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Por sobreexplotación: Copiapó enfrenta agotamiento de acuíferos PDF Imprimir E-Mail
miércoles, 19 de noviembre de 2008
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La sequía que se agudizó este verano en todo el país encendió las alarmas. Pero el problema de Copiapó es más profundo. Desde hace años, sus napas subterráneas no se están recargando lo suficiente y la sobre explotación del recurso hídrico está acelerando el problema.

Los agricultores están preocupados. La situación hídrica del Valle de Copiapó está muy complicada. En una zona de por sí seca, la falta de lluvias ha causado estragos: el déficit de precipitaciones en 2007 fue de un 96,2 % respecto a un año normal, lo que acentúa una sequía que se ha extendido por una década; por otro lado, lo que ha llovido en 2008 (unos cinco milímetros, aproximadamente) ayuda pero no alcanza a cargar las napas subterráneas. Porque el problema, argumentan en el valle, más que por arriba está por debajo del suelo. Donde antes se podía sacar agua a 20 ó 30 metros de profundidad, ahora hay que perforar hasta los 100 ó 120 m, con los tremendos costos de energía en la operación de los pozos que ello implica.

Empero, confiesan en la Junta de Vigilancia del Río Copiapó y sus Afluentes, la delicada situación de las aguas superficiales no es tan complicada como en años anteriores. A fines de 2006 y comienzos de 2007, el tranque Lautaro –con capacidad para almacenar 35 millones de metros cúbicos- se había secado. En cambio, a enero de este año tenía 9 millones  y en mayo llegó a los 10 millones de metros cúbicos, según datos de la Dirección General de Aguas (DGA). El valor actual, si bien es inferior a los 13 millones promedio, es mucho más alto que los 4 millones que almacenaba a igual fecha del año pasado.

El que la situación esté un poco mejor no es por azar. Desde fines de 2007, diferentes actores privados y públicos de la Región de Atacama han financiado los $144 millones anuales que cuesta el programa de estimulación de lluvias, que aumenta entre un 15% y un 18% las probabilidades de que se produzcan precipitaciones en la cordillera. Uno de los lineamientos de la Mesa del Agua de Copiapó es el de aportar nuevos recursos hídricos; en esta dirección se decidió instaurar un sistema que ya se había probado antes pero de manera esporádica. El programa consiste en tener un avión disponible de manera permanente para bombardear las nubes con yoduro de plata en caso de que estén en condiciones de precipitar. El programa tiene dos etapas: verano altiplánico e invierno continental. El primer periodo contempló ocho vuelos: comenzó el 28 de diciembre y terminó el 29 de marzo. El segundo va entre el 15 de mayo y el mes de agosto.

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Cristián González, gerente general de la Junta de Vigilancia del río Copiapó.
Los resultados han sido favorables, aunque no concluyentes. “Los caudales del sector alto están sobre lo normal. No tenemos un dato duro, porque no tenemos el instrumento para medir. Pero sí se hizo una inspección a la cordillera: los ríos tributarios tienen agua, se les preguntó a los cordilleranos en terreno si el avión surtía efecto. Ellos veían que el avión pasaba y a la media hora empezaba a caer agua”, comenta Cristián González, gerente general de la Junta de Vigilancia del Río Copiapó y sus Afluentes. El programa tiene diez años de duración y será evaluado al cabo de cinco. En estos momentos se está formulando un proyecto para presentar a Innova CORFO, con el fin de generar un modelo que mida los impactos reales.


Acuífero sobre explotado


Lo que realmente preocupa a agricultores y autoridades es el descenso de las napas. Lina Arrieta tiene quince hectáreas de uva en el sector de Tierra Amarilla, y es directora del Séptimo Distrito (hay 9 distritos de aguas superficiales y 6 sectores de aguas subterráneas, entre Copiapó y la cordillera). Ella sólo riega sus parrones con agua superficial, ya que no compró derechos de agua subterránea. “El acuífero de Tierra Amarilla está colapsado. Y está agotado porque ha habido un uso indiscriminado del agua. Dentro de toda la cuenca del Valle de Copiapó es uno de los sectores que estaba con luz roja. De hecho, las empresas mineras ya no tienen ningún pozo que esté a menos de 120 ó 130 metros. Para ellos podría ser muy rentable bombear agua a esas profundidades. Pero para nosotros, que tenemos un costo tan al filo para poder sustentar este negocio, no tiene sentido el pensar en bombear aguas tan profundas”, comenta.

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Agricultora señora Lina Arrieta.
Lo delicada de la situación ya había sido enunciada por la misma DGA en una resolución de 1993 (n° 193), donde enunciaba: “…conforme a lo señalado en la Minuta s/n del Departamento de Estudios en la cuenca del río Copiapó, se han constituido derechos de aprovechamiento por un caudal total superior a más de cinco veces el caudal promedio de recarga del valle… por lo expuesto en el considerando anterior, es necesario proteger el acuífero mediante la declaración de zona de prohibición de nuevas explotaciones”.

A lo largo de los años, sin embargo, el problema se ha ido profundizando por diversas razones. En el Acta de Sesión Ordinaria N° 42 del Consejo Comunal de Copiapó, realizada el 15 de diciembre de 2006, se realizó un análisis del recurso hídrico en la cuenca del valle. En ella, Isaac Aránguiz, presidente de las Compañías Mineras Candelaria y Ojos del Salado, hacía un análisis de la situación. Señalaba que había un sobrebombeo de agua de 6,5 veces y que el catastro de pozos señalaba lo siguiente: 75 % era para uso de riego; 2 % para uso industrial, 13 % para uso de la minería; 10 % para agua potable. A su vez, planteaba que sólo de los pozos de más de cien metros se podría extraer agua, por lo que los sectores productivos menores no se sustentarían en el tiempo.

En tanto, en una intervención realizada este año en la Cámara Alta, el senador por la Región de Atacama, Ricardo Núñez, mostraba también la delicada realidad del valle. Mostraba que el balance de la cuenca tenía un déficit de 1.635 litros por segundo, generada por el exceso de extracción de agua. Y señalaba que se habían entregado derechos de aprovechamiento por 20 mil litros por segundo, de los cuales se estarían utilizando 6.166. En efecto, ante consultas realizadas por Chile Riego a la DGA, dicha institución respondió que en la actualidad hay una demanda vigente de derechos sobre el acuífero de aproximadamente 19, 7 m3/seg, lo que incluye derechos permanentes (17,6 m3/seg), derechos provisionales otorgados luego que se declarara área de restricción aguas debajo de la ciudad de Copiapó (1,4 m3/seg) y el resto en regularizaciones aún no resueltas de acuerdo con el artículo 4 transitorio de la Ley 20.017.

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Rodrigo Weisner, Director Nacional de Aguas.
Según Rodrigo Weisner, Director General de Aguas, “el total de derechos de agua otorgados no es un número totalmente comparable con el total de agua disponible”. Esta situación se da por un procedimiento utilizado por la DGA hasta el año 2005 –de acuerdo a la ley–, donde se establecía que frente a un derecho de aprovechamiento otorgado por un cierto caudal, la DGA restaba de los balances de agua, no el total del caudal otorgado, sino que una fracción de él, de acuerdo al uso. Por ejemplo, sin un agricultor recibía un derecho por 100 litros por segundo, la DGA restaba de sus balances 20 litros por segundo ya que el riego no es una actividad permanente.

“El problema que desató este procedimiento –explica Weisner- es que los factores no son parte real del derecho otorgado, por lo que aunque el agricultor usara en verdad 20 litros por segundo, podía vender los 100 a una empresa que efectivamente usara esta cantidad, por lo que al final se tradujo, en particular en el Valle de Copiapó, en un desbalance negativo real que, por supuesto, es muchísimo menor a la diferencia entre todos los derechos otorgados y la capacidad real de la fuente”.

Si bien en la DGA reconocen que todavía no existe en Copiapó un control de extracciones efectiva, en el estudio “Estimaciones de demandas de agua en Chile y proyecciones futuras”, se estipula que en toda la cuenca de Copiapó se está usando como máximo alrededor de 5,5 m3/seg, “de los cuales aproximadamente el 80% es demandado por el sector agropecuario, en tanto que la diferencia se reparte en partes iguales entre el sector sanitario y sector industrial-minero”. En la DGA consideran que la capacidad del acuífero es de 4 m3/seg y que, por ello, habría un déficit de 1,5 m3/seg. “Sin duda, es una cantidad considerable, pero mucho menor a si –erradamente– se estima el déficit como la diferencia entre el total de derechos y la oferta”, dice Weisner.


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Fruticultor Alfonso Prohens, gerente de Agrícola Tres Soles.
Un futuro peligroso

Si bien para la DGA se requeriría cuatro veces más agricultura, minería y agua potable para explotar todos los derechos entregados, diversas autoridades, empresas mineras y agricultores notan que no es necesario que ello ocurra para agotar las napas. Mientras diversas estadísticas hablan de que la minería consumiría entre un 7 % y un 13 % del recurso hídrico, en el agro ven las cosas de otra manera. Según agricultores como Alfonso Prohens, gerente de Agrícola Tres Soles, o Carlos Bordoli, presidente de la Junta de Vigilancia del Río Copiapó y sus Afluentes, la diferencia entre agricultura y minería es que, mientras en una actividad económica se extrae agua de manera más pausada en el tiempo (en invierno casi no se riega y en otras épocas se usa el agua sólo una cierta cantidad de horas al día), en la otra se utiliza las 24 horas de los 365 días del año con un impacto mucho más intenso.

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Carlos Bordeli, Presidente de la Junta de Vigilancia del Río Copiapó.
El problema para los agricultores es que los proyectos mineros siguen llegando. Para el año 2004, según un informe de la DGA, se habían identificado 54 faenas activas en la comuna de Copiapó y otras 32 en la comuna de Tierra Amarilla, ocupando un área menor a 156 hectáreas. Basta revisar el Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental de la CONAMA para darse cuenta que este número irá en aumento.

El peligro para los productores agrícolas es que la baja rentabilidad actual del negocio podría llevar a varios a vender sus derechos de aprovechamiento. Según cuenta Rodrigo Moreno, presidente de la Comunidad de Aguas Subterráneas de Copiapó-Piedra Colgada-Desembocadura (la primera en conformarse en todo el país), el litro por segundo se está transando en la atractiva cifra de US$ 30 mil a US$ 40 mil; cada litro por segundo sirve para regar entre una hectárea y una hectárea y media. “Muchos agricultores tienen problemas económicos. Así es que muchos preferirán vender. Pero una venta significaría, en el caso de que alguien tenga 50 litros por segundo, dejar unas 75 hectáreas sin producir. La plata le irá a durar a esa persona unos 20 ó 30 años, pero sus hijos ya no serán agricultores, ni sus nietos”, reflexiona.

A esto se suma que, mientras más caro se hace encontrar agua, más complicado es para los pequeños agricultores sostener su negocio. En contrapartida, los minerales se están cada día pagando mejor en el mercado, por lo que los ingresos alcanzarían para utilizar más recursos en extracciones de agua. El temor de muchos, entonces, es que las empresas mineras compren terrenos y derechos de agua a agricultores que necesiten vender; trasladar el líquido desde un lugar lejano hasta las faenas mineras no sería problema para ellas, pues sería sólo cuestión de colocar algunas mangueras o tuberías. Esta posibilidad, dicen los productores agrícolas, a llevado a que algunas mineras extraigan agua incluso de las partes bajas del valle.

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Rodrigo Moreno, Presidente Comunidad de Aguas Subterráneas de Copiapó-Piedra Colgada-Desembocadura.
En el futuro, sin embargo, se ven algunas luces. La Junta de Vigilancia del Río Copiapó está definiendo los estatutos para formar una Comunidad de Aguas Subterráneas en la parte alta del valle, para ejercer un mayor control. “Ahí vamos a saber cuánto realmente está ocupando la minería y cuánto la agricultura”, dice Carlos Bordoli. Además, a los buenos resultados del programa de estimulación de lluvias, se agregan el aumento de fondos estatales para reparar canales (en la Junta de Vigilancia, informaron de $200 millones) y la Comisión Nacional de Riego está trabajando en el programa “Transferencia de Capacidades para Mejorar la Gestión del Riego en el Valle de Copiapó” y en el “Estudio de Recarga Artificial de Acuíferos en el Valle de Copiapó”. La idea del programa es mejorar la capacidad técnica y administrativa de las organizaciones de usuarios. En lo referido al estudio, su objetivo es realizar una caracterización hidrológica e hidrogeológica por sectores del valle, con la idea de actualizar y adecuar el modelo de simulación hidrogeológica. El costo del estudio es de $ 80 millones y su duración de ocho meses. No obstante, el verdadero futuro podría estar –más que en la cordillera o en las napas subterráneas- en la costa, puesto que la desalinización de agua de mar es cada día una opción más atractiva.


Artículo publicado en revista Chileriego nº 34

 
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