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Marzo 2019 | Paltos

Cerca de 500 especies de abejas nativas registradas en Chile

Cuánto de la cuaja de un huerto de palto se debe a abejas silvestres

En nuestro país existe una sorprendente cantidad de especies de abejas nativas, particularmente en áreas de la zona central donde se cultivan frutales tales como el palto. Un proyecto de Fraunhofer Chile -financiado por Bayer Alemania- va a determinar cuánto aportan, a nivel productivo, estas especies de abejas silvestres, las que por lo general anidan en remanentes de flora nativa, cerca de los huertos, y además definirán cuál es el efecto de sus visitas en la calidad de la fruta del palto.

En Chile, el número de especies de abejas nativas registradas está en acerca de 500. Sin embargo, probablemente sean muchas más ya que las principales colecciones, como la de la Universidad Católica de Valparaíso, se han construido en base a capturas concentradas en la zona centro norte del país. Por su parte, la zona sur, está representada solo por muestreos esporádicos realizados principalmente en parques nacionales del sur de Chile.

Está de moda hablar de las abejas nativas en relación a agricultura, pero su real aporte a la polinización de huertos de especies frutales tales como palto, almendro, cerezo, arándano, kiwi, hasta hoy es desconocido o forma parte del mito. La realidad es que el efecto de la diferentes especies de abejas silvestres presentes en el campo, pequeñas, medianas o grandes, no está científicamente definido o dimensionado.

Las abejas nativas son solitarias, no viven en panales o colmensa, no producen miel (ver recuadro) y por lo general nidifican en el suelo. Sin embargo, igualmente necesitan llevar polen a sus larvas para aportarles proteína y deben colectar néctar para cubrir sus propios requerimientos nutricionales.

¿VISITANTES FLORALES O POLINIZADORES?

Fraunhofer Chile ha reunido un equipo de investigadoras, nacionales y extranjeras, especialistas en abejas (Apis melifera y nativas), polinización, ecología y relación de los insectos con el paisaje o entorno. En base a dicho equipo, uno de los proyectos que llevan a cabo en esta área, en este caso financiado por Bayer Alemania, tiene como objetivo principal determinar si las diferentes especies de abejas nativas, diferenciadas en tres grupos por su tamaño relativo, participan de la polinizacion de huertos de palto de la zona central, cuánto inciden en la cuaja de este frutal y cómo fomentar la actividad de estos potenciales polinizadores silvestres en los huertos.

Sharon Rodríguez, especialista de Fraunhofer.

“Se habla mucho de polinizadores, pero aun no se ha establecido si las especies de abejas nativas que visitan los huertos llevan polen de la especie cultivada. A priori, las especies de abejas nativas que vemos en los huertos tienen la calidad de visitante floral, hasta que se establezca que transportan polen del cultivo, pero además, en zonas del cuerpo donde está disponible para polinizar. Además buscamos comprobar el efecto de grupos de especies en la polinización”, explica la especialista de Fraunhofer Sharon Rodríguez.

El polen que las abejas transportan en las corbículas o “cestillos” del polen que tienen en las patas, no está disponible para polinizar, ya que está destinado a la alimentación de las larvas. El polen disponible para polinizar, entonces, en términos generales, es el que cubre el resto del cuerpo. Por esto, hay que identificar si transportan o no transportan polen, en qué parte del cuerpo lo llevan y, finalmente, si corresponde al polen del cultivo. Solo entonces la especie de abeja nativa estudiada puede ser identificada como polinizadora .

Por diversos motivos, resulta difícil que las especies de abejas silvestre aniden en el propio huerto, al menos cuando este es de manejo convencional, pero aun no se sabe exactamente a qué distancia de sus nidos están dispuestas a volar. “Aun no tenemos el dato exacto. No conocemos los límites o distancias máximas a las que recolectan . Lo que sí sabemos es que suelen trabajar en un radio de 1 a 2 km del nido. Sabemos que vienen de la vegetación del cerro y que las encontramos trabajando acá en el huerto. También sabemos que sus nidos están en sectores no perturbados, donde no les van a aplicar plaguicidas o donde no haya vehículos transitando permanentemente”, indica Rodríguez.

Laura Pérez, bióloga.

LA INCIDENCIA DEL PAISAJE EN LA ABUNDANCIA DE POLINIZADORES

La hipótesis es que los remanentes de flora nativa, por ejemplo los de las quebradas, la presencia de determinadas malezas, como el Yuyo, o de plantas introducidas al campo, pueden ser un aporte a la productividad de los huertos, aportando la sustentabilidad de la actividad agrícola.

En ese contexto, se valorizan los ‘servicios ecosistémicos’ que otorga la flora nativa o los restos de bosque esclerofilo que muchas veces se conserva sin intervención, aledaño a los huertos, en las quebradas y en las partes altas de los cerros. La bióloga Laura Pérez (colombiana), quién está en Chile realizando su doctorado en ecología, explica que gracias al proyecto ya han observado que “las quebradas aportan una mayor abundancia de ciertas especies de abejas nativas, particularmente de aquellas asociadas al cierre del dosel y a lugares con sombra. Las formaciones vegetales de las quebradas ayudan a que se establezcan estas especies. Así mismo, hemos detectado que las abejas melíferas visitan mucho ciertos remanentes de flora, incluso de flora introducida”, señala Pérez. Las colmenas de abejas melíferas necesitan recursos alimenticios complementarios a los que obtienen -en este caso- del palto, para completar su dieta y sobrevivir.

Desde ese punto de vista, la vegetación dentro de los huertos o de las periferias de estos, no deben ser miradas como competencia para las flores del cultivo, ya que son necesarias para la sobrevivencia y buen desempeño de las propias colmenas contratadas para polinización.

Además, continúa Laura Pérez, “el tener estos recursos complementarios dentro del huerto ayuda a que las abejas melíferas no se vayan a pecorear (recolectar polen y néctar) derechamente a la vegetación de los cerros”. En resumen, mejora el desempeño de las colmenas contratadas para la polinización y genera una mayor cantidad de visitas de las especies de abejas nativas a las flores del cultivo.

Se ha probado cultivar en la entrilera algunas especies florales que pueda resultar  atractiva a los insectos benéficos, pero ese sistema apareja manejos que el agricultor puede no estár dispuesto a asumir o financiar. Pero también existe la posibilidad de permitir la presencia de algunas especies vegetales consideradas ‘invasoras’, por ejemplo, de malezas como el Yuyo. “Podría ser que así mismo hospedaran algunas plagas, pero no todas se traspasan al palto (o a otro cultivo frutal). Debemos generar información científica para poder decirle con base a los agricultores, deja tales maleza porque hospeda o fomenta la presencia de enemigos naturales que van a disminuir la presión de algunas plagas y, además, atrerán a las abejitas nativas que van a aportar a la polinización. Entonces, ahorre herbicida. En un análisis costo beneficio vemos que, en realidad, de esta forma se obtienen más beneficios que costos y se fomenta la sustentabilidad productiva”, señala Sharon Rodríguez.

Familias de abejas nativas en Chile

Las abejas nativas solitarias conforman el grupo mayoritario, de todas las especies de abejas existentes en el mundo, representando más de un 90%. Dentro de este grupo están, las abejas cortadoras de hojas, las abejas excavadoras, entre otras.

Como su nombre lo sugiere, estas abejas no son sociales, por lo que no viven en panales como la abeja de miel, sino que son gregarias, es decir viven una al lado de otra. Después de aparearse, una abeja solitaria hembra construye su propio nido. Este puede tener varias celdas o cámaras donde ellas almacenan polen y néctar. Cuando ha acumulado suficiente alimento para sus crías, ponen un huevo en cada celda y la sellan. Así continua hasta terminar sus nidos para posteriormente morir. Las hembras por lo tanto no conocen a sus crías cuando emergen en el próximo periodo.

Dentro del orden Himenóptera, las abejas se clasifican en varias familias, en Chile se han registrado 437 especies pertenecientes a las familias Colletidae, Apidae, Megachilidae, Andrenidae y Halictidae, con un porcentaje de endemismo que alcanza más del 70%.

*www.abejasnativaschile.cl

EL ESTUDIO

Visitamos un campo de la región Metropolitana en la zona de Melipilla (Puangue) donde se cultiva vid para vino, cítricos y paltos. El campo en general presenta gran cantidad de lomajes y como de costumbre, los paltos están en las partes altas de los cerros. En las laderas con paltos, el equipo de Fraunhofer instaló 10 unidades de ensayo para estudiar el efecto polinizante de diferentes especies de abejas y su incidencia en la cuaja, productividad y calidad de fruta del palto. Por medio de mallas aislaron del entorno -en cada unidad- un palto Hass y un palto polinizante.

Los tratamientos han consistido en introducir diferentes especies de abejas nativas bajo las mallas, de modo de evaluar su incidencia en la polinización del palto. “Como no lo podíamos hacer por especie, ya que son más de 400, y porque cada especie por separado aporta solo una parte del resultado del huerto, entonces, dividimos a las especies en grupos funcionales en tanto abejas pequeñas, medianas y grandes, completando 5 tratamientos. Uno con abejas nativas pequeñas; uno con medianas y uno con grandes, uno con polinización sin insecto; y otro con Apis melífera, para determinar el efecto de la abeja de miel sola; además del tratamiento control”, explica Rodríguez. Es decir, 2 mallas con abejas pequeñas, 2 con medianas, 2 con grandes, 2 con Apis y 2 sin insectos. El control es sin malla por lo que no hay segregación de polinizadores.

Para que los resultados sean comparables se coloca el mismo número de individuos de cada especie bajo las mallas y realizan una introducción continua de las distintas especies de polinizadores. Al final del proceso la idea es medir la cuaja del palto Hass en cada uno de los tratamientos. Para esto último, cuentan flor por flor y el número de frutos cuajados. Las abejas nativas son recolectadas de sitios aledaños al huerto, de zonas con flora nativa residual que permanece en las quebradas o en la parte alta de los cerros.

Además de parámetros cuantitativos, como la cuaja, en el proyecto medirán el tamaño de fruto por tratamiento y la calidad del aceite, entre otros parámetros cualitativos. “Creemos que la actividad de las muchas especies de abejas nativas funciona como complemento a la actividad polinizadora de las colmenas de Apis melífera. Tanto en la productividad del huerto como en calidad de la fruta”, apunta Rodríguez.

“Los resultados de este proyecto, continúa la especialista, nos pueden dar bases para sugerirle al productor que deje zonas de flora nativa para potenciar la polinización de su huerto o permita el crecimiento de algunas especies de maleza; porque esas son las plantas o formaciones vegetales que dan refugio y alimento a las especies de abejas silvestres. Además, trate de usar menos plaguicidas o úselos de manera más racional, aplique solo por la mañana, etc. Ese es el tipo de recomendaciones que podremos hacer, de manera de mantener la biodiversidad en los huertos”.

El estudio está en su primera temporada y las mallas fueron instaladas poco antes de la floración del palto. El proyecto contempla una segunda temporada de evaluación. Los árboles de los ensayos fueron cosechados normalmente durante la temporada por lo que a la fecha de la visita al campo estaban presente solo los frutitos nuevos de la cuaja bajo malla.

Si bien la situación generada por el estudio, un Hass un polinizante, no representa la realidad del huerto, se busca establecer que sí existe un traspaso efectivo de polen y que así mismo se produce polinización ante la presencia de abejas nativas, aun en ausencia de abejas melíferas. Así mismo, esperan determinar el grado de incidencia de las especies de abejas nativas agrupadas en especies pequeñas, medianas y grandes.

“Los resultados del proyecto irán mucho más allá del ámbito de las abejas nativas ya que la idea es poder hacer recomendaciones a los productores para que mantengan áreas de biodiversidad aumentada con la idea de que sean un aporte a la producción. O sea, buscamos probar un efecto directo en la producción de fruta. No solo porque estas plantas sean bonitas o porque aportan a la imagen o al márquetin de la empresa”, determina Sharon Rodríguez.

En la agricultura chilena todavía no se valora lo suficiente el ‘plus’ que aporta al negocio el tener flora nativa dentro de los huertos y en los alrededores o el fomento de la biodiversidad en los huertos y los beneficios de los enemigos naturales. En el caso de la polinización de huertos frutales, la enorme cantidad de especies de abejas nativas presentes en los campos de nuestro país, junto al hecho de que así mismo recolectan néctar y polen, permite anticipar que estos insectos, en su amplio conjunto, pueden tener una importante incidencia en la productividad de frutales tales como el palto.