InicioRiego Dr. Samuel Ortega-Farías, director del CITRA: “Hay agricultores que subemplean la tecnología”
Dr. Samuel Ortega-Farías, director del CITRA: “Hay agricultores que subemplean la tecnología”
martes, 17 de junio de 2008
Director del Citra, autor de un sinnúmero de publicaciones científicas y uno de los pocos investigadores chilenos dedicados 100 por ciento al riego, el ingeniero agrónomo y doctor en modelamiento biomatemático, Samuel Ortega-Farias, apuesta al trabajo con estaciones meteorológicas para regar en forma más eficiente e incluso para predecir la disponibilidad del agua y el ciclo de crecimiento de la planta.
El Centro de Investigación y Transferencia en Riego y Agroclimatología (Citra) no tiene una historia tan larga como su nombre. Pero en menos de una década, las investigaciones de este centro de la Universidad de Talca han generado impactos relevantes en el sector agrícola. Desde 1994 trabajan en el uso de estaciones meteorológicas para la programación del riego y uno de los resultados más concretos ha sido el ahorro entre un 30% y 60% de agua en riegos por goteo, un índice alto si consideramos las importantes pérdidas de agua que ocurren cada día. En maíz semillero, gracias a la utilización de esta tecnología, lograron aumentar los rendimientos entre un 14 y 32% e incrementaron la calidad de mostos y vinos en un 30%. Hace dos temporadas, lograron reducir las pérdidas por deshidratamiento de las bayas del cv Merlot, de un 60% a sólo un 5%. La lista de proyectos y resultados, por cierto, es interminable.
“Hay agricultores que riegan mal y subemplean la tecnología”, señala el Doctor Samuel Ortega-Farías.
“Hay agricultores riegan mal y subemplean la tecnología”, sostiene Samuel Ortega-Farias, doctor en modelamiento biomatemático y actual director del Citra. El especialista está convencido de que para producir un mejoramiento en el riego no basta en invertir en equipos de riego, “sino que además es necesario mejorar la operación y enseñar al agricultor a aplicar sus tiempos de riego en forma apropiada. En general, el agricultor coloca el sistema de riego por goteo, pero no se preocupa de su operación ni de cómo aplicar el agua en la forma adecuada. Nos llamó mucho la atención encontrar excesos de agua de hasta un 60% en viñas de las regiones VI y VII”, resume.
— ¿A qué se deben esos excesos de agua?
— Puro desconocimiento. Hace unos años realizamos una encuesta entre los agricultores de las regiones IV, VI y VII y les preguntamos qué información utilizaban para programar el riego. Nos encontramos con la gran sorpresa de que el 98% de ellos no medían las propiedades físicas del suelo para regar. Es fundamental saber la capacidad de almacenamiento de agua del suelo que tenían y no conocían esa información, les preguntamos qué equipos usaban y respondían que bandejas, pero más de el 70% no las sabía usar y más encima, estaban en malas condiciones de mantención. Hoy existen muchas, pero hay un problema. No existe una estandarización en la instalación de las estaciones ni ubicación de los sensores. Los agricultores piensan que la estación durará para siempre y no es así porque es necesario hacer una mantención y recambio de sensores cada cierto tiempo. Además, no están en referencia como indica la FAO. El agricultor no usa información y existe un déficit en las capacitaciones. Debemos enseñarles de otra forma: usando el computador, empleando planillas Excel, empleando ecuaciones… Sólo así se les puede sacar mayor provecho y utilidad a esta tecnología.
Sólo en la VI y VII Región existen más de 100 estaciones meteorológicas automáticas en manos de empresas, pero son pocas las que riegan con ellas. Si uno mira con más detalle, muchas están en pésimas condiciones de mantención y existe casi nulo análisis de la calidad de los datos.
— Cuando habla de estandarización en la instalación, ¿con qué situaciones se ha encontrado?
— Para usar una estación meteorológica en la programación del riego se necesita, entre otras cosas, que esté sobre una cubierta de pasto de entre 5 a 10 cm, pero el agricultor las instala en cualquier parte, por ejemplo, sobre la viña o el cultivo y esas no son las condiciones adecuadas. Cuando se aplica la ecuación de Penman-Monteith (ecuación utilizada para calcular la evapotranspiración), no funciona porque ésta fue desarrollada para las condiciones de referencia. Es un estándar meteorológico que no se cumple y que está descrito en la FAO. Tampoco cumplen con la altura a la que deben estar los sensores. Por ejemplo, los sensores de temperatura, humedad relativa y velocidad del viento tienen que estar a una altura de dos metros y hemos visto sensores de humedad relativa insertos dentro del follaje. Otro tema es la calibración de modelos de evapotranspiración. Las empresas que venden estaciones dicen que éstas entregan la evapotranspiración, pero para obtenerla hay que calibrar las ecuaciones del balance de energía y funciones aerodinámicas para que entreguen esos datos en forma correcta. En el Citra hemos calibrado los balances de energía y la ecuación de Penman-Monteith, pero cuando las usamos sin calibrar hemos encontrado errores de hasta un 40% en las estimaciones de la evapotranspiración. Hoy tenemos calibrada la ecuación de Penman-Monteith y es posible incluirla las estaciones meteorológicas. Nuestro siguiente paso es unir eso a las imágenes satelitales con el fin de asociarlas con los modelos meteorológicos. Así, el agricultor podrá tener una visión global de su campo con las imágenes satelitales unido al tema de consumo de agua.
— ¿Qué falta para dar un salto cualitativo en programación del riego?
— No basta con comprar equipamiento. Se necesita contar con un programa de validación tecnológica. No podemos seguir copiando modelos de afuera porque nos hemos dado cuenta —gracias a los trabajos más científicos que hacemos en el Citra— que hay serios problemas de calibración. Nosotros les decimos a los agricultores que realicen un determinado trabajo, lo hacen y los datos que obtienen los aplican, pero los resultados no son satisfactorios y eso ocurre porque las tecnologías no están bien calibradas a nuestras condiciones.
Una investigación del Citra permitió reducir las pérdidas por deshidratamiento de bayas en Merlot de un 60 a un 5%.
Un trabajo que desarrollaron el Citra y la CNR en 1999, se concretará en 2006 cientos de kilómetros más al norte de Talca. Se trata del Servicio de Programación y Optimización del Agua de Riego (SEPOR), en la Cuenca del Limarí, el cual estará bajo la dirección del INIA y la Universidad de la Serena. El proyecto consiste en la implementación de un servicio de pronóstico de riego en el Valle del Limarí que permitirá optimizar el uso del agua de riego, lo que se traducirá en un aumento de la superficie cultivada y de la seguridad de riego. “También entregará datos relacionados con variables agroclimáticas pueden ser usados para el pronóstico de riesgos fitosanitarios y de heladas. Además, se establecerán parcelas de validación para estudiar los estudiar los coeficientes de cultivos, otro de los problemas que tienen los agricultores”.
— En Chile se desarrollan los coeficientes de cultivos?
— En muy raras ocasiones nos encontramos con coeficientes nuestros. Nos hemos dado cuenta que los coeficientes de cultivos que entrega la FAO no se adaptan a nuestras condiciones y ese es otro campo a desarrollar. Cuando se establecen las parcelas demostrativas, hay que orientar el trabajo fundamentalmente a la validación, calibración y desarrollo de coeficiente de cultivos.
— ¿Cuál es el mayor problema que ha visto en la introducción de estaciones meteorológicas?
— Que no sacas nada con tener un tremendo equipo si el agricultor o agrónomo no lo sabe usar. A mi me espanta ver estaciones que sólo son usadas para obtener temperaturas máximas o mínimas. Esto se puede solucionar si se establecen programas de transferencia donde se capacite a los profesionales a usar las tecnologías de la información.
Los maiceros aumentan sus rendimientos
Los resultados que ha obtenido el Citra tras aplicar esta tecnología no han dejado indiferente a los productores. Aunque sus investigaciones se han centrado en viñedos y maíz semillero, han realizado proyectos de riego en manzanos, olivos, arándanos y mora híbrida. Y en cada uno de los casos han observado las mismas deficiencias: “el agricultor aplica un exceso de agua y las cargas de agua no están acordes al periodo de crecimiento de la planta y a las condiciones específicas de suelo y clima”, precisa Ortega-Farias.
Un ejemplo es el proyecto que desarrollaron en maíz semillero entre los años 2001 y 2004. “Junto con ANASAC establecimos estaciones meteorológicas en las regiones VI, VII y RM, con el objetivo de traspasar a los agricultores cómo aplicar riegos de forma correcta al maíz. En este proyecto usamos estaciones meteorológicas automáticas en combinación con bandejas de evaporación para programar el riego en maíz regado por surco. Además, realizamos en cada semillero mediciones de las propiedades físico-hídricas del suelo y fenología de la planta. Como centro, trabajamos con grandes empresas y productores, pero lo interesante de este proyecto es que se ejecutó con pequeños agricultores —que tenían entre 10 y 50 hectáreas—. Con la ayuda de esta tecnología el primer año logramos rendimientos superiores entre un 14 y 32 por ciento. Cuando vieron esos números, los agricultores comenzaron a mirar con buenos ojos a esta tecnología y ya al segundo año esperaban nuestras recomendaciones. Esto me tiene muy contento pues demostramos que es posible transferir una tecnología sofisticada a los pequeños y medianos agricultores, cuando existe un apropiado programa de transferencia”.
Solución para los viticultores
Otra investigación del Citra generó importantes impactos entre los viticultores de la VII Región, tras disminuir las pérdidas por deshidratación prematura de bayas en la cepa Merlot. El problema se debe en una rápida pérdida de agua desde la pinta en adelante, cuando la fruta no ha alcanzado aún la concentración de azúcares mínimas para ser cosechadas. En Australia, este problema se ha descrito para la cepa Syrah, muy cerca de la cosecha, generando pérdidas de hasta un 25%. En Chile, comienza a manifestarse a partir de la pinta y lo que es más grave es que su causa aún es desconocida, aunque este problema podría estar asociado a una irrupción del flujo de agua hacia la baya producto de una desorganización de los vasos xilemáticos. Las pérdidas por este desorden varían entre un 20 a 80 por ciento en el país. “Las bayas deshidratadas tienen una alta acidez, no toman color y permanecen rosadas hasta la cosecha y el problema podría ocasionar pérdidas en la calidad del vino debido a la generación de aromas y sabores extraños del mosto”, precisa.
— ¿Por qué se produciría este problema?
— Podría estar relacionado al estatus hídrico de la vid, el cual está determinado por las interacciones no lineales entre el suelo, cultivar y clima. Además, el potencial hídrico de la planta podría estar indirectamente relacionado con el manejo agronómico del viñedo, donde el manejo del agua, la relación copa/raíz y la carga frutal juegan un papel importante en la distribución del agua entre los racimos y el follaje. Entonces, un estrés hídrico producido en el periodo cercano a la pinta puede inducir el deshidratado prematuro de las bayas, especialmente en condiciones de alta demanda atmosférica asociado a un riego deficiente o un desequilibrio del viñedo. En estas condiciones se produce una pérdida de agua desde las bayas hacia el follaje, la cual no es recuperada debido a una reducción significativa de la conductividad hidráulica de los vasos xilemáticos dentro de la baya.
Después de tres temporadas, los viticultores del Maule se quitaron de encima un tremendo problema. Y si antes las pérdidas llegaban al 60%, tras la intervención del Citra sólo llegan al 5%.
Junto con ANASAC el CItra estableció estaciones meteorológicas para enseñar a los agricultores cómo regar correctamente el maíz.
— ¿Cómo atacaron el problema?
— Lo hicimos viendo las raíces y el bulbo mojado con la finalidad de determinar qué frecuencias de riego debíamos usar. Para reducir el porcentaje de pérdidas fue preciso medir el equilibrio entre la planta y el suelo. El problema se presentaba porque los agricultores tienen suelos muy delgados y los bulbos mojados almacenaban 4 litros de agua, pero la planta necesitaba 20 litros. Los agricultores suministraban esos 20 litros, pero lo hacían en uno o dos riegos, aún cuando el bulbo toleraba sólo 4 litros, entonces se perdían hasta 16 litros, dependiendo de la frecuencia del riego. ¿Qué hicimos? Planificamos cuidadosamente el riego para evitar crecimientos en primavera y estrés entre pinta y cosecha y, aumentamos las frecuencias de riego —incluso dos riegos diarios—. Asimismo, recomendamos que se debía incorporar materia orgánica sobre el camellón para mejorar la capacidad de estanque del suelo, en los suelos con mala infiltración lateral propusimos poner dos goteros para lograr un mejor traslape de los bulbos, uso racional de la fertilización nitrogenada para evitar un excesivo vigor en primavera y un manejo adecuado de la poda y del follaje para tener un viñedo equilibrado sin excesos de vigor.
— Si hablamos de riego, ¿cuál es el principal problema de los viticultores hoy?
— Optimizar el uso del agua y conocer cuál es el momento apropiado para regar. Por ejemplo, a los agrónomos de la Viña San Pedro les interesa saber en qué momento deben dar el primer riego. Para ellos es crucial porque así juegan con el agua para producir estrés. Tradicionalmente, comenzaban a regar en octubre, pero tras monitorear la humedad, recomendamos que el riego se diera a finales de diciembre. Para la próxima temporada tendremos que ver cómo vienen las lluvias, pero probablemente habrá que adelantar los riegos.
— ¿Por qué ha ocurrido eso?
— Porque no se ha entendido el tema. Los agricultores le dan mínimo valor al uso de estaciones meteorológicas, mientras que a una maquinaría sí le dan valor y están dispuestos a pagar mucho por ella. Pero así como vamos y con todos los problemas que hay con la variabilidad del clima de un año a otro, una estación es tan o más valiosa que una maquinaria agrícola. Los agricultores no la valoran, el tema no ha sido entendido muy bien y no hemos sido lo suficientemente agresivos para darlo a conocer entre los agricultores.
— ¿Qué cree que falta para seguir desarrollando el uso de esta tecnología?
— Nos estamos quedando atrás, aún cuando en Chile existe la tecnología y el know how, pero todo pasa porque los agricultores entiendan y valoren el uso de esta tecnología. Hecho de menos una política global que incentive el uso de esta tecnología. He tenido conversaciones con el Ministro de Agricultura y el Secretario Ejecutivo de la CNR y están dispuestos a incentivar su utilización. Estamos trabajando en propuestas para ver qué se puede hacer en este tema de aquí al próximo año. La CNR la incentivará a través de las organizaciones de regantes porque alguien tiene que hacerse responsable. La idea es que Chile puede contar con un gran centro aglutinador de información, algo similar a lo que se hace en el extranjero.
Con el cambio climático no se juega
El cambio climático es un problema real en el sector agrícola. Hasta ahora, quienes más se han preocupado son los meteorólogos y los geógrafos, pero se ha hecho poco en el tema productivo. “Basta que nos fijemos en lo que ocurre en EE.UU., donde el cambio climático está afectando el crecimiento de los cultivos. Por ejemplo, todo el cordón del maíz se está desplazando hacia el norte porque las temperaturas son más altas. El régimen de precipitaciones ha ocasionado que los agricultores dejen algunos cultivos y opten por otros. Otro ejemplo es el impacto que tiene sobre la acumulación térmica, los grados día”, ejemplifica. Esta es otra área de estudio que esta abordando el equipo de investigadores que lidera Ortega-Farias.
Mediciones de parronales de los profesionales del Citra.
— ¿Cómo ayudan las estaciones meteorológicas para predecir fenómenos climáticos?
— Los modelos con que trabajamos, en base a la información climática, pueden perfectamente predecir, por ejemplo, la disponibilidad del agua y el ciclo de crecimiento de la planta. Podemos saber cuándo va a tomar color y en qué momento cosechar, información importante sobre todo si viene un cambio climático anormal, estos modelos nos facultan para pronosticar dichos fenómenos.
— ¿Los agricultores están conscientes de lo que se avecina?
— Es un tema que no lo tienen muy internacionalizado. Yo hablo con ellos y me dicen ‘yo no creo en el cambio climático’, pero existe una evidencia tremenda que está afectando la distribución de las precipitaciones y el agua. El año pasado participé en un congreso mundial sobre recursos hídricos en EE.UU. y el 90 por ciento de los trabajos estaba relacionado con el cambio climático, lo que denota la preocupación de los estadounidenses por su efecto en la disponibilidad de recursos hídricos. No es por ser alarmista, pero tenemos que prepararnos para los cambios que vendrán y así minimizar los efectos negativos. Esta temporada no llovió entre febrero y abril, cayó un poquito de agua en mayo y llovió mucho a mediados de junio. El tema de la distribución de las precipitaciones está cambiando. Antes estaba todo más estructurado. A veces los productores no entienden por qué tienen producciones más bajas y eso se puede deber a que la primavera fue más fría o calurosa. La primavera pasada hubo calor, entonces la planta reaccionó al calor, pero después comenzó a hacer mucho frío, cayeron heladas y se quemaron yemas. Tenemos que prepararnos para enfrentar estos fenómenos, más aún cuando existen las tecnologías para alertar al agricultor sobre una anomalía climática.
Actualmente, Ortega-Farias trabaja con un grupo de investigadores franceses de Montpellier, Avignon y Burdeos para establecer modelos de simulación que, una vez validados, sean capaces de construir escenarios futuros que optimicen el uso del agua en viñedos. “Hoy estamos en junio y ya estamos pensando en cómo será la próxima temporada. Pensamos que venía sequía pero cayó mucha agua. Entonces, con estos modelos podemos crear diferentes escenarios climáticos y ver qué podría pasar y sobre eso, tomar medidas. En dos años esperamos tener calibrados e implementado los modelos”.
— ¿Cuál será la orientación de los próximos trabajos del Citra?
— Estamos apuntando al riego de precisión y la incorporación de tecnología de la geomática. Apuntamos al uso de SIG, de sistemas satelitales y de GPS, es decir, todo lo que es la tecnología de información aplicada al riego. Nos falta manejar y procesar esa información y cómo entregársela al agricultor para que la digiera lo más rápido posible. Como Citra, hemos trabajado a nivel predial solucionando problemas a los agricultores. Esperamos dar un salto más macro y analizar los recursos hídricos a nivel regional o de una cuenca. Para ello, se requiere instalar una red agrometeorológica en el Maule y estamos trabajando en ello. Me interesa mucho que la información generada sea de carácter público y que sirva como herramienta en la toma de decisiones de las autoridades.
Artículo publicado en revista Chileriego Edición Nº 26.
Para complementar los avances logrados por el Citra en nuestro pais, encontre una interesante tesis con respecto al tratamiento de deshidratacion de bayas del merlot por medio de productos biotecnologicos en la siguiente direccion: http://www.avancebt.com/noticias/?p=69
Guest
2. 24-07-2008 17:11
equipamiento y servicio
En base a lo planteado por don Samuel, invito a revisar la página www.gesconriego.cl, empresa que se dedica a la comercialización, puesta en marcha y asesoría tecnica en el uso de tecnologías.
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