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Junio 2019 | Arándanos

Emilio Merino Ewert, agricultor orgánico y subgerente agrícola de Hortifrut

Un recuento de los avances en producción orgánica de berries

La exportación de berries orgánicos desde Chile lleva más de dos décadas, desde los pioneros envíos de frambuesas impulsados por pequeños y medianos productores. Al poco andar se sumaron arándanos y otras especies. Si al principio había mucho aprendizaje por ensayo y error, el ingreso al negocio de grandes empresas impulsó la investigación en tecnología aplicada y el desarrollo de un mercado de abastecimiento de insumos. Hoy solo en arándanos orgánicos se envían al extranjero más de 22.000 toneladas anualmente, calcula uno de los impulsores originales y protagonista hasta el día de hoy, Emilio Merino.

Mallas, techos, túneles, el uso de cubiertas plásticas en sus distintas formas se integra perfectamente a la agricultura orgánica.

Emilio Merino, Agricultor y Subgerente Agrícola de HORTIFRUT, tiene una experiencia en producción de berries orgánicos que partió hace unos 25 años. Trabajaba en transferencia tecnológica en la empresa Melagro, de Luis Meléndez (hoy socio-director de Bioaudita), que prestaba servicios a Indap, y tomaron la iniciativa junto a un grupo de agricultores de la zona de Pinto y Coihueco (actual región de Ñuble) de iniciar la producción orgánica de frambuesas. Los primeros tiempos, cuenta, se caracterizaron por la búsqueda de información y la escasez de insumos:

–No teníamos oferta para ir a comprar a una tienda, como hoy en día –relata, en una conversación sostenida en Virquenco, fundo emblemático de HORTIFRUT–. Hacíamos macerados, preparábamos compost y traíamos guano rojo del norte. Se formó la cooperativa Probío, de pequeños y medianos productores de frambuesa, con la que echamos a andar un Profo (Corfo) para comercializar en conjunto. Paralelamente se desarrolló otro Profo de agricultores orgánicos más grandes, entre ellos don José Hidalgo, orientado a kiwis y espárragos, todo esto en la provincia de Ñuble. Ubicamos una empresa, PROA, que ya hacía certificaciones en Chile y realizamos la transición a partir de 1993. Publicábamos la revista mensual “Dihueñe”, con recomendaciones técnicas y recetas para preparar los insumos, efectuar el control biológico, etc.

“DÉJENME TODO. ESO ES EL FUTURO”

En la temporada 1996/97 vendieron las primeras 5.000 cajas de frambuesas orgánicas, luego de superar una primera reacción negativa.

–Fui a HORTIFRUT en Chillán para realizar la comercialización en fresco y la persona que me atendió me dijo: estás loco, eso no se vende. Por suerte le preguntaron qué hacer a don Víctor Moller [Presidente de la Compañía], que andaba en EE.UU. “Déjenmelo todo”, contestó. “Eso es el futuro. A la vuelta de mi viaje quiero conocer al señor que está haciendo eso”.

Además, vendieron unas 60 toneladas (t) para congelado a Frutícola Olmué, que todavía no tenía planta en Chillán y por lo tanto debían ir a dejar la fruta a Curicó.

Obtuvieron muy buenos precios. Emilio Merino recuerda que mientras las frambuesas frescas convencionales recibían del orden de 6 dólares/kg, las orgánicas llegaban a US$15/kg a productor. Ello provocó “un pequeño boom”, de modo que en 1997 numerosas personas pidieron integrarse a la iniciativa.

Los avances no estuvieron exentos de problemas. En esos primeros tiempos se verificó un fuerte ataque de pololos (Phytoloema herrmanni, Sercoides virides, Hylamorpha spp.).

–Hubo agricultores de la agrupación Probío que perdieron parte de sus huertos. Después se sumaron cabritos, burritos, las demás plagas. Fuimos al Instituto de Investigaciones Agropecuarias y les planteamos que como orgánicos no había forma de enfrentarlas. El INIA nos apoyó, trajo especialistas internacionales, nos aportó los hongos entomopatógenos y también hongos como Trichoderma para enfrentar la botritis. El investigador Andrés France siempre llevó el tema adelante, hasta hoy. Sin embargo, hacia el año 2000 el Instituto nos informó que ya no podría abastecernos de esos microorganismos, porque no tenía objetivos comerciales. Ello llevó a la formación de la empresa Biomicota, aunque finalmente el INIA siguió proveyendo. Después vinieron otros emprendimientos, como Bionativa [desde 2002].

Emilio Merino destaca que el inicio de la agricultura orgánica en berries, y en gran parte el desarrollo del control biológico se debe agradecer al impulso de los pequeños y medianos agricultores pioneros. Destaca los nombres de Jorge Bravo (Bulnes), Héctor Navarrete (Pinto), la familia Junemann (Coihueco), Alejandro Jiménez (Chillán), Romé Kaltembach quien formó la primera planta de compostaje en Ñuble. “Se me queda gente afuera, es que fueron tantos…”, lamenta el entrevistado.

¿QUÉ TE FUMASTE…? ESO ES PARA JIPIS

No obstante los éxitos, Merino señala la incomprensión a la que muchas veces se enfrentaban:

–Nos trataban mal: “¿qué te fumaste…?”; “eso es para los jipis…” Un trato avasallador que se da incluso el día de hoy, cuando la agricultura orgánica ya no necesita estar demostrando nada a nadie. Hay profesionales que ignoran completamente el tema y hablan pestes por su falta de información. Pero también hay otra categoría de desconocimiento por parte de profesionales jóvenes, salidos hace poco de la universidad, que creen que la agricultura orgánica no va más allá del reemplazo de unos insumos por otros. No ven la holística, la sustentabilidad, la biodiversidad, el sistema.

Cosecha en Virquenco. La media productiva de todos los arándanos orgánicos en HORTIFRUT bordea los 14.000 kg/ha.

Corte entre hileras y cierre ajustado del mulch sobre la hilera para el control de malezas.

Uso de corredores con especies arbóreas, arbustivas y florales para favorecer la actividad biológica.

El Subgerente de Producción de HORTIFRUT cuantifica que entre la superficie de su empresa y la de los productores asociados, abarcan alrededor de 1.300 ha de arándanos bajo manejo orgánico. En Chile, estima un total de 2.600 a 2.800 ha. La producción debe llegar a unos 22 millones de kilos, calcula (incluyendo 12 millones de kg de HORTIFRUT y Socios), de los cuales se exportan en fresco unos 8 millones en tanto que 12 millones de kg se destinan a congelado y algo así como 2 millones y fracción de zonas lobesiadas se exportan como fruta convencional a mercados de más exigencia.

Si bien en un principio se trabajaba sin un gran respaldo científico en los procedimientos, actualmente la situación ha cambiado. El subgerente de producción de HORTIFRUT resalta el compromiso de su empresa en investigaciones con INIA y universidades en áreas como el control biológico, ya reseñada, pero también, entre otros aspectos, en el tema nutricional y su comportamiento bajo diferentes condiciones de suelo.

–Se han evaluado distintos tipos de fertilizantes, sus curvas de liberación de nutrientes, la biodisponibilidad. Existe el software MANODA [manejo nutricional orgánico de arándanos], desarrollado por INIA y disponible en el sitio web de HORTIFRUT, donde ingresas información como los datos básicos del cultivo y los resultados de los análisis de suelo y foliar, para obtener una recomendación.

VIRQUENCO Y LAS PRIMERAS 8 HECTÁREAS ORGÁNICAS

El interés de Víctor Moller por conversar se concretó al poco tiempo de la primera venta, y le ofreció implementar la línea orgánica en HORTIFRUT.

–La gran empresa no estaba en mi pensamiento –rememora Emilio Merino–, le contesté que ya tenía compromisos y me quedaba con la pequeña agricultura. Me argumentó que en HORTIFRUT avanzaría más rápido, podríamos poner nuevos estándares y seguir apoyando a los pequeños agricultores. Pero yo estaba conforme en mi trabajo, por lo tanto continué en él. Esas cosas de la vida: vino un remezón en Indap, la situación se puso dura. Y don Víctor me seguía llamando. ¿Qué quiere de mí?, le pregunté. Que se venga a trabajar conmigo, que me busque un campo para instalar unas 30 a 40 hectáreas de frambuesa orgánica y que siga dando asesoría a los pequeños y medianos agricultores de Ñuble a través nuestro, me respondió.

Emilio Merino.

Fue así como se incorporó a esa compañía. Arrendó un campo de la superficie indicada en la zona de El Carmen en 1997 y ese mismo año convirtió 8 hectáreas convencionales de arándano en orgánicas, en el fundo Virquenco, cerca de Los Ángeles, las primeras de su tipo en Chile, afirma. Aun con un respaldo mayor, abrir camino requería esfuerzo:

–Fue un peregrinar por casas comerciales para que consiguieran los productos que necesitábamos. Finalmente Rafael Varela, de Tattersal, nos apoyó. Lamentablemente falleció, pero fue pionero en traer insumos como leonardita o ácidos húmicos.

SE LOGRAN RENDIMIENTOS SIMILARES A LA PRODUCCIÓN CONVENCIONAL

–¿Cómo ha sido la evolución del negocio de los berries orgánicos?

–Conozco la comercialización de la frambuesa desde hace 22 años, en los que ha habido cambios, como el abandono de las exportaciones en fresco hacia el 2004. Siempre el precio ha estado encima de la fruta convencional, al menos un 30%, y muchas veces sobre el 50% superior. En arándano estamos viviendo una crisis con la industria del congelado, donde se llegó a casi un 100% más para orgánicos y en la última temporada se ha mantenido con un 20% adicional. En fresco, la plaga Lobesia botrana hizo desaparecer la oferta exportadora a EE.UU. de las regiones 6ª, 7ª y 8ª, lo que significó un cierto vacío de fruta; hoy el mayor precio para las zonas que pueden exportar va de un 20-25% a un 40-50%, dependiendo del momento.

–¿Ese mayor precio compensa una menor producción en el sistema orgánico?

–La menor producción es un mito. Tal vez se deba a que muchos profesionales no están lo suficientemente al día y recomiendan el uso de productos o técnicas que ya deberían haber salido hace tiempo. Hoy la media en nuestros campos de arándanos se ubica en torno a los 13.800-14.000 kg/ha contra un promedio en Chile de alrededor de 8.500 kg/ha. No obstante, hay variedades de nueva generación, que pueden lograr rendimientos de 25 t/ha. Los costos en nuestros campos convencionales van de unos US$9.500 a US$12.000/ha, y en los orgánicos vamos de los US$9.500 a US$13.000, dependiendo de las condiciones productivas. El costo por kilo es también muy similar, alrededor de US$0,65-1,00/kg versus US$0,70-1,00/kg. Los arándanos son un rubro que, en convencional, deja un margen del orden de 7.000 a 10.000 dólares/ha, y en orgánico en torno a los 9.000 a 13.000 – 14.000 dólares/ha.

En Virquenco se cuenta con un laboratorio para la multiplicación de agentes de control biológico.

NUTRICIÓN Y CONTROL DE MALEZAS MARCAN UNA DIFERENCIA EN COSTOS

La gran diferencia de costos para la agricultura orgánica se encuentra en el nitrógeno y las malezas, indica el entrevistado, principalmente estas últimas.

–Nos encontramos buscando mejor tecnología de control. Utilizamos prácticas culturales, como el uso de mulch, y lo estamos cerrando más en torno al cuello de la planta. Ahora trabajamos con una máquina de control de malezas con vapor en la barbilla. Es un gran desafío.

El tema nutricional se halla mucho más solucionado:

–Puedes tener todas las unidades de nitrógeno que quieras. Nosotros traemos de EE.UU. un producto, Pro Gro, con un contenido de 13% de N, y hay otros similares. Para elegir es importante que tengan una buena tasa de liberación y biodisponibilidad, aspectos a considerar al sacar las cuentas. En huertos antiguos llegamos a aplicar 120 unidades de N/ha/año, pero con el tiempo hemos comprobado un efecto de la sustentabilidad, de la actividad biológica en el suelo, y hoy estamos en 30 o 40 unidades de N/ha/año. En suelos más débiles en un momento apoyamos con más N, teníamos costos de 2.500 dólares/ha, hoy estamos en US$1.200 a 1.600/ha. Tenemos campos plantados el año 2000 con 2% de contenido de materia orgánica suelo y hoy están en 8%. Si el recuento de actividad biológica era de 50, por decir una cifra cualquiera, actualmente se encuentran en 130, y un bosque nativo en 150. Por lo mismo, gracias a la vida en el suelo, aplicamos cada vez menos microelementos. En cuanto al potasio, fue el primer elemento del que tuvimos oferta comercial para agricultura ecológica en Chile, proveniente de Alemania. Nunca hemos tenido problemas con eso.

–En Chile –continúa– normalmente no hay dificultades por contenido de fósforo en el suelo. Nosotros cubrimos nuestras necesidades con roca fosfórica: en términos generales, una dosis alta cada 3-4 años. En suelos orgánicos hay muchos microorganismos y bacterias que lo solubilizan y lo dejan disponible para los cultivos. Lo ideal es pasar la roca fosfórica por el compost para que se descomponga ahí y entregue sus contenidos de este elemento si no tienes el pH adecuado, porque en arándanos con pH bajo 5,7 habrá una buena liberación, pero en frambuesa con pH 6-6,5 va a funcionar muy poco.

Emilio Merino nuevamente subraya que no se trata de reemplazar un insumo por otro, sino de hacer agricultura con bases agroecológicas, lo que incluye prácticas como la incorporación de corredores biológicos y el uso de té de compost. Por ejemplo, señala, una investigación de Andrés France demostró que las aplicaciones de té de compost se asocian a una baja de la presencia de enfermedades de la madera, como el plateado.

Saber lo que está pasando en el suelo resulta vital, por lo que se trabaja con el ciclo de liberación de N y por lo tanto importa determinar en los análisis las unidades utilizables.

–Así, no aplicamos compost si el nivel de materia orgánica puede comenzar a generar problemas. Por ejemplo, tenemos suelos en el sur con 24% de materia orgánica, que liberan en torno a 110-130 unidades de N en la temporada. Eso juega en contra porque el fenómeno ocurre desde diciembre a febrero, con las altas temperaturas y humedad en el suelo, e induce un ablandamiento de la fruta.

UNA FILOSOFÍA DE MANEJO QUE SE ADELANTA A LOS HECHOS

En agricultura orgánica hay una filosofía de manejo que consiste en adelantarse a los hechos, remarca el entrevistado:

–Si te afecta el chanchito blanco en arándano, tienes que pensar qué hacer antes de que aparezca. O si un año sufriste un ataque de botritis no puedes dejar el residuo de la poda, debes sacarlo, y aplicar un baño invernal de polisulfuro que corte los ciclos. ¿Tuve plagas, enfermedades? ¿Qué es lo que tuve? Se requiere mucha observación y conocimiento, no se aplica un “paquete tecnológico” como en la agricultura convencional. En muchos huertos de arándanos o frambuesas terminan la cosecha y los vienen a retomar en junio, con la poda, sin preocuparse del manejo en esos momentos, de cortar los ciclos de la plaga, etc. Este es un trabajo de año redondo.

–¿Cómo ves el uso de plásticos en techos y mallas en la agricultura orgánica?

–Lo veo súper bien en los berries, al igual que en cerezos o en manzano, aunque este último se encuentra más decaído económicamente. Las plantas sufren el efecto del cambio climático, con altos índices de radiación solar. La tecnología de cubiertas, sea cual sea, dependiendo de la variedad y el objetivo que quieras conseguir, vino para quedarse. En muchas condiciones es mejor poner menos hectáreas con techo que economizarse esa inversión para poner más superficie. Los productores de cereza en el norte no estarían lamentándose de las pérdidas por la granizada en noviembre pasado si hubieran tenido los árboles bajo techo. Sin embargo, las altas inversiones por hectárea exigen una gestión empresarial con un control estricto de lo que se gasta en cada cosa y de lo que se gana, para saber qué perno debes apretar.

VENTAJAS DISTINTIVAS PARA LA PRODUCCIÓN ORGÁNICA EN CHILE

–¿En Perú hay producción de arándanos orgánicos?

–Hay un desarrollo más que nada para armar las bases de productividad. Existen algunas hectáreas de ensayo y hay distintas empresas haciendo pruebas. Por las condiciones de ese país, donde predomina el cultivo en arenas con cero o mínimo contenido de materia orgánica, lo que implica mantener la aplicación de nutrientes los 365 días del año, hay que abordarlo más como un sistema hidropónico y puede resultar de un costo muy alto. Una situación muy distinta a Chile, donde se potencia la base existente en el suelo. En Perú habría que hacer aplicaciones permanentes de nutrientes.

MANEJO DE PLAGAS EMERGENTES

–La detección de Lobesia botrana fue un golpe duro para los arándanos orgánicos.

–Fue el golpe más pesado y mal manejado. Un descuido de la emergencia. Ahora también está en riesgo el System Approach, y fuera de eso tenemos el tema de la Drosophila suzukii, frente a la cual tampoco veo una capacidad de reacción.

–¿Hay control de Drosophila en un sistema orgánico?

–Muy poco. Hay productos y estamos viendo la estrategia de manejo. Nosotros tenemos un sistema de monitoreo constante, capacitamos a nuestra gente, mapeamos los campos. Invitamos a un profesional desde México y contamos con la experiencia que han desarrollado nuestros colegas de Naturipe Farms en EE.UU. Aplicamos el producto Spinosad contra Lobesia y Drosophila, y estamos evaluando un par de alternativas más, además de estudios de control biológico con el entomólogo Ernesto Cisternas (INIA La Cruz).

–Es más complicado en Perú.

–Pero se está haciendo, se saca una cantidad de kilos al mercado, a EE.UU. o a Europa. En México también hay algún desarrollo, al igual que en EE.UU. y en Europa. El fuerte de la producción orgánica de HORTIFRUT está en Chile y también cierta cantidad en Argentina, aunque sin el desarrollo que ha alcanzado acá. Nuestro país debiera aprovechar el potencial que tiene, desde la calidad de sus suelos al conocimiento acumulado en más de 20 años, para posicionarse como productor orgánico de berries.

–¿Cómo ves la proyección de la agricultura orgánica en Chile?

–Creo que en estos 22 años de exportación orgánica en los cuales me ha tocado participar, la industria surgida de esos primeros berries ya se ganó una posición y ha ido aumentando en especies ofrecidas. Fue un gran aporte de los pequeños y medianos productores, en su momento, complementado después por la gran empresa, porque pudo invertir en investigación con los centros especializados, para generar tecnología aplicada, lograr el ingreso de insumos, bajar los costos, en beneficio general. HORTIFRUT ha sido pionero en esto y agradezco a don Víctor Moller por haber creído en un pensamiento que pudo haber sido un poco loco pero que hoy es una realidad para el país. Es una industria madura. Y creo que la producción orgánica nos podría defender de las amenazas futuras surgiendo desde competidores en distintas partes del mundo. La agricultura está cambiando mucho y va a seguir cambiando, y el camino se nos va a hacer difícil si no nos destacamos por algo distinto. Para lograrlo tenemos que mejorar en la formación profesional: las universidades deberían incorporar cátedras de agricultura orgánica. Creo que hay que dotar de una base mucho mejor tanto a productores como asesores, porque soy un convencido de que va a ser la agricultura del futuro.