Sean pivotes o sistemas cobertura total, la diferencia con el riego tradicional es abismante en el cultivo de la remolacha, sobre todo si se trata de rendimientos, los que aumentan en 21,5 ton/ha.
La relación de Iansa con sus productores no puede ser más estrecha. La empresa les entrega créditos, los asesora en la compra de los equipos, les afora los equipos y les entrega las pautas de cuándo y cuánto regar. Todo ello con un objetivo claro: producir un aumento de los rendimientos.
Marcelo San Martín no lo pensó dos veces cuando en 1992 se decidió a sembrar remolacha. Tampoco lo hizo cuando ocho años después instaló riego tecnificado en su predio. Primero fueron quince hectáreas con un sistema de cobertura total y, tras ver los resultados, se decidió casi al instante a aumentar la superficie en otras veinte hectáreas, en un proyecto que concretó al año siguiente. La inversión que debía realizar era importante y sus recursos no le alcanzaban para realizar el proyecto, por ello recurrió a la Ley de Riego. Como el bichito le seguía picando compró un equipo de segunda mano que colocó en otras diez hectáreas. En ciertas temporadas le quedan algunos sectores “huachos” y San Martín no lo piensa dos veces. Vuelve a adquirir equipos de segunda mano.
“Es que no concibo el cultivo de la remolacha sin riego tecnificado, sobre todo por los rendimientos”, afirma el agricultor. Y no deja de tener razón. Antes de que instalara sus equipos de riego, San Martín conseguía rendimientos de 70 ton/ha versus las 100 ton/ha que obtiene hoy. Además, en el terreno no se producen las pozas provocadas por el riego tendido y así no pierde plantas por pudrición, y otro aspecto que para él es fundamental, es la eficiencia de riego, que hoy llega a un 95% en las 45 hectáreas que maneja cada temporada. Confiesa que el riego tecnificado le da tranquilidad y que si de él dependiera, seguiría aumentando la superficie con este sistema.
— ¿Cuándo comienza a regar? — Inmediatamente después de la siembra. Como las primaveras han venido secas, sembramos y regamos al tiro, aplicando 15 a 20 mm de agua y después regamos según las necesidades de la planta.
— ¿Cómo sabe cuándo y cuánto regar? — Los técnicos de Iansa nos asesoran todas las semanas. Nos dicen cuánta agua se evaporó la semana anterior y en base a esos registros aplicamos el riego. Sin esos datos no sabría qué hacer, porque a lo mejor vemos que las hojas están turgentes y decimos que la planta no necesita agua, pero sí la necesita. Un día sin riego me significa perder una tonelada por ha, es decir 28 mil pesos al día por ha.
Chile, líder mundial en rendimientos
En San Carlos, al igual que Marcelo San Martín, son muchos los agricultores que se dedican al cultivo de la remolacha, que entregan la totalidad de sus producciones a Iansa, empresa que centra su negocio en la producción y comercialización de azúcar, y que tienen a Chile como el país que obtiene los mayores rendimientos mundiales en la producción de remolacha. Atrás quedaron los tiempos cuando el rendimiento promedio nacional estaba en 50 ton/ha. Hoy el panorama ha cambiado radicalmente y los agrónomos de la compañía pronostican para esta temporada una producción récord de 88 ton/ha, abastecida por remolacheros de las regiones VI a X.
Entre los impulsores de las mejoras conseguidas en la remolacha en el país están los profesionales del área de investigación y desarrollo agrícola de Iansa. Es aquí donde se abordan y evalúan nuevos adelantos y cambios tecnológicos relacionados con variedades, fertilización, maquinaria agrícola, control de malezas, plagas, enfermedades y lo complementan con el programa de riego tecnificado y con el departamento de estudios y desarrollo, que se encarga de acercar las herramientas públicas y privadas susceptibles de ser ocupadas por los remolacheros.
“Buena parte del éxito en los rendimientos de la remolacha se lo debemos al riego tecnificado”, señala Carlos Jorquera, subgerente de investigación de Iansa. Cuando se habla de este tema en la empresa, sus profesionales explican un reto no menor: incrementar la superficie tecnificada. “De las 25 mil hectáreas de remolacha que existen en Chile, 10 mil hectáreas están bajo diferentes sistemas de aspersión y el reto para los próximos cinco años es conseguir 20 mil hectáreas tecnificadas”, anticipa Ricardo Merino, líder funcional de riego de Iansa.
El trabajo pasa por buscar aquellas zonas aptas para el cultivo de la remolacha, principalmente en sectores de secano, un ejemplo es la zona de Victoria y Yungay, donde la única alternativa para que los productores tengan agua está en la construcción de pozos profundos. “Ahí está nuestro gran espacio de crecimiento, recuperando aquellos suelos que no están cultivados”, confirma Merino. Para conseguirlo han creado una plataforma de la que forman parte consultores de la Ley 18.450, la CNR a través de la Ley de Riego, los proveedores de equipos de riego y los créditos de financiamiento a largo plazo (a cinco años, con una tasa de interés del 4% anual), que la propia Iansa entrega a los productores.
“Este crédito ha sido decisivo para que los agricultores se motiven a instalar riego tecnificado”, afirma Merino. La compañía destinará US$5 millones cada año para que los remolacheros puedan comprar los equipos de riego que Iansa recomienda y que permiten obtener los rendimientos que buscan. ¿Quiénes pueden optar al crédito? “Evaluamos técnicamente a los productores y si tienen potencialidad, es decir, si están dispuestos a tecnificarse y seguir el manejo adecuado de los equipos de riego, son susceptibles de obtener un crédito —explica Merino—. Cuando vemos que un productor tiene una proyección en el cultivo, lo apoyamos, pero si no siguen las recomendaciones técnicas o si tienen una limitante de rendimiento y no quieren salir del estancamiento productivo, no podemos apoyarlos quedando en la decisión de cambiar en sus manos”.
Ese apoyo que menciona el líder funcional de riego se refleja desde el inicio del proyecto, “desde la topografía, asesoría con el consultor, compra del equipo, hasta la instalación del sistema y su posterior manejo”, precisa. En ningún caso obligan al agricultor a elegir entre un equipo u otro, “nosotros le mostramos un abanico de proveedores, pero la decisión final la toma el agricultor, lo mismo con qué consultor de la Ley de Riego quiere trabajar, porque un componente importante para que se produzca la tecnificación del riego es la Ley 18.450”, explica Merino. Pero, ¿qué pasa con los pequeños productores? Hace unos años Iansa trabaja con productores de Indap, que tienen un promedio de 3 ha, a los cuales se les instaló sistemas de cobertura total, con buenos resultados. “De hecho, este sistema fue concebido para los agricultores pequeños, pero hoy tenemos una limitante, porque la mayor cantidad de pequeños remolacheros está en Linares, donde hay problemas de abastecimiento de agua (turnos) , en estos casos Iansa no puede tecnificar al productor , ya que no podrá incrementar sus rendimientos dejandolo en el mismo nivel de rentabilidad pero con una gran deuda financiera”, explica Jorquera.
Antes y después de los pivotes
“El crédito de Iansa es fundamental para nosotros y si a eso le sumamos un bono de la Ley de Riego, el panorama se pone más fácil para los productores”, comenta Margarita Letelier, agricultora y ganadera del sector de Cato, a 20 km de Chillán. “La verdad es que nos cambió la vida. Cuando se dice el antes de Cristo y después de Cristo, yo digo antes del pivote y después del pivote”, dice. Lo cierto es que en el caso de Margarita, sin pivotes el cultivo es muy distinto, porque los dos campos que ella maneja están ubicados en suelos muy complicados. “Según mi muy modesta opinión, el pivote te permite unificar los distintos tipos de suelos. En este campo el suelo es pura greda y en el campo de arriba es piedra con trumao y el pivote permite que en un suelo tan complicado como ese puedas realizar un cultivo como la remolacha, que de lo contrario no sería posible y casi con los mismos resultados”, explica.
Además, el pivote le permite sacar dos cultivos en la temporada. “Muchas veces hacemos arvejas para congelado, que sembramos en septiembre y, en diciembre el poroto verde, que se cosecha en marzo”, cuenta. De esta forma, el riego tecnificado le permite una interesante rentabilidad por hectárea interesante, para una agricultora que ha vivido de todo en el rubro, “momentos dulces y no tan dulces”, como ella define. “Si hubiésemos sido 100% lecheros estaríamos enterrados hace harto tiempo”, relata.
El Fundo El Rondadero lo inició su padre Ricardo hace varias décadas y en esos años manejaba 270 ha praderas, mientras que hoy sólo manejan 7 ha. Aparte de remolacha, siembra maíz dulce, maíz de grano, ballica, arvejas y porotos verdes y tiene una lechería que surte con sus productos a supermercados de Chillán. “Los pivotes me dan una flexibilidad grande porque puedo sembrar lo que se me antoje y no sólo cuando San Isidro me lo permite”, cuenta. Pero quizás el punto más importante es el uso del agua. La temporada pasada, aparte de instalar el último de los tres pivotes que tiene en los dos predios, realizaron drenajes y regaron 200 ha sin emplear agua del canal, “eso trajo consigo que se nos aumentara la capacidad de siembra tremendamente y hoy tenemos 300 ha bajo agua, cuando años atrás, con suerte podíamos regar 90 ha”.
La primera experiencia de Margarita Letelier con los pivotes fue en 2000 en el Fundo Rondadero, y antes de instalarlo allí, regaba apenas 30 ha (10 ha de remolacha y 20 ha de trigo). Pero el pivote le permitió aumentar la superficie de riego hasta las 80 ha, “luego le instalamos una torre más y hoy regamos 85 ha con ese equipo, y si quisiéramos podrían ser todas de remolacha”, cuenta. “El cambio ha sido tremendo —agrega—. Y eso que todo el mundo miraba ‘a huevo’ estos suelos, pero hoy tenemos rendimientos muy buenos, sobre todo en maíz dulce y remolacha”.
Los rendimientos y la calidad que consigue la han posicionado como una productora ‘top’ en la agricultura de contrato. “En un momento tenía claro que frente a toda la agricultura de contrato que se venía, nosotros éramos una pulga. Pero hoy tenemos 300 ha bajo pivote y las empresas no andan buscando, y además saben que trabajamos bien”. Hoy, Margarita siente que compite de igual a igual con productores que tiene sus cultivos en iguales condiciones que ella, pero en terrenos muy buenos.
Todo pasa por el manejo de los equipos ¿Tecnificar o tecnificar? Esa es la pregunta. “En Iansa recomendamos tecnificar”, afirma Ricardo Merino. Y los números respaldan la frase de este profesional de Iansa. La diferencia entre agricultores que riegan por tendido y los que cuenta con riego tecnificado es de 21,5 toneladas por hectárea y, el riego tecnificado ha ayudado además a mejorar la sanidad del cultivo. “Pero tecnificar por tecnificar no sirve de nada y eso es peor si no se hace un buen manejo de los sistemas de riego”, explica Merino.
“No nos quedamos tranquilos cuando un agricultor adquiere un equipo de riego, sino que estamos atentos a cómo va a usar ese equipo de forma de maximizar lo más posible los resultados del cultivo que a nosotros nos interesa”, explica Carlos Jorquera. Y es que en Iansa se preocupan hasta del más mínimo detalle, con el objetivo de que los productores realicen una buena programación de los riegos. “Necesitamos que los agricultores estén capacitados y para ello contamos con una plataforma que nos permite tomar decisiones de cuánto regar y cuándo regar, y que luego se las traspasamos a los productores”, explica el subgerente de investigación.
El cuánto regar lo tienen claro en Iansa, pero el cuándo es quizás lo más complicado. Y es el balance hídrico el encargado de determinar el momento exacto en que se agota el agua a la planta en el suelo, “conociendo ese momento, debemos aplicar agua y esa información la ponemos a disposición de los agricultores a través de internet, de los asistentes técnicos y de los paneles ubicados en cada uno de los campos”, precisa Merino.
Para obtener altos rendimientos, los agricultores precisan de equipos que cumplan con todas las características que indican los fabricantes. Para que no haya dudas al respecto, los profesionales de Iansa, a inicio de cada temporada realizan un aforo a sistemas de riego nuevos y a los que tienen años de uso. “El aforo se realiza una vez que el equipo está instalado y nos hemos encontrado con varias sorpresas”, confirma Merino. “A veces el tablero no tiene nada que ver con lo que dice el proveedor del equipo”, continúa. ¿Cómo se detectan esas fallas? “Una vez que se inicia la programación de riego, sobre la base de nuestros protocolos, nos damos cuenta que el cultivo va mal y vemos que la precipitación que indica el tablero no es la misma que está cayendo en el suelo”, explica el líder funcional de riego.
El aforo consiste en la instalación de 150 pluviómetros a lo largo del pivote que reciben el agua que cae en cada pasada del equipo. Además, se miden las presión final del equipo para comprobar si las bombas tienen el nivel de presión que requieren y que corresponda al estándar del aspersor. ¿Y todo para qué? Para obtener una gráfico que indica el coeficiente de uniformidad del equipo. Si éste se encuentra sobre el 80%, el equipo pasa la prueba. “Los aforos son clave para programar los riego, porque así sabemos con certeza cuántos milimetros y con qué uniformidad aplica el agua”, precisa Jorquera. El aforo se realiza a todos los equipos nuevos, cada tres años si se trata de equipos fijos y cada temporada a los equipos móviles, porque son pivotes que no sólo riegan remolacha, sino otros cultivos.
La Ley de Riego también aporta
Así es que se han conseguido los más altos rendimientos. Y donde la Ley de Riego ha significado un gran aporte para el sector remolachero. El 18.450 es el número de la fortuna para los agricultores del país, “sin ese número de la suerte —como dice Marcelo San Martín—, no hubiese podido instalar una hectárea de riego tecnificado en mi campo”. Para Margarita Letelier también tiene un significado particular. “La Ley es lo mejor que nos pudo haber pasado, los beneficios han sido muy buenos. Desgraciadamente, los agricultores reaccionan tarde y no alcanzan a presentar proyectos. La Ley data de 1986 y mi papá fue el primero y único que hizo un proyecto ese año en la provincia. Y la gente decía ‘y este viejo loco qué anda haciendo proyectos si agua es lo único que hay aquí’. Era un proyecto de riego y drenaje y lo rechazaron porque tenía que ser de riego o drenaje y lo peleó dos años hasta que le dieron el bono y lo pudimos sacar adelante”, relata Margarita.
En Iansa tienen claro que el aporte de la Ley 18.450, “este año se instalarán 2.600 ha de nuevo riego y un gran porcentaje será a través de la Ley. Sin duda es un instrumento vital para el desarrollo agrícola del país y mientras siga dando buenos resultados, la Ley debe seguir”, afirma Ricardo Merino. Y eso se ve refrendado en los rendimientos y calidad de remolacha que obtienen los productores, “pero necesitamos un ente que certifique los equipos de riego y ese es un gran déficit que tiene el país. Cualquier proveedor puede traer un producto e incorporarlo a nuestros equipos de riego, y el Estado financia estos equipos que no están probados desde el punto de vista de calidad y desempeño. Hay una gran falencia en eso y nosotros hemos tenido que asumir una gran responsabilidad en la recepción de equipos, midiendo clara y cuantificablemente el coeficiente de uniformidad y la cantidad de litros que aplica cada equipo”, explica el líder funcional de riego de Iansa.
El riego tecnificado ha sido decisivo en el progreso de este rubro. Pero la decisión de tecnificar no es buena si no se obtienen los rendimientos que se requieren, y sólo se conseguirá escasa rentabilidad del cultivo. Pero investigaciones y estudios de Iansa avalan la tecnificación, sobre todo si se siguen los protocolos que entrega la propia empresa. “Así nos ha ido bien y, si tuviera la posibilidad de sembrar más remolacha, de la única forma que lo haría sería con riego tecnificado”, concuerdan Margarita y Marcelo.
Artículo publicado en Chileriego Edición Nº 30, Agosto, 2007. |