente sensible para los cítricos. En El Palqui no existe esta barrera, pero es la razón de por qué los cultivos no se trasladan más al norte, por ejemplo a Copiapó, zona ideal por su clima para producir cítricos tempranos.

    En el Palqui, en cambio, se cultiva principalmente a pie de monte, con pocos grados de pendiente. Los suelos son poco profundos (40-50 centímetros) y la mayoría es de origen mineral.



Esperanza naranja   

          
Petróleo, dólar, mano de obra, electricidad. Una combinación nada auspiciosa para los agricultores, quienes deben luchar cada día por ser más eficientes y buscar nuevos nichos de mercados.

         Es lo que tienen en mente los clementineros de El Palqui. Los rendimientos por hectárea en la zona fluctúan entre los 30 y los 35 mil kilos por hectárea y los precios se han mantenido más menos estables a lo largo del tiempo. Hoy el kilo exportado alcanza entre los 35 y los 40 centavos de dólar. Las variaciones están ligadas al calibre: los más grandes tienen mayores retornos sobre todo en mercados más tempranos. Esto no es fácil en las clementinas, las que poseen bajos porcentajes de calibres altos. “Estamos hablando de que la Clemenules, la principal variedad cultivada en Chile, es una mutación de la clementina fina y que a veces el 30% de la fruta es chica”, reflexiona Román.

Actualmente los principales mercados son Inglaterra, Japón y Canadá. Chile aún es muy pequeño en el contexto mundial de cítricos y recién nuestro país está llegando a las 20 mil hectáreas cultivadas, cifra ínfima si se compara con las 300 mil há españolas y las 90 mil argentinas. En las clementinas, los “padres” son los españoles.

          Durante varios años los índices de exportación de clementinas chilenas se mantuvieron estables, incluso con tendencia a la baja. “Hubo gente que no puso los cultivos o arrancó parte pensando que EE.UU. nunca se iba a abrir”, explica Román. Por eso todas las esperanzas estaban puestas en la apertura del mercado estadounidense. Fueron tres largos años de tratativas hasta que en enero del 2005 el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) aprobó la importación de clementinas, mandarinas y tangerinas nacionales. La reactivación ya se respira en el ambiente: la  planificación de nuevas hectáreas y nuevos ensayos de híbridos son las señales que hablan de un nuevo renacer. Las cifras concretas también avalan el crecimiento ya que desde la apertura del mercado norteamericano el volumen de la fruta exportada ha crecido en un 13% anual, alcanzando alrededor de las 1500 toneladas métricas.

 Aunque el despegue definitivo no será fácil, sobre todo considerando la presencia de la falsa arañita roja de la vid (brevipalpus chilensis), aunque ya se prevée que EE.UU. será uno de los principales consumidores de los cítricos chilenos. Esto porque en ese mercado se produce una ventana en la oferta en junio y septiembre, fecha en que la fruta chilena estaría en buenas condiciones para llegar al país del hemisferio norte, el que importa el 30% de sus mandarinas.

El negocio seguirá creciendo. Se espera que este año se exporten 5 millones de cajas, casi un triple de las enviadas durante el 2004. “Tenemos un tremendo potencial: la cuarta región podría ser el paraíso de los cítricos, pero siempre vamos a estar limitado por el agua y por otro cultivo que está haciendo competencia por agua y por terreno que es el palto”, explica Román Aros.  En la región hay casi 5 mil há de paltos, lo que representa un crecimiento explosivo considerando que llegaron hace tan sólo 6 años. Los clementineros vislumbran una ardua competencia futura ya que ambos cultivos requieren de irrigación a lo largo de todo el año. 

            ¿Nuevos mercados? Todo es posible. Los cítricos son uno de los frutales que más se tranzan a nivel mundial, no sólo en fresco sino también para la agroindustria, especialmente en jugos.  Pero ingresar al mercado de jugo de cítricos es complicado. La competencia es ardua debido a los grandes volúmenes que manejan países como Brasil, Estados Unidos y Argentina. La estabilidad es la otra gran barrera. “Si quieres producir un jugo natural tienes que producirlo todos los años igual y en Chile no tenemos jugos estables. En eso los países tropicales nos llevan una ventaja tremenda, jamás le vamos a hacer el peso.  Nuestras ventajas comparativas están en producir frutas de exportación de calidad y sin la cantidad de manchas y pifias que tiene la fruta tropical”, explica Román Aros.    

El desafío para las clementinas chilenas es aumentar el volumen de la oferta y crecer en tecnología. “La clementina necesita industralización y no todo los productores están al alcance de ella. Necesita un balance especial, una mecanización en el embalaje, calibradoras, enceradoras. La cosecha es manual pero todo el resto es mecanizado”, explica Román. El otro gran paso por dar es incrementar la investigación ya que la mayoría de las variedades y las novedades en cuanto a portainjertos son traídas desde fuera. Aún así la esperanza naranja no se apaga. Todo lo contrario: está más viva que nunca.


Artículo publicado en Redagrícola Edición Nº 16, Mayo, 2007.
 
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