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Biostimulación y bioprotección en vides y nogal

Los beneficios del uso de micorrizas y trichodermas

Giuseppe Colla, doctor del Departamento de Agricultura y Ciencias Forestales de la Universidad de Tuscia, mostró de qué manera microorganismos tales como micorrizas y trichodermas permiten obtener cultivos más sustentables, resistentes a enfermedades y productivos.

Giuseppe Colla, doctor del Departamento de Agricultura y Ciencias Forestales de la Universidad de Tuscia.

Cómo lograr una producción sustentable en el tiempo, que se prolongue por dos o más décadas, evitando enfermedades y logrando buenas rentabilidades de los cultivos? La respuesta: buscando la estabilidad microbiológica en el suelo. Desde ese punto de partida, el doctor y académico del Departamento de Agricultura y Ciencias Forestales de la Universidad de Tuscia, Italia, Giuseppe Colla, habla sobre el uso de microorganismos en base a micorrizas y trichodermas para la bioestimulación y bioprotección de las vides y de los nogales.

“Los bioestimulantes son materiales que promueven el crecimiento de las plantas cuando son aplicados en bajas cantidades. Incluyen diversas formulaciones y componentes, sustancias y microorganismos que son aplicados a las plantas o al suelo para incrementar vigor, rendimiento, calidad y tolerancia al estrés abiótico”, define la categoría citando al European Bioestimulants Industry Consortium.

Entre ellos, destacó, se encuentran los no microbianos como las sustancias húmicas, las algas y los extractos de plantas. Y, por otro lado, figuran los microbianos, que son recomendables de inocular cuando hay una baja fertilidad biológica de los suelos agrícolas, poca actividad de las raíces, restricciones en el uso de fertilizantes, incremento del estrés de los cultivos debido al cambio climático, control biológico ante el aumento de la presión de patógenos y plagas y pérdida de la eficacia de los pesticidas o restricción en su uso en un ambiente de inocuidad alimentaria.

HONGOS MICORRIZA: MEJORAS EN ACTIVIDAD RADICULAR, NUTRICIÓN Y TOLERANCIA

Giuseppe Colla analiza el uso de tres inoculantes microbianos –Glomus intraradices BEG72, Glomus mossae BEG234 y Trichoderma atroviride MUCL 45632– utilizados en productos certificados para emplearse en la agricultura orgánica.

Los dos primeros microorganismos son hongos micorriza arbusculares más comunes y se los puede encontrar en productos como el inoculador Aegis Gel. “Los hongos micorrizas arbusculares se ubican en el suelo y forman asociaciones con el 80% de las plantas, aunque no están presentes en brasicáseas y chenopodioideaes”, explica el experto italiano. Estos consisten en asociaciones simbióticas formadas entre plantas y hongos del suelo para beneficiar a ambas partes. Mientras el cultivo le entrega azúcar al hongo, este último le proporciona a los nutrientes minerales a la planta. Básicamente, su aplicación mejora la actividad de las raíces, la nutrición de la planta y la tolerancia al estrés.

Su nombre (arbuscular) se debe a que forman una estructura tipo árbol –conectada por la red de filamentos (hifas externas e internas)– dentro de las células de las raíces, las cuales juegan un activo rol en este intercambio de materiales entre el hongo y la célula que lo hospeda. Entre otras características, producen esporas intra y extra radiculares, que son estructuras de germinación para la preservación y propagación de largo plazo. De esta manera, incrementan el sistema radicular de los árboles o de vegetales en general.

Tabla 1. Aumento del nutriente foliar en plantas micorrizadas en comparación con plantas no micorrizadas.

“Los hongos micorriza aumentan la absorción de nutrientes del suelo, especialmente de aquellos que están más inmóviles como el fósforo, el zinc y el cobre. A su vez, promueven la absorción de los nutrientes presentes en formas que no están disponibles para las plantas”, explicó Colla (tabla 1).

Sin embargo, también funcionan como filtros biológicos, pues reducen la acumulación de sodio en las hojas, mejoran la tolerancia a la salinidad, moderan la absorción de elementos tales como los metales pesados y, en definitiva, promueven la resistencia de los cultivos al estrés ambiental (abiótico). “Estos hongos –agregó el científico– también aumentan la tolerancia a plagas y enfermedades, ya que fomentan la eficiencia de las plantas para absorber agua y nutrientes, promueven el desarrollo de microflora benéfica en la rizósfera, incrementan la resistencia mecánica de los tejidos radiculares y elevan la defensa sistémica gracias a la prevalencia de los genes más resistentes”.

En ejercicios realizados en la variedad de uva de mesa Sweet Celebration se obtuvieron resultados positivos. Una aplicación de 400 esporas por planta de Aegis Gel en una plantación en Los Andes, realizada el 16 de noviembre de 2016, llevó a que las parras tratadas crecieran, al 14 de febrero de 2017, a una altura de 284 centímetros, con un diámetro de 7,79 milímetros, en lugar de los 212 centímetros de alto y los 5,78 milímetros de diámetro del testigo. Y en otro trabajo realizado con Aegis, en vid vinífera, en Buin, con la aplicación de 400 esporas por planta, el peso de poda pasó de poco más de 40 gramos por planta a 100 gramos.

En cuanto a su empleo en suelos de baja fertilidad, Colla recomendó buscar la sinergia entre aplicaciones de materia orgánica y micorrizas. “Incluso en este tipo de superficies, la micorrización funciona muy bien. En suelos pobres hemos visto buenos resultados. Lo importante es estar seguros de que el agua drene”, enfatizó.

 

Bioestimulación mediante el uso de aminoácidos de origen vegetal y fitohormonas

Giuseppe Colla también habló sobre el uso de péptidos como estimulantes para las plantas, explicando sus beneficios en cuanto al fomento en el desarrollo de las especies vegetales, floración, fertilización, adaptación al ambiente y mejoras en la captación y asimilación de nutrientes. En este contexto, analizó los péptidos Systemin (que activa los genes de defensa), CLV3 (regula la proliferación celular del meristemo) y CEP (promueve la absorción de nitrógeno por parte de las raíces).

“Las hormonas peptídicas funcionan en un mecanismo de ‘cerradura y llave’, donde la clave (hormona peptídica) se une específicamente a un bloqueo particular (receptor de proteínas), que se encuentra en la membrana celular. Una vez que la cerradura acepta una llave, la celda se estimula y afecta el crecimiento de las plantas”, dijo.

Colla también explicó el proceso de producción de hidrolizados de proteínas a base de péptidos y comparó la interacción entre distintos aminoácidos y el hidrolizado de proteínas derivadas de vegetales y de animales, como también la forma en que los péptidos interactúan con el regulador de crecimiento Giberelina, entre otros aspectos.

TRICHODERMA ATROVIRIDE: CONTROL DE ENFERMEDADES Y FOMENTO EN LA TOMA DE NUTRIENTES

La Trichoderma atroviride MUCL 45632 es una cepa patentada por la empresa Italpollina, que está contenida en el fungicida biológico TIFI polvo y que proviene de la colección de microorganismos realizado por la Universidad Católica de Leuwen en Bélgica. Se trata de un hongo saprófito que vive en la parte aérea de las plantas, en la rizósfera y en el suelo. Ayuda al control de enfermedades, estimula el crecimiento de las raíces y fomenta la toma de micronutrientes por parte de la planta.

La Trichoderma atroviride crea una barrera alrededor de las raíces que previene el ataque de patógenos a las plantas, además de competir con ellos por espacio y alimento. Asimismo libera compuestos tóxicos que los ataca o parasita. Además, fomenta el crecimiento de las raíces primarias, las secundarias y de los pelos radiculares. Y en relación a la absorción de nutrientes, libera compuestos orgánicos en la rizósfera, los que permiten solubilizar hierro en el suelo.

Tiene un rango de acción más amplio que el de cepas como T-39, T-22 y 30301E, entre varias otras. Cuenta con la capacidad para crecer de buena manera a partir de los 10ºC y, especialmente, entre los 15ºC y 30ºC, rango de temperatura en que esporula, superando en su desarrollo a hongos como Fusarium oxysporum (de la marchitez) y Sclerotinia sclerotiorum (pudrición húmeda) en ese rango. Diversas pruebas muestran que a los 15ºC ya es capaz de destruir Botrysits cinerea, Sclerotinia minor y Sclerotinia sclerotorium y, a partir de los 25ºC, suma en su accionar a Aspergillus carbonarius, Fusarium oxysporum y Phytophthora infestans (tabla 2).

Su vida media, comentó el doctor italiano, puedo extenderse por cinco años. Sin embargo, agregó, “durante ese tiempo hay que seguir inoculando, porque mientras la planta crece puede tener trichoderma en algunas partes y en otras no. Es importante presionar la esporulación de trichoderma para soportar una población activa”.

Tabla 2. Crecimiento de Diferentes Cepas de Trichoderma en Distintos Productos Comerciales

La aplicación de Trichoderma atroviride pre inoculación, concluye el experto, reduce el impacto de la necrosis en las vides entre un 66% y 92% en comparación con una planta sin tratamiento, mientras que el efecto de la aplicación post inoculación varía entre 22% y 69%. “Esto muestra que es importante aplicar el hongo en forma preventiva para obtener un buen control de las enfermedades”, dice Giuseppe Colla.

Al realizar un experimento con Diplodia seriata, se mostró que la lesión sin tratamiento llegaba a 26 milímetros, mientras que con un producto como Tifi polvo se reducía en 35%, llegando a 17 milímetros. En este contexto, la dosis de aplicación de Tifi polvo es de un kilo por hectárea antes de la poda y de 0,5 kg/ha después de ella.

“Hacer la aplicación 20 días antes de la poda sería la condición ideal para que Trichoderma se multiplique y pueda llegar bien a los cortes de poda. Antes de poda incrementamos la dosis en 50%. Hemos visto que la esporulación con esa dosis –un kilo de Tifi– es mejor que hacerlo con medio kilo después. Si se tiene enfermedades de la madera en forma muy grave es mejor hacer dos aplicaciones y repetirlas todos los años”, agregó el académico del Departamento de Agricultura y Ciencias Forestales de la Universidad de Tuscia.

“El crecimiento rápido y una buena colonización de la planta y del suelo con Trichoderma atroviride es necesaria para asegurar un buen control de patógenos y una alta actividad bioestimulante”, afirma el experto italiano. Entre las pruebas de campo realizadas, se llevó a cabo una con 12 cm3 de Aegis gel y 3 gramos de Tifi polvo, en una plantación de nogales de Sutil en Talca. En 42 días, el diámetro de las plantas tratadas fue de 12,79 milímetros y la altura de 257 centímetros, en contraste con los 10,62 milímetros de alto y los 229 centímetros de diámetro del testigo. 

*Artículo desarrollado en base a la charla ofrecida por el investigador italiano en “Conferencia Future Root”, organizada por las empresas Inpacta e Italpollina en Osorno, Curicó y Buin a mediados de mayo.