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Septiembre 2018 | Cerezos

Dr. Matthew Whiting en Conferencia Redagrícola

Estrategias de manejo de la carga frutal en cerezo

La súper cuaja de cerezo de la pasada temporada en Chile, que generó una sobre producción de calibres de bajo valor comercial, evidenció la necesidad de contar con herramientas agronómicas que permitan regular la carga frutal de los árboles de cerezo. En una de sus dos charlas ofrecidas la pasada Conferencia Redagrícola en CasaPiedra, el doctor Matthew Whiting repasó las alternativas de raleo que han estudiado en la Washington State University y anticipó algunas nuevas propuestas en que están trabajando.

El doctor Matthew Whiting, canadiense que trabaja en la Universidad Estatal de Washington, se especializa en fisiología vegetal aplicada. Whiting señala que trabaja muy de cerca con los productores de cereza del estado de Washington, donde se cultiva casi el 10% de la cereza que se produce en el mundo. “Los productores de Washington tienen más o menos los mismos problemas y las mismas motivaciones que los productores en Chile”, afirma Whiting.

Whiting explica que tal como la pasada temporada hubo una producción record en Chile, el año pasado así mismo se produjo una cosecha record en el estado norteamericanode Washington. “De hecho fue un año desastroso para los productores del estado, dado el volumen producido”, dice el experto.

Figura 1. Relación entre superficie foliar y cantidad de fruta.

Figura 2. Competencia por recursos de las frutas con las ramas.

POR QUÉ ES NECESARIO MANEJAR LA CARGA EN CEREZO

En el manejo de carga hay dos conceptos básicos que están relacionados. Estos son fuente (source) y sumidero (sink). En una rama de cerezo se encuentran fuentes, las hojas, las que aportan fundamentalmente los carbohidratos producto de la fotosíntesis para el crecimiento del árbol; y los sumideros, que corresponden a los tejidos que demandan esos carbohidratos. Por esto, “la cantidad y la calidad de la fruta que se produce, cualquiera sea la especie, dependerá del balance entre fuente y sumidero u oferta y demanda de carbohidratos. Entonces, ¿por qué es importante ralear y balancear la carga del árbol?

Una forma de considerar la relación entre fuente y sumidero es midiendo la proporción entre superficie foliar y cantidad de fruta (figura 1). Es relativamente obvio que mientras menos superficie foliar se tenga más va a declinar la calidad de la fruta. Esto es válido tanto para el peso de la fruta o tamaño como para la acumulación de sólidos solubles o de materia seca. Mientras menos hojas se tenga por cantidad de frutos, peor será la calidad de la fruta. Según Whiting, la variedad Santina sobre Gisela 6 es un buen ejemplo de por qué es necesario entender esta relación y disponer de herramientas para generar un balance entre fuente y sumidero.

Otra consideración importante es que existe competencia por los carbohidratos producidos por las hojas. Si bien las fuentes sustentan el crecimiento de la fruta, así mismo sustentan el desarrollo de los otros órganos de las plantas. Las raíces, las ramas, las hojas en desarrollo, etc. “En el figura 2 se aprecia un buen ejemplo de la competencia por carbohidratos. Si se retira toda la fruta de un árbol y se compara con otro árbol de alta carga, para observar el crecimiento o elongación de las ramas cuando las cerezas están en la Etapa III de desarrollo (cerca de cosecha), se constata una menor tasa de crecimiento de las ramas en el árbol de alta carga porque la fruta está demandando más carbohidratos”, explica el fisiólogo.

Los cerezos son frutales muy inusuales porque presentan una ventana muy corta en que se produce al mismo tiempo un rápido crecimiento de las ramas y un rápido crecimiento de la fruta. Es diferente a los manzanos, a los ciruelos, a los paltos, etc. En cerezo hay un período muy intenso de competencia por los recursos generados por las fuentes.

“Hace cerca de 15 años atrás decidimos estudiar la relación entre sumidero y fuente midiendo el tamaño de la fuente. En la foto 1 (pág. 36) se ve a un árbol completo dentro de una cámara, de modo de que podemos medir la fotosíntesis total, proceso que es el generador de los recursos con que se desarrolla el árbol. Esto nos permite comparar muchos diferentes tratamientos, muchas diferentes ideas, ya que podemos maximizar la fotosíntesis para que toda la fruta disponga de recursos suficientes”, apunta Whiting.

En el figura 3 (pág. 36) se representan tres tratamientos, en los que algunos árboles de cerezo no tienen fruta, otros tienen 5.000 frutos y en otros se realizó un raleo para lograr una carga intermedia. Las curvas representan la fotosíntesis de los árboles completos y no se aprecian diferencias significativas en la tasa de fotosíntesis, por lo que la fotosíntesis total es la misma en el árbol sin fruta y en el árbol con alta carga de fruta. Así mismo, cuando se calcula la cantidad de carbohidratos producidos por los árboles, resulta que es la misma. De eso se desprende que hay una cantidad fija de recursos disponibles para repartir entre toda la fruta.

Figura 3. Fotosíntesis de árboles con y sin fruta.

Figura 4: División celular y tamaño de las células.

MAXIMIZAR RECURSOS O AJUSTAR LA DEMANDA

No es posible incrementar la oferta de recursos en un árbol por lo que es necesario ajustar la demanda. “Por esto es necesario aprender más de los efectos de los distintos sistemas de conducción y de la arquitectura del árbol, área en la que tenemos una tremenda cantidad de trabajo, así como también en cuanto a la intercepción de la luz y de la distribución de esta”, señala Whiting. Aspectos que pueden dar pistas de cómo a maximizar la producción de recursos.

“En Washington hemos trabajado mucho en el objetivo de conseguir cerezas más grandes. El tamaño de la fruta es el resultado del número de células que la componen y del tamaño de estas células. Sabemos que las diferentes variedades están determinadas genéticamente para producir fruta pequeña o fruta grande, pero cuando observamos las células del mesocarpo y analizamos su estructura para determinar por qué una variedad es grande o pequeña, vemos que la fruta de la variedad grande tiene más células en su pulpa. En tanto que el tamaño de las células incide poco”, explica el investigador.   

Para cualquier variedad, ya sea Regina, Santina, Cordia, Sweetheart…, la diferencia de tamaño entre la fruta dentro de la misma variedad estará dada principalmente por el tamaño de las células. “Pueden tener la misma cantidad de células, pero la fruta será más grande en tanto más grande sean las células. Entender esto nos puede ayudar a mejorar el proceso de raleo y a hacer un manejo adecuado”, señala Whiting.    

Los gráficos de la figura 4 (pág. 36) muestran el comportamiento de dos variables en el tiempo. El tamaño de las células y el número de células. “El cero, en el eje de las equis, marca el período de plena floración y si observamos el número final de células en la fruta, vemos que la mitad de las células ya están presentes en floración. Es decir, en el punto cero el número de células no es cero sino que da cuenta del 50% del número de células totales que tendrá la fruta”. Esto es importante, según Whiting, en el contexto de otro aspecto que el científico está estudiando, “como construir mejores yemas”. Esto es, ¿cómo llegar a la floración con mayor cantidad de células en las flores de modo de conseguir fruta de mejor calidad?

La mayor parte de la división celular en la fruta de cerezo ocurre en una ventana muy angosta, de solo dos semanas contando desde plena floración, lo que es determinante para los estudios que han realizado con reguladores de crecimiento de las plantas (PGR, por sus siglas en inglés) con el objetivo de incidir en el tamaño de la fruta. “Es determinante porque hay solo una muy limitada oportunidad para incidir en esa angosta ventana con algún PGR, de modo de aumentar la división celular”, aclara.

Tabla 1. WAFB: Semanas después de Plena flor .

Tabla 2: : Efecto en ‘Bing’ de los tratamientos con GA realizados el año anterior

Tabla 3. Efecto del raleo químico en la variedad ‘Rainier’ sobre portainjerto ‘Mahaleb’.

Figura 5. El mejor período para ralear.

La información que comparte el investigador de la Universidad de Washington apunta a establecer los fundamentos que permitan determinar al mejor momento para ralear y los objetivos a cumplir. En ese contexto destaca un ensayo de raleo, llevado a cabo en Australia (tabla 1, pág. 36).

“En la tabla 1 se puede ver que 1 o 2 yemas por dardo es mejor que 4 yemas por dardo en lo relativo a incrementar el tamaño de la fruta. Además, solo los raleos temprano en la temporada mejoraron la calidad de la fruta, ya que raleos efectuados dos, cuatro o seis semanas después de Plena flor no mejoraron la calidad de la fruta”, señala Whiting.

Los resultados anteriores además han sido confirmados en otros ensayos que así mismo apuntaban a identificar el mejor momento para ralear.

En los gráficos de la figura 5 (pág. 38) se constata una clara ventaja de ralear temprano en la temporada. “Vemos que la mejor calidad de fruta se obtuvo cuando se raleó durante el período de Plena flor, en tanto que raleos posteriores no incidieron en mejorar la calidad de la fruta”, apunta Whiting.

Precisa el fisiólogo que los ensayos descritos son solo ejemplos, ya que no existe una respuesta única o absoluta para todas las situaciones. “La respuesta a las preguntas sobre cuándo y cuánto ralear dependerá de muchos factores y la respuesta fácil a todas las interrogantes será siempre, depende. Depende de la variedad, del portainjerto, de la carga del huerto, del nivel de cuaja, intercepción de luz luego de floración, etc. Los ensayos que presento solo son ejemplos que buscan aportar criterios para enfrentar el manejo considerando la situación particular de cada huerto”, acota.

DE QUÉ HERRAMIENTAS SE DISPONE PARA RALEAR

Qué se puede hacer o qué herramientas existen para manejar la carga de fruta. “Es importante establecer que la gestión de la carga frutal en cerezo es un proceso de hasta 15 meses. El primer punto u ocasión en una línea de tiempo en que se puede incidir en la carga del árbol está a 15 meses de distancia de la cosecha. Ese punto es la inducción floral del año anterior. En Washington hemos realizado una enorme cantidad de trabajo sobre el período de iniciación floral. Hace años nos dimos cuenta que esa era la primera oportunidad para afectar la carga frutal, reduciendo el número de yemas florales para entrar en el invierno, no con seis u ocho yemas por dardo, sino que con 2 o 3. La pregunta que nos planteamos fue, ¿se pueden usar con éxito algún PGR para reducir la iniciación floral? Con este fin usamos fundamentalmente ácido giberélico, en este caso aplicado 15 meses antes de observar el efecto a cosecha.

Figura 6. Ciclo de 15 meses de crecimiento y desarrollo.

En la tabla 2 (pág. 37) se aprecian los efectos de los tratamientos con ácido giberélico realizados el año anterior al año de cosecha. En la columna uno se ven las diferentes dosis de GA aplicado, en la segunda los rendimientos obtenidos por árbol, peso de la fruta, firmeza, porcentaje de fruta igual o superior a 30 mm (≥10.5-row (%) y valor de mercado. Para el investigador, la columna más importante es la sexta, donde se representa el valor obtenido de lo cosechado por árbol ($US/árbol), valor que está compuesto por el rendimiento de cada árbol combinado con la calidad. Las dosis de GA3, 30 ppm en etapa II, 50 ppm en etapa I / II y I y II, o hasta 100 ppm… 100 ppm es el doble de lo que está permitido aplicar, pero se hace con fines científicos. “El dato más valioso de la tabla 2 (pág. 37) es la columna sobre valor del cultivo y allí se aprecia que ningún tratamiento logró incrementar el valor de la cosecha. Esto porque si analizamos la calidad de la fruta en relación al rendimiento, vemos que la calidad de la fruta mejora el segundo año en función a la dosis de GA3 aplicada, ya que se reduce el número de yemas por dardo al segundo año, en los casos en que utilizamos una muy alta dosis de GA3. Sin embargo, el rendimiento se ve afectado de tal modo que este va disminuyendo linealmente en función al incremento de la dosis empleada (figura 7, pág. 39). Por lo tanto, esto no resultó ser una buena solución”, determina Whiting.

Figura 7. Manejo de la carga frutal con ácido giberélico

Entre los efectos secundarios del raleo con GA3 se cuenta que mejora la calidad y retrasa la madurez de la temporada en que se aplica en dosis de 50 ppm o más. “Otro efecto secundario que se manifiesta con las dosis altas de GA3 es que mejora el vigor vegetativo debido a que naturalmente estimula el crecimiento, lo que en algunas situaciones puede ser positivo. Pero, su uso así mismo genera peligros, además de la posible caída en la producción, por ejemplo, en el caso de contar con pocas yemas por dardo cuando se enfrenta heladas”, advierte el fisiólogo.

Whiting dice que algunos productores utilizan el GA3 en el caso de variedades autofértiles o en cultivares de maduración tardía. Ya que saben que serán muy productivos todos los años. Entonces, utilizan altas tasas de GA3 para reducir la carga frutal.

Además, luego de varios años de ensayos, en distintas variedades, han visto que el GA3, a bajas concentraciones, consistentemente mejora la firmeza de la fruta. “Esa es la única característica que con certeza mejora con las aplicaciones de GA3, no así el dulzor, no siempre la fruta es más grande, etc.”, señala. Otro aspecto importante que advierte el investigador, es que el efecto en los árboles se satura a bajas concentraciones. Por ejemplo, aplicaciones de 20-25 ppm puede que retrasen la madurez, pero no mejorarán la calidad de la fruta.

PODAS Y RALEO DE FLORES VS RALEO DE DARDO

“En un huerto como el de la foto 2 (pág. 37), sería absolutamente imposible realizar una poda técnica. En un huerto como ese, qué instrucción se pude dar a los podadores para mejorar la calidad de la fruta, por ejemplo”, apunta Whiting. Esto lo dice el investigador para graficar que en huertos de distintas variedades, portainjertos, densidades o sistemas de conducción, la estrategia de poda dependerá de la características de cada huerto específico y que es una decisión que se debe tomar en el campo. Este es, entonces, un manejo sobre el que no se pueden dar recomendaciones generales.

Foto 2.

Foto 3.

Aplicación de raleadores químicos de flores en cerezo.

Sin embargo, Whiting aporta ejemplos para contrastar estrategias de poda y establecer algunos criterios. “Hace años en Washington, antes de la transición a portainjertos como los Gisela, antes de que se dejaran de lado portainjertos vigorosos tales como Mazzard o Colt, para todas las variedades sobre portainjertos vigorosos, la industria tenía reglas simples. Al ser los árboles muy vigorosos y los huertos no ser precoces, el afán de los agricultores era mitigar el excesivo vigor y obtener fruta en los árboles lo antes posible. Por esto, tendían a hacer muchos cortes de raleo en poscosecha, en verano, más que podas de despunte durante la dormancia; debido a que los despuntes tienden a generar mayor vigor. La recomendación general, entonces, era hacer muchos cortes de raleo cuando se cultivaba sobre portainjertos vigorosos”, recuerda. 

Pero ahora, con los nuevos portainjertos, principalmente de la serie Gisela, cambió completamente la forma de pensar. “Como los árboles tienen menos vigor, son más pequeños y los huertos son muy precoces, el asunto ahora es cómo quitar fruta del árbol y cómo mantener el vigor”. Entonces, en lo que para Whiting es un interesante contraste, en la actualidad la industria hace lo opuesto, más cortes de despunte, podas en dormancia y renovación mucho más frecuente.   

“Cuando se incorporaron los portainjertos menos vigorosos y más precoces, se comenzaron a desarrollar nuevas ideas para manejar la carga frutal, además de la poda. Una de esas ideas consistía en la extinción artificial de dardos, de forma manual, complementariamente a las estrategias de poda. Los ensayos se realizaron en la variedad Bing sobre los portainjertos Gisela 5 y 6. El objetivo fue lograr 2.000 frutos por árbol”, dice el fisiólogo.

En la figura 8 (pág. 40) el experto muestra información que puede ilustrar algunas ideas que el expositor considera fundamentales para el manejo de la carga frutal. “Hicimos un ensayo para comparar dos tratamientos de manejo de carga. Uno era raleo manual de dardos, al 50%, y el otro raleo manual de flores, también al 50%. En los resultados de los ensayos de la figura 8 (pág. 40) también se incorpora los efectos de los tratamientos al segundo año. Si miramos el número de frutos por árbol a la primera temporada, en el tratamiento control, en el que no se hizo nada, vemos que hay cerca de 4.000 frutos por árbol; en tanto que en los dos tratamientos de raleo se obtuvo más o menos el 50% de la fruta del control. Pero en la temporada 2, todavía se observa un efecto de arrastre del tratamiento de raleo de dardos. Esto ocurre porque cuando se remueve un dardo, esta estructura se va y ya no regresa más, situación que todavía afecta en la segunda temporada”, explica Whiting.

Así mismo, en la figura 9 (pág. 40) se puede ver el efecto de los tratamientos en los rendimientos por árbol. “Se aprecia que el tratamiento de raleo de flores, la primera temporada logra un mayor rendimiento por árbol que el tratamiento de raleo de dardos. En cuanto al efecto de los tratamientos en la calidad de la fruta, expresada como peso de fruto, el primer año el raleo de flores mejoró la calidad en un 25% en tanto que el raleo de dardos solo incidió en aumentar el peso de fruta en un 12%. Hay que recordar que los árboles de los dos tratamientos tenían la misma cantidad de frutos. Además, al segundo año no hubo mejora con el raleo de dardos pese a que el rendimiento fue menor que el control y que el raleo de flores”, señala Whiting.

Como se señaló, para el investigador el parámetro más importante corresponde al valor de la cosecha en el mercado. Para ese parámetro, en los ensayos se observó que el valor logrado por árbol aumentó con el raleo de flores en tanto que no hubo beneficio con el raleo de dardos. ¿Cuál es la causa de esto?

Figura 8. Fruta por árbol de los tratamientos de raleo.

Figura 9. Rendimiento por árbol de los tratamientos de raleo.

“Comprobamos que las dos técnicas logran reducir la carga frutal e incrementar la calidad de la fruta el primer año y que al primer año el raleo de flores funciona mejor que el raleo de dardos en cuanto a mayores rendimientos y tamaño de fruta. La razón, explicada de manera muy simple, es que sin raleo la proporción de hojas por fruto es de solo 2,3 (tratamiento control); con el raleo del 50% de los dardos la proporción aumenta a 3,4 hojas/fruto, por lo que hay una mayor oferta de recursos, razón por la que mejoramos la calidad de la fruta el primer año; pero, con el raleo de flores, tratamiento en que no se remueven futuras hojas, la proporción fuente/sumidero se incrementa a 4,3 hojas/fruto”, explica.

TRABAJOS CON RALEADORES QUÍMICOS DE FLORES

Los estudios realizado con raleadores químicos son los primeros llevados a cabo en cerezo. La herramienta ha cobrado importancia en vistas a la incorporación de nuevos portainjertos, como los Gisela, y de nuevas variedades de alta productividad, lo que ha generado la necesidad de ralear. “Debido a esto, pensamos en probar los raleadores químicos y, de hecho, uno de los primeros lugares donde los probamos fue en Chile, en 2008 y 2009. Los probamos en Chile y en Washington. Comenzamos con productos que demostraron ser efectivos en otras especies frutales y los aplicamos con equipos muy convencionales. Los tratamientos fueron Tergistol al 1%, ATS al 2% (tiosulfato de amonio), FOLS al 2% (aceite de pescado y caldo sulfocálcico) y VOE al 4% (aceite vegetal emulsionado). Los datos que veremos a continuación corresponden a los resultados más destacados de ocho años de ensayos”, puntualiza Whiting.

En la tabla 3 se aprecia un ejemplo de los efectos de los raleadores químicos en un huerto de la variedad Rainier sobre Mahaleb. “Si observamos la columna de datos de cuaja frutal, el 65% del tratamiento control, donde no se aplicó raleador, implica que en promedio de cada 100 flores se obtuvieron 65 frutos. Pero, además, se puede ver que los tratamientos con ATS, FOLS y Tergitol, redujeron significativamente el número de frutos. En la última columna, en tanto, se expresa el porcentaje de fruta igual o superior a 30 mm. Vemos que el 20% de fruta sobre 30 mm que presenta el control, casi se triplica en el caso del raleo con ATS. Ese resultado es perfecto. Es la situación ideal ya que redujimos la cuaja y balanceamos la relación fuente/sumidero, incrementando sustancialmente la calidad de la fruta”, explica Whiting. 

Tabla 4. Efecto del raleo químico en la variedad ‘Rainier’ sobre portainjerto ‘Gisela® 6’.

Tabla 5. Efecto del raleo químico en la variedad ‘Skeena’ sobre ‘Gisela® 5’.

En el caso de la tabla 4 (pág. 40), en el que la cuaja natural fue de solo del 24%, nuevamente todos los productos probados bajaron significativamente la tasa de cuajado o densidad de la carga frutal. Sin embargo, “cuando observamos la calidad, representada por el peso de fruto, así como el rendimiento de calibres de 30 mm o superiores, vemos que no hubo mejora. ¿Qué ocurrió? Usamos el mismo programa, era la misma variedad aunque diferente portainjerto. Los productos ralearon, pero el problema fue que no necesitábamos ralear. En el primer ejemplo el porcentaje de cuaja era del 65%, lo que es muy alto, en tanto que en el segundo ejemplo era de solo 24%, lo que es bajo. Entonces, no necesitábamos ralear, por lo que al disminuir el número de frutos, sobre raleamos”, determina.      

En el ejemplo de la tabla 5 se expresa el efecto de los raleadores químicos en la variedad Skeena sobre portainjerto Gisela® 5. “El porcentaje de cuaja natural, en este caso, es muy alto (81%), y los productos en este huerto no tuvieron efecto ya que no redujeron significativamente el número de frutos, por lo que no incidieron en la calidad. Este sería un ejemplo de subraleo o raleo insuficiente.

Al revisar el efecto del mismo programa aplicado en diferentes situaciones, la conclusión es que a veces funciona, otras veces funciona demasiado bien y otras no tiene efecto.

“Para saber qué es lo que realmente estaba pasando observamos micrografías de la superficie del estigma de flores de cerezo, con el fin de determinar el modo de acción: ¿estos productos queman la superficie del estigma?, ¿inhiben la germinación del polen o su crecimiento?, u otro. Un descubrimiento interesante fue que al aplicar el raleador químico, por ejemplo ATS, en base a las fotos encontramos más polen en las superficies de las flores tratadas, lo que indica que –probablemente-, con la corriente de aire facilitamos la transferencia de polen entre las flores; entonces, quizás ATS presente un efecto negativo en algunas flores, pero en otros casos, cuando el polen está en el estado adecuado, con el chorro de aire en realidad se está polinizando las flores y el producto no está funcionando como raleador en absoluto. De hecho, cuando revisamos todos nuestros datos de cuando el raleador químico no fue efectivo en el raleo de flores, vimos que fue siempre por esta razón en el caso de las variedades autofértiles”, aclara Whiting.

LAS OPCIONES DE RALEO MECÁNICO

Si no se puede ralear químicamente las flores de manera confiable, entonces, ¿qué nos queda por hacer? El investigador relata como anecdota que en el estado de Washington todavía hay huertos de cerezo en que contratan gente para ralear manualmente el exceso de flores, como estrategia de manejo de carga frutal. ¿Por qué? Porque de otro modo los huertos producirían demasiada fruta de bajo valor comercial y porque no han resuelto cómo manejar la carga mediante las podas, sin embargo, para el investigador, es una ilusión pretender manejar la carga eliminando flores manualmente. Esto porque, obviamente, resulta muy caro y no es práctico, aunque el resultado sea muy confiable.

Existen varias alternativas de aparatos para raleo mecánico. Darwin y Bonner son algunas de las máquinas que menciona, ambas trabajan en base a varillas que giran golpeando y botando parte de las flores. Pero así mismo existen equipos manuales desarrollados por técnicos de la Universidad de Washington y de otros centros de investigación. Entre los equipos portátiles el fisiólogo destaca como ventajas que son semi selectivos, de alta efectividad, que permiten apuntar a áreas específicas de alta densidad floral y que son eficientes.

Whiting rescata que varios de los aparatos manuales presentan distintas velocidades de trabajo, que usan baterías, que son muy livianos, que permite acceder al follaje desde el suelo, son rápidos, etc. “En los huertos de cerezo no se han adoptado máquinas raleadoras como la Darwin, porque estas son absolutamente no selectivas y con seguridad solo una porción de la canopia será adecuadamente raleada. En tanto, los equipos manuales son mucho más efectivos y permiten apuntar solo a las áreas con exceso de flores. Por estas razones estos dispositivos sí ha sido adoptados por los productores en Washington”, explica el investigador.        

Entre las desventajas menciona que, como igualmente se debe ralear en plena floración, los agricultores no tienen idea de cuál va a ser su nivel de cuaja de la temporada. “¿Será del 80%?, ¿será del 20%? No lo saben con certeza, pero asumen que deben ralear de todas formas”, señala.

1. La máquina Darwin funciona en base a varillas que giran botando las flores. 2. Los equipos manuales son mucho más efectivos y permiten apuntar solo a las áreas con exceso de flores.

NUEVAS ALTERNATIVAS EN ESTUDIO

Entre las últimas ideas que hoy se están desarrollando en la Universidad de Washington, Whiting menciona el manejo de insectos polinizadores, ya que en el caso de la zona productiva de Washington, existen pocos polinizadores naturales, lo que les permitiría regular el nivel de polinización, controlando la liberación de abejas, por ejemplo. Esta posibilidad, obviamente, dependerá de las condiciones de cada zona en particular. Así mismo están probando un sistema de polinización asistida, mecanizada, al que llaman, sistemas de polinización de precisión.

Otra propuesta en la que están trabajando apunta a la posibilidad de regular la carga raleando en posfloración, período en que ya se conoce el nivel de cuaja del huerto, por lo que resultaría una alternativa mucho menos peligrosa que las anteriores analizadas. Sin embargo, los resultados de los ensayos con los raleadores convencionales antes mencionados en este artículo, no han sido consistentes. Es así que han comenzado a probar compuestos que no se han utilizado tradicionalmente para ralear. Por ejemplo, ácido abscísico, ácido naftalenacético o ethephon, entre otros. Hasta ahora, según el investigador canadiense, solo han obtenido resultados promisorios con ethephon, compuesto que continuarán estudiando. Pese a que advierte que ese producto no se encuentra registrado para raleo en cerezo.

La última estrategia en estudio, de las mencionadas por Matthew Whiting en su conferencia, a diferencia de las anteriores, apunta a manejar la oferta de recursos disponibles para la fruta. “Existe una manera de incrementar la oferta de recursos en los árboles y es incorporando films reflectantes en el suelo del huerto. De estos existen muchas marcas en el mercado. Por ejemplo, los aplicamos la temporada completa, dos años consecutivos, en huertos de la variedad Sweetheart y los removimos hasta después de la cosecha. Por esta vía logramos incrementar tanto el rendimiento como la calidad de la fruta, por lo que es una estrategia muy promisoria que seguiremos investigando”, remarca el investigador.