 El agrónomo Enrique Sánchez investiga desde el 1980 en el INTA, Estación Experimental Alto Valle de Río Negro, una de las principales zonas productoras de peras y manzanas de Argentina.
Sánchez es especialista en nutrición mineral de frutales, Ph. D. con postdoctorados en Oregon y David (EEUU), pero desde el año ‘99 también se interesa en manejo de suelo y nutrición de huertos orgánicos. Constantemente es invitado como orador a congresos de especialidad realizados en diferentes países, en Chile la última vez estuvo con ocasión del seminario internacional de fertilización organizado por la empresa Compo, en julio pasado, en Casa Piedra.
A Enrique Sánchez le preocupa la degradación de los suelos en los valles bajo riego y afirma que en general hay un mal manejo tanto de los suelos como del agua. Dice que, por ejemplo, en una región tan intensiva como Alto Valle de Río Negro (su zona), en Argentina, no disponen de mapas detallados de los suelos.
Sánchez, desde 1999, se interesa en las técnicas de la agricultura orgánica: “En un comienzo, cuando aún no entendía mucho de producción orgánica, me fui dando cuenta de que hay muchas prácticas que son de gran aplicación en la producción convencional, fundamentalmente en lo que es manejo de suelo, de materia orgánica, de propiedades físicas y químicas del suelo, etc.”. Afirma el investigador que algunas técnicas agronómicas se han ido olvidando desde que empezó la “revolución verde”, fomentando la aplicación de fertilizantes.
Según el agrónomo, hace muchos años en el Alto Valle de Río Negro, las fertilizaciones se basaban en estiércol y abonos verdes, y se hacía un mucho mejor manejo de suelo. “Desde que aparecieron los fertilizantes químicos, todos se fueron a esos fertilizantes y se le dejó de dar importancia a la materia orgánica del suelo. Ahora empezamos a tener problemas de compactación, falta de aireación, problemas de sodicitad, de salinidad, etc.”. En su opinión, por ser la sustentabilidad uno de los pilares fundamentales de la agricultura, “debemos volver a esos viejos conceptos, mejorarlos y ponerlos al servicio de la producción”.
 Dr. Enrique Sánchez:“Para mí, el nutriente número uno es la luz, el número dos es el agua y el nutriente Nº 3 son los minerales. Con esto quiero decir que primero hay que saber manejar la luz, segundo hay que saber manejar el riego y tercero la fertilización. Quién no riega bien, no fertiliza bien”. Pero lo dicho no implica que se deba prescindir de las aplicaciones de fertilizantes, pero lo que no se debe hacer es aplicar fertilizantes de forma indiscriminada, sino sabiendo exactamente -en base a un buen diagnóstico- cuál es la situación de cada huerto. “Debemos saber qué hacer para mejorar la productividad, no sólo desde el punto de vista económico, sino también tratando de preservar ese recurso no renovable que es el suelo”, señala.
Nitrógeno, un fertilizante de doble filo:
Gracias a sus reconocidas investigaciones con 15N (nitrógeno 15) en frutales, en condiciones de campo, el Dr. Sánchez sabe mucho sobre nitrógeno (N) y afirma: “El N es un arma muy poderosa si la sabemos usar, pero también se puede convertir en un enemigo si lo usamos mal. Es el único elemento de todos los nutrientes esenciales capaz de causar desequilibrios en las plantas. Si aplicas gran cantidad de fósforo no se va a notar en la planta, si aplicas mucho potasio no vas a notar gran crecimiento, pero si aplicas mucho N vas a ver que hay un exceso de crecimiento y esos desbalances pueden causar deficiencias de otros elementos”. Según Sánchez desde que las plantas existen el elemento limitante ha sido siempre el nitrógeno.
Manifiesta el investigador que la gran mayoría los profesionales, y de los agricultores por ende, no saben manejar el N. “Las plantas han evolucionado en un ambiente pobre en N y su genética se desarrolló para que sean eficientes en la absorción de pequeñas cantidades de N. Se les pone 100 veces más y no están capacitadas para reaccionar. Eso causa desequilibrios”.
El reto de los micronutrientes:
Dice el investigador que hoy se está viendo a los micronutrientes como un factor limitante, y que -de hecho- recién (durante los últimos 10 años) en Argentina se está empezando a investigar sobre micronutrientes en cultivos extensivos. “Si ibas hace 20 años atrás a un congreso, el 80% de los trabajos de nutrición eran sobre nitrógeno, algo de fósforo, muy poco de potasio y nada de micronutrientes. Hoy día la realidad ha cambiado y en frutales nos falta mucho por comprender acerca del metabolismo de los micronutrientes en las plantas. Gracias al uso de isótopos estables hemos podido averiguar cómo la planta procesa el boro, por ejemplo, y ahora estamos trabajando en zinc, pero todavía falta mucho”, advierte el Dr. Enrique Sánchez.
| Agricultura en Río Negro: Río Negro está ubicado en el paralelo 39, es decir, a la altura de Temuco. Sánchez: “Pese a que la manzana está más al norte en Chile, las condiciones ecológicas de Chile para la manzana, son superiores a las condiciones que tiene Argentina. No así en peras, donde Argentina tiene mejores condiciones. Río Negro es una zona de mucha radiación y, por el agujero de ozono, cada vez tenemos más problemas de insolación, por lo que debemos proteger la manzana, lo que limita mucho el uso de portainjertos enanizantes. La fruta queda muy expuesta y eso está cambiando mucho las técnicas”. En Argentina hay aproximadamente 71.000 ha de pomáceas, 48.000 ha de manzanas (estable desde 1982) y 23.000 ha de peras (con un crecimiento del 2 % anual). El 90 % de la producción proviene de los márgenes del Río Negro, donde se cultivan más de 50.000 ha. De éstas, 43.000 ha están en la provincia de Río Negro y 7.000 en la provincia de Neuquén. Argentina es el primer exportador de peras en el mundo, pero el 90% de la exportación de peras llega sólo a 7 países. Argentina exporta fundamentalmente a Europa y Brasil, y algo a EEUU. | | |
| El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, INTA, de Argentina: Institución integrada por doce centros regionales. De esos centros depende un total 44 estaciones experimentales agropecuarias y 240 unidades de extensión. Estas cubren todo el país y allí se desarrollan actividades de investigación aplicada y de adaptación, experimentación adaptativa, transferencia de tecnología y extensión. | | |
Artículo publicado en Redagrícola Edición Nº 14.
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