La uva de mesa es una de las frutas de exportación que ocupa mayor superficie en Chile, con más de 44.000 ha. Dada las condiciones geográficas y climáticas donde en general se cultiva (III a VI Región) el riego es determinante para asegurar la cantidad y calidad de fruta producida.
Se estima que al menos el 25% del éxito, en la producción de uva de mesa, está determinado por el manejo del riego. Hoy un alto porcentaje de los parronales se riega mediante riego localizado (unas 27.000 ha), fundamentalmente por goteo.
En los últimos años el CRI La Platina ha desarrollado, en forma sistemática, estudios relacionados con el riego en variedades de importancia económica: Thompson, Flame, Crimson, etc. Los trabajos se han centrado en el valle de Aconcagua (provincias de San Felipe y Los Andes), donde se concentra un importante porcentaje de la superficie de parrones. Estos trabajos han sido financiados por el Ministerio de Agricultura (ODEPA), la Fundación para la Innovación Agraria (FIA), y la Comisión Nacional Científica y Tecnológica (CONICYT), a través del programa FONDECYT. La mayor parte de los trabajos han sido sobre riego localizado en condiciones de suelos con restricciones físicas, en particular en situaciones de baja macroporosidad.
En ellos se demostró que el aumento de la superficie de suelo mojado por los emisores al usar dos líneas de goteros por hilera de plantas o mediante microaspersión, favorecían el desarrollo del sistema radicular de las plantas (figura 1), lo cual incide fuertemente en la producción final de uva (figura 2). Se estableció que las condiciones de equilibrio agua aire en el suelo son determinantes para la producción sostenida de las plantas y que cuando mejora esta relación también mejora la distribución de calibre de las bayas a la cosecha. Es así que aplicando las mismas cantidades de agua en la temporada, en suelos de baja macroporosidad, los mejores resultados se obtenían cuando el riego por goteo se manejaba en condiciones de baja frecuencia, aprovechando parte de la capacidad de almacenamiento de agua del suelo (riego cada dos a tres días v/s manejo tradicional con riego diario: Figura 3). Los trabajos en Aconcagua evidencian que con solo implementar sistemas de riego localizado no se asegura una mayor productividad. La selección del sistema de acuerdo a las condiciones edafológicas del predio y su posterior manejo, son también aspectos determinantes.
En el manejo del riego la determinación de la frecuencia del mismo es una de las variables más importantes, en particular en el período comprendido entre cuaja y pinta, cuando se define entre el 75 y el 90% del calibre final de la fruta, dependiendo de la variedad. Por esto se trabaja para contar con indicadores fisiológicos del estado hídrico de la planta, que permitan saber tempranamente si las plantas se encuentran en condiciones óptimas de disponibilidad de agua, o están sujetas a excesos o déficit. Uno de los indicadores consiste en la medición de las variaciones diarias del diámetro de tronco experimentado por las parras.
Figura 1. Número de raíces finas por metro cuadrado de suelo, bajo diferentes superficie de suelo mojado en riego por goteo: T1, 1 línea por hilera de plantas; T2, doble línea con riego alternado; T3, doble línea con riego simultáneo; T4, doble línea con riego alternado; T5, microaspersión. En todos los tratamientos se aplicó la misma cantidad de agua. (Thompson Seedles).
Figura 2. Relación entre el número de raíces finas por metro cuadrado de suelo y la producción total de fruta (Thompson Seedless).
Figura 3. Distribución de calibres a la cosecha para diferentes frecuencias de riego. La frecuencia de riego en el período de máxima demanda fue de 1 día (DHA11%), 2 días (DHA 22%) y 3 días (DHA 33%) [Thompson Seedless].
Figura 4. Variación de diámetro de tronco en plantas regadas con 100% de la Etc (T1), 75% de la Etc (T2), 50% de la Etc (T3), y 25 % de la Etc. La pendiente de las curvas de crecimiento corresponde a la tasa de crecimiento del tronco (TCT).
El experimento se hace en la variedad Crimson Seedless y consiste en aplicar agua en diferentes cantidades, respecto de las necesidades hídricas de las plantas (Etc). Las mediciones son continuas utilizando para ello dendrómetros electrónicos de alta precisión (7 micrones), que a través de señales de radio envían la información a un concentrador, que traspasa los datos a una computadora para procesar la información y tomar decisiones respecto de las necesidades de riego. Los dendrómetros permiten determinar el crecimiento de los troncos a escala diaria, lo que depende estrechamente del estado hídrico de la planta (figura 4. página anterior) y de la fenología del cultivo (figura 5).
Resultados prelimares muestran que el crecimiento del tronco es altamente sensible al déficit hídrico, incluso moderado, por lo que permite detectar tempranamente las necesidades de riego de las plantas. De esta forma se observó que a mayor tasa de crecimiento del tronco en el período comprendido entre floración y pinta, la tasa de crecimiento del fruto también es mayor. Se comprobó también que a mayor tasa de crecimiento del tronco (TCT), entre floración y pinta, mayor es el peso de las bayas al momento de la cosecha. Y el peso de las bayas está estrechamente ligado al calibre de éstas y a mayor calibre mayor calidad comercial de la fruta.
Así los trabajos realizados por INIA La Platina en riego de la uva de mesa constituyen un paquete tecnológico orientado cada vez más a la precisión en la aplicación de agua, con objeto de lograr la calidad de productos que el mercado global exige. Estas tecnologías son puestas periódicamente a disposición de los agricultores a través de las actividades de transferencia tecnológica que desarrolla La Platina.
Figura 5. Efecto del estado fenológico sobre la variación de diámetro de tronco. La pendiente de la curva de crecimiento corresponde a la tasa de crecimiento del tronco (TCT).
Figura 6. Relación entre el tamaño final de las bayas (gr/baya) y la tasa de crecimiento del tronco en el período comprendido entre cuaja y pinta. A mayor crecimiento de tronco mayor es el tamaño de las bayas a la cosecha. T1, T2, T3 y T4, tiene el mismo significado que en la figura 4.
Fuente: Artículo publicado en Redagrícola Edición Nº 6. Autores: Gabriel. Selles van Sch, Raúl Ferreyra, y Rodrigo Ahumada (Ingenieros Agrónomos INIA La Platina)
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