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¿Cómo producir más kiwis y no morir en el intento? PDF Imprimir E-Mail
lunes, 22 de octubre de 2007
ImageCon cosechas que han alcanzado las 70 toneladas por hectárea, Jaime Berenguer, maneja uno de los campos de kiwis más productivos del mundo. No está en Nueva Zelanda, sino en Romeral, a pocos kilómetros de Curicó, y el éxito se explica en una suma de factores que para este agricultor son fundamentales: las estadísticas, la tecnología y el capital humano.

En su despacho ubicado en un predio de 40 hectáreas en Romeral, Jaime Berenguer muestra una treintena de pizarras hechas a mano, llenas de cifras. “Es mi forma de ver el negocio”, confidencia. En cada una de ellas lleva al detalle todo lo que pasa en el campo. Todos los sectores, todas las hileras, todos los cosecheros, todos los bins, todos los kilos... En fin, todos los detalles desde que comenzara la cosecha el día 26 de abril, hasta que finalizó el 15 de mayo. “En estas pizarras llevo las cuentas al minuto y las puedo ir comparando con el que pasó en la cosecha de la temporada pasada. Hasta el mínimo detalle está controlado y eso nos permite realizar proyecciones, cómo vamos, para dónde vamos y qué debemos hacer para mejorar”, explica el agricultor. Este particular sistema le ha dado resultados. Aquí nada se deja al azar y hasta el más mínimo detalle está controlado.

Y es que este agricultor maneja uno de los campos de kiwi más productivos del mundo. Se trata de 40 hectáreas de la variedad Hayward plantadas hace más de dos décadas y, donde puede llegar cualquier persona y preguntar... Y Berenguer no tiene ningún problema en responder. Hace unos años decidió injertar su huerto, “tenía ganas de colocar más machos y la forma de hacerlo es colocando al lado de cada hembra un macho —recuerda—. Hicimos el injerto y nos dio resultado y lo continuamos en el resto del huerto porque este sistema ayuda mucho a la polinización. Vinieron unos productores franceses y vieron el trabajo que se estaba realizando, al año siguiente volvieron y nos contaron que habían aplicado el mismo sistema en sus huertos, con buenos resultados”.

Esta temporada Berenguer cosechó un promedio de 60 ton/ha (aunque en algunos sectores se lograron casi 71 ton/ha) y las frutas presentaron un calibre y medio más que la temporada pasada, cuando llegó a cosechar 54 ton/ha. Lo que caracteriza las producciones de kiwi en Chile es que la fruta es más bien redonda, pero las que se dan en este campo son más bien cilíndricas y uniformes, que es la que más gusta a los consumidores europeos. ¿Cómo se consigue esta característica? “Juegan un montón de factores, pero sin duda que es un tema de semilla, de polinización, de tener un suelo con buen drenaje y de saber manejar el riego y la fertilización”, explica.

Aporte de la tecnología

En este campo no sólo son importantes las pizarras escritas a mano. La tecnología también juega un papel importante, sobre todo para conocer la humedad de los suelos y determinar de mejor forma cómo regar. Por eso, en el predio existen nueve estaciones de monitoreo de humedad de suelo que, tras mediciones semanales, entregan una serie de valores que servirán para determinar cuándo, cuánto y cómo regar. “Si abrimos un poco estos suelos nos encontraremos con una gran cantidad de raíces —explica Rodrigo Aravena, de ATEC, empresa que presta asesoría a Berenguer desde hace seis años—. Este es un suelo franco, franco arenoso hasta los primeros 60 cm y después viene una matriz de arena con piedra y está muy bien drenado. Nos hemos encontrado con raíces en la arena y por eso hemos recomendado regarla también. En este predio determinamos que para tener todo el perfil mojado se debía regar durante siete horas”.
 
Cuando inició este huerto hace 20 años, Berenguer sólo contaba con riego gravitacional y se atenía a las recomendaciones que se entregaban en esos años, “pero nos dimos cuenta que de 80 cm hacia abajo había raíces que estaban completamente secas. La planta partía bien, pero se frenaba. En esos años regaba todos los días dos o tres horas y el riego lo decidía el día anterior, dependiendo si hacía calor o no. Además la teoría decía que sólo había que regar arriba, pero cuando hicimos las calicatas vimos que había raíces que necesitaban riego”, comenta Berenguer. Hoy, en periodos de máxima demanda, se riega día por medio, con 50 litros por microjet por siete horas diarias (350 l/día por medio). Se trata de un riego con carga hidráulica para que, por un lado se pueda llegar con la humedad suficiente a la profundidad que se quiere y, por otro lado, se produzca un efecto de oxigenación”.

Los niveles productivos de este predio han sorprendido a todos quienes han tenido algún grado de incidencia en el. “Y con cierto nivel de preocupación también, porque este campo producía 35 ton/ha y cuando subió a 45 ton/ha dije que había que subir un poco más. Nos empezamos a preocupar porque pensamos que las reservas de la planta no serían las suficientes y porque podría inducir añerismo, pero pasó todo lo contrario y conseguimos 54 ton/ha. Pensamos que el huerto se vendría a la baja, pero esta temporada se obtuvieron 60 ton/ha... ¿Qué pasará la próxima temporada?... Creo que puede dar más, puede dar 70 ton/ha”, manifiesta Jaime Berenguer.

Gran parte del éxito se lo debe a cada uno de sus trabajadores. Hoy cuenta con catorce trateros a quienes entrega un determinado número de hectáreas cada temporada. Les paga por esas hectáreas para que realicen todos los trabajos, les da responsabilidades y permite que todos opinen, “es muy valioso porque así se sienten respetados y ven que tomamos en cuenta lo que nos dicen, porque son ellos quienes están día a día en el huerto y saben lo que pasa allí. Siempre digo: quiero la calidad de Camilo, porque es el tratero que saca la mejor fruta y la cantidad de Cancino, que es quien bate todos los récord de producción en el campo”, afirma el agricultor.

Combatiendo la botritis

Pero tras veinte años dedicado a este frutal, Berenguer a pasado por periodos malos, “hace cuatro años tenía el huerto perdido, los precios estaban malos y el negocio malo”, afirma. Pero no se dio por vencido y tampoco cayó rendido en las “garras” de la botritis, enfermedad que le ha causado más de un contratiempo. Hoy Berneguer exporta el 95% de la producción a través de Chiquita y la botritis le ocasionaba pérdidas de hasta un 8% de la producción, es decir, unas 100 mil toneladas. Esa situación motivó a Jaime Berenguer a introducir una nueva tecnología para combatir la botritis que ataca el pedúnculo de la fruta y que se manifiesta tras dos o tres meses de guarda. Hasta ahora la trataba de forma tradicional, es decir, dejaban la fruta durante dos o tres días en un galpón muy ventilado para que la herida se seque y después la ingresaban a las cámaras de frío, pero desde esta temporada está empleado una nueva técnica. El 100% de la fruta, inmediatamente después de ser cosechada, se sumerge en una piscina de fungicida. “Lo hacemos en el mismo predio porque si esperamos dos o tres horas la botritis puede manifestarse igual. Hicimos un ensayo en el participó Blancaluz Pinilla, del INIA. Pusimos 120 bins con el tratamiento tradicional y otros 120 bins los tratamos con el fungicida. El resultado final fue que con el método tradicional tuvimos un 10% de pérdidas, pero con esta nueva técnica hubo un 0% de pérdidas”, explica. De este modo, esta temporada lo aplicaron en toda la producción que vende a Chiquita. Y ya son otros los que están empezando a usar esta tecnología.

Con 60 ton/ha como promedio, con una fruta de muy buena calidad y de un calibre extraordinario, parece que para Berenguer el kiwi es un negocio es muy bueno, “sí lo es”, afirma. “Y soy un convencido de que aún falta fruta en los mercados”. La ventaja que tiene este agricultor es que, con tales volúmenes, puede defenderse de las fluctuaciones de precios. “La agricultura hay que trabajarla bien, en serio y de forma responsable, hay que ampararse en cifras, estadísticas, gestión, administración y tener un buen capital humano. Se trata de hacer una gestión global. Así se consiguen éxitos... o por lo menos así los he conseguido yo”, finaliza.
 
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