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Estrategias para un Manejo Moderno del Oídio de la Vid PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Fernando Riveros B. Ing. Agr. M. Sc.   
domingo, 11 de mayo de 2008

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El oidio de la vid   durante mucho tiempo fue definido  como una enfermedad típica de la zona norte de Chile. En esas condiciones el patógeno se presenta  anualmente y  puede   alcanzar  niveles de importancia económica si no es controlado adecuadamente.

A partir de la temporada 2003 -  2004   y coincidentemente, con la detección  por primera vez en Chile de estructuras sexuales  de Uncinula necator, la enfermedad provocó  un fuerte impacto económico en toda el área de producción vitivinícola, afectando a  cultivares de uva de mesa, uva para vino y uva pisquera. En función de esto,  pasó a ser considerada  a nivel nacional, como la principal limitante fitosanitaria  de la vid.

El patógeno  tiene facultad para  afectar todos  los tejidos verdes de la planta, de  esta forma, brotes  y  hojas  son especialmente susceptibles cuando están tiernos. La enfermedad  es particularmente importante cuando la infección se expresa   a nivel de las bayas. Sobre  la cutícula de estas estructuras  desarrolla crecimientos  de color gris blanquecino, de   aspecto polvurulentos que rápidamente  pueden ocasionar  partiduras  en  las  bayas infectadas. Este síntoma es provocado por la detención de la división celular en  la epidermis, justo en una época donde los tejidos de la pulpa continúan su expansión y ejercen una alta presión sobre tejidos epidérmicos dañados por el hongo. Fotos de hojas, bayas  y madera afectada por el patógeno.

Para esta enfermedad no existe control genético, es decir,  todos los cultivares de vid  son  susceptibles  y  por consiguiente,  el control químico es el  único medio  de protección contra el patógeno.  Entre los factores ambientales, la  temperatura juega el  rol  mas importante, toda vez que determina  en forma directa la evolución del patógeno. Estudios realizados  bajo condiciones  controladas han demostrado que  en  su rango de  temperaturas  óptima, el patógeno tiene la  capacidad  de desarrollar cada 5 días una nueva generación  de esporas. Tabla de temperaturas.

Históricamente los programas  diseñados para el  control de la enfermedad se iniciaban con brotes 30 cm  y  consideraban en todas las variedades de vid, floración  e inicios de cuaja como estados de alta susceptibilidad. Los programas  estaban basados en aplicaciones de azufre, fungicidas inhibidores de la biosíntesis de esteroles (IBE) y en la última década  habían  incluido fungicidas del grupo de la estrobilurinas. Utilizados adecuadamente los diferentes ingredientes activos siempre ejercieron  eficientes niveles de protección. En el caso del azufre, se trata de un fungicida relativamente específico, con una pobre retención sobre los tejidos tratados, que se utiliza en intervalos de aplicación de 5 a 10 días. Los  fungicidas IBE aparecieron en el mercado nacional en la década de los 80, existe un gran  número de ingredientes activos  que pertenecen a este grupo  y  por su alta efectividad, inicialmente  fueron utilizado en   períodos de protección que variaron  entre 18  y 21 días.

El  alto nivel de infección  y el impacto económico alcanzado por la enfermedad, en muchas localidades cuyos programas de control habían sido exitosos hasta la temporada 2003 2004, sugirió la necesidad  de  analizar y  estudiar   diferentes factores que podrían haber contribuido a modificar  el comportamiento  del patógeno.

Condiciones Ambientales

Para determinar la contribución del ambiente en los cambios observados en la epidemiología de la enfermedad,  se utilizó   el modelo de predicción, desarrollado por Gubler  en  la U. California ( 1996). Este modelo había sido validado experimentalmente en  localidades  con  alta presión de la enfermedad  en  la zona norte de Chile  y  posteriormente  fue  utilizado en forma comercial, en programas de manejo integrado de enfermedades durante las  temporadas    2001 y 2002.
El modelo está  basado  en la  temperatura diaria que afecta la relación
patógeno  -  planta, calcula  un índice de riesgo, que permite determinar con un alto grado de precisión, el momento  en que se presentan condiciones para la infección inicial  de U. necator. Una vez que se inicia el ciclo de la enfermedad ,este  índice permite ajustar las aplicaciones en función del tipo de fungicida y   la condición de temperatura registrada después de la última aplicación.

En este caso, para analizar la contribución del ambiente  se utilizó información de estaciones metereológicas  establecidas dentro de los mismos predios, o sensores de temperatura  que habían sido establecidos dentro del mismo parrón. En este análisis, el modelo de predicción  fue una herramienta muy útil  para establecer que en  un porcentaje importante de  los casos analizados, donde los programas no habían ejercido un control aceptable de la enfermedad , la protección con fungicidas se había iniciado mucho tiempo después que se habían presentado las condiciones de temperatura  requeridas por el patógeno  para infectar primariamente los tejidos de las plantas. En la totalidad de estas  localidades, los  programa de control se había  iniciado recién cuando los  brotes habían alcanzado  30 cm  de largo ( estado donde históricamente  se realizaba la primera aplicación fungicida), sin embargo, el patógeno había encontrado condiciones favorables  para su infección , desde el  estado fenológico  de yema algodonosa, es decir mucho  antes de la brotación Figuras 2y 3 .

En las figuras 2 y 3. se presenta  información entregada por el modelo de predicción en una localidad de producción precoz del valle de Copiapó donde la enfermedad produjo un severo daño económico. En  la primera figura se presenta el Indice  de Riesgo. De acuerdo a esto, la  localidad  presentó condiciones de infección a partir del 29 de junio,  antes de alcanzar brotes 30 cm. En la figura 2 es posible observar que la localidad mantuvo condiciones de infección muy altas ( índices de riesgo entre 80 y 100), desde mucho antes que se iniciara la protección fungicida.


Fungicidas.

La  forma en que fueron utilizados los fungicidas fue otro factor que contribuyó    significativamente   a  la alta incidencia que alcanzó le enfermedad, especialmente   en localidades  de la V  y  VI Región.

Para analizar este factor, se recurrió  a la información generada a partir de  ensayos de campo que se establecen anualmente en diferentes localidades de producción, con el objeto de  verificar y mantener actualizado el comportamiento  de los fungicidas  que se utilizan comercialmente  para el control de la enfermedad .
Los resultados de estos ensayos demostraban  que hasta  la temporada 2003, fungicidas de los grupos IBE  y  Estrobilurinas  exhibían  porcentajes de control cercanos al 100 %, cuando eran  utilizados  en intervalos de aplicación de 14 a 16 días. A partir de la temporada 2004  los resultados de estos  ensayos, establecidos  en las mismas localidades de producción  revelaron  un cambio importante en el comportamiento  de  esos  fungicidas, puesto que al ser utilizados  en intervalos de 14 días entre cada aplicación, exhibieron  en forma consistente  porcentajes inferiores a 75 %  de control.
Al utilizar esta información para  comparar  intervalos de aplicación  utilizados  versus  el nivel de control  alcanzado por  programas comerciales, se comprobó en la mayoría de  los  programas  que habían  empleado fungicidas IBE, lo habían hecho considerando períodos de protección   superiores a 14 días. Esta situación  determinó  que  estados fenológicos de alta susceptibilidad, como son floración e inicio de cuaja,  fueron mantenidos sin protección fungicida  por  períodos que variaron  entre  4  y  7 días.
Comúnmente  este efecto que se denomina  como  “ventana”, sirvió para explicar infecciones  particularmente severas en aquellas variedades mas susceptibles  a  la enfermedad  como son Crimson Seedless  y  Thompson Seedless.

El deficiente  control de la enfermedad durante las temporadas 2004 2005 obligó  en aquellos parrones  infectados, a recurrir a tratamientos “curativos”, los cuales fueron aplicados una vez  que  la enfermedad había alcanzado una alta incidencia y severidad. Generalmente este tipo de estrategias se basa en la aplicación repetida en cortos  intervalos de tiempo (cada 5 días), de los mismos fungicidas IBE que se aplican  dentro del programa de control.
Se debe  dejar  establecido, que para  el oidio de la vid,  una vez declarada la infección, este tipo de tratamientos contribuirá escasamente  en la limpieza del material afectado. Por otra parte la,  experiencia indica que  en la medida que no se obtienen los resultados esperados, los usuarios suben indiscriminadamente las dosis fungicidas, ejerciendo una fuerte presión de selección en  la población del hongo y las infecciones que se mantienen hasta el final de la temporada  son causadas por los individuos mas resistentes a  fungicidas, los cuales ya estaban presentes dentro de  la población.


La  reducción  en el período de protección  de diferentes  fungicidas IBE  fue reportada en California  por Gubler en 1996. Estudios de campo y laboratorio relacionaron el fenómeno con una pérdida  de sensibilidad  de la población de U. necator  a aquellos fungicidas que habían sido utilizados en forma mas intensa. Este mismo fenómeno  fue reportado últimamente para fungicidas  pertenecientes a las Estrobilurinas  por  Wilcox  (2003).
En Chile  estudios para verificar  la sensibilidad existente en  poblaciones de U. necator  a  IBE fueron  realizados  por primera vez en el  2001. Los resultados  de esta investigación, demostraron  que hasta  esa temporada,  la población del patógeno  estaba integradas por  individuos que  presentaban altos  niveles de sensibilidad  a  los fungicidas IBE  mas utilizados. El  nivel de sensibilidad  que presentaban  los  aislamientos del hongo, era comparable a la  que presentaban individuos de una  población  silvestre, es decir   individuos que nunca habían recibido tratamientos con este tipo de fungicidas. Adicionalmente a esto, en  el campo, aplicaciones cada 14 días de fungicidas IBE aseguraban un completo control de la enfermedad.
Nuevos estudios de laboratorio realizados con  muestras  colectadas al final de la temporada 2005 desde  parrones infectados   entre la III  y  VI Región, mostraron una frecuencia importante de individuos cuya sensibilidad  a fungicidas IBE era significativamente mas baja que la sensibilidad observada  en el 2001. Este resultado también fue consistente con el menor porcentaje de control  determinado  en ensayos de campo para este tipo de  fungicidas. En el caso de los fungicidas IBE mas antiguos, este comportamiento podría  estar relacionado con  su  larga historia de uso. Sin embargo, estudios de  campo y laboratorio han  relacionado directa o indirectamente este fenómeno  con  una mayor variabilidad genética  dentro de  la población de U. necator  y  la  fuerte presión  de selección   ejercida sobre ella, especialmente, cuando se ha empleado en forma  repetida y sostenida  fungicidas de similar sitio de acción dentro de los  programas de control  y   en forma mas  acentuada  cuando se  ha debido  recurrir  a las diversas estrategias  “curativas”.

Respecto de la variabilidad genética  en la población de U. necator ,diversas investigaciones   han  intentado demostrar  el cumplimiento completo del ciclo sexual del patógeno, es decir,  que esporas de origen sexual ( ascoporas), representan una nueva  fuente de inóculo primaria de la  enfermedad y  por consiguiente, responsables de la mayor variabilidad genética detectada  en las ultimas temporadas. Sin embargo, la única evidencia concreta respecto a esto, es la  formación  por cuarta temporada consecutiva de estructuras de resistencia de origen sexual. Estas estructuras  denominadas cleistotecios  se han formado  al final de cada temporada  desde el 2004  y  actualmente se encuentran distribuidas  ente Copiapó  y  Curicó. Foto cleitotecios


Actuales Estrategias de Manejo


La  información obtenida desde unidades experimentales  y  parrones comerciales en las tres últimas temporadas  ha permitido identificar diversos factores que se relacionan con la  situación actual  del oidio de la vid. Uno de estos factores  ha sido la época  en que se iniciaron los programas de control, la cual en la mayoría de resultó ser tardía para las condiciones que presentó la enfermedad., por consiguiente, una primera  consideración al respeto , será iniciar la protección de las plantas  cuando sus brotes  presenten 5  a 10 cm de longitud.

Técnicamente, un programa de control químico debe  estar considerar las características de la  variedad ,  las características de la localidad  de producción  y las características de los fungicidas que se pretenden emplear .

Variedad

Tal como se  había comentado inicialmente, todas las variedades de uva de mesa son susceptibles al oidio de la vid.  Sin embargo, algunas  variedades que son menos susceptibles que otras, en determinadas condiciones ambientales,  pueden incrementar su nivel su susceptibilidad. Entre las variedades de uva de mesa  Crimson Seedless  y  Superior   han sido  reconocidas como las de mayor  susceptibilidad. En general  el carácter de  susceptibilidad se ha relacionado  con aquellas variedades vigorosas  y de gran crecimiento vegetativo, sin embargo, Moscatel de Alejandría  un  cultivar de uva pisquera  que es considerado lejos, como el de mayor susceptibilidad  a la enfermedad, presenta escaso desarrollo vegetativo  y gran parte de las  estructuras del racimo  pueden ser profusamente colonizadas por el patógeno.

En el cuadro 1 se presentan  un ordenamientos relacionado  con la  susceptibilidad que presentan diferentes cultivares de uva de mesa. Esta comparación realizada  en un área  de producción precoz  con  condiciones altamente favorables a la enfermedad, la susceptibilidad relativa de cada variedad  se determinó  arbitrariamente  respecto de la susceptibilidad del cultivar Moscatel de Alejandria.

Localidad

Generalmente localidades que presentan  condiciones favorables para el  desarrollo del oidio de la vid, también presentan condiciones favorables para el crecimiento de las plantas. En función de esto, el ambiente  imperante en cada localidad y  especialmente sus características térmicas, determinan  el comportamiento de las variedades frente a la enfermedad   y  el grado de protección  necesario  para evitar  su efectos negativos.

La  mayor disponibilidad de estaciones metereológicas  en los predios,  ha permitido utilizar el Indice de Riesgo que entrega  el modelo de predicción  desarrollado  por a U. C.Davis, para comparar y caracterizar  ambientalmente las diferentes localidades de producción.

En las etapas iniciales del ciclo de crecimiento de las plantas, para dar inicio a la infección del patógeno,la localidad debe presentar  por 3 días consecutivos  períodos no inferiores a 6 horas, con temperaturas  entre 22 y 29 °C. Cuando esta condición se ha cumplido, el  Indice de Riesgo presentará  un valor de 60 puntos puesto que se asignan diariamente  20 puntos cuando la localidad  cumple este  requisito de  temperaturas óptimas. En  etapas mas avanzadas del crecimiento de las plantas, las condiciones ambientales de la localidad determinan  que el  Indice de Riesgo pueda fluctuar entre  0  y  100. Valores  que oscilan entre  60  y  100 puntos, se relacionan a condiciones  de temperatura  que estimulan  la  reproducción del patógeno cada 5 días, al mismo tiempo que valores en el   Indice de Riesgo que  fluctúan  entre  0  y  30 indican que el patógeno está en una  lenta fase de reproducción ( 15 días).

En aquellas localidades con condiciones muy favorables a la enfermedad, el Indice de Riesgo  presentará permanentemente valores superiores a 60.En estos casos es recomendable que  programas de control  diseñados para este tipo de ambiente, consideren la rapidez con que el hongo formará nuevas generaciones de esporas  y  la exposición constante  de nuevas estructuras vegetativas que presentará la   planta. Para estas condiciones  será muy adecuado asignar  a los  fungicidas  el   período de protección mas cortos entre los  recomendados por el fabricante.

Caracterísicas de los fungicidas


Frente a la situación actual de la enfermedad  la rotación de fungicidas,  es una estrategia de gran importancia para abordar el concepto de programas anti resistencia.  El término rotación se refiere al  empleo   de una secuencia que alterne  ingredientes activos de diferentes grupos químicos dentro del programa, de esta forma, se evita las aplicaciones consecutivas de un mismo fungicida, o de fungicidas distintos, pero de similar similares características químicas. Para determinar la secuencia  dentro de la rotación,se deben  considerar las características de cada fungicida, especialmente,  su modo de acción sobre la planta, su mecanismo de acción sobre el patógeno  y  el grupo químico al cual pertenecen.

Por su modo de acción sobre la planta, los fungicidas  pueden ser clasificados como protectantes ,curativos  o erradicantes. Adicionalmente a esto, pueden tener acción de contacto o pueden actuar sistémicamente. Como su nombre lo indica, fungicidas protectantes, previenen  el establecimiento del patógeno y  por consiguiente solo actúan eficazmente, cuando son aplicados antes de la infección. Acción  curativa y /o erradicante  se refieren a aquellos fungicidas que generalmente  penetran a la planta y controlan  las patologías  solo cuando son aplicados en estados  iniciales de infección. Como acción  sistémica se define a fungicidas que penetran a la planta  y son transportados a cierta distancia del punto de aplicación, esta característica es de gran utilidad  para proteger los puntos de crecimiento de las plantas y se alcanza una alta   eficacia de control, cuando son aplicados  en estados iniciales de infección.  Fungicidas de contacto y con acción preventiva  como el azufre actúan  sobre diferentes sitios metabólicos del patógeno lo cual  le confiere un bajo riesgo de resistencia. Por  el contrario, aquellos ingredientes activos con acción sistémica, como es el caso de los inhibidores del esterol, actúan selectivamente  sobre el  metabolismo  del hongo, característica que les puede conferir un riesgo de resistencia  mayor.

Los fungicidas con eminente acción oidicida  se incluyen en  los grupos químicos de: inhibidores del esterol  (IBE), estrobilurinas, quinolinas  y  recientemente a carboxanilides. En el primero de estos  se ubica  gran parte  de los fungicidas que han sido   utilizados intensivamente para el control de la enfermedad. Se trata de ingredientes activos con acción  preventiva y curativa, de carácter sistémico, que afectan la membrana celular y  actúan sobre  sitios muy específicos del metabolismo del hongo. Esta última propiedad determina que eventualmente el patógeno pueda  desarrollar  resistencia gradualmente en el tiempo. Fungicidas pertenecientes al grupo de las  Estrobilurinas , presentan acción preventiva, son considerados como  potentes inhibidores de la germinación de esporas. Actúan en sitios muy específico de la cadena respiratoria del hongo, debido a esto,  moléculas de este grupo  han sido clasificadas como de un alto potencial de resistencia. Ingredientes activos de los  grupos  quinolinas  y carboxanilides , son grupos que recientemente han entrado al mercado y por consiguiente de menor uso en el control de la enfermedad.

Regiones  donde   U.necator  ha presentado  un  comportamiento similar al observado en Chile, han logrado  mantener un adecuado control de la enfermedad en el tiempo, integrando y utilizando estrategias similares a las descritas en este artículo. Adicionalmente a esto,  información  generada en  investigaciones nacionales y extranjeras  ha demostrado que las  pautas establecidas para el manejo de  la enfermedad  definen  de una manera muy marcada  las características propias  que tendrá la población patógena  particular  de esa localidad  y  por consiguiente determinará el grado de dificultad que presentará el control químico del patógeno en futuras temporadas.



Artículo publicado en Redagrícola Edición Nº 18, Septiembre, 2007.

 
 
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