En Valencia, España: Un tribunal que juzga sobre las aguas de riego
Escrito por Por Rodrigo Pizarro Yáñez, desde Valencia
jueves, 15 de mayo de 2008
Desde hace mil años que el Tribunal de las Aguas de Valencia escucha denuncias y dicta sentencias en temas como hurtos de agua, daños en los canales, alteración de los turnos de riego o contaminación en los sistemas de regadío. Es la institución de justicia más antigua de Europa.
Basta con esperar que las campanas del “Miguelete” marquen las doce en punto de un jueves cualquiera. A esa hora, el alguacil, tras solicitar venia presidencial, llama públicamente: "¡Denunciats de la Séquia de Quart!". Así, todo aquél que pase frente a la Puerta de los Apóstoles de la catedral de Valencia, en pleno centro de la ciudad, es trasladado a la época de los árabes, porque a mediodía el Tribunal de las Aguas de Valencia, se prepara para escuchar denuncias y dictar sentencias.
Es considerada la más antigua institución de justicia de Europa, y en pleno siglo XXI sobrevive con plenos poderes para atender las necesidades de los agricultores de la huerta valenciana, e incluso ha servido de ejemplo para otras instituciones a nivel mundial. En concreto, este Tribunal es un Jurado de Riegos, encargado de dirimir los conflictos por el agua de riego entre los agricultores de las Comunidades de Regantes de las acequias (canales) del río Turia que lo conforman (Quart, Benàger i Faitanar, Tormos, Mislata, Mestalla, Favara, Rascanya y Rovella) y que dan vida a la Vega de Valencia, una superficie de 17.000 hectáreas dominadas por naranjas, mandarinas, limones, duraznos, chufa y hortalizas.
El alguacil, con el bastón en mano, es quien pide al presidente del Tribunal su venia para iniciar el proceso de juzgar las denuncias.
Mil años de historia
El origen del Tribunal es desconocido, aunque la teoría más extendida dice que ya en época romana existía una institución que solucionaba los conflictos del agua en Valencia. Pero su inicio y entrada en operación se produjo durante los reinados de los califas Abd al-Rahman III y al-Hakam II, quienes, al mismo tiempo que diseñaban un sistema de riego para la huerta —de esa época son las palabras azud (compuerta) o acequia— dieron vida a las formas de distribución del recurso hídrico. Se dice que el Tribunal data del año 960, aunque nunca se ha aclarado porqué se indica esa fecha. De hecho, en 1960 se celebró el Milenario del Tribunal de las Aguas, impulsado por Vicente Giner Boira, asesor jurídico del Tribunal en aquel momento.
Los primeros datos concretos datan de 1238 cuando Jaime I El Conquistador se hizo con la ciudad y confirma en el Fuero XXXV todos los privilegios que tienen las acequias y que se rigen “segons que antigament és e fo establit e acostumat en temps de sarrahïns” ("según de antiguo es y fue establecido y acostumbrado en tiempos de los sarracenos").
Para los historiadores, el origen musulmán de este Tribunal se ha sustentado por siglos en tres detalles: se celebra en día jueves (fecha festiva para los musulmanes); se realiza en el exterior de la catedral (antigua mezquita) y el derecho a hablar es otorgado en los juicios por el presidente, quien señala con el pie (lo mismo hacen muchas tribus nómadas del Norte de África cuando el hombre sabio entrega la palabra al resto de indígenas de su tribu).
Sin embargo, no se tiene ningún documento que hable del Tribunal hasta el siglo XVIII, pero eso no quiere decir que no existiera antes. Según los Fueros de Valencia la jurisdicción sobre regadíos la tienen los sequiers de cada comunidad de regantes, y a comienzos del siglo XV los sequiers de algunas comunidades de regantes de la huerta de Valencia ya convocaban a los denunciados los jueves en la Plaza de la Seu, si bien este solo hecho no demuestra la existencia de un Tribunal constituido. Es muy probable también que el paso para convertirse de una reunión de sequiers en un Tribunal tal y como lo entendemos hoy en día se produjera precisamente en los mismos años en que Borrull defendía su permanencia en las Cortes de Cádiz, con el objetivo de adecuarlo a la jurisdicción del Estado Liberal.
Frente a la Puerta de los Apóstoles, en la Plaza de la Virgen, una fuente de agua representa a las ocho acequias (canales) del río Turia.
Valencia, jueves, 12.00 horas
Hasta el día de hoy las reuniones del Tribunal son puntuales. Se producen cada jueves —excepto los festivos— a las 12.00 horas en la Puerta de los Apóstoles de la catedral de Valencia. Allí, con la primera de las doce campanadas, desde la “casa vestidor”, un edificio frente al pórtico, sale un alguacil portando un gran bastón, seguido de ocho hombres vestidos con el blusón negro típico de los huertanos, que constituyen el Tribunal de las Aguas. No son jueces, sino síndicos elegidos democráticamente por dos años, quienes representan a los propietarios de cada una de las acequias. “Son hombres que no necesitan formación jurídica, pero sí deben ser productores directos de sus tierras, vivir de ellas y tener fama de hombres honrados”, cuenta un profesor a un grupo de estudiantes italianas.
El funcionamiento del Tribunal es sencillo. Si ocurre una denuncia, el denunciado es citado por el guarda de la acequia para el jueves siguiente a la Puerta de los Apóstoles. Si no acude, se le cita sólo dos veces más, antes de admitir la denuncia y juzgarle y condenarle en rebeldía. “Nunca se ha usado la fuerza pública para lograr la comparecencia”, cuenta un anciano agricultor valenciano.
Los síndicos ocupan sus sillones en la Puerta de los Apóstoles de la catedral en presencia del alguacil, quien es el encargado de administrar el agua y levantar las compuertas de cada acequia. Apoyado en su gran bastón solicita la venia del Presidente reclamando: "¡Denunciats de la Séquia de Quart!".
Hurtos de agua, daños en los canales, mala distribución del agua, alteración de los turnos de riego, contaminación en los sistemas de regadío. Estas y otras situaciones pueden ser juzgadas en este Tribunal y los “culpables” o “inocentes” pueden ser los empleados de las acequias, los síndicos e incluso personas ajenas a los regantes, si es que se demuestra que han ocasionado daños al sistema de riego; y que en este último caso, si no comparecen igualmente se les condena, presentando además una querella civil, utilizando como prueba la sentencia del Tribunal de las Aguas.
Los miembros del Tribunal vistén el blusón negro de los huertanos valencianos. Para formar parte del Tribunal no necesitan formación jurídica, pero sí deben ser productores directos de sus tierras, vivir de ellas y tener fama de hombres honrados.
El juicio es oral y transcurre en lengua valenciana. “Aquí no hay abogados, podemos llamar a testigos, traer pruebas”, afirma un agricultor valenciano. Tampoco se ven documentos. Con la llamada del Alguacil, acuden los denunciados, acompañados por el guarda de la Acequia. Las citaciones siguen el orden en que las acequias toman el agua del río, siendo la primera Quart y la última Rovella. El guarda expone el caso o presenta al querellante, para acabar diciendo "Es quant tenia que dir". El Presidente permite que el acusado pueda defenderse y le dice "qué té que dir l’acusat?". El Tribunal continúa haciendo preguntas e incluso puede solicitar una inspección ocular antes de deliberar y emitir una sentencia.
Para asegurar su total imparcialidad, en la deliberación no interviene el síndico de la acequia a la que pertenecen los litigantes. Asimismo, si el denunciado pertenece a una acequia de la derecha, la sentencia la propongan los síndicos de las acequias de la izquierda, o viceversa. Una vez decidida la sentencia, si es condenatoria, el Presidente proclama: "Este Tribunal li condena a pena i costes, danys i perjuins, en arreglo a ordenances". El Tribunal sólo establece culpabilidad o inocencia del denunciado, mientras que las penas las impone cada acequia, sin posibilidad de interponer un recurso o apelación.
“A ningún agricultor le gusta estar aquí, siendo juzgado en público, y es por eso que la mayoría de las veces se llega a un acuerdo previo”, explica un miembro del Tribunal. ¿Y si no hay denuncias? El Tribunal igualmente se reúne. “Es una tradición. Pero sólo nos reunimos para constituirlo. Puede pasar que en un mes no hay ninguna denuncia, pero hay semanas donde podemos tener muchas”, continúa.
Patrimonio de la Humanidad
En junio de 2005 el Consejo Nacional de Patrimonio aprobó por unanimidad que el Tribunal de las Aguas de Valencia fuese nominado a Patrimonio Mundial de la Humanidad, en candidatura conjunta con el Consejo de Hombres Buenos de Murcia, presentándose a la categoría de Patrimonio Oral e Inmaterial. El proceso será largo (cinco a seis años), pero este hecho supone el inicio del reconocimiento de esta institución, tan trascendente para todos los valencianos.
Artículo publicado en Chileriego Edición Nº 33, abril de 2008.
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