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Estrategias para un Manejo Moderno del Oídio de la Vid |
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Escrito por Fernando Riveros B. Ing. Agr. M. Sc.
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lunes, 01 de octubre de 2007 |
El oidio de la vid durante mucho tiempo fue definido como una enfermedad típica de la zona norte de Chile.
En esas condiciones el patógeno se presenta anualmente y puede alcanzar niveles de importancia económica si no es controlado adecuadamente.
A partir de la temporada 2003 - 2004 y coincidentemente, con la detección por primera vez en Chile de estructuras sexuales de Uncinula necator, la enfermedad provocó un fuerte impacto económico en toda el área de producción vitivinícola, afectando a cultivares de uva de mesa, uva para vino y uva pisquera. En función de esto, pasó a ser considerada a nivel nacional, como la principal limitante fitosanitaria de la vid.
El patógeno tiene facultad para afectar todos los tejidos verdes de la planta, de esta forma, brotes y hojas son especialmente susceptibles cuando están tiernos. La enfermedad es particularmente importante cuando la infección se expresa a nivel de las bayas. Sobre la cutícula de estas estructuras desarrolla crecimientos de color gris blanquecino, de aspecto polvurulentos que rápidamente pueden ocasionar partiduras en las bayas infectadas. Este síntoma es provocado por la detención de la división celular en la epidermis, justo en una época donde los tejidos de la pulpa continúan su expansión y ejercen una alta presión sobre tejidos epidérmicos dañados por el hongo. Fotos de hojas, bayas y madera afectada por el patógeno.
Para esta enfermedad no existe control genético, es decir, todos los cultivares de vid son susceptibles y por consiguiente, el control químico es el único medio de protección contra el patógeno. Entre los factores ambientales, la temperatura juega el rol mas importante, toda vez que determina en forma directa la evolución del patógeno. Estudios realizados bajo condiciones controladas han demostrado que en su rango de temperaturas óptima, el patógeno tiene la capacidad de desarrollar cada 5 días una nueva generación de esporas. Tabla de temperaturas.
Históricamente los programas diseñados para el control de la enfermedad se iniciaban con brotes 30 cm y consideraban en todas las variedades de vid, floración e inicios de cuaja como estados de alta susceptibilidad. Los programas estaban basados en aplicaciones de azufre, fungicidas inhibidores de la biosíntesis de esteroles (IBE) y en la última década habían incluido fungicidas del grupo de la estrobilurinas. Utilizados adecuadamente los diferentes ingredientes activos siempre ejercieron eficientes niveles de protección. En el caso del azufre, se trata de un fungicida relativamente específico, con una pobre retención sobre los tejidos tratados, que se utiliza en intervalos de aplicación de 5 a 10 días. Los fungicidas IBE aparecieron en el mercado nacional en la década de los 80, existe un gran número de ingredientes activos que pertenecen a este grupo y por su alta efectividad, inicialmente fueron utilizado en períodos de protección que variaron entre 18 y 21 días.
El alto nivel de infección y el impacto económico alcanzado por la enfermedad, en muchas localidades cuyos programas de control habían sido exitosos hasta la temporada 2003 2004, sugirió la necesidad de analizar y estudiar diferentes factores que podrían haber contribuido a modificar el comportamiento del patógeno.
Condiciones Ambientales
Para determinar la contribución del ambiente en los cambios observados en la epidemiología de la enfermedad, se utilizó el modelo de predicción, desarrollado por Gubler en la U. California ( 1996). Este modelo había sido validado experimentalmente en localidades con alta presión de la enfermedad en la zona norte de Chile y posteriormente fue utilizado en forma comercial, en programas de manejo integrado de enfermedades durante las temporadas 2001 y 2002. El modelo está basado en la temperatura diaria que afecta la relación patógeno - planta, calcula un índice de riesgo, que permite determinar con un alto grado de precisión, el momento en que se presentan condiciones para la infección inicial de U. necator. Una vez que se inicia el ciclo de la enfermedad ,este índice permite ajustar las aplicaciones en función del tipo de fungicida y la condición de temperatura registrada después de la última aplicación.
En este caso, para analizar la contribución del ambiente se utilizó información de estaciones metereológicas establecidas dentro de los mismos predios, o sensores de temperatura que habían sido establecidos dentro del mismo parrón. En este análisis, el modelo de predicción fue una herramienta muy útil para establecer que en un porcentaje importante de los casos analizados, donde los programas no habían ejercido un control aceptable de la enfermedad , la protección con fungicidas se había iniciado mucho tiempo después que se habían presentado las condiciones de temperatura requeridas por el patógeno para infectar primariamente los tejidos de las plantas. En la totalidad de estas localidades, los programa de control se había iniciado recién cuando los brotes habían alcanzado 30 cm de largo ( estado donde históricamente se realizaba la primera aplicación fungicida), sin embargo, el patógeno había encontrado condiciones favorables para su infección , desde el estado fenológico de yema algodonosa, es decir mucho antes de la brotación Figuras 2y 3 .
En las figuras 2 y 3. se presenta información entregada por el modelo de predicción en una localidad de producción precoz del valle de Copiapó donde la enfermedad produjo un severo daño económico. En la primera figura se presenta el Indice de Riesgo. De acuerdo a esto, la localidad presentó condiciones de infección a partir del 29 de junio, antes de alcanzar brotes 30 cm. En la figura 2 es posible observar que la localidad mantuvo condiciones de infección muy altas ( índices de riesgo entre 80 y 100), desde mucho antes que se iniciara la protección fungicida.
Fungicidas.
La forma en que fueron utilizados los fungicidas fue otro factor que contribuyó significativamente a la alta incidencia que alcanzó le enfermedad, especialmente en localidades de la V y VI Región.
Para analizar este factor, se recurrió a la información generada a partir de ensayos de campo que se establecen anualmente en diferentes localidades de producción, con el objeto de verificar y mantener actualizado el comportamiento de los fungicidas que se utilizan comercialmente para el control de la enfermedad . Los resultados de estos ensayos demostraban que hasta la temporada 2003, fungicidas de los grupos IBE y Estrobilurinas exhibían porcentajes de control cercanos al 100 %, cuando eran utilizados en intervalos de aplicación de 14 a 16 días. A partir de la temporada 2004 los resultados de estos ensayos, establecidos en las mismas localidades de producción revelaron un cambio importante en el comportamiento de esos fungicidas, puesto que al ser utilizados en intervalos de 14 días entre cada aplicación, exhibieron en forma consistente porcentajes inferiores a 75 % de control. Al utilizar esta información para comparar intervalos de aplicación utilizados versus el nivel de control alcanzado por programas comerciales, se comprobó en la mayoría de los programas que habían empleado fungicidas IBE, lo habían hecho considerando períodos de protección superiores a 14 días. Esta situación determinó que estados fenológicos de alta susceptibilidad, como son floración e inicio de cuaja, fueron mantenidos sin protección fungicida por períodos que variaron entre 4 y 7 días. Comúnmente este efecto que se denomina como “ventana”, sirvió para explicar infecciones particularmente severas en aquellas variedades mas susceptibles a la enfermedad como son Crimson Seedless y Thompson Seedless.
El deficiente control de la enfermedad durante las temporadas 2004 2005 obligó en aquellos parrones infectados, a recurrir a tratamientos “curativos”, los cuales fueron aplicados una vez que la enfermedad había alcanzado una alta incidencia y severidad. Generalmente este tipo de estrategias se basa en la aplicación repetida en cortos intervalos de tiempo (cada 5 días), de los mismos fungicidas IBE que se aplican dentro del programa de control. Se debe dejar establecido, que para el oidio de la vid, una vez declarada la infección, este tipo de tratamientos contribuirá escasamente en la limpieza del material afectado. Por otra parte la, experiencia indica que en la medida que no se obtienen los resultados esperados, los usuarios suben indiscriminadamente las dosis fungicidas, ejerciendo una fuerte presión de selección en la población del hongo y las infecciones que se mantienen hasta el final de la temporada son causadas por los individuos mas resistentes a fungicidas, los cuales ya estaban presentes dentro de la población.
La reducción en el período de protección de diferentes fungicidas IBE fue reportada en California por Gubler en 1996. Estudios de campo y laboratorio relacionaron el fenómeno con una pérdida de sensibilidad de la población de U. necator a aquellos fungicidas que habían sido utilizados en forma mas intensa. Este mismo fenómeno fue reportado últimamente para fungicidas pertenecientes a las Estrobilurinas por Wilcox (2003). En Chile estudios para verificar la sensibilidad existente en poblaciones de U. necator a IBE fueron realizados por primera vez en el 2001. Los resultados de esta investigación, demostraron que hasta esa temporada, la población del patógeno estaba integradas por individuos que presentaban altos niveles de sensibilidad a los fungicidas IBE mas utilizados. El nivel de sensibilidad que presentaban los aislamientos del hongo, era comparable a la que presentaban individuos de una población silvestre, es decir individuos que nunca habían recibido tratamientos con este tipo de fungicidas. Adicionalmente a esto, en el campo, aplicaciones cada 14 días de fungicidas IBE aseguraban un completo control de la enfermedad. Nuevos estudios de laboratorio realizados con muestras colectadas al final de la temporada 2005 desde parrones infectados entre la III y VI Región, mostraron una frecuencia importante de individuos cuya sensibilidad a fungicidas IBE era significativamente mas baja que la sensibilidad observada en el 2001. Este resultado también fue consistente con el menor porcentaje de control determinado en ensayos de campo para este tipo de fungicidas. En el caso de los fungicidas IBE mas antiguos, este comportamiento podría estar relacionado con su larga historia de uso. Sin embargo, estudios de campo y laboratorio han relacionado directa o indirectamente este fenómeno con una mayor variabilidad genética dentro de la población de U. necator y la fuerte presión de selección ejercida sobre ella, especialmente, cuando se ha empleado en forma repetida y sostenida fungicidas de similar sitio de acción dentro de los programas de control y en forma mas acentuada cuando se ha debido recurrir a las diversas estrategias “curativas”.
Respecto de la variabilidad genética en la población de U. necator ,diversas investigaciones han intentado demostrar el cumplimiento completo del ciclo sexual del patógeno, es decir, que esporas de origen sexual ( ascoporas), representan una nueva fuente de inóculo primaria de la enfermedad y por consiguiente, responsables de la mayor variabilidad genética detectada en las ultimas temporadas. Sin embargo, la única evidencia concreta respecto a esto, es la formación por cuarta temporada consecutiva de estructuras de resistencia de origen sexual. Estas estructuras denominadas cleistotecios se han formado al final de cada temporada desde el 2004 y actualmente se encuentran distribuidas ente Copiapó y Curicó. Foto cleitotecios
Actuales Estrategias de Manejo
La información obtenida desde unidades experimentales y parrones comerciales en las tres últimas temporadas ha permitido identificar diversos factores que se relacionan con la situación actual del oidio de la vid. Uno de estos factores ha sido la época en que se iniciaron los programas de control, la cual en la mayoría de resultó ser tardía para las condiciones que presentó la enfermedad., por consiguiente, una primera consideración al respeto , será iniciar la protección de las plantas cuando sus brotes presenten 5 a 10 cm de longitud.
Técnicamente, un programa de control químico debe estar considerar las características de la variedad , las características de la localidad de producción y las características de los fungicidas que se pretenden emplear .
Variedad
Tal como se había comentado inicialmente, todas las variedades de uva de mesa son susceptibles al oidio de la vid. Sin embargo, algunas variedades que son menos susceptibles que otras, en determinadas condiciones ambientales, pueden incrementar su nivel su susceptibilidad. Entre las variedades de uva de mesa Crimson Seedless y Superior han sido reconocidas como las de mayor susceptibilidad. En general el carácter de susceptibilidad se ha relacionado con aquellas variedades vigorosas y de gran crecimiento vegetativo, sin embargo, Moscatel de Alejandría un cultivar de uva pisquera que es considerado lejos, como el de mayor susceptibilidad a la enfermedad, presenta escaso desarrollo vegetativo y gran parte de las estructuras del racimo pueden ser profusamente colonizadas por el patógeno.
En el cuadro 1 se presentan un ordenamientos relacionado con la susceptibilidad que presentan diferentes cultivares de uva de mesa. Esta comparación realizada en un área de producción precoz con condiciones altamente favorables a la enfermedad, la susceptibilidad relativa de cada variedad se determinó arbitrariamente respecto de la susceptibilidad del cultivar Moscatel de Alejandria.
Localidad
Generalmente localidades que presentan condiciones favorables para el desarrollo del oidio de la vid, también presentan condiciones favorables para el crecimiento de las plantas. En función de esto, el ambiente imperante en cada localidad y especialmente sus características térmicas, determinan el comportamiento de las variedades frente a la enfermedad y el grado de protección necesario para evitar su efectos negativos.
La mayor disponibilidad de estaciones metereológicas en los predios, ha permitido utilizar el Indice de Riesgo que entrega el modelo de predicción desarrollado por a U. C.Davis, para comparar y caracterizar ambientalmente las diferentes localidades de producción.
En las etapas iniciales del ciclo de crecimiento de las plantas, para dar inicio a la infección del patógeno,la localidad debe presentar por 3 días consecutivos períodos no inferiores a 6 horas, con temperaturas entre 22 y 29 °C. Cuando esta condición se ha cumplido, el Indice de Riesgo presentará un valor de 60 puntos puesto que se asignan diariamente 20 puntos cuando la localidad cumple este requisito de temperaturas óptimas. En etapas mas avanzadas del crecimiento de las plantas, las condiciones ambientales de la localidad determinan que el Indice de Riesgo pueda fluctuar entre 0 y 100. Valores que oscilan entre 60 y 100 puntos, se relacionan a condiciones de temperatura que estimulan la reproducción del patógeno cada 5 días, al mismo tiempo que valores en el Indice de Riesgo que fluctúan entre 0 y 30 indican que el patógeno está en una lenta fase de reproducción ( 15 días).
En aquellas localidades con condiciones muy favorables a la enfermedad, el Indice de Riesgo presentará permanentemente valores superiores a 60.En estos casos es recomendable que programas de control diseñados para este tipo de ambiente, consideren la rapidez con que el hongo formará nuevas generaciones de esporas y la exposición constante de nuevas estructuras vegetativas que presentará la planta. Para estas condiciones será muy adecuado asignar a los fungicidas el período de protección mas cortos entre los recomendados por el fabricante.
Caracterísicas de los fungicidas
Frente a la situación actual de la enfermedad la rotación de fungicidas, es una estrategia de gran importancia para abordar el concepto de programas anti resistencia. El término rotación se refiere al empleo de una secuencia que alterne ingredientes activos de diferentes grupos químicos dentro del programa, de esta forma, se evita las aplicaciones consecutivas de un mismo fungicida, o de fungicidas distintos, pero de similar similares características químicas. Para determinar la secuencia dentro de la rotación,se deben considerar las características de cada fungicida, especialmente, su modo de acción sobre la planta, su mecanismo de acción sobre el patógeno y el grupo químico al cual pertenecen.
Por su modo de acción sobre la planta, los fungicidas pueden ser clasificados como protectantes ,curativos o erradicantes. Adicionalmente a esto, pueden tener acción de contacto o pueden actuar sistémicamente. Como su nombre lo indica, fungicidas protectantes, previenen el establecimiento del patógeno y por consiguiente solo actúan eficazmente, cuando son aplicados antes de la infección. Acción curativa y /o erradicante se refieren a aquellos fungicidas que generalmente penetran a la planta y controlan las patologías solo cuando son aplicados en estados iniciales de infección. Como acción sistémica se define a fungicidas que penetran a la planta y son transportados a cierta distancia del punto de aplicación, esta característica es de gran utilidad para proteger los puntos de crecimiento de las plantas y se alcanza una alta eficacia de control, cuando son aplicados en estados iniciales de infección. Fungicidas de contacto y con acción preventiva como el azufre actúan sobre diferentes sitios metabólicos del patógeno lo cual le confiere un bajo riesgo de resistencia. Por el contrario, aquellos ingredientes activos con acción sistémica, como es el caso de los inhibidores del esterol, actúan selectivamente sobre el metabolismo del hongo, característica que les puede conferir un riesgo de resistencia mayor.
Los fungicidas con eminente acción oidicida se incluyen en los grupos químicos de: inhibidores del esterol (IBE), estrobilurinas, quinolinas y recientemente a carboxanilides. En el primero de estos se ubica gran parte de los fungicidas que han sido utilizados intensivamente para el control de la enfermedad. Se trata de ingredientes activos con acción preventiva y curativa, de carácter sistémico, que afectan la membrana celular y actúan sobre sitios muy específicos del metabolismo del hongo. Esta última propiedad determina que eventualmente el patógeno pueda desarrollar resistencia gradualmente en el tiempo. Fungicidas pertenecientes al grupo de las Estrobilurinas , presentan acción preventiva, son considerados como potentes inhibidores de la germinación de esporas. Actúan en sitios muy específico de la cadena respiratoria del hongo, debido a esto, moléculas de este grupo han sido clasificadas como de un alto potencial de resistencia. Ingredientes activos de los grupos quinolinas y carboxanilides , son grupos que recientemente han entrado al mercado y por consiguiente de menor uso en el control de la enfermedad.
Regiones donde U.necator ha presentado un comportamiento similar al observado en Chile, han logrado mantener un adecuado control de la enfermedad en el tiempo, integrando y utilizando estrategias similares a las descritas en este artículo. Adicionalmente a esto, información generada en investigaciones nacionales y extranjeras ha demostrado que las pautas establecidas para el manejo de la enfermedad definen de una manera muy marcada las características propias que tendrá la población patógena particular de esa localidad y por consiguiente determinará el grado de dificultad que presentará el control químico del patógeno en futuras temporadas.
Artículo publicado en Redagrícola Edición Nº 18, Septiembre, 2007. |
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