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Marzo 2018 | Paltos

Desafíos en palto

Focalizar la producción pero evitando el añerismo

“Se deben enfocar los manejos en campo para producir mucha fruta, de máximo calibre y de buena calidad, que sea fruta firme y consistente todos los años”, afirma el ingeniero agrónomo Claudio Hernández, asesor técnico de la empresa Propal. Su propuesta apunta a lograr producciones sostenibles en el tiempo, que permitan acceder a los mejores precios del mercado, especialmente en periodos de cosecha tardía.

El consumo mundial de palta hass ha aumentado notablemente en los últimos años y los precios han ido al alza. De hecho, en Estados Unidos las ventas se han cuadruplicado desde el año 2000 y se espera que la demanda siga aumentando también en otras regiones como Asia y Europa. En consecuencia, el retorno promedio anual al productor ha aumentado en más del 50% en los últimos tres años. Esta bonanza ha beneficiado tanto a Chile como así mismo a otros países productores. México, Perú, Colombia e incluso Sudáfrica han incrementado su superficie plantada y las toneladas totales obtenidas de manera constante desde 2008.

Con todo, los productores y exportadores globales en general y de Chile en particular, todavía tienen una brecha para seguir mejorando su desempeño comercial. Para lograrlo, su objetivo debiera apuntar a cosechar cuando los precios son más altos en los mercados de destino. “Se deben enfocar los manejos en campo para producir mucha fruta, de máximo calibre y de buena calidad, que sea fruta firme y consistente todos los años, atenuando el añerismo”, afirma el ingeniero agrónomo Claudio Hernández, asesor técnico de la empresa Propal.

Hernández realiza un análisis de la evolución de los precios de la palta hass en las últimas temporadas en Chile y en el extranjero. “Tanto el precio del mercado interno como el comportamiento del retorno neto a productor durante el año, coinciden en un alza de precios a partir de enero”, comenta.

Una de las ventajas de nuestro país es que el mercado local absorbe entre el 30% y el 40% del volumen total de la producción. En Lo Valledor, durante enero el precio está en torno a los $1.500 por kilo (2016) y, a partir de febrero, cuando se da la cosecha tardía, comienza a subir, superando los $2.000 y llegando a un rango de $2.200-$2.300 durante marzo. A fines de mayo y comienzos de junio se termina la cosecha de palta hass, bajan fuertemente los volúmenes y comienza un alza violenta de los precios en los meses de junio y julio, con cifras que alcanzan a $3.500 en el mercado mayorista. Es un periodo que aprovecha Perú para exportar palta a Chile. Pero a fines de julio comienza a salir la palta nueva, con baja calidad en aceite y sabor, y los precios por kilo caen a un rango entre $1.500 y $2.000, en el cual se mantienen durante el resto del año.

Por el lado del mercado externo, al observar lo que ocurre en Europa, que en 2016/2017 representó el 47% de las exportaciones chilenas, la palta nacional empieza a llegar con fuerza en septiembre y se mantiene con altos volúmenes hasta fines de año, solo acompañada por cantidades menores de otros competidores. A partir de enero y febrero, las paltas de Israel y España comienzan a tener mayor importancia y, por el contrario, a disminuir la influencia de la chilena hasta presentar volúmenes casi insignificantes de las semanas 15 a la 17. En abril, la fruta peruana empieza a tener mayor incidencia; acapara casi por completo el verano europeo hasta que su influencia empieza a decaer en septiembre.

Estados Unidos, en tanto, donde Chile envía el 27% de la producción, está dominado por México y la fruta local. En este mercado, Chile tiene una influencia marginal, con envíos desde la semana 34 a la 10 del año siguiente.

Ante estos escenarios, si se analiza el retorno neto a productor por kilo exportado en la temporada 16/17, cuando se comienza la cosecha en las semanas 30-31, el valor es de US$ 1,8-US$2,0. Chile opera con mayor volumen a partir de octubre y noviembre, período en el que viene una baja en los precios, con valores de US$ 1,5/kg en la semana 50. Sin embargo, tal como ocurre en el mercado interno, al pasar el año nuevo viene un alza importante, con ascensos por sobre los US$ 2/kg entre marzo y julio.

“Todo el escenario comercial –concluye Claudio Hernández- no es muy favorable para concentrar la cosecha en la época temprana, entre junio-julio hasta diciembre, porque sale el gran volumen de la palta chilena y nos cruzamos con Perú, sobre todo en Europa. El desafío está en llegar con la palta desde enero hacia adelante”.

ATENUAR EL AÑERISMO: LA IMPORTANCIA DE LA ZONA CLIMÁTICA

Según el asesor de Propal, el añerismo es uno de los principales riesgos y uno de los grandes desafíos para lograr una producción chilena de palta consistente con miras a abastecer a los mercados. “El palto es una especie muy alternante, con años de grandes cosechas, pero otros en los que el árbol se cansa y bajan los rendimientos incluso a menos de la mitad”, señala.

La helada de 2007 y la sequía que se hizo más pronunciada en el periodo 2009-2014, han sido algunas de las causas de añerismo en la producción chilena de esta fruta durante las últimas temporadas. “El clima no nos ayuda mucho pero sí lo hace con países como Perú, Sudáfrica y otros del hemisferio norte, que parten el nuevo ciclo productivo con los árboles ya cosechados. En Chile normalmente solapamos las producciones. Tenemos palta vieja colgando en nuestro huerto, cuando ya partió la cuaja nueva. Eso desgasta a los árboles y caemos en unas alternancias, que en algunos casos son graves”, explica Claudio Hernández.

¿Cómo enfrentar el añerismo? “Ya nadie habla de llevar el añerismo a cero, sino de atenuarlo”, afirma. Para ello hay diversos manejos productivos. La primera recomendación está en diseñar bien el proyecto desde el momento de su concepción. En este sentido, es esencial calcular las distancias de plantación según la ubicación geográfica del campo y las épocas de cosecha. ¿Es una zona temprana, con climas interiores? ¿Es intermedia o en un sector tardío-costero?

“La zona climática donde va a estar ubicado el huerto va a incidir directamente en cuándo se va a cosechar la fruta y eso va a influir en las distancias de plantación a establecer. Más que la latitud, importa mucho la ubicación respecto del sol. Zonas tempranas, de climas interiores, apuntan mucho más a huertos de alta densidad, de más de mil plantas por hectárea. Vicuña, Monte Patria, Cabildo y Panquehue son buenos ejemplos. Zonas intermedias (Ovalle, La Ligua, Quillota, Mallarauco), entre la costa y la zona interior, a densidades medias (416 a 1.000 plantas/ha.) y cosechas de noviembre a enero. Y costeras (Santo Domingo, Rapel), a densidades más bajas (menos de 416 plantas por hectárea), para apuntar a un negocio de cosecha desde enero en adelante”, explica Hernández.

¿Qué sucede si, por ejemplo, se planta en alta densidad y se cosecha tarde en una zona temprana? “Se produce un grave emboscamiento”, responde el asesor de Propal. “Uno de los problemas –continúa- que hay que tratar de engranar en la parte técnica, es la coordinación de una cosecha tardía con la necesidad de poda. El palto es una especie que todavía es muy salvaje, a diferencia de lo que ocurre con un naranjo o un manzano, que llegan a un cierto tamaño y de ahí en adelante dejan de crecer. El palto, sin limitaciones de suelo y de agua, puede crecer mucho. Por lo tanto, si se está plantando a una densidad de más de mil plantas por hectárea y se va a cosechar tarde, eso significa que se va a terminar la cosecha en enero o febrero y ya va a estar la fruta nueva colgando. Por lo tanto, cuando haya que podar, no se podrá hacer porque habría que botar la palta nueva. Entonces, ¿cuándo se poda? Por lo tanto, en un huerto de más de mil plantas por hectárea, hay que tener cuidado con la cosecha tardía”.

Por el contrario, ¿qué ocurre al ubicarse un huerto en una zona costera, se planta a baja densidad y se quiere cosechar temprano? “En una zona tardía la fruta cuaja más tarde, los calibres y los aceites se ganan después. Por lo tanto, va a haber bajos rendimientos, porque la fruta no va a lograr el calibre que obtendría si llegase a junio del otro año. Y, sobre todo, nos salimos de la esencia de la concepción original del proyecto. Si, por ejemplo, se plantó a 6×4 en Santo Domingo, es porque la producción apunta al mercado interno, cuando el precio es de $2.000. Y si se va a cosechar antes, cuando el valor es de $1.200-$1.300, se está perdiendo plata”, explica el ingeniero agrónomo.

PODA DE ACUERDO A LAS NECESIDADES DE CADA HUERTO

Otro aspecto a considerar para evitar el añerismo es la poda. “Cada situación de cosecha tiene su manejo de poda. No hay una poda estándar, sino que se debe adecuar a la necesidad del huerto. Cada densidad de plantación, por lo tanto, tiene un manejo diferente en este sentido. Al mismo tiempo, el añerismo influye en la intensidad de poda. Es decir, dentro de un mismo huerto no todos los años se debe podar igual, incluso es posible variar las fechas de su ejecución según el objetivo a perseguir”, dice Claudio Hernández.

En huertos de alta densidad y cosechas tempranas, detalla, se recomienda hacer poda y renovación de ramas completas, con la idea de achicar el árbol, iluminarlo y mantenerlo en su espacio.

En cambio, en huertos de densidad baja y cosechas tardías hay que buscar una metodología de poda que permita tener cosechas sostenibles todos los años, con buenos calibres, mantener los huertos iluminados y no generar añerismo. De esta manera, el sistema de “poda calle por medio” contempla realizar cortes de los árboles enfrentados a cada lado de una calle, en un cierto ángulo para maximizar la entrada de luz.

“La gracia es que las caras de esta hilera se cosecharon temprano, se podaron y se iluminó el huerto. La calle de al lado se deja intacta y se puede llegar con la fruta ubicada ahí hasta enero, febrero o marzo, buscando mayor rentabilidad. La teoría es que el próximo año se hace el cambio: la hilera que se dejó para tarde, se cosecha y es la que primero se poda; y la hilera podada debiera entrar en producción”, explica el ingeniero agrónomo.

Otra forma de podar es la eliminación de las ramas. Se trata de identificar las más envejecidas (medias amarillas), para que se renueven completamente desde abajo y los nuevos brotes florezcan lo antes posible.

EL ANILLADO

Una técnica que fomenta que los brotes florezcan en la siguiente primavera, es el anillado. El objetivo de este manejo es crear un balance entre el rendimiento y un programa de renovación constante de ramas para mantener canopias jóvenes y reducir de este modo la alternancia.

El anillado se practica en abril-mayo. Se trata del corte del flujo floemático, que arrastra carbohidratos a las raíces, de manera de que los nutrientes se acumulen desde la incisión hacia arriba. “Se acumulan en las yemas y eso predispone a que la inducción floral de las yemas sea mucho más potente. Es un corte simple, no eliminando una banda de corteza y normalmente se ejecuta con hojas de serruchos de poda cuando se anillan ramas gruesas”, explica Claudio Hernández.

Lo importante en el empleo de esta técnica está en comprender que corresponde a la parte alta de una pirámide de manejos productivos. “Grandes errores (y mala fama) se han cometido cuando se decide anillar a último minuto, cuando todos los manejos base no se han trabajado bien”, dice el asesor de Propal.

La base fundamental de esta estructura es el vigor: no se puede anillar un huerto de paltos débil o que tenga una fertilización desbalanceada, en la que no se apliquen todos los nutrientes o que no se fertilice. Asimismo, el anillado funciona bien cuando hay un programa de renovación constante de follaje; no se pueden anillar ramas envejecidas, sino que materiales nuevos. A su vez, se debe contar una estrategia de riego que no enferme las raíces. Si hay debilidad, porque se sobrerriega o por estrés hídrico, no es recomendable aplicar el anillado. El huerto, en resumen, debe estar sano. “Por eso, ante la duda, nunca anillar. Sin embargo, cuando se hace bien, los resultados son muy interesantes”, afirma Hernández.

 

Distancias de Plantación: Evolución de la “alta densidad” en paltos

Claudio Hernández recuerda que a comienzos de la década del noventa se plantaba en torno a las 280 a 300 plantas por hectárea. Actualmente, incluso hay huertos experimentales que llegan a 6.000 plantas por hectárea. Lo habitual es que el rango de plantación se extienda desde las 400 a las 1.500 plantas por hectárea, dependiendo de la ubicación geográfica.

  • Huertos tradicionales antiguos: 7×5 – 6×6 280 plantas/ha.
  • Huertos tradicionales: 6×4 – 6×3 416 a 555 plantas/ha.
  • Huertos densidad mayor: 5×3 – 5×2,5 – 6×2 – 5×2 667 a 1.000 plantas/ha.
  • Huertos de alta densidad: 4×3 – 3×3 – 4×2 833, 1.111 a 1.250 plantas/ha.
  • Huertos de muy alta densidad: 3×2,5 – 2,5×2,5 – 2×2 1.333, 1.600 a 2.500 plantas/ha.
  • Huertos “praderas” experimentales: 1,25×1,25 6.400 plantas/ha.

USO DE REGULADORES DE CRECIMIENTO

Un último elemento a considerar en la reducción del añerismo es el uso racional de los reguladores de crecimiento Paclobutrazol y Uniconazol. Ambos se emplean con diferentes objetivos según el modo y los momentos de utilización. Se pueden, por ejemplo, aplicar al follaje para inhibir rápida pero pasajeramente los crecimientos vegetativos. De esta forma, controlan el vigor en ciertos momentos para favorecer procesos de cuaja, aumentar el calibre o la mejora en las condiciones de inducción floral. Sin embargo, al usarse de esta manera no son útiles para controlar el tamaño de los árboles. “Si se pretenden mantener más de mil plantas por hectárea, con aplicaciones al follaje de Paclobutrazol y Uniconazol, no sirve”, dice el asesor.

No es lo que ocurre, en cambio, con las aplicaciones vía riego. Estas presentan un efecto que se manifiesta más lentamente (se aprecian resultados al mes), pero que es mucho más duradero en el tiempo. La aplicación por riego es efectiva para controlar el tamaño de las plantas en huertos de alta densidad.

¿Cuáles son los inconvenientes de utilizar estos reguladores de crecimiento? En primer lugar, hay limitaciones en su uso pensando en envíos al exterior. Estados Unidos no tiene registro para ninguna de las dos moléculas y Europa solo tiene para Paclobutrazol. Por lo tanto, si se aplican hay que preocuparse de no contaminar la fruta con residuos. Y, en segundo término, hay que tener en consideración el costo asociado, ya que son productos caros. A medida que las plantas crecen, se requieren mayores dosis y, por lo tanto, el costo económico seva haciendo más relevante.

Por otra parte, no hay certeza de la efectividad de sus aplicaciones por vía aérea. Buena parte de los huertos se ubican en laderas y no permiten, en muchos casos, el uso de mecanización, por lo que el empleo de los reguladores de crecimiento depende de helicópteros o aviones. “No hay estudios concretos, serios y claros que realmente respalden que, a través de ese tipo de aplicación, realmente se obtengan beneficios de cuaja y calibre”, afirma Claudio Hernández. En tanto, cuando se emplea vía riego, hay un efecto residual prolongado en el suelo, con un consecuente envejecimiento del follaje.

“Las aplicaciones vía riego de reguladores de crecimiento en huertos de alta densidad son fundamentales, pero no lo único a considerar para controlar el tamaño de los árboles”, afirma Claudio Hernández. Por eso, destaca que se deben acompañar de podas de renovación de ramas y de anillado. “De lo contrario, se cae en un envejecimiento progresivo de las canopias y en el emboscamiento”, apunta.

Estos tratamientos, agrega el ingeniero agrónomo, no son necesarios en huertos de densidades menores a mil plantas por hectárea, ya que el conjunto de anillado y podas resulta efectivo para mantener las plantas iluminadas, en su espacio y a una altura razonable de trabajo. En síntesis, finaliza Claudio Hernández, “en este tipo de huertos hay que apuntar a cosechas de media estación y tardías, realizar podas de renovación de ramas calle por medio o remoción de ramas, utilizar reguladores de crecimiento solo en el follaje (con cuidado si hay fruta vieja en el árbol para evitar los residuos), con el fin de estimular cuaja y calibre, y emplear anillado de ramas”.

En tanto, en huertos de alta densidad y cosechas tempranas, el uso de reguladores de crecimiento –al follaje y vía riego- es importante, pero debe estar acompañado siempre de un programa de poda y de anillado de ramas.