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Octubre 2017 | Nutrición

Segunda parte

La preparación de suelo en frutales como un requisito fundamental para una producción sustentable en el tiempo

Antonio Lobato1, Eduardo Alonso1, Mauricio Sánchez1 y Felipe Mayol2
1Consultores, 2Empresario y Agricultor

CONSIDERACIONES ECONÓMICAS

Todo lo expuesto, hace necesario y urgente dar el correspondiente valor y relevancia a la correcta preparación de suelo como cimiento fundamental de toda nueva plantación frutal. Su impacto técnico y las consecuencias en el desarrollo de las plantas, asi como el consecuente beneficio o detrimento en la productividad futura, hacen de esta práctica un verdadero hito, tan importante como cuando decidimos que especie o variedad/patrón que escogeremos o la calidad y sanidad de las plantas que utilizaremos.

Dicho esto, y por alguna razón que es difícil explicar, es sorprendente la cantidad de proyectos que ven la luz, que han sido financieramente evaluados, con análisis económicos positivos, incluso bajo condiciones de alto stress, como vidas productivas cortas (12-15 años), uso de alta tecnología (mallas, cubiertas, altas densidades, etc), los cuales presentan falencias en este hito tan relevante desde el momento mismo de la definición del proyecto o ya en los primeras etapas de su implementación.

Dado que el componente técnico no está en cuestión trataremos de establecer las variables económicas que pudieran explicar la falta de interés o rigurosidad respecto de esta práctica fundamental.

Antes de responder la pregunta aparentemente obvia:  ¿Cuánto cuesta preparar un suelo? Debemos tener en consideración las variables que hay que considerar: tipo de suelo y sus limitaciones, maquinaria apropiada para que este sea trabajado, la eficiencia y eficacia de los diferentes equipos y la cantidad de trabajo o pasadas hasta que el suelo quede preparado acorde al proyecto que hemos definido.

Es realmente importante conocer y comprender empíricamente las eficiencias de los diferentes equipos utilizados en estos trabajos, así como la combinación de labores realizadas por ellos a fin de obtener una adecuada preparación. Es posible encontrar en algunas publicaciones referencias a equipos e implementos, numero de pasadas y profundidades, las cuales están lejos de presentar los resultados mínimos deseados en las preparaciones reales, siendo muchas veces como se mencionó al inicio de esta publicación, simples trabajos de la capa arable .

Cuadro 1. Costos parciales y totales así como rendimientos de diferentes equipos. Excavadoras con garras (PC-200 y PC-300) y bulldozers más comunes (D-8, 155-AX; D-9, 275-AX y D-10, 375-AX).

En el Cuadro 1, podemos apreciar el desempeño de las maquinarias usualmente usadas en relación a su rendimiento de hectáreas por cada hora de trabajo (ha/hr) o su inverso en cantidad de horas que requiere cada equipo para trabajar apropiadamente “una pasada” a una hectárea (hr/ha), el costo del arriendo de la maquinaria, incluido su transporte y de igual forma los gastos en operador y sus viáticos. El costo del combustible puesto en el predio y su consumo por hora de trabajo (l/hr) nos permitirá tener una valorización lo más aproximada posible del real costo total por hectárea (USD/ha) para cada uno de los distintos equipos que consideremos.

Sin el afán de complejizar la información presentada en el cuadro anterior, cabe insistir que los costos totales expuestos corresponden solo al costo total de una “pasada” o recorrido total por ha de cada uno de los equipo, dependiendo del tipo de suelo, limitaciones propias y situación particular la que definirá la cantidad de pasadas y el conjunto de equipos a utilizar para cada plantación.

Cabe señalar, que es de la mayor relevancia la correcta definición de la maquinaria a usar, puesto que, esto obviamente nos dará la mejor relación costo/beneficio. En caso de sobre estimar el equipo, es decir, utilizar un D-9 donde un D-8 habría sido suficiente, conlleva mayores gastos operacionales. De igual forma, el subestimar la maquinaria, es decir, utilizar un D-8 donde la complejidad del suelo requiere un D-9 o algo mayor, conllevara una preparación inadecuada, con las consiguientes limitaciones para la vida del huerto y su productividad. Por tanto, si existen dudas en la definición del equipo, es preferible optar por el de mayor potencia. Sin embargo, esto no entrega espacio suficiente para cambiar de manera considerable los parámetros de la labor en sí. El agregar “patas” adicionales, aumentar significativamente el ancho, aumentar la velocidad, etc., debido al uso de esta mayor potencia, solo generaran un detrimento en el resultado de la labor y en el particular caso en que se obtuviese alguna mejora, esta estaría basada en una incorrecta definición de la complejidad del suelo en primera instancia. A fin de evitar esto, es clave la correcta determinación y requerimiento del perfil por medio de calicatas, así como la verificación con pruebas iniciales de equipo y numero de pasadas.     

Si consideramos que la preparación comúnmente usada, recomendada o valorizada en la mayoría de los proyectos alcanza un valor cercano o equivalente a los 1.000 USD/ha, esta posiblemente considera las labores de subsolado o preparacion del sub suelo con garra o buldócer (a veces incluye también la capa arable) dejando “lista” y bien preparada la hectárea en cuestión, podemos pensar a la luz de la oferta que es un gran ahorro. Sin embargo, es muy probable que la prisa y presión sobre los costes resulte en un trabajo mal hecho ya sea de poca profundidad y/o cobertura deficiente de la hectárea en cuestión.   

La experiencia de campo nos demuestra una y otra vez que aunque puede darse que un suelo quede bien preparado con una pasada, lo usual es que requiera el uso de un mismo equipo más de una vez o el conjugarlo con otras maquinarias como se puede observar en el cuadro 2.

Cuadro 2. Costo real de preparación de suelo para 5 casos, con diferente complejidad y distintas máquinas o combinaciones de ellas.

En el Cuadro 2 podemos observar el costo total de diferentes combinaciones de maquinaria, a la cual se le descuenta el valor de la preparacion o subsolado base o estándar (1.000 USD/ha) que se ofrece o considera para los proyectos de plantaciones nuevas y que usualmente presentan las falencias al inicio de este artículo. La diferencia, corresponde al valor que los productores “ahorrarían” al realizar esta labor de forma incorrecta pero con un aparente buen resultado, vieron el equipo trabajar y lo hizo rápidamente.

Pero ¿Qué significa este “ahorro de tiempo y dinero”?, ¿Qué representa en términos de producción y qué impacto tiene en términos de retorno?

Cuando evaluamos un proyecto a 12,15 o 20 años, lo más difícil es saber realmente cuanto nos generara dicho proyecto, razón por la cual intentamos (o deberíamos intentar) ingresar la mayor cantidad de variables productivas, sobretodo, porque como productores difícilmente tenemos la capacidad de definir el valor internacional de nuestra producción salvo muy escasas oportunidades, por tanto es sensato abocarse en primera instancia a tener altas producciones, de gran calidad y sostenibles en el tiempo. Cualquier otra variable se acerca más a la especulación, aunque pueda obtener un excelente trato con la exportadora de turno, los precios están sujetos a las variaciones internacionales siendo afectados por gran cantidad de factores climáticos, económicos y geopolíticos a nivel global.

Cuadro 3. Diferencia o ahorro entre costo de suelo bien preparado y costo de preparacion estándar, expresado en kg de fruta por hectárea/año y Prorrateado en una vida útil del huerto o parrón de 12 años de producción para los mismos casos presentados en el cuadro 2.

Al observar el Cuadro 3, podemos observar que la “diferencia o ahorro” obtenido con una preparación inadecuada pero visto desde la perspectiva de la vida útil del proyecto. Es decir, se consideró la diferencia del costo por hectárea,  entre la preparación estándar y una correcta preparación y este valor/ha, fue llevado a su equivalente en kilogramos de fruta por ha para los casos más comunes de preparación y donde se requerían pasadas simples o combinadas y que requerían un mayor “costo o inversión”.

Al establecer la cantidad de kilogramos de fruta por ha/año podemos apreciar que la porción de la producción con la que “financiamos o amortizamos” ese gasto o inversión extra inicial es irrelevante si consideramos el nivel productivo del huerto, siendo superado ampliamente por otros ítems como lo tomado por los cosecheros o lo afectado por enfermedades y plagas, situaciones a las que usualmente les asignamos menor importancia relativa. De esto podemos concluir que este mayor costo inicial es irrelevante en el resultado productivo del proyecto, entonces la pregunta que sigue es siendo tan pequeño su mayor costo, ¿Hay algún efecto sobre el potencial productivo y/o en el resultado financiero de nuestro proyecto?

Es sabido que las limitaciones físicas de suelo sumado a grandes exigencias productivas y búsqueda de precocidad generan stress significativo en los huertos generando en el largo plazo decaimientos prematuros de los mismos, afectando en primera instancia la disponibilidad de madera frutal calidad y posteriormente acortando la vida productiva del huerto o parrón. En las figuras 1 y 2 podemos apreciar los flujos financieros de especies frutales, cerezos y nogales respectivamente y donde en cada especie observamos 3 escenarios posibles.

Figura 1. Diferentes escenarios de flujo (USD) para proyecto de Cerezos (ha)

Figura 2. Diferentes escenarios de flujo (USD) para proyecto de Nogales (ha)

El primero de color verde, corresponde a la estimación de los flujos futuros bajo un escenario de productividad normal, el de color amarillo corresponde a un escenario donde el huerto ve reducido su potencial productivo en un 15% desde un comienzo debido a las limitaciones físicas del suelo. Este escenario es muy común y se presenta de manera subyacente, una vez establecidos los niveles productivos prometidos se ven directamente mermados. De igual forma, esto afecta indirectamente los flujos dado que los responsables técnicos se ven forzados a suplir o compensar los déficits de crecimiento vegetativo, vigor o calidad a través de un sin número de prácticas paliatorias, que incluyen labores de suelo superficiales, uso de bio-estimulantes y otros elementos exógenos foliares y radiculares ajenos a la nutrición misma, a fin de llevar a los huertos a los niveles productivos esperados o aceptables, generando mayores costos en insumos innecesarios en un entorno adecuado para el desarrollo radicular.

Si bajo este suelo de condición física deficitaria, se le suma la presión de producciones normales o altas, más stress estacionales, problemas de riego en exceso o déficit, etc., no es de extrañarnos observar un escenario como el representado por la línea de color azul donde no solo limitamos la producción potencial de los huertos, sino que acortamos la vida útil de los mismos al presentar la declinación prematura de nuestro proyecto, reduciendo drásticamente el retorno y/o flujo de cada una de nuestras hectáreas. El ejemplo presentado en la Figura 1, la caída en el retorno esperado por hectárea cae un 53% en el caso de mayor pérdida respecto al flujo original.

En la Figura 2, correspondientes a una hectárea de nogal, los flujos se ven reducidos en un 26% y 58% aproximadamente según la severidad presentada en la relación tipo de suelo, preparacion, stress productivo.

Dado el largo periodo de tiempo en que estos trabajos deficientes pueden manifestar sus efectos en el vigor o directamente en el flujo, es que rara vez, hacemos un link entre la preparacion inapropiada y los problemas observados años después (faltas de vigor, retraso en el break even, retorno final del proyecto, etc). Esto puede explicar parcialmente la falta de rigurosidad durante la ejecución y control de este proceso.

Para finalizar, mirando fuera de nuestra realidad, hemos sido testigo desde hace algunas décadas, como en otros referentes de la producción frutícola como EEUU y Sudáfrica, la preparación de suelos con maquinaria pesada ha sido la base de su fruticultura y era común explicarnos que su realidad era diferente a la nuestra, otros suelos, otros costos, otras condiciones. Con los cambios de los últimos años y dada la incorporación a nuestra fruticultura de suelos otrora marginales y/o de mayor complejidad ¿habrá llegado el momento de equipararnos en este aspecto?.