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Mayo 2018 | Uva de mesa

En la Región de Coquimbo

La complicada situación de las pequeñas superficies de uva de mesa

Ya el Catastro Frutícola de 2015, el último que se ha realizado en Coquimbo, mostraba la caída en superficie de la más importante especie frutícola de la región, la uva de mesa. Esto debido -en parte-, a la larga sequía que se ensañó particularmente con la región, pero además, a los problemas productivos y comerciales de algunas de las más importantes variedades de uva de mesa cultivada en los valles de la región. Sobre esto y las posibles alternativas productivas para pequeños y no tan pequeños agricultores conversamos con José Corral, productor de uva de mesa y vicepresidente de la Sociedad Agrícola del Norte.

José Corral, productor y vicepresidente de la Sociedad Agrícola del Norte (SAN).

En la área norte de la uva de mesa chilena, principalmente en la región de Coquimbo, se da por muertas o agonizantes a varias variedades emblemáticas de la zona temprana. Entre las complicadas, las que más se menciona son Flame seedless, Thompson seedless, Superior (Sugraone), Perlette… Los altos costos de producción de Thompson, su alta demanda de mano de obra y el descarte por uva amarilla; la baja producción de Flame, la edad de los huertos, la partidura, los problemas de pudrición; etc, etc.

Esto en medio de la cada vez más feroz competencia en los mercados durante la ventana temprana chilena. Particularmente en EEUU, donde se encuentran con las nuevas variedades californianas, tardías, más productivas, de menores costos, intensivas en tecnología (ej. plásticos); y con la creciente producción de variedades sin semilla peruana.

En ese contexto, son múltiples las voces que llaman a renovarse, considerando que algunos de los parrones de las variedades señaladas pueden llegar a contabilizar más de 30 años produciendo. La dificultad radica o más bien comienza por el alto costo del replante, el que debe considerar planta injertada y buena preparación de suelo, en un ambiente de productores sobrendeudados y sistema financiero restrictivo en relación a los créditos a los agricultores. Pero además pasa por las diferentes limitaciones asociadas a las nuevas variedades, las que deberían ser la alternativa de reemplazo para los productores.

En todo esto hay que considerar, además, el alto porcentaje de pequeños agricultores que tradicionalmente han cultivado uva de mesa en la región de Coquimbo. Según el catastro frutícola, los pequeños representan el 22% de la superficie de frutales. Sobre esto, “un 80 un 85% de los productores que componen las asociaciones de regantes de Limarí, por ejemplo, corresponde a pequeños agricultores”, grafica José Corral, productor y vicepresidente de la Sociedad Agrícola del Norte (SAN). Y es en los pequeños e incluso medianos agricultores donde en términos relativos se concentran las variedades obsoletas. En el caso de los pequeños, muchas veces productores de una sola variedad, por ejemplo, solo Flame.

José Corral comparte una situación que él mismo debe asumir como empresario, productor de uva de mesa, a modo de ejemplo de lo que deben enfrentar los productores de la zona, dispongan o no de los recursos: “Tengo una Thompson que todavía me da 2.500 cajas por hectárea, lo que al menos me paga los costos, pero mandé eliminarla; porque la mitad de la fruta sale amarilla y porque me gasto US$25.000/ha. O sea, estoy ‘paseando’ con 20 ha cuando entre las nuevas hay variedades blancas rendidoras en las que el costo productivo es la mitad”. Es así que ya el 80% de la uva de mesa que cultiva Corral corresponde a nuevas variedades.    

-¿Qué otras limitantes existen para que los pequeños y hasta medianos productores se mantengan en la uva de mesa de exportación o, al menos, en el sector frutícola?

-Hoy está muy difícil el negocio frutícola porque no hay financiamiento, ni de los bancos ni de la empresa privada, y a eso se agrega que toda nuestra base productiva quedó deteriorada por la sequía. La realidad es que nos encontramos en un conflicto de desarrollo regional, porque Coquimbo ha ocupado siempre el tercer lugar o cerca en la producción de muchas de las especies frutícolas, por ejemplo, de uva de mesa, cítricos y paltos. En ese sentido nuestro objetivo, como organización gremial, es encontrar herramientas para apalancar todo este cambio que se nos impone en la agricultura regional.

-¿Entonces, ya está asumido que muchas de las pequeñas superficies, con parrones viejos y variedades obsoletas o con problemas, no  va a poder continuar en la uva de mesa?

-Pero no solo porque las producciones por hectárea son menores, sino que también porque el mercado y como consecuencia, las exportadoras, ya no quieren esas variedades.

 

LA UVA DE MESA DE LA REGIÓN DE COQUIMBO EN DATOS

El principal mercado de destino de la fruta de la región es EEUU, que da cuenta del 80% de la fruta exportada.

Según informe del SAG, durante la temporada 2016-17 (1 de septiembre de 2016 a 31 de agosto de 2017), el principal producto exportado desde la región fue la uva de mesa con 17.281.978 cajas. Correspondiendo al 55,5% de la exportación total regional.

La región produce mayoritariamente variedades tradicionales. Es así que, Red Globe: 5.379.149 cajas, Flame: 4.342.191 cajas, Crimson: 2.290.923 cajas y Thompson: 2.193.276 cajas, representan poco más del 82% del total de la producción de uva de mesa de la región.

LA PRODUCCIÓN HORTÍCOLA PUEDE SER LA SALIDA PARA LOS PEQUEÑOS

-Hay varias fuerzas que atentan contra la sustentabilidad de las pequeñas superficies de uva de mesa, primero la comoditización del producto, después que los bancos no financian menos de una cierta cantidad de hectáreas, las barreras técnicas, variedades cerradas, etc. ¿Cuál es para ti la superficie mínima rentable de uva de mesa en la zona?

-Creo que a lo menos se debe tener de 10 ha hacia arriba. Porque hay que poder lograr un ciclo mínimo. Pero también en consideración a la mano de obra, ya que no hay quien vaya a cosecharle a alguien que solo ofrece 2 semanas de trabajo. Por esto, hoy la mayoría de los pequeños agricultores se dedican a la horticultura, porque demanda menos recursos y porque esta actividad tiene un ciclo productivo mucho más corto que, por ejemplo, una temporada de uva de mesa

-La región de Coquimbo es privilegiada con una infraestructura de embalse que no se ve en otras regiones y la lógica detrás de la inversión apuntaba a contar con un 80% de seguridad de riego para potenciar un recambio productivo a favor de la fruticultura. ¿Hoy estaríamos yendo en el sentido opuesto a esa lógica?

-Es por eso que hace un tiempo la SAN levantó las banderas para advertir lo que se nos viene. Esto no es una bomba atómica que nos cayó de repente, pero es un problema que ya no se puede dilatar porque vamos a tener que hacer un importante recambio. Sin embargo, hoy existe una oportunidad para los pequeños agricultores ya que se han ido consolidando el cultivo de algunas especies citrícolas. En frutales tales como clementino y mandarino somos primeros o segundos como región, entre otras razones porque las condiciones edafológicas y climáticas permiten que produzcan muy bien acá. Son cultivos de invierno con mucha menor precipitación. Es una tremenda oportunidad. En la uva de mesa, en tanto, enfrentamos una crisis pese a que, según nuestras estadísticas actualizadas, tenemos un 8% de variedades nuevas. Poco, pero más que el promedio nacional.

-¿Es en general rentable la actividad hortícola regional?

-Como muchos de los agricultores se han volcado a la actividad hortícola, que es más barata, estamos saturando todos los mercados. Hoy el tomate o la lechuga, por ejemplo, presentan baja rentabilidad. A nivel regional la horticultura se mueve porque hay actividad estacional en función a la demanda de los restoranes y los supermercados en verano. Esto en un contexto en que hay varios horticultores de la zona que están a la vanguardia tecnológica a nivel nacional. Estamos convencidos de que a futuro la agricultura va a jugar un papel protagonista en el desarrollo de los países. Yo me dedico a la actividad exportadora, por lo que viajo mucho, y he tenido la oportunidad de ver cómo cuidan a la actividad agrícola en otros países.

Sobre la posibilidad de que los pequeños fruticultores en general y entre ellos, las pequeñas superficies de uva de mesa, puedan desarrollarse exitosamente en las hortalizas, José Corral advierte: “En esto hay tres patas, el sector financiero, respecto del cual la región está en desventaja porque no solo tiene que partir de cero con nuevas inversiones, sino que además todos: pequeños, medianos y grandes, tienen pasivos que deben salir a renegociar a largo plazo. Otra pata es de asistencia, generar una alianza público privada para guiar y apoyar a los pequeños productores. En eso estamos en la SAN. Pero en tercer lugar está la pata comercial, en el sentido de que no sacamos nada con reconvertirnos si no se tenemos claro a qué reconvertirnos”.

Pese a todo, José Corral es un convencido del sólido futuro de la agricultura y de que los mercados damandantes van a estar. “Los alimentos en general y la fruticultura en particular tiene espacio. Para los grandes retailers a nivel mundial, el enganche para atraer público es la fruta. En todas las culturas, cuando se entra a los supermercados, lo primero que se ve es fruta y es lo que arrastra a la gente todos los días”.