 Desde que se empezaron a registrar sistemáticamente las temperaturas en el mundo, en 1860, los científicos han consignado sus años más calurosos así, en orden decreciente: 2005, 1998, 2002, 2003 y 2004. Es decir, el siglo XXI está probando con creces una teoría planteada inicialmente en 1938 por Callendar que postulaba que, por efecto de la intervención humana, el aumento de dióxido de carbono (CO2) lanzado a la atmósfera estaba provocando un recalentamiento del planeta: el llamado “efecto invernadero”.
Según el informe anual de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), la temperatura global del año pasado superó en medio grado el promedio de los años entre 1961 y 1990. El próximo año se dará a conocer el Informe sobre el Cambio Climático (IPCC) que preparan expertos de todas las naciones del planeta y que es una versión actualizada del elaborado en 2001. Se sabe que este estudio confirmará el creciente aumento de la temperatura global y que se hará un llamado a los gobiernos a tomar medidas urgentes y radicales para reducir la emisión de CO2. Las consecuencias de esta situación afectan directamente la vida (humana, animal y vegetal) de la Tierra. Y la agricultura, obviamente, es uno de los sectores productivos más afectados. ¿Cómo incidirá esto en Chile? Recién se están haciendo proyecciones, pero el próximo año quedará claro que, aunque los efectos serán menos perjudiciales que en el Hemisferio Norte y el trópico, en el país habrá cambios y perjuicios en varios de nuestros cultivos, lo que deberá llevar a tomar medidas. Una de ellas, coinciden los expertos, es la construcción de embalses de regadío. Aquí va un reporte de las primeras estimaciones de los efectos del cambio climático en la agricultura chilena.
Los climatólogos estiman que hay dos factores que influyen en el clima: las actividades humanas (influencias antropogénicas) y las actividades naturales (efectos geológicos, oceánicos y de reconversión de los hielos, y astronómicos). A estas alturas del partido, todos coinciden en atribuir al “factor humano” parte fundamental del acelerado calentamiento del planeta ocurrido en los últimos años. Este se originaría del aumento artificial del dióxido de carbono (CO2) atmosférico y de otros “gases invernadero” (como los hidrocarburos fluorados y el óxido nítrico) que son emitidos como contaminantes fruto de la industrialización, la deforestación y de la emisión excesiva de contaminantes a la atmósfera. Si bien esta modificación antropogénica conlleva numerosos perjuicios en muchos aspectos del entorno local, regional y planetario, ¿cuáles son específicamente las consecuencias para la agricultura? A nivel global, hay suficientes estudios que dan cuenta de estos efectos. En particular, la FAO, que es el organismo sectorial para la alimentación y la agricultura de las Naciones Unidas, elaboró recientemente un informe sobre el tema. Reconociendo que aún no se puede determinar con exactitud “la distribución espacial del impacto del cambio climático”, este estudio estima probable que la vegetación (los bosques y los conjuntos complejos de especies) “sufrirá, mientras que los cultivos agrícolas podrían adaptarse gracias a prácticas de mejoramiento genético y una mejor ordenación”. Pero se reconoce la incertidumbre respecto a los efectos indirectos que afectarán a la agricultura, como las plagas y enfermedades. Y se hace una advertencia: los cambios serán bruscos, lo que indica que “a pesar de las mejoras introducidas en la preparación de modelos, los actuales escenarios no ofrecen más confianza que los preparados hace algunos años”. Dentro de las medidas inmediatas en previsión de la seguridad agrícola, la FAO urge a contar con predicciones estacionales del tiempo de un año de duración para que los agricultores puedan reducir considerablemente los riesgos asociados con las oscilaciones climáticas. Y, concordando con la comunidad científica mundial, enumera las alteraciones del clima que incidirán en la agricultura mundial, de aquí hasta el año 2100: aumento de la temperatura de al menos unos 2º Celsius; aumento del promedio mundial de precipitaciones en un 5% e intensificación del ciclo del agua; aumento del nivel del mar de unos 50 centímetros.
Los efectos del cambio climático en la producción agrícola no sólo dependerán del clima mismo, sino también de la dinámica interna de los sistemas agropecuarios y de su capacidad para adaptarse a los cambios. Si bien la agricultura está determinada en gran parte por las condiciones climáticas, la actividad agrícola también ha incidido, sobre todo en los últimos años, en el cambio del clima. Según la FAO, aproximadamente el 25% del dióxido de carbono emitido en el mundo es atribuible al aprovechamiento de las tierras tropicales (porque ha provocado una masa enorme de deforestación) y a la emisión de metano y óxido nitroso en las faenas agrícolas actuales. En consecuencia, la agricultura sufre los efectos de las inclemencias del clima, pero también contribuye a su variabilidad, directa e indirectamente, mediante la emisión de gases de invernadero, el trastorno de los ciclos naturales de muchos elementos y el agua por medio de la degradación de tierras y la deforestación.
Las predicciones mundiales
El 23 de mayo de 1977 Jimmy Carter, Presidente de Estados Unidos, le encargó al Consejo sobre Calidad Ambiental y al Departamento de Estado hacer un exhaustivo informe acerca de cómo se encontraría el mundo en el año 2000. Después de cuatro años, en 1981, el más competente y amplio equipo interdisciplinario de científicos de la nación más poderosa del orbe cumplió con la tarea y los resultados de este trabajo se publicaron bajo el nombre de The Global 2000. Report to the President. El mismo presidente Carter había prometido una segunda parte después de este diagnóstico, el más riguroso y serio de todos los realizados como proyección del estado del mundo en los albores del siglo XXI: el planteamiento de medidas concretas para corregir una serie de situaciones esperadas altamente comprometedoras para la subsistencia humana en el nuevo milenio. Sin embargo, Carter perdió su candidatura a la reelección ante el republicano Ronald Reagan y éste decidió archivar estas propuestas, transformándolas en secreto de Estado y la promesa de hacerlas públicas nunca se cumplió. Hasta ahora nadie conoce estas medidas paliativas e incluso el actual Presidente de Estados Unidos, George W. Bush, se ha negado a ratificar el Protocolo de Kyoto que establece un calendario de reducciones de emisiones contaminantes a favor de paliar el “efecto invernadero”, cuya causa tiene como principal responsable a la actividad industrial de la nación más poderosa del planeta. El resumen del informe (publicado bajo el nombre de El mundo en el año 2000 en su versión en español), en cerca de mil páginas, aborda todos los escenarios posibles en materia de población, materias primas, recursos naturales, contaminación y cambios globales que sufriría el planeta de seguir como iba por entonces, es decir, a fines de los años setenta. Los pronósticos eran bastante pesimistas. Uno de esos escenarios estimados tenía que ver con el clima y sus efectos en la agricultura mundial y una de sus principales conclusiones es que “la concentración de dióxido de carbono (CO2) y de sustancias químicas destructoras del ozono de la atmósfera aumentará, según se prevé, a un ritmo que podría alterar considerablemente el clima del planeta y las altas capas atmosféricas hacia el año 2050. La lluvia ácida provocada por el aumento del consumo de combustibles fósiles amenaza dañar lagos, suelos y cultivos”. El informe señaló que en los últimos cien años hasta entonces el contenido de CO2 en la atmósfera del mundo aumentó en un 15% y que esto se debía fundamentalmente a los contaminantes industriales, la polución producida por el tráfico vehicular y aéreo y la deforestación, lo que sería la causa del calentamiento del planeta: el llamado “efecto invernadero”. Producto del alza de la temperatura global, dice, “la agricultura y otras actividades humanas se verán en grandes dificultades para adaptarse a cambios climáticos tan considerables y rápidos. Incluso un incremento de un grado centígrado en las temperaturas promedio del mundo haría que el clima de la tierra fuese más cálido que en ningún otro momento del último milenio”. Tanto el Panel Intergubernamental sobre Cambios Climáticos, patrocinado por las Naciones Unidas en 1990, como las conclusiones de cientos de científicos de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, en 1991, llegaron a la misma conclusión: de seguir la emisión de CO2 tal como hasta entonces, la Tierra se calentaría en el primer siglo del tercer milenio de 1,5 a 4,5 grados Celsius más. Otra de las consecuencias de la acción del hombre, ya consensuada por la comunidad científica hace años, es el deterioro de la capa de ozono de la estratosfera que protege a la Tierra de los nocivos rayos ultravioletas. Amenazada por las emisiones de clorofluorcarbono (CFC) de los aerosoles y equipos de refrigeración, según The Global 2000, además de los perjuicios a la salud humana (como el cáncer a la piel), “el daño a los cultivos alimentarios sería también significativo y podría resultar el problema más grave relacionado con el ozono”. Las predicciones de Chile
Para el geofísico Patricio Aceituno, vicedecano de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile y uno de los climatólogos más destacados del país, el cambio climático es un hecho que va a incidir -y ya comenzó a hacerlo- en la actividad agrícola del territorio nacional. Sin embargo, advierte que el clima es por definición una componente variable, nunca constante, independiente de la acción del hombre, en todas las escalas posibles; intraestacional e interanual, es muy fluctuante, con lo que no se puede entender la agricultura sin estas variaciones climáticas.
-Los científicos están de acuerdo en que si el hombre no modifica su actuar va a haber un cambio importante de aquí a unos 50 años, pero es muy difícil saber con certeza definir los cambios a nivel regional -dice-. Hay bastante acuerdo en que a fines del siglo XXI la Tierra va a ser 2, 3 o más grados más caliente que ahora. Va a haber más vapor de agua en la atmósfera, los océanos se van a evaporar más, habrá más nubes y más lluvias. El ciclo del agua será más activo y rápido. Explica que el aumento de las precipitaciones se va a concentrar en el trópico y el aumento de temperatura va a ocurrir más en las latitudes altas, principalmente en el Hemisferio Norte. El mar será más caliente que hoy y su nivel subirá. Habrá mayor derretimiento de las nieves. Aceituno dice que en esos puntos hay un acuerdo total. -Si no se hace nada, para allá vamos, pero el proceso no tiene por qué ser lineal, pues la acción interventora del hombre va a competir con los fenómenos naturales que podrían minimizarla o no. La historia del planeta en el último siglo y medio (desde la industralización en adelante) registra un calentamiento climático en los años 40, una leve disminución en 1970 y un aumento de las temperaturas hasta ahora. El geofísico, que ha representado a Chile en las discusiones de la IPCC previas a sus informes sobre el calentamiento de la Tierra, sostiene que se ha llegado a la conclusión de que el impacto será mayor en el Hemisferio Norte que en el Hemisferio Sur, pues los mayores cambios serán en las grandes masas continentales del norte. Por ejemplo, por primera vez en 11 mil años Siberia se está deshielando. Eso ocurre ahora. Para Patricio Aceituno, las consecuencias globales en la agricultura serán dos: uno, hay lugares muy fríos donde no era posible la actividad agrícola y ahora sí lo será (como la misma Siberia); y dos, zonas agrícolas donde el aumento de las temperaturas será muy perjudicial (como lo que podría sucederle a los viñedos de España, Francia o Italia). -¿Y qué se puede predecir de Chile? -Alguien puede mirar con cierta envidia a Chile, pues no tendrá tantos efectos. Acá el cambio no va a ser ni tan grande ni tan rápido porque contamos con la gran masa de agua del océano Pacífico. Incluso, en parte, este recalentamiento puede ser favorable para cierta agroindustria. En los últimos años en la única zona chilena donde ha aumentado levemente la temperatura es entre Santiago y Concepción, que es el sector de mayor productividad agrícola del país. Han disminuido las heladas y en la zona central han disminuido las lluvias. A mí me parece que el clima tradicional de Chile se está desplazando unos 200 kilómetros al sur. Esto puede ser visto también como algo positivo porque quiere decir que en Osorno, por ejemplo, podrán darse cultivos que hoy no se dan. Lo que sí: en 1976 se produjo un salto climático en Chile y no se sabe a qué se debió. -¿Las estaciones están corridas? -Yo creo que algo. Que el clima sea noticia hoy día significa que está provocando alteraciones: llueve cuando antes no llovía, cada año hay reportes climáticos de fenómenos nuevos que antes no habían ocurrido. Patricio Aceituno acaba de iniciar un proyecto Conicyt, junto a científicos de la Universidad de Concepción y de la Dirección de Meteorología, que precisamente intentará responder a las siguientes interrogantes: ¿cómo está cambiando el clima en Chile?, ¿por qué está cambiando de esta forma? y ¿cuáles son los escenarios climáticos más probables para fines del siglo XXI? Los resultados deberían estar a fines de 2007. La investigación será la primera de este tipo y es absolutamente necesaria para asumir determinadas medidas preventivas.
El agua será un factor derivado del cambio climático que también incidirá en la agricultura será el agua, pues al aumentar la temperatura habrá un más fuerte ciclo hidrológico. “La línea imaginaria que separa donde cae agua y nieve va a subir, va a haber menos nieve”, dice. Esto significa que en temporales de invierno las cuencas son más grandes y puede haber mayores inundaciones dado que el almacenamiento de agua (la nieve) será menor entre octubre y marzo. Además, todos los indicadores dicen que va a llover menos, con lo que se agravará la situación de escurrimiento en verano. -Este es un problema importante -dice- y para enfrentar esta falta de reservas de agua hay que construir represas para retener agua. Se trata de una medida concreta que se puede tomar en base a estas predicciones a favor de la agricultura. Además a Aceituno le llama la atención “lo conservador que es el sector agrícola al incorporar poco y tardíamente la información climática pues, dice, hay pocas estaciones meteorológicas en los campos. Proyecciones del nuevo Chile agrícola Fernando Santibáñez -doctor en bioclimatología y director del Centro de Agricultura y Ambiente, que también es vicedecano de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Chile- es otro de los pocos especialistas chilenos que se ha preocupado del tema. Realizó para Conama una proyección climático-agrícola de lo que podría suceder en el país. Aunque se trata de un estudio preliminar para futuras investigaciones más acuciosas, sus conclusiones son claras. -Las consecuencias del cambio climático para la agricultura son muchas -dice-. Lo más serio es el aumento de riesgos: sequías e inundaciones. En Chile y en África habrá más sequía. En Asia, India, norte de Argentina, Perú o Ecuador habrá más inundaciones. También habrá riesgos sanitarios, por plagas más agresivas, al acortarse los ciclos de vida. Y también habrá movilidad de ciertos insectos, apareciendo algunos nuevos. De hecho, las sequías e inundaciones aumentaron los últimos 30 años. Pero el efecto invernadero se comenzará a apreciar plenamente en el año 2040 puesto que la emisión de CO2 se habrá duplicado. Santibáñez ve aspectos positivos y negativos en este cambio. Los negativos: coincide con Aceituno que ocurrirán en la zona central del país, con una disminución de los recursos hídricos, levantarse la línea de las nieves y desregulándose hidráulicamente las cuencas: más agua en invierno y menos en verano. Sostiene que la agricultura de riego se verá más amenazada, pero también la de secano estará propensa a sequías. Los positivos: en la zona central habrá inviernos más benignos y con menos heladas, lo que es favorable a especies subtropicales, como paltos, cítricos o papayas. De acuerdo a sus previsiones, la zona sur tendrá sequías más intensas y hasta la zona de Osorno. A su vez, este sector del país se verá favorecido para cultivos que hoy son inviables, como el maíz, por ejemplo. -En resumen, creo que el cambio climático conlleva efectos más negativos que positivos en la zona central y más positivos que negativos en la zona sur. En la zona austral (Coyhaique y Punta Arenas) aumentarán las precipitaciones y temperaturas, con lo que pudiera hacerse más favorable la agricultura. Por ejemplo, a Chile Chico y Puerto Natales, que son zonas más secas, les iría bien en materia agrícola, pero a Puerto Aisén le iría mal, porque es más húmedo.  Debido a la tendencia al rápido calentamiento de los pasados 30 años, el planeta Tierra está experimentando los niveles más cálidos que se han registrado en los últimos 12.000 años. Este mapa codificado en colores muestra las temperaturas promedio 2001-2005, comparadas con las temperaturas del período base 1951-1980. El rojo oscuro indica las zonas de mayor calentamiento y el púrpura indica las zonas de mayor enfriamiento. (Cortesía de NASA). Santibáñez dice que se deben adoptar precauciones para la zona agrícola por excelencia del país, entre Aconcagua y Bío Bío, donde está el 70% de la producción agropecuaria de Chile, y que es la zona que se vería más afectada. Específicamente, el cultivo de la fruta se verá desfavorecido en la zona central (sobre todo perales, manzanas y uva). El trigo y la remolacha, que son cultivos industriales, se verán desfavorecidos en la zona de secano en el centro del país, pero favorecidos también porque son cultivos de invierno. Las plagas pueden aumentar en la costa. -De lo que estoy seguro es que sí o sí van aumentar los costos de la agricultura por mayor cantidad de plaguicidas y mejoras en los sistemas de riego. ¿Y qué pasaría en el norte? Según Santibáñez desaparecerá el trigo en la Cuarta Región. En esta y en la Tercera regiones el aumento de temperatura definitivamente perjudicarán los cultivos agrícolas, pues también habrá menos precipitaciones. “Esto debe llevar a una política nacional de construcción de embalses, para agricultura y agua potable”, sostiene, coincidiendo con Aceituno. Lo claro es que se prevé que el año 2040 habrá 2, 3 o más grados de temperatura, tal como se sostenía en el Informe del año 2000 elaborado en el gobierno de Carter. Y que las precipitaciones aumentarán en un 20% más o menos. Santibáñez se atreve a pronosticar que en La Serena precipitará un 30% más, pero en Santiago se reducirá. Que en todo el país aumentarán las lluvias de primavera y verano en la zona central. Y que es muy posible que cambie la estacionalidad de las precipitaciones, lo que será muy negativo para la fruticultura. Pero ya hay datos claros: llueve menos de Concepción al sur (Temuco, Valdivia y Coyhaique), con una caída de entre 500 y 600 milímetros anuales en promedio de los últimos años. Valdivia, por ejemplo, en 50 años bajó de 2.300 milímetros al año a 1.800. En la mayor parte de los casos son sólo proyecciones aún. Pero sirven para tomar medidas concretas para no lamentarse cuando los cambios climáticos evidencien que había que hacer lo que no se hizo. Artículo publicado en revista Chileriego Edición Nº 27. Add as favourites (15) | Cite este artículo en su sitio
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