Inicio
Uva de mesa: Después de la tormenta, ¿vendrá la calma? PDF Imprimir E-Mail
miércoles, 17 de octubre de 2007
Image Lluvias, problemas de postcosecha, bajo tipo de cambio y alto costo de la mano de obra marcaron la temporada de uva de mesa, influyendo en las menores rentabilidades del sector.

Diversos actores señalan que el panorama viene igual en 2008, sobre todo porque el panorama económico será muy similar al de 2007. ¿Soluciones? Mientras unos plantean una disminución de la superficie plantada, otros proponen traer mano de obra extranjera.

Faltaba una caja para completar uno de los primeros cargamentos de uva de mesa que saldría al exterior en la temporada 2006/07. Productores, exportadores y otras autoridades frutícolas se habían reunido a mediados de noviembre en el fundo Alianza de Agrofruta, en la comuna de Tierra Amarilla (III Región) para ver quién pondría esa última caja. Y el encargado no era otro que el ministro de Agricultura, Álvaro Rojas, quien de esta forma daba el puntapié inicial a la temporada de exportaciones de uva de mesa.

Por condiciones naturales, las uvas de la Región de Atacama son las primeras en ser cosechadas cada temporada, alcanzado altos precios en los mercados internacionales, sobre todo en EE.UU., destino que concentra cerca del 70% de los envíos regionales. En la temporada pasada habían rasguñado los 14 millones de cajas y para ésta la meta eran 15 millones. Era el comienzo, había caras contentas y nada hacía presagiar lo que ocurriría meses más tarde. Todo marchaba de maravillas, “cosechamos antes y conseguimos precios espectaculares”, cuenta un productor del Valle de Copiapó. Pero la alegría no iba a durar por mucho tiempo. No para los productores de la Región de Atacama, sino para los que están más al sur.


La incidencia de las precipitaciones


Primero fueron las lluvias, que alertaron al mercado de que Chile venía con un producto con cierto riesgo. Lo peor ocurrió con la variedad Thompson en la Región Metropolitana, donde las precipitaciones elevaron la incidencia de partiduras, desgranes y pudriciones. Lo mismo ocurrió en la V Región, con la diferencia que las cosechas estaban más adelantadas, mientras que en la IV Región los efectos fueron dispares, con sectores donde casi no se registraron pérdidas y otros que tuvieron severos problemas de desgrane y pudrición.

Ante el fenómeno climático no había nada que hacer, pero no fue tan desastroso como se informó en un comienzo. Chile llegó a EE.UU. con un producto bueno para los precios que se consiguieron. “La lluvia trajo inconvenientes, pero debido a la superficie donde se produce uva en la zona centro sur, somos capaces de revertir una situación que antaño sí era un factor, pero hoy, al menos el volumen, no lo es. Se alteran los embarques, se altera el tipo de producto que va llegando, se altera el negocio en sí, pero el volumen de fruta no”, precisa Juan Colombo, gerente comercial de Subsole.

Efectivamente en marzo hubo productores que vieron afectadas el 30% de sus hectáreas a causa de las precipitaciones, incluso algunos perdieron el 70% de las hectáreas, pero habían entrado nuevas hectáreas en producción y los volúmenes finales exportador, si bien sufrieron una merma, ésta fue del 3% (ver gráfico nº1). “Comercialmente, lo que manda en el negocio de la uva de mesa son los volúmenes de fruta semanal que llega al mercado”, precisa Colombo. Y las nuevas hectáreas aportaron fruta a los barcos, mientras que en EE.UU. los recibidores tenían poca claridad hacia dónde iba el negocio. “Nos leían, sabían que en Chile hubo lluvias que ocasionaron problemas, pero vieron que los barcos igualmente iban llenos”, explica el gerente de Subsole.

Por si fuera poco, se vieron problemas de postcosecha. Hubo productores que salvaron ilesos de las lluvias, pero su uva no llegó en buenas condiciones a destino. ¿El motivo? Como no cuentan con todas las herramientas para trabajar y se ven en la necesidad de producir más cajas por hectárea, realizan un trabajo “menos prolijo” o bien es una estrategia para hacer el negocio rentable a costa de un producto que antes tenía una vida de postcosecha más perfecta. Al final, ambos problemas incidieron en la calidad final del producto y en los precios, que esta temporada se pagaron entre US$ 8 y 12 por caja de Thompson, cuando se necesitan US$ 15 para estar al “ras”, sobre todo si se trata de productores que tienen entre 10 y 50 ha.

Informar, sí..., pero bien

Evitar la sensación de desinformación es clave. No habría problemas si Chile exportara 1 millón de cajas en la temporada. Pero el caso chileno es totalmente opuesto, porque de la semana 5 en adelante las exportaciones llegan a los 5 millones de cajas semanales, incluso con peaks de 8 millones de cajas de fruta (ver gráfico nº2). Y ante tal cantidad, la transmisión la información es relevante. “Si tenemos ese comportamiento salvaje en las semanas peaks y lo subestimamos, lo único que hacemos es que nuestros clientes se desorientan. Y los recibidores en vez de promocionar más agresivamente, se trancan”, explica Colombo. Ante eso, los recibidores realizan un plan comercial de acuerdo a lo que sus vendedores le informan. Si desde Chile se informa que los productores de uva vienen con un 20% de caída, el importador será más cauto a la hora de promocionar la fruta chilena en las cadenas de supermercados. Si eso no se hace y después aparece la fruta, se generan tacos y se acumula porque nadie lo previó.

Y esos 8 millones de cajas que llegan en determinadas semanas causan más de un problema, y el peor de todos es que... Bajan los precios. “Si un productor de Thompson llega a EE.UU. en las semanas 12 a 14, con costos de producción de US$ 18 mil/ha y más encima si tiene frutas con problemas de condición, enfrentará un escenario muy complejo”, explica Colombo. ¿El negocio está malo? “Claramente no, porque los precios se han mantenido estables durante los últimas cuatro temporadas”, precisa el gerente de Subsole. Pero requiere de ciertos ajustes, porque con la concentración de la producción de la semana 12 a 14, con cifras semanales de 8 millones de cajas, es lo que tiene al negocio con una presión difícil de manejar.

Bajo tipo de cambio

Lluvias, mucha fruta, problemas de postcosecha y atochamientos marcaban la tónica de la temporada de uva de mesa. Y la complicación se acentuaba con ese fantasma que ronda a los exportadores desde hace un tiempo: el bajo tipo de cambio. “De no mejorar varios productores se verán obligados a dejar el negocio”, advierte el presidente de Fedefruta, Rodrigo Echeverría. La baja del dólar ha hecho disminuir la rentabilidad del rubro al punto de poner en riesgo su continuidad en la producción. Las últimas dos caídas —en las temporadas 2004/2005 y 2005/2006— provocaron una descapitalización en el sector, de la que aún no se ha podido recuperar y, lo que es peor, dificulta las inversiones para mejorar la productividad. “Incluso —cuenta el presidente— hubo grandes empresas que debieron abandonar sus producciones en espera de mejores tiempos, porque saben que entrarán en un proceso de descapitalización mientras se recupere el precio del dólar. Hay productores que no tienen capital de trabajo y han tenido que endeudarse para sobrevivir”.

Por si fuera poco, la mano de obra no calificada se ha encarecido en el país y la fruticultura compite fuertemente con la construcción. La mano de obra en el sector frutícola ha subido hasta llegar a un 70% de costo en dicha rama para el mismo precio de exportación. Para que un productor pueda sacar cuentas en azul debe producir sobre 2.600 cajas por hectárea, pero se hace cada vez más difícil, a menos de tenga tecnología.

Jorge Quiroz es el economista de moda en el sector agrícola chileno. Con un doctorado en economía de la Universidad de Duke, ha llenado páginas en los medios de comunicación y dado charlas que lo han elevado a la categoría de “autoridad” económica del sector. Y él se deja querer. Ante un auditorio compuesto por productores y exportadores de uva de la zona norte, Quiroz se dio tiempo para explicar qué pasa con el sector frutícola. Para entenderlo de mejor forma, hay que comprender qué pasa con la economía. "2007 y 2008 son años de expansión y con el PGB creciendo al 6%. El tipo de cambio fluctuará entre $500 y $550 y quien piense que llegará a $600, tendrá que seguir esperando. 2009, en cambio, será un año distinto que está unido a las elecciones presidenciales y será relativamente complejo desde el punto de vista de coyuntura económica, mientras que 2010 se avecina como un año de gran incertidumbre energética”, explica.

Así, el panorama en el corto plazo no se ve muy positivo. Para Quiroz, otros países son mucho más competitivos en lo relativo a la mano de obra, “En palta, por ejemplo, los mexicanos tienen un mínimo por hora de mano de obra no calificada de US$2,2 y en Chile está en US$3,8". Desde diversos sectores surgen voces que sugieren la contratación de mano de obra temporal extranjera. Es decir, personas que llegan a Chile, trabajan como temporeros y vuelven a sus países de origen una vez terminada la época de cosechas. “Lo veo como una solución real”, afirma el economista. "En otras partes del mundo se ha hecho, por ejemplo, los productores californianos contratan mano de obra mexicana y Alemania hizo lo propio con los turcos”. ¿Estamos preparados económica y socialmente para un cambio como ese? “No”, así de rotundo es Quiroz.

Para Quiroz, la mano de obra continuará cara en 2008. “Eso generará que un importante porcentaje de productores que hoy están en el negocio tengan que salir del mercado, puede ser un 10, 15 o un 20%. Entonces, como Chile es un oferente importante para EE.UU. en contraestación, la solución pasa por restringir la oferta chilena ".

¿Arrancar o no arrancar?

¿Sigo en el rubro o lo abandono? La decisión para los productores no es fácil. Algunos productores terminaron tirando la toalla porque sencillamente no podían producir lo que les solicitaban las exportadoras. “Si me pongo a gastar en a, b o c, sencillamente no me alcanza”, cuenta un productor de la zona central. Había quienes seguían produciendo, pero la condición de la fruta no era de las mejores y se desechaba apenas llegaba a destino, “y todos los costos que involucra la exportación van a la cuenta del productor, quien pasa a tener un saldo negativo”, explica el gerente de Subsole.

Arrancar los huertos es una alternativa real y muchos lo están pensando. “Que no lo piensen mucho, yo recomienda que vayan abandonando ordenadamente el sector, antes de que éste los deje”, sentencia Quiroz. “Sólo así subirá el precio de la uva, pero si vuelven, volverá a caer. Ahora bien, 2009 será un año de desaceleración, pero si después vuelve un gran número de productores al rubro, los precios volverán a caer”, agrega. Juan Colombo tiene una visión matizada. “Quizás haya productores que deban arrancar tres cuarteles, pero continuar produciendo en otros cuatro cuarteles. La idea es que puedan invertir el dinero de esos tres cuarteles que arrancó para sacar adelante los otros. Lo que no se debe hacer es seguir trabajando para el promedio porque lo más probable es que la línea de precios no suba, aunque no está todo perdido”, indica.

Desviar los envíos

Los entrevistados recomiendan analizar cada caso en particular. “Puede que haya quien se quiera salir del rubro”, dice Colombo. Asimismo, habrá quienes no tengan la motivación de innovar, no quieren salir a la búsqueda de nichos especiales y sólo desean producir una ‘fruta promedio’, sobre todo por la estabilidad de los precios internacionales. “Si tenemos un promedio de venta de US$ 12 y el productor gasta US$ 10, ¿puede ese productor vivir con esos US$ 2? Si me dice que sí, que quiere seguir produciendo y me pide que busque nichos, ahora la pelota la tengo yo, pero con los volúmenes de producción de Chile, hay que entender que los nichos están bastante copados. Y los que se te empiezan a abrir, son los que antes no se abrían por un tema de precios”, explica el gerente comercial de Subsole. Por ejemplo, a US$ 6 FOB se abre Brasil y Argentina y así se evita llegar a un mercado tan duro como EE.UU. y sin la certeza de que la fruta se venda o termine destruida.

Otro mercado que suena fuerte es el europeo. La recuperación de la economía europea se suma al hecho de que la uva de mesa entra con arancel cero. Allí sí que favorece el tipo de cambio, porque la libra esterlina casi dobla al dólar y el euro sigue fuerte en relación a la moneda estadounidense (US$ 1,4 por cada euro). Pero si la fruta llega con problemas, los costos de packing, flete o frigorífico se duplican. Otra alternativa es el mercado coreano que se multiplicó en un 200% esta temporada, ayudado por el TLC.

Podrán aparecer muchos mercados, pero EE.UU. es el único capaz de consumir los millones de cajas que envía la industria chilena. Los productores confían en la recuperación estadounidense y están conscientes de que deben realizar cambios profundos. “Siempre habrá negocio —afirma Colombo—, y los recibidores lo confirman”. Pero siempre será determinante la condición de la fruta. Fruta buena, sí, fruta mala, no.


Artículo publicado en Redagrícola Edición Nº 17, Julio, 2007.
 

 
< Anterior   Siguiente >
© 2008 RedAgrícola
José Arrieta 85, Providencia, Santiago de Chile. Contacto: marketing@redagricola.com, Prensa: periodismo@redagricola.com