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Nuevas tecnologías: Trigo; no solo los precios cambian PDF Imprimir E-Mail
miércoles, 04 de junio de 2008
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Los precios del trigo se han disparado, lo mismo que los de otros cultivos anuales. La agricultura llamada “tradicional” está viviendo un fenómeno que podríamos denominar Cenicienta, mientras varias de sus “hermanastras” frutícolas pasan momentos de apuro por el bajo precio del dólar. Los stocks mundiales de cereales bajan y los valores suben. Aunque es probable que para la temporada que viene no se produzca el salto del año pasado, los expertos prevén una tendencia al alza moderada.

Por lo tanto, se puede ser optimista, pero sin dejarse llevar por la “fiebre del trigo”. Sobre todo cuando los costos de insumos como petróleo, fertilizantes y mano de obra apuntan a un incremento y los pronósticos climáticos ensombrecen el horizonte.

De manera que los agricultores no pueden esperar confiados a que venga el hada madrina con su varita mágica. Capitalizar los beneficios de esta bonanza y proyectarlos al mediano y largo plazo, independiente de los accidentes en las políticas de los grandes países productores, como Argentina, dependerá en gran medida de contar con tecnologías que aumenten la competitividad.

Contrariamente a la imagen que se tenía cuando los precios estaban en el piso, bajo los “harapos” y la “ceniza” se incubaba un fuerte avance en la innovación del cultivo de trigo. Una muestra, a continuación, de tres aportes que desarrolla el Instituto de Investigaciones Agropecuarias.

Agricultura de precisión en trigo

Todo agricultor que haya observado con detenimiento un campo de trigo, ha podido ver que en un mismo potrero el cultivo no crece de manera uniforme. Da gusto ver algunos sectores, mientras en otros uno llega a preguntarse si alcanzará para recuperar el valor de la semilla.

Es que el suelo presenta variaciones naturales, incluso en áreas muy próximas unas de otras. Por eso la “agricultura de precisión” usa tecnologías de avanzada dirigidas a responder ante las diferentes condiciones de textura, profundidad, nutrientes, materia orgánica, etc.

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Ensayos de trigo Pandora clearfield. Fotografía tomada de www.inia.cl/carillanca/noticia_54.php
La idea es que las plantas reciban con exactitud lo que necesitan, ni más ni menos, para alcanzar su máximo desarrollo, tanto en cantidad como en calidad. Esto significa hacer un uso eficiente de los insumos, con la posibilidad de bajar los costos o al menos sacar más provecho de lo invertido. Al mismo tiempo se traduce en proteger el ambiente, porque el fertilizante y los agroquímicos se aplican estrictamente en la cantidad que precisa el trigo.
Los implementos y herramientas de la agricultura de precisión nos acercan cada vez más al mundo de la robótica y la cibernética.

Una rastra eléctrica, por ejemplo, hace pasar corriente a través del suelo para determinar su conductividad. Con estos datos, más la toma de muestras de suelo, se hace planos computacionales de las distintas zonas del terreno.

Cámaras multiespectrales captan la luz infrarroja reflejada por las plantas y nos revelan sus niveles de vigor, en el índice NDVI (llamado así por su nombre en inglés: “normal differential vegetation index”, índice de diferencia de vegetación normalizado).

Si a los elementos anteriores les sumamos el uso de sistemas de información geográfica, SIG, mediante softwares especializados es posible delimitar los distintos sectores para proceder a un manejo diferenciado.

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Controladores computarizados y sistemas de navegación para la agricultura de precisión cubren la cabina de este “equipo de fumigación”. Imagen tomada de www.ciencia.nasa.gov
A la cosecha se instalan monitores de rendimiento en las automotrices, con sensores que determinan el rendimiento, el porcentaje de humedad y la superficie cosechada. Mediante un GPS (sistema de posicionamiento global) los parámetros indicados se registran de manera diferenciada para los diferentes lugares del potrero. ¿El nivel de precisión alcanzado? Los equipos indican lo obtenido para cada metro de superficie, de manera que cuando se vuelva a poner trigo en el mismo lugar, usted puede saber cómo manejar hasta el más mínimo rincón.

Chile muestra un avanzado desarrollo en la agricultura de precisión (AP) para frutales y viñas, pero no tanto en cultivos extensivos, como los cereales, donde los argentinos del INTA cuentan ya con vasta experiencia. Es por eso que los especialistas del INIA han firmado un convenio con ellos para incorporar su experiencia a un proyecto FIA, de carácter exploratorio, que busca introducir la fertilización diferencial y obtener un protocolo metodológico que permita aplicar la AP en trigo.

Trigos “clearfield”

Malezas como la avenilla, ballicas y cola de zorro generan grave daño en los trigales, entre ya que han ido adquiriendo resistencia a los agroquímicos. Esto debido a que algunos herbicidas ya no son capaces de poner freno a estas especies indeseadas. Las soluciones no son fáciles porque si se aumentan las dosis o si se utilizan otros productos, su toxicidad comienza a afectar a los propios cultivos que se quiere favorecer.

Frente a la situación descrita, la tecnología “clearfield” propone la intervención genética con el fin de obtener variedades mejoradas de una especie, haciéndolas capaces de resistir a una familia de pesticidas. Entonces esos productos se pueden aplicar sin peligro para que controlen las malezas resistentes.

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A la izquierda, imagen infrarroja aérea, A la izquierda, imagen infrarroja aérea, que exhibe variaciones importantes en las condiciones del cultivo. A la derecha, índice de diferencia de vegetación normalizado del mismo campo. Los verdes oscuros indican áreas donde el cultivo tiene mayor vigor. Las zonas menos saludables están en colores anaranjados. Imagen tomada de www.ciencia.nasa.govque exhibe variaciones importantes en las condiciones del cultivo. A la derecha, índice de diferencia de vegetación normalizado del mismo campo. Los verdes oscuros indican áreas donde el cultivo tiene mayor vigor. Las zonas menos saludables están en colores anaranjados. Imagen tomada de www.ciencia.nasa.gov
En trigo, INIA Carillanca, junto a BASF y CORFO, ejecuta el proyecto FONTEC “Introgresión de genes que confieren tolerancia a la imidazolinonas a variedades de trigo, mediante aplicaciones biológicas”. El título puede ser difícil de digerir, pero lo que los investigadores están haciendo es traspasar (introgresar) genes desde plantas donantes a nuevas variedades. Se trata de genes que dan la resistencia deseada a una clase de herbicidas (“imidazolinonas”), la cual controla las malezas ya indicadas.

El método no es transgénico, sino que utiliza cruzamientos naturales. Pero, siendo natural, en el proceso se trasmiten miles de otros genes que pueden afectar las características del cereal. Por lo tanto se utiliza la biotecnología para hacer un tipo de escáner a lo largo de su genoma. A través de un mapeo genético se traspasan las cualidades y se eliminan aquellos componentes que afectarían la productividad y el valor industrial.

Si bien la estrategia ya está siendo utilizada en otros países, el mérito de la Unidad de Biotecnología de INIA Carillanca es haber desarrollado un método de análisis genómico y cultivo in vitro que permite en un corto periodo de tiempo introgresar los genes requeridos. En cuatro años de estudios y evaluaciones se generaron tres variedades “élite” clearfield: Pandora, Kumpa y Dollinco. En condiciones reales de campo han mostrado tolerancia a las imidazolinonas, permitiendo usarlas contra malezas resistentes. Los ensayos efectuados no detectaron pérdida alguna de rendimiento y calidad en los nuevos cultivares.

En corto plazo estas semillas estarán disponibles para los agricultores, lo cual permitiría controlar con una sola aplicación de herbicidas la mayoría de malezas de hoja ancha y gramíneas, incluso las más rebeldes. El impacto se verá sobre los rendimientos, desde luego, y de “yapa” simplificará el trabajo.

Desde el punto de vista científico, los biotecnólogos de INIA Carillanca están felices pues el hecho de disponer de mapas genéticos más saturados de trigos harineros y candeales ha significado un gran paso en el análisis genómico en Chile.


Pan integral blanco


El pan de consumo diario, base nutricia de los chilenos, desde hace un tiempo está actuando como el malo de la película cuando la televisión nos muestra lo que debemos evitar para alejarnos del peligro de la obesidad, inevitablemente aparece el denostado sándwich chatarra. Las dietas basadas en el bajo consumo de carbohidratos suelen ubicarlo muy arriba en el escalafón de los enemigos públicos.

De acuerdo a Javier Zúñiga, bioquímico del INIA en la Región de La Araucanía, investigaciones recientes acerca del papel que juegan en la salud tanto la fibra dietética como los antioxidantes que contienen, podrían hacer cambiar esta visión si se revaloriza el rol del trigo y sus derivados. Estima el experto que las cualidades funcionales del trigo han sido poco difundidas hasta hoy y durante largo tiempo subestimadas.

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El pan integral podría ser blanco si se usaran harinas especiales.
Los granos de los cereales son ricos en fibra dietética. Pero como ésta se localiza principalmente en la cáscara, el consumo de harina blanca, de trigo refinado, aporta a las personas sólo una fracción de la fibra presente en el grano entero (cuadro 1).

Aunque se ha promovido el consumo de frutas y verduras como fuentes de antioxidantes, estos alimentos no tienen la exclusividad. El maíz y el trigo, y alimentos elaborados con estos granos, por ejemplo, son ricos en antioxidantes y poseen actividades comparables a las de frutas y verduras.

El aporte de fibra dietética de las harinas sería mayor si el trigo se moliera de modo que parte de la cáscara, o incluso el grano entero, se incorporaran al producto. Cantidades importantes de antioxidantes entrarían en la dieta de los consumidores, quienes se beneficiarían de todo su potencial nutritivo y funcional.

Las principales limitantes para la fabricación de estas harinas con más cáscara, son su tono oscuro y sabor más amargo. Volviendo al consumidor chileno, la mayoría de los ejemplares, ante la posibilidad de escoger, elige el pan más blanco.

El matiz oscuro y el gusto amargo se atribuyen a los pigmentos y a la enzima polifenol oxidasa (PPO), presentes en la cáscara de las variedades de trigo que dominan en Chile.


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Cuadro 1: Composición típica de macro y micronutrientes del grano de trigo y su distribución en distintos productos de molienda. Fuente: revista Tierra Adentro, elaboración de Javier Zúñiga basada en USDA-ARS, 2006 y National Public Health Institute, 2007.


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Cuadro 2: Actividades antioxidantes típicas de algunos alimentos elaborados con grano entero de cereales, frutas y verduras. Fuente: Jones y otros, 2002.


Sin embargo, por suerte existe el “trigo blanco”, cuya cáscara carece de pigmentos y posee muy bajos niveles de la enzima PPO. De su molienda, con “pellejo” y todo, se obtienen harinas de alta extracción más blancas y con un sabor más agradable que aquellas fabricadas con las mezclas comunes.

La disponibilidad de harina de alta extracción a partir de trigo blanco, permitirá a la industria de alimentos elaborar un rango importante de productos con más fibra y antioxidantes, como panes, barras de cereal, cereales para el desayuno, galletas, snacks, raciones escolares, tortillas y otros.

¿Por qué no se ha hecho antes? Bueno, porque el color de grano no basta: características como la textura, la cantidad de proteína, la fuerza del gluten y la actividad alfa-amilasa, entre otras, determinarán la funcionalidad de cada lote de trigo blanco cosechado.

Si estos aspectos se desarrollan en variedades más competitivas, los productores y la industria molinera podrían adoptar el trigo blanco como alternativa para diferenciar la producción respecto del trigo corriente, y así acceder a mercados especializados de mayor valor.

En Chile se comercializa semilla certificada de tres variedades de grano blanco, pero todas muestran altos niveles de actividad PPO. Por tanto no es posible decir que corresponden al concepto de trigo blanco. Aunque pueden ser buenas para comenzar experiencias piloto, son insuficientes para abastecer una demanda teórica del 20% del total cultivado en el país. Para superar éste y otros cuellos de botella, INIA ha iniciado un programa de investigación con un fuerte componente de biotecnologías para generar las primeras variedades de trigo blanco aptas para la fabricación de harinas de alta extracción y buena calidad.



Artículo publicado en Redagrícola Edición Nº 21, mayo de 2008.

 


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