El río Maipo en la Región Metropolitana: La cuenca más densamente poblada
lunes, 23 de junio de 2008
Desde el inicio quedó claro que habitar en la cuenca del río Maipo no iba a ser fácil. Sequías, inundaciones, escasez, urbanización. No por nada en esa zona nació la veneración a San Isidro, luego de la terrible sequía de 1691 que mató animales a destajo decidieron rezarle al entonces no tan conocido santo.
Apenas terminada la ceremonia el techo del templo de San Francisco comenzó a crujir bajo una intensa lluvia y San Isidro saltó al estrellato.
Desde entonces, durante cada sequía, los agricultores se acuerdan del generoso santo. Y han sido muchos los años secos. “De los 18 años que tenemos secciones de control, en 12 hemos tenido reparto. Han habido 70 meses de reparto, o sea que cada sequía ha durado, en promedio, 6 meses. Dos de cada tres años han sido secos. Hay que estar bastante preocupado del tema de la escasez y reparto”, explica el gerente y asesor técnico de la Junta de Vigilancia de la 1ª Sección del Río Mapocho, Roberto Araya.
Aún se recuerda la sequía de 1968, año en que sólo llovieron 60 mm y se dispuso de pelotones militares en las principales bocatomas del río Maipo para apoyar la gestión del juez de aguas. Años después, para la sequía de 1996, se debió llevar agua del río Maipo, a través del canal San Carlos, para socorrer a los regantes del río Mapocho, dada la alarmante disminución del caudal de ese río.
El gerente y asesor técnico de la Junta de Vigilancia de la 1ª Sección del Río Mapocho, Roberto Araya
“Hemos tenido sequías extremas en la cuenca. Del siglo antepasado destaca la de 1872 y la tendencia en el centro de Chile es a precipitaciones más escasas. El promedio de pluviometría de este siglo debiera ser menor al del pasado y al menos deberíamos tener tres sequías importantes. Es una situación que va a ser cada vez más difícil de sostener”, predice Javier Carvallo, gerente de la J de V de la 1ª Sección del Maipo.
Pero de las sequías también se pasa sorpresivamente a los temporales y las inundaciones, como a principios de junio de este año cuando en tan sólo 24 horas cayeron 61,4 milímetros de agua. En el resto de 2006 sólo habían caído 13,2 mm. El clima de la cuenca del Maipo se revela impredecible.
En San Carlos: Una obra histórica de infraestructura de riego
Los estragos de la continua escasez obligaron a los primeros pobladores del valle a cultivar su ingenio. Los canales de regadío prehispánicos eran muy valorados por los españoles y fueron cuidadosamente repartidos por el mismo Pedro de Valdivia. Pero estas conducciones previamente existentes no bastaban para expandir la agricultura de subsistencia y luego exportadora de la época.
Parte de la infraestructura de la SCM en el origen del canal San Carlos
En 1772, debido a las continuas sequías, se activó la idea de los primeros españoles de construir un canal que tomara las aguas del río Maipo y las llevara hacia el norte, en dirección al Mapocho, por la parte alta de la ciudad. El canal se llamaría San Carlos en honor al Rey de España Carlos III. Debido a problemas en su construcción se suspendieron las faenas, las que se continuarían a finales del siglo XVIII. Pero todo volvió a detenerse con el comienzo del proceso independentista de 1810.
Dentro de ese período destaca el intento del empresario Matías Ugareta, quien se ofreció a terminar el canal e invirtió toda su fortuna en ello. Su única condición fue que una vez terminada la obra se le cedieran los derechos de propiedad de 50 regadores (medida de volumen de la época). Pero la plata se le acabó en la faena y tuvo que vender hasta sus regadores para recaudar fondos. Pese a eso el éxito final estaba cerca y ya los alrededores de Macul mostraban los beneficios del riego. Pero el sueño no resultó tan fácil de realizar.
Estaba todo dispuesto. Las bocatomas se abrirían y el agua circularía por el acueducto recién construido hasta llegar a San Joaquín. Pero Matías Ugareta no previó que el agua alcanzaría tal fuerza que tardaría sólo media hora en destruir la obra que tanto trabajo y dinero le había costado.
Alejandro González, director de la Junta de Vigilancia de la 5ª Sección del Río Mapocho
Ocho días después se cerraron las bocatomas para cortar el agua y 25 cuadras del canal estaban destruidas. Ugareta se enfermó gravemente de “fiebres malignas” y a los pocos días no aguantó tanto fracaso. Descubrieron su cuerpo flotando en el cauce que había construido. Hoy se lo recuerda como el primer suicida del Canal San Carlos.
Recién en 1820 el Director Supremo, Bernardo O`Higgins, dio el vamos para que se reanudaran las obras, pero seis años después los trabajos aún continuaban. En 1827 sucedió, otra vez, lo peor: un temporal, como ésos que azotan de vez en cuando a la cuenca, dañaron las bocatomas y el primer tramo del canal. Había que comenzar de nuevo.
Domingo Eyzaguirre, un destacado agricultor de la época, decidió poner punto final al asunto. Pidió que se cedieran todos los derechos del canal a los propietarios de los regadores para que éstos los terminaran de una vez por todas.
El lugar de nacimiento del río Maipo en la alta cordillera
Y resultó. En 1827 los regantes se asociaron bajo un pacto de unión y nació la primera asociación de canalistas del país: La Sociedad del Canal de Maipo, con Eyzaguirre como primer Presidente. Por fin, en 1829, las aguas llegaron a 90.000 ha de los alrededores de Santiago. El valle de “rulo” entre los ríos Mapocho y Maipo se hizo fértil.
Hoy el sistema de conducciones de agua del Maipo ha crecido y mucho. Cuenta con 634 canales, la mayoría de los cuales se ubican en los ríos Maipo y Mapocho. En la zona hay cerca de 33 mil usuarios de agua, organizados en 37 Asociaciones de Canalistas y 37 Comunidades de Agua. Como juntas de Vigilancia están constituidas la Primera Sección del Río Maipo y la Primera y la Quinta del río Mapocho, como también las de los esteros Codigua, Arrayán y Agua Fría.
Es tanto el crecimiento que la DGA ha decretado el cierre de la cuenca, es decir, no se otorgan más derechos de aprovechamiento de agua.
Santiago, una megaciudad en crecimiento
En la actualidad el factor más visible y de mayor impacto de la cuenca es su urbanización: es lejos la más poblada de Chile. Más de seis millones de personas viven en ella, lo que representa cerca del 40% de la población del país. El 93 % de esta población se concentra áreas urbanas, resultando una densidad de 292,1 habitantes/km2. El uso urbano de la superficie de la cuenca: ciudades, pueblos y zonas industriales, da cuenta de 58.220 ha de excelente tierra agrícola.
Santiago, la ciudad más poblada del país, abarca una superficie de 2.265 km2, concentrando el 78% de la población urbana de la cuenca. El crecimiento de Santiago ya ha alcanzado a algunas ciudades cercanas como San Bernardo, Padre Hurtado y Puente Alto, antaño poblados independientes, que se fueron incorporando poco a poco a la capital.
La contaminación hídrica de la cuenca del Maipo es un problema con el que tienen que lidiar día a día las organizaciones de usuarios y las autoridades de la región. Es el alto precio que paga el riego al desarrollarse en una zona en que se concentra la mayor parte de la actividad económica, industrial, política, comercial y cultural del país.
Los canales y ríos que pasan por zonas urbanas sufren los estragos de cruzar la ciudad más grande de Chile. “El tener cauces inmersos en una ciudad es un problema permanente porque la gente los utiliza como basureros. Eso nos ha obligado a entubar toda nuestra red de canales secundarios y ahora estamos comenzando a cubrir los canales grandes”, dice Orlando Peralta, Ingeniero Jefe de la Sociedad del Canal de Maipo, la que tiene cubierta el 73,5 % del total de su red de 200 km canales. “Todo el mundo bota basuras dentro de los canales. Dentro del canal El Bollo he sacado hasta citronetas. En Lo Barnechea había de todo: colchones, estufas, perros y vacas muertas”, cuenta Carmen Herrera, administradora del canal El Bollo.
Además siempre está latente el riesgo de accidentes. Como el acontecido este año, cuando un camión que se dirigía a la ex Disputada de Las Condes se volcó en la Quebrada del Cañaveral, derramando 17 mil litros de petróleo. El diesel se esparció por los canales e impactó durante dos meses a las plantas de agua potable que se abastecen de las aguas del río Mapocho.
Carmen Herrera, administradora del canal El Bollo
La cuenca del Maipo es responsable de la mayor parte del Producto Interno Bruto del país y muestra un ritmo de crecimiento por encima del promedio nacional. Allí se concentra el 53 % del total de las industrias del país, un 95 % de ellas ubicada en la cuenca del río Mapocho.
Debido a que Santiago está casi completamente revestido de cemento, el agua que aportan las ocasionales grandes lluvias no se infiltra en el suelo, lo que aumenta los caudales y la turbidez del agua en los cursos fluviales. Es un panorama conocido por todos los santiaguinos: ríos y canales hasta el borde o el desborde, y calles inundadas.
Los privados y la calidad del agua para riego
Muchas organizaciones de canalistas ven con temor el aumento de las conexiones ilegales hacia sus canales. “Hay viviendas que me han tirado aguas servidas directo del baño al canal. Yo les tapo los desagües, así se les reviente la casa. Es difícil localizar los tubos cuando los ponen a ras de piso. Si el canal lleva mil litros es imposible, pero cuando se seca para limpiarlo los pillamos. En un sector encontré más de cinco”, cuenta Carmen Herrera, administradora del canal El Bollo.
La preocupación va en aumento porque el crecimiento de la ciudad va asentando poblaciones en localidades antes rurales. Los canalistas recelan de los efluentes de pequeñas plantas de tratamiento que se depositan en sus aguas: “Como están de sensibles los mercados en la actualidad y con lo complicados y exigentes que están los norteamericanos, este problema tiene tremendamente nerviosos a los agricultores, que en su mayoría son exportadores. Se nos asegura que la calidad del agua va a ser buena, pero ¿qué va a pasar después? Este tema se está desordenando y no abordando como se debería”, asegura Javier Carvallo, gerente de la 1ª Sección del río Maipo, quien manifiesta que el asunto ya está en la carpeta de la Federación de Juntas de Vigilancia.
En Chile se están elaborando normas secundarias para cada uno de los ríos del país, cuyo objetivo es velar por la calidad del agua de los cauces naturales. Durante la consulta pública de las normas secundarias del río Maipo, muchos involucrados enfatizaron sobre la necesidad de extender esa normativa a los cauces artificiales (canales). “No se puede normar para dar solución a todos los problemas de la región en un solo documento. Pensamos comenzar a estudiar el problema. Buscar el mejor método de regulación que podría ofrecer el estado pensando que el de los canales es un sistema privado”, afirma Pamela Zenteno, del área de ordenamiento territorial y recursos naturales de la CONAMA.
El crecimiento de la ciudad hacia zonas rurales provoca que la gente tire basura a los canales de riego
Pero las soluciones, para muchos, son urgentes. Por ejemplo para Alejandro González, exportador de cebollas y director de la Junta de Vigilancia de la Quinta Sección del Río Mapocho. El 27 de enero del 2005 tomó una muestra del canal San Miguel y para su tranquilidad comprobó que la calidad del agua había mejorado ostensiblemente, ya que esta se situaba dentro de la Norma Chilena 1.333 de calidad de las aguas.
Un año después volvió a repetir el ejercicio en la bocatoma del canal y no quería creer los resultados. El índice de coliformes fecales y de Escherichia Coli llegaban a 1,3 x 100.000 nmp/100ml, cifras muy alejadas de la norma. “Yo financié los análisis para poder certificar mis exportaciones y para ver cómo estaba funcionando las plantas de tratamiento La Farfana y el Trebal. La solución que creemos posible es pedir a Aguas Andinas externalizar diariamente los análisis de los efluentes de sus plantas y publicarlos en su página web, porque esto es muy grave”.
Los primeros pasos para cuidar el agua
La contaminación amenaza el desarrollo sustentable de la agricultura de la región. Para enfrentar el problema la CONAMA está en la fase final de la elaboración definitiva de las normas secundarias para el Maipo. Estas normas establecen parámetros y fijan las cantidades máximas de determinadas sustancias en los cauces naturales y tienen como objetivo la conservación del medio ambiente y la protección de las actividades económicas más sensibles. La finalidad de las normas primarias de la calidad del agua es proteger la salud de la población y se aplican en todo el país por igual. En cambio, para la elaboración de la norma secundaria se considera los elementos específicos de cada cuenca, así como también el uso que se le da al agua.
Javier Carvallo, gerente de la J de V de la 1ª Sección del Maipo
También en los últimos años se inició un ambicioso programa cuya finalidad es sanear completamente la cuenca del Maipo. Primero se atacó a la contaminación industrial. Se exigió a todas las industrias, a través del D.S. 90, que caracterizaran y luego trataran sus descargas (riles) en plantas propias o contratando los tratamientos en una empresa de servicios sanitarios. Se fijaron los límites máximos permitidos y se dio un plazo de 5 años (termina en septiembre de 2006) para que las industrias ya establecidas cumplan con las exigencias. En tanto las nuevas industrias deben cumplir desde el inicio de sus actividades.
El D. S. 90 define la carga media diaria de más de 40 parámetros: temperatura, pH, sólidos suspendidos, hidrocarburos, DBO5 (Demanda Bioquímica de Oxígeno a 5 días), etc. El camino no ha estado libre de obstáculos. En febrero de este año la SISS (Superintendencia de Servicios Sanitarios) anunció que 19 empresas de la RM podían ser clausuradas por no cumplir con la norma.
Normas Secundarias para el río Maipo
Hoy es el turno de las normas secundarias, las que fijan parámetros según criterios de protección, tanto de los recursos hídricos como de la flora y fauna. “La norma sigue el concepto de cuenca integrada y un principio geográfico de gestión: si bien nuestra región no tiene mar, la norma regula hasta la desembocadura del río Maipo al mar”, explica Pamela Zenteno, del Área de Ordenamiento Territorial y Recursos Naturales de CONAMA. Organismo que en la actualidad se aboca a estudiar las sugerencias recibidas en la Consulta Pública y a la elaboración de las normas definitivas.
El río Maipo en el cajón del mismo nombre
Para analizar la situación de la cuenca se la dividió por tramos: zonas alta, media y baja, y también en virtud de los distintos afluentes del sistema. Las primeras conclusiones fueron alentadoras. Gracias a la activación del D. S. 90 la calidad de las aguas ha mejorado notablemente en la mitad de la cuenca, la zona más impactada por estar en la parte media de la capital.
Para la cuenca del Maipo se establecieron 23 parámetros de calidad. “Se proponen distintas calidades, desde la calidad de agua más prístina que es la calidad de excepción, hasta una calidad tres que es el mínimo objetivo de calidad que el país se está definiendo para sí, que sirven para bebida de animales. Pueden existir malas calidades más allá de la clase tres, pero sólo en condiciones naturales”, explica Pamela Zenteno.
Tras la etapa de Consulta Pública llegaron más de 30 observaciones a la CONAMA. Organizaciones como Viñas de Chile y empresas como Papeles Cordillera aseguran que el cauce donde depositan sus efluentes está totalmente agotado y que éste se compone en un 100 por ciento de riles, por lo que la norma de calidad sería el Ril. “Estamos evaluando dónde es posible ajustar los datos sin deteriorar el ecosistema y donde simplemente no se puede”, enfatiza Zenteno.
Otro grupo pide incorporar nuevos tramos. “Lo que implicaría un aporte notable de la DGA al sistema de monitoreo. Si a eso se añade que la DGA está llevando otros 8 procesos en otras cuencas, entonces es un esfuerzo increíble”, asegura Pamela Zenteno. Por eso aboga por un esfuerzo conjunto entre entes privados y públicos, sobre todo para el monitoreo. Ya hay 60 fuentes identificadas de contaminación y ahora el desafío es localizar las fuentes de contaminación difusa. “Si bien el monitoreo es una obligación intransferible del Estado, es mucho más efectivo cuando el privado se involucra y se forma una comunidad”, sostiene. Algunos ya lo están pensando. Como la Junta de Vigilancia de la Primera Sección del Río Mapocho (JVPSRM), que proyecta instalar tres estaciones de control en los ríos Molina y San Francisco, y en el estero de Yerba Loca. “La idea es controlar el caudal y algunos parámetros que nos permitan determinar la calidad de las aguas. El plan es después entregar las estaciones a la DGA para que las opere en tiempo real”, señala el gerente de la JVPSRM, Roberto Araya.
de hidrogeneración de la SCM en el río Maipo
Hay otras empresas que se preguntan si estas normas no están cambiando las reglas del juego y otros especulan sobre el aumento de tarifas, por ejemplo, en la red de agua potable. “Obviamente que es preocupante que por un plan de descontaminación suban las tarifas. Razón por la que somos cuidadosos, revisamos tramo por tramo y valor por valor, ya que queremos que sea un sistema justo”, concluye Zenteno.
Aguas claras
Otro desafío de la cuenca más poblada del país es la demanda de agua potable. Se calcula que cada persona necesita 233 litros de agua en un día. Si multiplicamos ese volumen por el número de habitantes de la RM, resulta que cada día se consumen más de 1.500 millones de litros de agua potable.
Para cerrar el ciclo, luego de utilizada, gran parte de esa agua es desechada a los sistemas de alcantarillado de la ciudad y luego arrojada a los ríos cuyas aguas riegan los vegetales que consumimos. Es el círculo de la contaminación.
Aguas Andinas enfrenta grandes exigencias. Se le encargó descontaminar el 100 % de las aguas servidas de la RM, para lo que contará con tres grandes plantas de tratamiento: La Farfana, El Trebal y Los Nogales, más otras 13 plantas menores. El proyecto, que involucra una inversión de US$ 780 millones, se completará en tres años más (2009) cuando entre en funcionamiento la planta de Los Nogales (6,6 m3/s) que tratará las aguas residuales del sector norte de Santiago.
El enorme sistema se maneja desde el centro de operaciones de Aguas Andinas, donde se gestiona el ciclo de agua y se administran los 23.532 km de las redes de agua potable y servida, que cubren 650 km2. La empresa además dispone de 237 estanques, donde almacena el agua ya potabilizada, 67 plantas elevadoras y 135 estaciones reguladoras.
En la actualidad, de las tres plantas grandes funcionan El Trebal y La Farfana. La primera, con una capacidad de tratamiento promedio de 4,4 m3/s, demandó una inversión de US$ 150 millones y comenzó a funcionar en noviembre del 2001. El Trebal descontamina las aguas servidas de 1.7 millones de habitantes de las áreas sur y sur-poniente de Santiago, el 25 % del total de las aguas contaminadas de la capital. Agua que podría ser usada para regar 57.800 ha agrícolas.
La Farfana descontamina el 50 % de las aguas servidas de la capital y en su construcción se invirtieron alrededor de US$ 315 millones. Tiene una capacidad media de depuración de 8,8 m3/s y recicla el agua consumida por más de 3 millones de habitantes. Cuando comenzó a funcionar en octubre del 2003 su operación no pasó desapercibida. Los malos olores que despedía motivaron la indignación de los vecinos y el enfrentamiento de Aguas Andinas con las autoridades. “El de Aguas Andinas es un proyecto de alta tecnología, pero si la gente no es la adecuada, ni la mejor tecnología va a resolver los problemas”, declaraba Soledad Ubilla, Directora del Sesma de la época.
Lo que sucede es que el tratamiento del agua servida no sólo genera agua potable, si no que además toneladas de lodos orgánicos. La solución para la disposición final de esos lodos puede ser llevarlos a vertederos, depositarlos en el océano, incinerarlos o integrarlos a los suelos agrícolas. Alternativa, esta última, promovida por Aguas Andinas.
En febrero de este año la COREMA aprobó el Estudio de Impacto Ambiental (EIA) presentado por Aguas Andinas que propone trasladar los lodos residuales al relleno sanitario de Til Til. El proyecto representa una inversión de US$ 21,2 millones y fue autorizado por sólo cinco años, después de lo cual Aguas Andinas deberá presentar otro EIA.
Acuífero Cerrado
Zona Saturada. Esa es la decisión que tomó la DGA sobre el Acuífero Central (5.351 km2), que incluye los sectores hidrológicos de Til Til, Chacabuco-Polpaico, Lampa, Colina Sur, Santiago Norte y Santiago Central, todos ubicados en la RM. Según Ignacio Popelka, Director de Compañía Chilena de Perforaciones, las aguas subterráneas son una excelente alternativa para el riego: “El agua subterránea es ideal para el riego porque es cristalina, no tiene sedimentos, no obstruye los filtros y sobre todo, al tener que bomberla, se hace un uso eficiente de ella, pues involucra un costo”.
Tras varios estudios la DGA concluyó que el caudal máximo a otorgar era inferior a la demanda sobre el agua del acuífero. Por ejemplo, en Lampa la disponibilidad era de 1.234 l/s y la demanda de 1.919 l/s. La DGA además estableció que ha habido un descenso sostenido de los niveles de los acuíferos desde el año 1984, lo que se traduce en un riesgo generalizado de los niveles estáticos en el largo plazo. Por tanto, a recarga se haría insuficiente para sostener la explotación.
Debido a la imposibilidad de medir directamente las aguas subterráneas, los estudios se realizan en base a modelos. En ellos se simula la magnitud, la profundidad, la recarga y la extracción de agua, en base a distintas técnicas y softwares. “Los modelos tienen márgenes de error por lo que el Código de Aguas dispone de una herramienta como es entregar derechos provisionales de aprovechamiento. El área de restricción nos permite pasar de la modelación teórica a la constatación empírica. La DGA modela un acuífero, calcula su capacidad y otorga un 25 % más de la capacidad estimada del acuífero, suponiendo un margen de error de hasta en un 25%”, explica el Director de la DGA, Rodrigo Weisner.
Pero Ignacio Popelka, sostiene que aún se puede extraer más caudal del Acuífero Central. “Chile es un país absolutamente lleno de aguas subterráneas. Ni hablar de la cuenca del Maipo, que tiene un superávit enorme”, enfatiza. Asegura que en sus 25 años de experiencia, con más de 1.200 pozos perforados, nunca ha recibido el reclamo de un cliente por una baja de caudal.
Pero el director de la DGA insiste. “Ya no existe la posibilidades de solicitar nuevos derechos de aprovechamiento. Pero eso no significa que un interesado no pueda acceder a derechos de aprovechamiento Quiere decir que por la constitución del derecho de aprovechamiento no puede, pero sí puede a través del mercado. Existe un gran caudal de agua constituido como derechos de aprovechamiento, mucho más agua de la que se utiliza, y si la gente tiene interés puede comprar derechos y después hacer un traslado al lugar que quiera”.
Para Popelka existe un error técnico al considerar pozos a obras incompletas o poco profundas. “Los pozos incompletos nunca llegan a atravesar el acuífero. Sólo podemos decir que hay un menoscabo real al aprovechamiento si existe una obra completa. Además solamente se puede renovar aquel volumen de agua que se haya usado. Si tú no usas un acuífero y el acuífero está lleno, no se va a volver a rellenar”, declara. Además sostiene que el valor del litro por segundo en las cuencas cerradas ha aumentado de 0 a 5 millones de pesos por litro. “Los precios lo determina el mercado. La DGA otorga derechos en la medida en que los estudios técnicos así nos lo permiten, el precio del recurso es inferior cuando hay posibilidad de constituir nuevos derechos y sube cuando no se pueden constituir. Que sean estratosféricos o no va a depender del mercado. Mi impresión es que no van a llegar a ser altos ya que hay muchos derechos de aprovechamiento constituidos”, explica Weisner.
El director de la DGA afirma que a través de su página web pondrán a disposición del público toda la información sobre dónde están los derechos y quiénes son los propietarios.
Artículo publicado en revista Chileriego Edición Nº 26.
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