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Hugo Faiguenbaum: Siembra y establecimiento del cultivo de maiz PDF Imprimir E-Mail
martes, 12 de agosto de 2008
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En este artículo, escrito por el destacado académico y asesor agronómico Hugo Faiguenbaum, el ingeniero agrónomo entrega una serie de importantes recomendaciones orientadas a desarrollar todo el potencial del maíz, para asegurar así un adecuado retorno a los agricultores. Condiciones de suelo y manejos para mejorarlas, factores climáticos, los distintos híbridos disponibles y su selección, junto a consideraciones de siembra, son aspectos que el experto desarrolla a continuación.

ASPECTOS DE SUELO

El maíz es un cultivo exigente en cuanto a condiciones de suelo, requiriéndose idealmente de suelos que presenten a lo menos 70 cm de profundidad, bajo nivel de compactación, buena fertilidad, ausencia de pedregosidad y adecuada nivelación. Cabe destacar que los suelos pueden ser profundos, pero si presentan niveles importantes de pie de arado, la profundidad efectiva para el crecimiento de raíces va a corresponder al perfil de suelo que se encuentre sobre el pie de arado, vale decir entre 30 y 40 cm como promedio.  Para dar solución a este problema, resulta fundamental considerar el uso de un arado subsolador. Este arado debería utilizarse cada 2 años en promedio, de manera de romper el pie de arado y descompactar el suelo en profundidad; sólo así será posible maximizar el crecimiento del sistema de raíces, el vigor de las plantas y los rendimientos del cultivo. La profundidad mínima de aradura al utilizar un subsolador, debe ser de 50 cm. En años intermedios, en los que no se considere el uso de subsolador, debería emplearse un arado de vertedera  o un arado de cincel, dependiendo de la cantidad de rastrojo que quede en el suelo luego de cosechado el cultivo anterior.

ASPECTOS CLIMATICOS

En el Cuadro 1 se presentan los factores ambientales que tienen mayor impacto sobre los distintos estados de desarrollo del cultivo del maíz.


Cuadro 1
. Factores ambientales críticos para distintos estados de desarrollo del maíz.

Etapa de desarrollo Factores Ambientales
Germinación Temperatura del suelo
Humedad del suelo
Plántula Humedad del suelo
Temperatura del suelo
Densidad del suelo y aireación
Vegetativo Humedad del suelo
Densidad del suelo y aireación
Fertilidad del suelo
pH del suelo y salinidad
Temperatura del aire
Luminosidad
Reproductivo Humedad del suelo
Fertilidad del suelo
Temperatura del aire
Luminosida

 

La temperatura mínima de germinación del maíz alcanza a 10ºC; con este nivel de temperatura, sin embargo, el proceso germinativo será muy lento, y transcurrirán mas de 10 días para que ocurra la emergencia. Temperaturas bajas durante la germinación (iguales o inferiores a 10ºC), imponen además un estrés a la semilla, lo que puede provocar una disminución en el porcentaje de germinación y menor uniformidad en la emergencia. Para contrarrestar estos problemas resulta fundamental conocer los resultados de los test de frío que hacen las empresas productoras a sus lotes de semilla, de manera de seleccionar, dentro del híbrido elegido, aquel lote de semilla que presente un mayor vigor en condiciones de bajas temperaturas. Siembras demasiado tempranas son en definitiva inconvenientes, ya que además de los problemas señalados, la semilla permanecerá por más tiempo en el suelo expuesta a posibles lluvias y problemas sanitarios antes de lograr la emergencia. Por otra parte, si ocurren temperaturas iguales o inferiores a 4°C al estado de tres hojas, que es cuando ocurre la iniciación de las mazorcas, éstas podrán verse afectadas por malformaciones. Cuando las plantas al iniciar su desarrollo (dos a cuatro hojas) se ven sometidas a bajas temperaturas muestran habitualmente hojas amarillentas o moradas, y una falta de vigor.

Image El nivel productivo del maíz, por otra parte, puede afectarse significativamente ante situaciones de baja intensidad lumínica. Días con esta característica son siempre perjudiciales para el crecimiento de las plantas, y si ocurren al comienzo de la etapa reproductiva, lo más probable es que originen un aborto de granos recién fertilizados, o fallas en su desarrollo. La cantidad de radiación interceptada por las plantas durante la etapa de crecimiento de los granos está por otra parte directamente relacionada con el peso que ellos alcancen. Para lograr una mejor condición lumínica en los cultivos es importante sembrar en las fechas más adecuadas, disponer las hileras en dirección norte-sur, y fundamentalmente, evitar una densidad excesiva de plantas logrando una buena distribución de éstas.


HÍBRIDOS Y SUS CARACTERISTICAS

Actualmente, el conjunto de empresas que comercializa semilla de maíz en Chile, pone a disposición de los productores alrededor de 80 híbridos. Varias de las marcas que se comercializan en el país están entre las más importantes del mundo, lo que garantiza la existencia de materiales genéticos de primer nivel.

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Es fundamental que los orificios de los discos sembradores sean los correspondientes al diámetro de la semilla que se va a sembrar.
Muchos productores, concientes de que los híbridos de ciclo más largo permiten obtener mayores rendimientos, seleccionan híbridos de un ciclo mayor que el aconsejable para sus particulares condiciones, no alcanzando posteriormente a preparar los suelos antes que lleguen las lluvias. En este sentido, al seleccionar un híbrido resulta fundamental fijar fechas límites de cosecha, considerando que luego de la trilla se debe alcanzar a picar el rastrojo, dejándolo incorporado o mezclado con el suelo, y a dejar lista la aradura ya sea con arado vertedera o subsolador. Por otra parte, para fijar la fecha límite de cosecha es indispensable considerar que al iniciar la trilla, los granos deberían presentar una humedad promedio entre 15 y 20% para así minimizar los costos de flete y especialmente de secado.

La fecha límite de cosecha, para cada predio, debe fijarse de acuerdo con las condiciones climáticas particulares que presente el lugar, la cantidad de hectáreas a cosechar, el tipo de suelo, y la cantidad y calidad de máquinas trilladoras a las que tenga acceso cada productor. Las trillas en la VI Región, por ejemplo, deberían comenzar entre fines de Marzo y mediados de Abril, para finalizar como máximo a fines de Abril – principios de Mayo. Sin embargo, la realidad indica que sólo aproximadamente la mitad de la superficie de maíz sembrada en el país se trilla antes del 30 de Abril.

La fecha de cosecha se constituye en definitiva en un factor clave, ya que al trillar dentro de los plazos señalados anteriormente se favorecerá la pronta incorporación y descomposición del rastrojo, y se evitará tener que arar y rastrear en otoño-invierno con altos contenidos de humedad en el suelo. Al arar bajo esta condición se generan importantes pies de arado que impiden la penetración de las raíces. Además del pie de arado, al arar y rastrear los suelos con exceso de humedad aumenta significativamente la compactación del suelo. Por último, queda hipotecada la posibilidad de subsolar, ya que al pasar un arado subsolador con alta humedad en el suelo, el efecto en el perfil es absolutamente nulo.

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): La calidad de la máquina sembradora, su mantenimiento y la velocidad de siembra son aspectos gravitantes en el resultado de la siembra.
Para que los criterios analizados puedan ponerse en práctica, la selección del híbrido más apropiado, considerando rendimiento y precocidad, deberá realizarse haciendo evaluaciones experimentales bajo las condiciones de suelo y de clima de cada productor. En este sentido, es fundamental efectuar pruebas en algún sector representativo del campo, sembrando híbridos pertenecientes a los dos grupos de precocidad más recomendados para cada zona. Así, si el objetivo es producir grano en las Regiones VI y Metropolitana, deberían considerarse híbridos intermedios y semitardíos, mientras que en las Regiones VII y VIII, deberían contemplarse híbridos intermedios y semiprecoces. Estas pruebas deben considerar al menos evaluaciones de rendimiento y de humedad de granos a la cosecha. Es importante hacer estos trabajos cada dos años como promedio, incorporando en las pruebas de campo los nuevos híbridos que van apareciendo para así confrontarlos con los que se han estado usando. A nivel comercial es recomendable sembrar a lo menos dos híbridos, de modo de reducir el riesgo frente a algún problema que pueda eventualmente afectar a uno de ellos, y de establecer comparaciones que resulten útiles para la siguiente temporada.

POBLACIONES Y DISTANCIAS DE SIEMBRA

Las poblaciones recomendables en maíz para grano, dependiendo fundamentalmente de la precocidad del híbrido, de la fecha de siembra, y de la fertilidad y nivel de compactación del suelo, fluctúan entre 90 y 110 mil plantas por hectárea. La distancia entre hileras más utilizada es de 75 cm, mientras que la población de plantas sobre la hilera debe fluctuar entre 7,0 y 8,0 plantas por metro lineal a cosecha.

El nivel de aumento en la cantidad de semilla requerida para obtener una determinada población, dependerá del porcentaje de germinación de la semilla (normalmente más de 95%), y de las condiciones, tanto de preparación de suelo como de siembra. En el Cuadro 3 se presenta el número aproximado de semillas que se requiere para obtener diferentes poblaciones de plantas por hectárea a cosecha.

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Mala distribución en la hilera, siendo común en los cultivos de maíz encontrar dos a tres plantas por lugar y separaciones entre plantas muy irregulares.
  Poblaciones mayores a las recomendadas para cada situación determinarán un menor vigor en los tallos y un menor crecimiento de las raíces de anclaje, favoreciéndose con ello la tendedura. Además se favorecerá la presencia de carbón común y se tendrá un mayor gasto de semilla sin que se obtenga ningún beneficio a cambio. Poblaciones que superen en un 10% el óptimo recomendado, generalmente conducirán a disminuciones en los rendimientos. Por otra parte, con poblaciones 10% inferiores a las recomendadas, prácticamente siempre se verán afectados los rendimientos. 

Al efectuar una siembra resulta en definitiva fundamental optimizar la dosificación de semilla para obtener una población adecuada. Sin embargo, cabe agregar que las plantas lograrán maximizar su crecimiento y rendimiento individual, sólo en caso que se presenten bien distribuidas. En este sentido, la calidad de siembra en Chile generalmente está lejos de alcanzar un buen nivel. Al recorrer cultivos de maíz es absolutamente habitual encontrar con un nivel alto de frecuencia dos a tres plantas juntas en vez de que se presenten a 10 o 15 cm entre sí como promedio. En este sentido, si se desea establecer siete plantas por metro lineal y para ello se siembran ocho semillas, cada una debería quedar en promedio a 12,5 cm, pudiendo naturalmente aceptarse que algunas semillas queden más cerca o más distantes de las otras, pero con una diferencia no superior al 20% respecto de la distancia óptima. 

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Cuadro 3. Número de semillas a distribuir cada dos metros lineales, considerando siembras a 75 cm entre hileras y distintos niveles de población a cosecha.


En Chile, sin embargo, es habitual encontrar dobles y triples golpes de semilla, y brechas de 20 a 30 o más cm sin presencia de plantas. En maíz, lo normal es que al faltar una planta por metro lineal disminuyan los rendimientos por unidad de superficie, ya que las restantes no logran suplir lo que deja de aportar la planta faltante. Por otra parte, al haber dos plantas juntas en la hilera, el rendimiento de ambas normalmente va a ser inferior al que obtendrían si se encontraran separadas. 

La distribución de plantas en las hileras es en definitiva un tema muy importante, siendo fundamental al realizar una siembra considerar, por una parte, la calidad y el estado de la sembradora, y por otra, que el diámetro de los orificios de los discos sembradores corresponda al calibre de la semilla que se está sembrando. Frecuentemente se observa a nivel predial que las máquinas neumáticas están equipadas con discos que no corresponden al calibre de la semilla. Por otra parte, es común que dentro de un mismo predio se siembren dos o tres variedades, cada una con semillas de distinto calibre, y que al cambiar de variedad no se proceda a un reemplazo de los discos. Por último, hay que tener presente que la velocidad de siembra promedio debe ser de 6 km/hora, pudiendo requerirse en condiciones de suelo más terronudos o desnivelados, bajar la velocidad a 5 km/hora. 

De acuerdo con los problemas expuestos, y sumando el hecho de que faltan trabajos experimentales para determinar los mejores niveles poblacionales en cada híbrido, la realidad indica que aún hay importantes deficiencias en el país en lo que se refiere al tema de siembra.


Artículo publicado en Redagrícola Edición Nº 22, julio, 2008.



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