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Agosto 2018 | Enfermedades

Enfermedades de la madera de la vid

Una invitación a abrir los ojos

En Chile pareciera existir una especie de empecinamiento en no querer ver el daño causado por esos hongos que se instalan en el sistema vascular de nuestras vides. En algunos casos puede ser dramático, obligando a la replantación de huertos completos, aunque muchas veces se va expresando de a poco, a medida que la planta envejece y cuenta con menos recursos para enfrentar los diversos tipos de estrés. En cualquier caso el efecto es considerable, pero afortunadamente también evitable. Los principios básicos que propone la especialista Isabel Pérez son: usar plantas sanas, evitar heridas en la medida de lo posible, proteger las que son obligatorias (poda) y hacer aplicaciones invernales con productos de amplio espectro.

Las enfermedades de la madera de la vid corresponden a complejos fungosos que suman diversos agentes causales, de acción vascular. Provocan la degradación de la planta y pueden llegar a causarle la muerte. Una vez que los hongos han penetrado, la planta en ningún caso se puede sanar, no existen controles químicos curativos y solo es factible implementar estrategias para retardar la manifestación de sus efectos nocivos, señala la ingeniera agrónoma Isabel Pérez, responsable del área de fitopatología de Agri Development. La infección, manifiesta o latente, está en todos los huertos, agrega, y recalca la seriedad del problema:

–Con ataques de botritis u otros hongos de pre y postcosecha es posible perder la producción de la temporada. Con las enfermedades de la madera se pierde la planta, y sin la planta se acabó el negocio.

¿Por qué, entonces, tanta preocupación por esos “otros hongos” y al parecer tan poca por los del decaimiento de la vid?

Figura 1. Incidencia de la enfermedad respecto de la edad de las plantas.

NO DEBIERA PARECERNOS NORMAL TENER QUE CORTAR BRAZOS DE LAS PLANTAS

Si bien Isabel Pérez ha sido testigo de cómo empresas grandes debieron replantar huertos completos al cabo de 3 o 4 temporadas de su establecimiento, por el uso de plantas infectadas, en la mayoría de los casos el proceso es muy paulatino y por lo tanto mucho menos evidente.

–La infección se va a mantener latente mientras las condiciones sean favorables para el frutal –explica–. En cuanto se vuelvan adversas y las vides sufran estrés, el problema se va a manifestar. Hay un gráfico donde se muestra que en EE.UU. aumenta el problema entre los 10 y los 15 años. La gente toma como normal tener que cortar un brazo, pero hacerlo significa perder kilos de uva, obliga a sacar otro cargador de reemplazo y, dado que los agentes causales de la enfermedad se movilizan de manera sistémica, afectará al brazo nuevo apenas haya situaciones de estrés. Un modo simple de constatar que este problema nos está haciendo perder material vegetal reproductivo, consiste en agacharse y ver los espacios por donde pasa el sol en “ventanas” que no han sido hechas por el productor. Si el huerto comienza con material enfermo, la curva se desplazará hacia la izquierda, el problema aparecerá en los primeros años. Si el huerto se inicia y se mantiene sano, la curva se moverá hacia la derecha y a lo mejor a los 20 años se podrá decidir si cambiar las plantas o no, pero ya se amplió el margen del negocio, se obtuvo el potencial, se ganó plata [figura 1].

Síntomas de obstrucción vascular (estrías) en corte longitudinal de vid cv. Red Globe y portainjerto Harmony, concentrándose notoriamente en la zona de injertación. Foto: Jaime Auger.

A grandes rasgos, las enfermedades de la madera se desarrollan en tres fases. En la primera actúan hongos precursores principalmente vinculados al suelo. Se trata de especies de Phaeomoniella y Phaeoacremonium, dando comienzo a lo que se denomina “declinación y muerte de planta joven” o “enfermedad de Petri”. En una segunda etapa, que se traslapa con la anterior, intervienen especies de Dactylonectria spp., antes llamada Cylindrocarpon, causante del pie negro de la vid, y Botryosphaeriaceae (agentes causales de la degradación dura y oscura de la madera, en forma de cuña), las cuales agravan el problema. Esta fase corresponde a plantas ya establecidas, con algunas temporadas de crecimiento, donde se aprecian brazos muertos (Botryosphaeriaceae, dieback) y ocasionalmente excoriosis generada por Diaporthe viticola (antes conocida como Phomopsis viticola), agentes que en conjunto ocasionan la declinación de plantas adultas. La tercera etapa corresponde a la pudrición blanda de la madera asociada al enrollamiento clorótico provocado por Fomitiporella vitis. A medida que las fases avanzan, van interviniendo nuevos agentes causales, que no serían capaces de superar las defensas de la planta joven, pero que ven su camino abierto por los hongos iniciales. Así, resulta prácticamente imposible hallar pudrición blanda en una planta joven.

LO PEOR QUE PUEDE OCURRIR ES EMPEZAR CON PLANTAS CONTAMINADAS

¿Cómo controlar el problema? La mejor manera es combatir sus causas. La principal vía de dispersión a nivel productivo proviene del establecimiento con plantas contaminadas. Por lo tanto, disponer de plantas sanas se sitúa como la norma número uno.

–La recomendación clave para el productor es saber decir que no –afirma la ingeniera agrónoma–. Casi siempre estos problemas se aprecian a simple vista en las plantas provenientes del vivero. La zona de injertación debe estar relativamente lisa, firme, bien cicatrizada, sin ningún signo fungoso. El volumen radical tiene que concordar con el tamaño de la planta, y apreciarse raíces funcionales, sin agallas ni quistes. Cuando la planta ya tiene brotación, entrenudos cortos y arrocetamiento pueden estar vinculados a enfermedades de la madera.

–¿Conviene mandar plantas a analizar en laboratorio?

–Aunque no es caro hacerlo, muchas veces no se necesita, salvo cuando requieres una constancia para deshacer un negocio. En general conviene tomar muestras de distintos lotes y cortar en distintos puntos: uno o dos centímetros sobre la línea de la raíz o la corona, bajo el injerto, sobre el injerto, y finalmente un corte longitudinal en el injerto, sacando la cera. Hay que buscar síntomas de tilosis, esas obstrucciones vasculares que se aprecian como manchitas negras. A veces me dicen “tengo agallas”. ¡Por qué vas a aceptar una planta con agallas! No se puede aceptar un material que no esté bien. Esto también se aplica a la replantación, porque al usar plantas infectadas para reemplazar las que se murieron debido a otros motivos, podemos estar introduciendo el inóculo en un paño sano. Un error evitable consiste en establecer huertos mezclados con lotes de distintos viveros. Si una empresa proveyó material limpio, y otra material infectado, ¿cómo podré arreglarlo después si puse las plantas entrecruzadas?

El establecimiento de plantas posiblemente contaminadas acarrea el riesgo de incurrir en el costo adicional de tener que sacarlas y eliminarlas.

Isabel Pérez constata que los períodos históricos de boom de demanda de plantas de vides, ya sea de mesa o de vino, se asocian al empleo de material de propagación no chequeado. Podría pensarse que en el caso de las variedades nuevas el riesgo disminuye, suponiendo que provienen de germoplasma limpio y cultivo in vitro, pero no hay que olvidar que la contaminación también puede transmitirse desde el portainjerto, advierte la especialista. Destaca, por otra parte, el importante proceso de saneamiento de plantas madres que han hecho empresas del sector vitivinícola y viveros, para garantizar la sanidad de sus plantaciones.

Cuadro 1. Valor medio equivalente al diámetro medido en tallo de Vitis vinífera cvs. Merlot, Cabernet Sauvignon y Thompson Seedless.

HERIDAS: HAY QUE MANTENER LA PUERTA CERRADA A LOS PATÓGENOS

Una segunda causa relevante de la propagación de las enfermedades de la madera corresponde a las heridas, puertas de entrada para los patógenos. Bajo el suelo, estas pueden ser provocadas por nematodos, sobre todo en el área más al norte del cultivo, o hacia el sur por insectos como burritos, capachitos y larvas cortadoras de la raíz. En la parte aérea de la planta el mayor riesgo se da con los cortes de poda, los injertos y anillados. En general, las prácticas bruscas de laboreo o manejo que provoquen lesiones, como era la antigua práctica de recortar las raíces en la plantación, facilitan la ocurrencia del problema.

Las fuentes de inóculo siempre están presentes en el suelo, pero fumigarlo no es eficiente, porque “simplemente resulta antieconómico” comenta la especialista; la única opción: evitar las heridas.

Muerte de plantas o escaso desarrollo en plantaciones nuevas con material de propagación proveniente de planteles madres con problemas. Foto: Jaime Auger, Laboratorio de Fitopatología Frutal y Molecular, Universidad de Chile.

En el caso de la poda, la profesional de Agri Development propone un procedimiento invernal en dos etapas para proteger los cortes, pre y postpoda, usando fungicidas de amplio espectro (ojalá con aquellos de mayor sistemicidad, y con registro en el cultivo) que por su anticipación a la cosecha no signifiquen riesgo de detección de residuos ni de sumar una molécula que pueda complicar la exportación en ciertos destinos. La primera aplicación, poco antes de podar, apunta a bajar el nivel de inóculo capaz de afectar el corte; la aplicación siguiente se hace inmediatamente después de la faena, para proteger las heridas. Se requiere cubrir todos los cortes y no solo los del ancho del pulgar o mayores, como erróneamente se cree, por lo tanto se recomienda utilizar tratamientos vía nebulizadora. También se debe tratar los restos de poda, chipearlos, compostarlos, incorporarlos o eliminarlos de alguna manera, al igual que se hace para botritis, con el fin de evitar que el inóculo permanezca ahí. Eso ayuda también a la prevención de otras enfermedades fungosas.

Hay que tener en cuenta que en la época de poda casi siempre llueve. La lluvia, los aspersores en altura y el viento dispersan las esporas, de allí la importancia de eliminar material donde puedan albergarse los patógenos. Igualmente se debe estar atentos a los pronósticos climáticos con el objetivo de dar a los cortes el tiempo de protección suficiente como para que el fungicida haga su trabajo antes de las precipitaciones. Se ha probado la utilidad de productos como tebuconazole, benomilo y la combinación de procloraz más carbendazim. Se debe calcular bien la residualidad del producto en relación a la fecha de cosecha, insiste la profesional, especialmente cuando se aplica en variedades tempranas. La agrónoma recalca que los botriticidas u oidicidas específicos no controlan los hongos de las enfermedades de la madera.

–¿Hay otros tratamientos aparte de los agroquímicos?

–Una opción interesante es un trichoderma de buena calidad, pero hay que darle tiempo, porque actúa por competencia. Coloniza los nichos donde los patógenos podrían formar sus estructuras de reproducción. La dificultad reside en que la ventana para proteger el corte después de poda antes de que ocurra una infección es muy corta, por eso se recomienda un producto de choque. El trichoderma es claramente recomendable y complementario para aplicar a los restos de poda e inóculo del suelo, donde la colonización va a ayudar bastante. Además tienen cabida los activadores de defensa bien evaluados, que van a fortalecer las herramientas de las cuales dispone la planta para enfrentar a estos hongos por sí sola.

LA PRIMERA ALTERNATIVA EN CUANTO A PORTAINJERTOS: NO USARLOS

Entre los cortes, los del proceso de injertación están muy asociados a la probabilidad de infección. De hecho, desde la perspectiva de la prevención de estas patologías, Isabel Pérez recomienda pensar bien la conveniencia de usar un patrón en vez de la planta franca:

Síntomas de obstrucción vascular (tilosis) en corte transversal de variedad de uva de mesa. Foto: Jaime Auger.

–La primera alternativa en cuanto a portainjertos es no usarlos. El problema que justificó los portainjertos a nivel mundial, la filoxera, no se encuentra en Chile, de modo que su utilización no constituye un requisito. De hecho, el portainjerto más resistente a las enfermedades de la madera es el AxR1, que no está disponible comercialmente debido a su susceptibilidad a la filoxera, aspecto sin trascendencia en nuestro país. Sin embargo, este aspecto queda a criterio de la demanda o preferencia del productor y la oferta de los viveros.

La fitopatóloga indica que el injerto tipo púa presenta una mayor exposición vascular y un mejor contacto entre patrón y variedad, por lo cual cicatriza más rápido y ofrece menos riesgo de infección que el injerto tipo omega, masivamente empleado en los viveros debido a su rapidez de ejecución. Por lo tanto, una vez más, desde la perspectiva de la prevención de enfermedades de la madera, si no hay otra opción que usar portainjertos, muchas veces conviene aprovechar los ya establecidos en el huerto, si están sanos, para hacer una renovación varietal. Con ello también se aprovecha la masa radicular de una planta adulta, bien desarrollada, con un sistema de defensa fuerte. “Material limpio combinado con el sistema de injertación de púa da mejores resultados”.

LAS VARIEDADES Y PATRONES TIENEN DISTINTOS NIVELES DE SUSCEPTIBILIDAD

Figura 2. Susceptibilidad de portainjertos a Paeomoniella chlamydospora.

Figura 3. Susceptibilidad de portainjertos a Paeoacremoniuym aleophilum.

La falta de riego y deshidratación son elementos muy importantes en la expresión de las enfermedades de la madera, las que aprovechan cuando la planta enfrenta condiciones difíciles. La obstrucción vascular causada por la invasión del xilema por hongos endófitos disminuye el potencial hídrico e incrementa los síntomas en el follaje por el cierre de estomas. Esto afecta la fotosíntesis, disminuyendo la disponibilidad de CO2 en el mesófilo y causando daño metabólico. El resultado se traduce en fotoinhibición, carencia de pigmentos y efectos perjudiciales en la integridad de las membranas.

Evitar el estrés con el fin de proteger al viñedo resulta a veces un equilibrio delicado si no se cuenta con plantas sanas, explica Isabel Pérez:

–Ese es el gran problema que tiene el viticultor con el enólogo: el primero quiere cuidar la planta mientras el segundo pide grados y condiciones favorables a la calidad del vino pero que inducen la manifestación de síntomas en las plantas contaminadas con los patógenos.

Las variedades y también los portainjertos tienen distinta sensibilidad a las enfermedades de la madera (figuras 2 y 3), característica que debería considerarse en su elección. Sin embargo, todavía no se dispone de estos datos para el caso de los cultivares nuevos. Las diferencias se dan por razones fisiológicas relacionadas con el tamaño de los vasos de la vid, cultivares con vasos más estrechos responden mejor a las enfermedades de la madera, como se ejemplifica con tres casos en el cuadro 1.

Isabel Pérez concluye que las prácticas para asegurarse de la ausencia de enfermedades de la madera en vides son conocidas y se encuentran disponibles, tanto en la base, a nivel de viveros, como a nivel de productor. Sin embargo, hasta ahora no han sido ocupadas como se debiera, lo que se traduce en pérdidas de productividad a corto plazo, en algunas ocasiones, y a largo plazo en la gran mayoría de los huertos. Una pérdida que hasta ahora hemos sido renuentes a ver y enfrentar.