Inicio Frutales y Viñas Valle de Copiapó: Optimismo pese a temporada complicada
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Valle de Copiapó: Optimismo pese a temporada complicada |
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jueves, 29 de mayo de 2008 |
 La uva de mesa en el Valle del Río Copiapó enfrentó un año difícil aunque, contra todos los pronósticos, logró aumentar levemente su producción.
La temporada pasada fue complicada para la producción de uva de mesa en el valle de Copiapó, Región de Atacama. Las bajas temperaturas en invierno, primavera y los primeros días del verano hicieron que la fruta se retrasara entre 20 y 30 días. Una situación que en un principio tuvo un buen impacto positivo, pero que pronto declinó. “Copiapó llegó con un mercado absolutamente desabastecido en Estados Unidos. No había fruta, la demanda fue muy alta y nuestra oferta muy poca, ya que nuestro atraso fue grande. Cuando Copiapó aumentó sus volúmenes, el precio comenzó a caer y después nos juntamos con las otras zonas de Chile”, recuenta Joseba Zugadi, jefe zonal de Aconex y presidente de Apeco (Asociación de Productores y Exportadores Agrícolas del Valle de Copiapó).
A pesar de las dificultades, la producción total de la Región de Atacama fue un 0,9 % mayor que la temporada anterior con 13.600.000 de cajas para 8.600 hectáreas. El precio de venta, sin embargo, fue más bajo. Según estimaciones de Apeco, sólo un 30 % se comercializó a buen precio. Otro tercio fue similar al año anterior y un 40 % estuvo bajo los estándares históricos.
Para Zugadi el objetivo es claro: subir los rendimientos en un 50 % o 70 % para hacer más rentable el negocio. De las 1.600 cajas que aproximadamente se producen por hectárea en el valle, hay que llegar a 2.500. “Hay que trabajar en investigación y desarrollo de variedades más resistentes. Tenemos que trabajar el manejo del riego para producir el doble de lo que se produce hoy en día”, comenta.
 El empresario Alfonso Prohensn en la última temporada bajó de cien cosecheros a setenta y logró un récord de producción. RAZONES DE UN AÑO DIFICIL
A los inconvenientes derivados de las bajas temperaturas, se sumó el descenso en el precio del dólar, que ha hecho que los agricultores perciban un ingreso entre un 20 % y un 30 % menor de lo facturado. En ello también ha repercutido en el costo de la energía, utilizada fundamentalmente para bombear agua de riego. El costo de la energía ha aumentado en un 100 % en sólo un año. “Se nos han duplicado los costos de extraer agua con energía eléctrica. Antes teníamos US$500 por hectárea y ahora son cerca de US$1.000”, dice Alfonso Prohens, socio y gerente de Agrícola Tres Soles. Por eso, si bien en la práctica casi la totalidad del valle está tecnificado, Zugadi destaca que se debe optimizar el riego. “Hay que trabajar con instrumentos que nos permitan saber si estamos regando bien o mal, cuándo hay que regar y cuándo hay que parar de regar. Hay que usar tecnología. Hoy día existe y no es de difícil acceso”.
Pero no sólo los precios del combustible y de la electricidad han registrado alzas considerables. También han subido los fertilizantes y los agroquímicos, encareciendo aun más los costos. Aunque uno de los ítems más preocupantes es la de la mano de obra: escasea y es cara y poco calificada. Implica un 70 % de los costos de producción y ha aumentado entre un 30 % y un 40 % en el último tiempo. “Es un aspecto muy preocupante, porque se está provocando la sensación de que la agricultura genera mucha plata y que los empresarios estamos flotando en dólares. Se quiere pensar que estamos todos en igualdad de condiciones y que uno tiene la misma capacidad de pago que alguien que tiene 300 o 400 hectáreas”, comenta Lina Arrieta, una pequeña agricultora que tiene 15 hectáreas de uva en la comuna de Tierra Amarilla.
El rendimiento de los trabajadores, estiman en Apeco, ha bajado aproximadamente un 30 %. “Estamos necesitando mucha más gente sólo por efecto de la productividad. Necesitamos dos personas para hacer el trabajo de uno. Los rendimientos son peores, porque (las personas) son nuevas, sin calificación. Necesitamos que esa gente retome la productividad que tenía antes. Hoy día hay mucha gente que nosotros estamos subvencionando para tenerla y eso ha hecho que nos suban los costos”, explica Joseba Zugadi.
Sin embargo, se están planteando soluciones para contrarrestar estas alzas (ver artículo sobre la mano de obra agrícola). Además de la capacitación, el uso de tecnología también ayuda a depender menos del trabajo en terreno de las personas. La empresa Agrícola Tres Soles, por ejemplo, compró este año una máquina para amarrar. Con ello, de los 35 a 40 trabajadores que empleaba disminuyó a siete. “Yo sigo la teoría de que tengo que buscar aquella gente que quiera trabajar y que acompañando a la productividad haya un buen sueldo”, dice Alfonso Prohens. El resultado de su política fue óptimo: en la última temporada, de los cien cosecheros habituales bajó a setenta y logró un récord de producción histórico para su empresa.
PRODUCCIONES DE UVA
Joseba Zugadi realiza un resumen de lo que fue la temporada. Con 3.600.000 cajas, la variedad Thompson se mantuvo prácticamente sin variaciones respecto al año anterior. En tanto, la producción de la uva Flame, con 3.016.000 cajas, bajó un 8%. “La variedad Flame es la que estuvo más marcada por problemas de calidad en la parte alta del valle… La caída que ha tenido la Flame es por un problema de condición de uva tardía y porque la fruta no se alcanzó a cosechar. No se tuvo la disponibilidad de gente para hacerlo. Entonces, hubo muchas hectáreas donde se quedó colgada. Los packings nunca tuvieron la cantidad de gente necesaria como para embalar los volúmenes que se necesitaban”, recuenta Zugadi. Además, explica que el color y los calibres de la uva temprana Flame, por la primavera fría y un par de semanas posteriores de mucho calor, se vinieron muy rápido, lo que redundó en tamaños más pequeños y menor rendimiento.
“Lo más importante está marcado por la consistente caída en producción de las Red Globe”, sentencia el presidente de Apeco explicando la caída de un 14 % de este tipo de uva con 2.500.000 cajas. “Creemos que es lejos la variedad con menos expresión radicular de todas las que hay aquí en el valle. Entonces, ante situaciones normales de estrés –suelos malos y regímenes de riego– la variedad se está expresando negativamente más temprano”, explica. La planta, dice, no ha sido capaz de mantener un ritmo de cuatro mil cajas por hectárea y, tras doce años, baja su rendimiento a dos mil como promedio.
 Lina Arrieta, una pequeña agricultora que tiene 15 hectáreas de uva en la comuna de Tierra Amarilla. En tanto, la Perlett, con un descenso de 13,4 % y una producción de 690.000 cajas, va en retirada. “La baja que va a haber el próximo año va a ser importante, porque se estima que hay más de 800 hectáreas que se están arrancando de Thompson y Perlett. Las Perlett, si no son tempranas, no tienen mucho sentido”, expresa el jefe zonal de Aconex en Copiapó. Por el contrario, las buenas noticias fueron por el lado de las Black y Superior. Mientras la primera alcanzó un alza de 4 %, llegando a las 480.000 cajas, la segunda subió nada menos que un 40 % y coronó una producción de 2.300.000 cajas. Una situación favorable que radica en plantaciones nuevas que han ido entrando en producción en los últimos dos años.
Con todas estas cifras y considerando el entorno internacional, los productores miran el futuro con cierto optimismo. Necesitan que llueva para que se llene el Embalse Lautaro y se recarguen las napas subterráneas, subir las producciones, mantener las acciones para motivar, mejorar e incorporar más mano de obra, y esperar que el dólar los acompañe un poco. “No es mucho lo que podemos esperar –dice Zugadi– pero por lo menos que se mantenga en un nivel razonable para nosotros. Necesitamos un dólar a $550 o bien que se mantenga lo más cercano a los $500”.
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