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Su incidencia sobre la sanidad y productividad

Estrategias para el manejo de copa en palto

Sumando su experiencia en Chile y Perú, Ricardo Cautín, académico de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, analiza aspectos fundamentales para lograr un árbol con alta producción de energía, equilibrado, de buen rendimiento, sano y con frutos grandes.

Gráfico 1.

Una copa activa e iluminada es sinónimo de un árbol saludable.

¿Qué identifica a un palto saludable? En primer lugar, una copa en activo crecimiento, cuyas hojas en su mayoría estén muy bien iluminadas, dependiendo del sistema de conducción con el que se está trabajando. Otros aspectos son un activo crecimiento vegetativo, producción de flores de calidad, y floración de intensidad controlada para que exista equilibrio entre brotes y flores. Pero no lo es todo, porque además debe tener un buen sistema radicular, agresivo en su crecimiento, y, producto de todo lo anterior, una fructificación con calidad y velocidad en su desarrollo.

Sin embargo, hay factores que pueden alejar a una planta del concepto de ‘saludable’. Por lo general, ello ocurre cuando la planta se enfrenta a condiciones estresantes. Probablemente en la costa peruana es difícil que llueva mucho para que ocurra un exceso de humedad en los huertos, algo que sí se puede producir en Chile, sobre todo en suelos pesados. Asimismo, la planta se enfrentará a otro tipo de estrés cuando no hay suficiente profundidad de suelo.

Un factor de estrés que afecta a las plantas en latitudes como la nuestra, debido al cambio climático, es la intensidad de radiación solar, la cual se presenta en varias zonas productivas con valores muy diferentes a la zona de origen del palto y que, cuando se trabaja con copas muy abiertas, pueden provocar una serie de alteraciones, como, por ejemplo, la deshidratación de las flores y alteraciones sobre la calidad de la madera, debido al daño que ocasiona el sol. Por otra parte, problemas de saturación lumínica y trabas en la actividad fotosintética, desencadenan problemas de cuaja y de calidad de la fruta.

“En Perú es común que, para defender a las plantas nuevas de la radiación, se cultive maíz en la misma hilera. Cuando la planta ya es mayor y tiene más copa, se puede defender mejor, aunque las hojas más expuestas a la radiación siguen sufriendo. La salinidad es otro factor estresante que, en algunas zonas específicas, genera restricciones al crecimiento de la raíz y al funcionamiento general de la planta. Algo que es más marcado cuando hay escasez de agua”, explica Ricardo Cautín, profesor de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV).

En el gráfico 1, se aprecia que el flujo de fotones e intercambio gaseoso este es exponencial hasta llegar en torno a 1.000 micromoles, momento en que comienza a detenerse, presentando consecuencias directas sobre la actividad fotosintética. “En la zona del norte de Perú podemos alcanzar de 2.000 o 2.500 micromoles de flujo de fotones en días despejados de primavera, verano y comienzo del otoño. En la 5ª Región. en sectores con influencia costera como el valle de Quillota, podemos alcanzar 1.700 micromoles al mediodía y primeras 5 horas del la tarde en enero; y eso, en alguna medida, es estrés para el follaje que está totalmente expuesto”, sostiene. El aspecto sanitario del huerto también es un factor clave y en Perú la presencia de Lasiodiplodia  theobramae causa problemas a nivel de madera, alterándose los vasos para transporte de agua y nutrientes desde la raíz. “Lo que hace que se exprese o no este hongo de la madera, es la condición de estrés a la que está sometido el huerto. Es decir, si hay algún tipo de estrés, Lasiodiplodia se expresará generando cancrosis, muerte regresiva de ramas, defoliaciones y en general arboles débiles y con grados de estrés crecientes, lo que traerá muerte de ramas, pérdida de follaje y pérdida de frutos. El gran problema es que cuando los vasos se obstruyen y deja de circular agua, se caen hojas y luego, cuando este árbol está más desnudo, aparece la radiación, que se encarga de darle un remate al sistema, afectando la madera que sin estar con el problema del hongo se daña por el sol”.

Para paliar los efectos de la radiación, en Perú es común que en una plantación inicialmente se alterne el palto con maíz en la misma hilera.

El crecimiento de la raíz y su incidencia en el crecimiento de la copa está dado por el abastecimiento hormonal, hídrico y nutricional; además de las condiciones de estrés.

Aquella madera que produce dos o tres cosechas sufre agotamiento y, en muchos casos, como el de la foto, hay que apuntalar la rama.

Una gran cantidad de madera envejecida, dañada y estresada no servirá para producir calidad ni cantidad, subraya el experto. En la medida que sea posible generar producción de crecimiento vegetativo intensa y de calidad, producto del manejo de poda y nutrición, se pueden reducir los efectos del estrés, teniendo una planta mucho más saludable incluso si ha sido infectada por patógenos como el hongo de la madera ya citado.

MANEJO DE COPA, CLAVE PARA TENER UN ÁRBOL SALUDABLE

La opción de generar renovaciones de brotes constantes en el tiempo a través de un manejo de copa –como lo es mediante podas–, resulta clave para tener una mejor condición general de salubridad. El experto señala que el árbol tiene una cierta capacidad para estimularse y producir crecimiento vegetativo, y que la idea es aumentarlos en forma considerable “porque lo que nos interesa es que el balance esté a favor de una condición saludable en relación al estrés”. El tema no se refiere solo a cantidad, sino también a calidad. Por ejemplo, cuando hay mucha oscuridad, los crecimientos vegetativos serán débiles. Asimismo, para el especialista de la PUCV, la fructificación es un factor de detrimento o de mucha demanda energética, frente a la cual el productor debe plantearse la renovación constante de madera que produce frutos, sin dejar que la madera avance en edad ni que tampoco se aleje del centro del árbol. “La estrategia sería que, después de cosechar, se debe manejar un porcentaje de renovación para ir cambiando brotes y nunca salir de este circuito potente y virtuoso del crecimiento vegetativo, altamente productor de energía y de frutos”, recomienda Cautín.

Cuando hay ramas que han pasado por dos o tres cosechas, y que también han sido afectadas por la radiación, entrarán en una fase de debilidad. Por ello es que Cautín es claro en sostener que, en la medida que se trabaje con reemplazos, se tendrá un árbol más saludable, con mayores posibilidades de producir buena madera y muy buena fruta.

Los factores que inciden en una buena producción de madera son: edad, fructificación (anterior/sin fructificación), posición del brote y equilibrio del vigor. “Además, en la medida que tengamos un crecimiento normal y agresivo de la raíz en un árbol saludable, contaremos con el abastecimiento hormonal necesario para lograr el crecimiento vegetativo. Debemos tener en cuenta la cantidad de agua que necesitamos para lograr ese crecimiento, pues junto con ella se absorben los nutrientes”, señala. Ante una situación de estrés, agrega, el control del riego debe asegurar que este órgano esté en una actividad continua para soportar todos los procesos que haya en la parte alta.

EL MANEJO DE COPA Y SU INCIDENCIA

Para el experto, en el manejo de copa se deben considerar los siguientes aspectos:

Poda de producción: Se produce una eliminación de las ramas que generaron fruta.

Poda en verde: Se realiza para poder favorecer el ingreso de luz al centro de las copas y mantener a todas las hojas funcionando.

Iluminación de hojas externas e internas: En la medida que las copas son densas, las hojas que están más adentro son parásitas. Por lo tanto, se trata de ir abriendo las plantas, tanto dentro como afuera, para tener una tasa importante de iluminación.

Eliminación de ramas enfermas: Cortar aquellas ramas débiles que han sido atacadas por una enfermedad o afectadas por algún tipo de estrés.

La iluminación de caras internas produce renuevos.

Poda en verde: aumento de eficiencia en una planta grande.

“No hay que olvidar que la madera se agota después de haber sostenido una producción importante, sobre todo cuando un brote vigoroso es capaz de producir doce o quince frutos; y cuando tiene dos o más producciones, va adquiriendo posición horizontal e incluso hay veces que se debe apuntalar. Ese brote podría volver a dar frutos en las puntas, pero después de todo el trabajo que soportó, es muy difícil que lo haga con la misma intensidad y calibre de frutos; lo más probable es que descanse una temporada (alternancia productiva). Entonces, ¿qué hacer? Se cosecha, se elimina y el próximo año se producirá en otro brote de iguales características, que se estimula en su aparición con poda y luz; este brote respecto del ya cosechado está desfasado en una temporada, constituyéndose como ´reemplazo efectivo’”, indica el especialista. Por otra parte, remarca que en la medida que la producción se distancie hacia afuera del centro teórico del árbol, será más complicado lograr buenos calibres de fruta, “porque la madera se va envejeciendo y se va ramificando mucho”, estas consideraciones se ajustan bien al tipo de árbol en cuanto a dimensión (altura) con que se trabaja hoy en día, las mayores densidades hacen muy factible este tipo de acciones.

Para Cautín, hay un problema cuando los brotes vigorosos y ‘nuevos’ nacen muy arriba en la copa, porque van desnudando a las partes bajas del árbol, y generando otros problemas de manejo con el palto proyectado en altura. “Entonces, los trabajos de poda tienen que realizarse abajo y adentro, para mantener el tamaño y altura definida en el marco de plantación utilizado”, recomienda. Cuando se poda, añade, hay que tratar de ir un poco más atrás para que el reemplazo venga desde el centro del árbol.

“Hay que tener conocimiento acerca de cómo se comporta el árbol, cómo crece y cuándo podar lo suficiente. Es decir, pocas ramas para no bajarle kilos al árbol, pero hacerlo buscando la renovación de ramas. El otro consejo es que no hay medida estándar, sino que hay conceptos que se aplican en forma particular a cada planta”.

PODA EN VERDE, AUMENTO DE EFICIENCIA EN UNA PLANTA GRANDE

Las ramas cuando caen por su propio peso generan espacios o boquetes, donde se estimula la aparición de brotes jóvenes que van a servir de reemplazo. La foto A (pag. 49) muestra una copa densa y vacía por dentro, mientras que la foto B muestra una copa grande, pero llena de invaginaciones para que la luz propicie que todo el árbol trabaje y sea eficiente. “Es casi como un árbol guante, donde la luz está entrando por distintas partes. De esa forma vamos a tener mucho equilibrio en las partes iluminadas, y eso está relacionado con la madera que la produce. Veremos que, en la medida que contemos con flores de calidad, produciremos frutos de calidad, lo cual dependerá de la nutrición, del metabolismo de la planta, de dónde está plantada, de la edad de la ramilla y la posición en el árbol”, continúa.

Cuadro 1. Número de flores por árbol en relación a su tamaño

El calibre potencial está vinculado a la calidad del ovario de la flor. “Cuantas más flores tenemos, podemos dudar de su calidad fisiológica, nutricional y morfológica”, afirma Cautín, graficándolo en el cuadro 1. “Probablemente, gran parte del millón de flores que menciona el cuadro no servirá. Se caerá porque son de mala calidad”, comenta. Las flores que vienen sobre brotes indeterminados –prosigue– tienen alguna probabilidad de mayor cantidad de cuaja, debido a las hormonas que producen los brotes cuando son muy jóvenes.

El calibre del fruto es un objetivo fundamental de todo productor de palta Hass. “Tener fruta muy cerca de la ‘cañería principal’ es una forma de asegurar un buen calibre”, sostiene Cautín. “Los primeros cien días son fundamentales para lograr el calibre deseado”, afirma el experto de la PUCV y señala que la cuaja es el momento crucial para el objetivo productivo. “En Chile en sectores planos, en octubre pasado, en todo el mes solo hubo tres días donde se cumplían las condiciones ‘óptimas’ en cuanto a temperaturas mínimas para la cuaja. Por lo tanto, ante una situación así, debemos tener polinizantes para asegurarnos cuaja. Estos frutos van a cuajar cuando haya temperatura y cuando la calidad del tejido de la flor sea la mejor. En climas con primaveras frías, como en la zona donde se produce palta en Chile, resulta esencial el apoyo de los microelementos zinc y boro, que pueden ser aplicados durante la floración en más de una oportunidad y en baja dosificación, para fortalecer crecimientos a nivel de la germinación del polen y del tubo polínico que irá en busca del óvulo para fertilizarlo, asegurando o mejorando la cuaja de los frutos”. Además, sostiene el experto, en la medida que se tengan raíces activas durante el proceso de floración y cuajado, lo frutos se ‘amarrarán’ mejor y comenzarán a crecer, debido al flujo de hormonas producidas en la raíz.

El fruto crece por la actividad del embrión, por el abastecimiento de agua desde el pedúnculo, por el abastecimiento de azúcares desde las hojas y por la llegada de la hormona citoquinina desde la raíz. “Entonces, en la medida que dispongamos de embriones de flores con mucha calidad, tendremos un buen resultado de fruto. Y se ha visto que en Hass hay algunas anormalidades que son naturales, como por ejemplo, ovarios con dobles sacos embrionales o sacos embrionales inmaduros, y óvulos deficientes”. Se trata de una cantidad de flores que finalmente no van a cuajar, refiere.

Según Ricardo Cautín, una condición de inducción floral exagerada, muy común en árboles débiles o estresados, producirá flores con problemas al cuajado y al desarrollo de calibre en el fruto. “En un experimento se evaluó la relación entre el largo y el diámetro de frutos normales y los que después fueron pequeños. Se comprobó que, en peso, al día 90 después de plena flor, ya se separan de la población de frutos, los que van a ser frutos grandes de los que serán frutos pequeños. Y eso tiene que ver con la calidad de las flores y con las posibilidades de ‘sobreinducción’ floral”, advierte el especialista.

Eso genera una caída importante de frutitos, entre los que se cuentan los frutitos anormales, frutitos solo polinizados y frutitos que caen por condiciones de estrés como el calor o el déficit hídrico. “Esa primera fase resulta muy relevante para lograr cuajar y hacer crecer muy rápido los frutos, sobre todo cuando se desea iniciar la cosecha temprano”, puntualiza. “Hacia al invierno el proceso se hace más lento y es difícil aumentar el calibre, sobre todo en climas fríos como en las zonas productivas de Chile”, explica. Además, en esa época el árbol está simultáneamente preparando las flores para la próxima temporada. “Vale decir, es en esta época (verano) cuando nosotros podemos resolver mejor el problema productivo que viene hacia adelante. Son 120 días aproximadamente a partir de la cuaja, donde se demanda mucha energía, lo cual exige tener cantidad y calidad de hojas”. Para lograrlo, se necesita un buen abastecimiento hormonal, desde brotes y desde las raíces, para poder hacer crecer el fruto. Cando ello no ocurre, cuando hay algún estrés, hay caída. “Puede que esa caída no ‘duela tanto’, porque se trata de flores que son anómalas. Pero cuando se trata de frutos grandes uno a dos meses más tarde de cuaja, sí es importante y afecta la producción, se produce el fenómeno por un tema de estrés, de cómo se lleva la planta”, afirma. Sucede en algunos años, en que la primavera ha sido muy benigna para la cuaja, que el ajuste de fin de verano se expresa con mucha intensidad, preocupando al productor. Mi recomendación es que mire lo que está en el árbol y no lo que está en el suelo; si observa el nivel de frutos que le parece normal, no hay problema: había sobre cuaja y el árbol tuvo que ajustarse”.

Cautín concluye indicando que se necesitan raíces que constantemente estén en renovación. Para lograrlo, se debe tener mucho cuidado con la oxigenación del sistema radical, lo cual se vincula a un adecuado manejo del riego, complementándolo con todas las otras consideraciones del manejo agronómico para lograr el calibre adecuado, aspectos nutricionales y aspectos sanitarios, entre otros.