icon-category icon-close icon-closequote icon-down icon-download icon-evento icon-facebook icon-instagram icon-lang icon-linkedin icon-lupa icon-menu icon-next icon-openquote icon-paper icon-pluma icon-popular icon-prev icon-send icon-share icon-twitter icon-ultimo icon-video icon-youtube share-facebook share-gplus share-linkedin share-mail share-twitter

Los retos de la industria de la uva de mesa chilena según el asesor Arturo Miquel

Control de costos, control de carga y mejorar poscosecha

En esta entrevista el asesor explica los principales problemas que a su juicio enfrenta la industria de la uva de mesa en Chile. A los problemas de costumbre, de mala llegada de la fruta a destino, hoy se suma la falta de conocimiento en el manejo de las nuevas variedades, principalmente en lo referente a la carga de fruta por hectárea y su relación con la posterior deshidratación de los escobajos, factor relevante de calidad. Otro problema importante es la mala gestión de cosecha, especialmente por el largo tiempo que tarda la fruta en completar el proceso de prefrío. La mala condición pasa a ser un verdadero problema económico cuando hay más alternativas de fruta en el mercado.

Juan Pablo Figueroa Foessel

Arturo Miquel.

El ingeniero agrónomo Arturo Miquel, en su calidad de asesor, forma parte de Uvanova, Comisión de Investigación para el Desarrollo de Uva de Mesa, y el pasado simposio mundial de la uva de mesa en Bari, Italia, fue quien delineó algunos de los principales cambios que está enfrentando la industria chilena, partiendo por los sistemas de conducción; esto en una charla que protagonizó en representación del grupo de asesores de Uvanova.

Las asesorías, dice Miquel, quien además es -él mismo- productor de fruta de exportación, deben ir  más allá de la agronomía pura, ya que considera que una asesoría en esta actividad productiva exportadora es incompleta si no contempla la gestión de campo y si no llega hasta la comercialización del producto y por ende a la condición de poscosecha de la fruta.

Miquel reparte sus actividades laborales entre sus asesorías, sus actividades como productor y en la gestión de Agrícola Mercedario. “Mi carrera profesional se ha centrado básicamente en carozos y uva de mesa, pero orientada también a la gestión, es decir, no solo en los aspectos técnicos de los cultivos”, explica Miquel.

Como la mayoría de sus colegas de Uvanova es un convencido de que el futuro de la uva de mesa en Chile pasa por el desarrollo de nuevas variedades, pero en sistemas de conducción que garanticen una mejor condición de llegada de la fruta a destino, como el Open Gable, junto a otras estrategias para bajar los costos productivos de la fruta.

NUEVAS VARIEDADES Y ESCOBAJOS DESHIDRATADOS

-¿En uva de mesa te encuentras con productores que tienen buen comportamiento agronómico, pero mala gestión?

-Muchísimo. La gestión tiene tres pilares, uno es el costo de producción, otro es la comercialización y el tercero corresponde a volumen y calidades a producir. Por ejemplo, llegas a los campos de algunas empresas productoras de uva de mesa y al ver los programas sanitarios, piensas: “esta es una recomendación para casos extremos”. No caben todas las aplicaciones planificadas en la temporada. Este exceso de celo, no solo puede significar más riesgo de residuos en la fruta y retricción de mercados, sino que además incide en mayores costos por hectárea, pero sin garantizar la sanidad buscada. Para un adecuado control -además de la aplicación de pesticidas- se debe hacer un adecuado manejo de follaje, control del riego, etc; todas ellas medidas complementarias.

-¿Estás de acuerdo con la visión de que, pese a que disminuya la superficie de uva de mesa en Chile, los volúmenes de fruta no van a bajar?

-No veo que vaya a disminuir el volumen de forma dramática, salvo que se mantengan los problemas de sequía por los que atraviesa la zona centro norte de Chile. Efectivamente, la combinación de las variedades nuevas con las conducciones nuevas está produciendo mucho más fruta por hectárea de lo que esperábamos. Nos falta una cuota de aprendizaje para responder preguntas tales como cuánto son capaces de rendir estas nuevas variedades sin afectar la condición de la fruta y su vida de poscosecha. La temporada pasada, el principal reclamo de todas las variedades nuevas que exportamos a Estados Unidos apuntó a raquis deshidratado.

-¿Cuáles podrían ser las causas de ese problema?

-Se debe, primero, a que no supimos manejar bien las nuevas variedades, las que ahora sabemos son más suceptibles a sufrir deshidratación de sus escobajos que las variedades tradicionales que hemos manejado. Según algunos expertos en poscosecha es por el mal manejo de los tiempos en el proceso de enfriar la fruta. OK, lo acepto, pero yo agrego otra causa. No hemos aprendido, bajo nuestras condiciones de producción y comercialización (sumada la fumigación en destino con bromuro de metilo), cuáles son las cargas máximas que le podemos pedir a cada una de estas nuevas variedades. Tampoco sabemos lo suficiente sobre la suceptibilidad a la deshidratación de los escobajos de  todas ellas y por ende, no sabemos cuáles son los manejos optimos para cada una. Probablemente estas variedades además requieran de un prefrío de la materia prima –o sea, previo a su embalaje-, de modo de lograr su máxima expresión de calidad y condicion

-¿Así como se trabaja en el huerto para obtener buen calibre, en paralelo se debe trabajar para tener un escobajo más grueso o consistente?

-Ciertamente, aunque no necesariamente se relaciona con el calibre. El mejor ejemplo de eso es la variedad Red Globe, la que te da un calibre precioso y te puede dar hasta cinco mil cajas por hectárea. Pero con esas cargas su escobajo probablemente será malo, lo que no tiene nada que ver con el calibre, el que seguirá siendo bueno. Lo relevante para lograr buenos escobajos será, además de regular la carga, el manejo de poscosecha que se dé a la fruta.

-¿Los manejos que se hacen para obtener buen calibre son diferentes u opuestos a los que se hacen para fortalecer el escobajo?

-Son manejos distintos. Cuando estamos aplicando giberélico, ya sabemos que estamos afectando la condición del escobajo. Por ello cuando aplicamos giberélico para el crecimiento de baya, no podemos perder de vista sus efectos sobre los escobajos. Pero además, cuando manejamos la carga, sabemos que estamos afectando directamente la calidad de escobajo. Así mismo, cuando manejamos la cosecha y la poscosecha sabemos que estamos incidiendo sobre la condición de llegada a destino de la fruta. Hay una regla que dice: en una hora a 30 grados Celsius, el escobajo se deshidrata lo mismo que en 30 días a cero grados. De ahí la enorme importancia de bajar la temperatura de campo y dar condiciones favorables para que la fruta no se deshidrate inmediatamente después de cosechada.

-Crees que a los productores les gana la ambición o que solo les falta conocimiento de las nuevas variedades?

-Creo que es falta de conocimiento, en especial sobre el efecto en el precio que tiene el que una uva no llegue en perfectas condiciones y atractiva al consumidor. Sin duda que es muy incidente en el negocio el volumen a embalar por hectárea, pero más aun es la condición de esa fruta al momento de venta.

MAYORES PROBLEMAS EN LAS VARIEDADES BLANCAS, PERO…

-¿Conoces casos de mala llegada de fruta que tenga como consecuencia la salida del mercado del productor o el exportador?

-Bueno, en general es raro que tengas que botar toda la fruta o venderla en cero. Sin embargo, muchos de nosotros hemos visto cajas de uva venderse a dos y tres dólares. Por lo tanto, si llegaste a gastar -en total- 50 mil dólares por hectárea hasta llegar a destino, cosechaste 3 mil cajas y las vendiste a tres dólares, entonces perdiste cerca de 40 mil dólares por cada hectárea. Por situaciones como esa les ha ido muy mal a algunos productores; aun siendo productores exportadores. Cuando se ha tenido un fracaso en destino por mala condición, el costo es incalculable. Yo no me ahorraría nada que vaya a favor de una buena llegada de la fruta

-Pero recién cuestionabas el gasto en fitosanitarios…

-La tendencia mundial, pero también nuestra responsabilidad como asesores, en la actualidad  nos limita mucho en el uso de pesticidas. En un campo de la zona centro norte, durante mas de 10 años cultivamos más de cien hectáreas de las variedades Thompson, Autumn Royal, Crimson y Red Globe, y  al menos por seis temporadas lo único que aplicamos fue azufre, más una aplicación de fungicida en flor por disciplina, pero nada más. Me puedes replicar, ‘bueno, pero ahí no les llovía’. Sí, es cierto y es justamente por eso que se pudo bajar fuertemente el uso de fungicidas. Pero además se hacia un deshoje muy fuerte. O sea, el gasto en pesticidas depende de las condiciones y de los manejos que hagas. La eficiencia es distinta a la eficacia. Hay que deshojar más, manejar mejor el follaje, lo que va de la mano con el vigor que se le imprima a las parras. Si se tiene sobre 2,5 km/hora de viento en el parrón, dicha ventilación  permite prácticamente no tener botritis (Botrytis cinerea). ¿Pero qué es lo que nos ha pasado? Como nos piden uva de color verde, cada vez sacamos menos hojas porque no queremos tener uva amarilla. Eso nos ha ido llevando a basarnos más en los fungicidas, pero los fungicidas no son erradicantes. Entonces, tiene que haber una mezcla de manejos y estamos obligados a que haya una mejor integración entre el manejo de campo y el uso de químicos.

-¿Cuáles son los principales problemas que presenta la uva de mesa chilena -en general- en destino?

-Hace unos años Manuel Alcaíno nos facilito información de varios años de las revisiones de Decofrut en Philadelphia. Los datos resultaban difíciles de creer. Casi un 90% de las inspecciones de las uvas blancas reflejaban problemas que iban desde una manchita hasta un nido de pudrición. Pero en la uva roja los problemas bajaban a menos de la mitad. Lo siguiente que destacaba el informe era el alto porcentaje de racimos mal terminados, acuosos. Es decir, baya blanda, queja permanente de todos los años, pero en la uva roja es menos. Entonces, ¿qué han hecho los importadores o el retail?, se han sacado el problema de encima. ¿Para qué van a comprar más uva blanca con problemas? Sin embargo, eso no quiere decir que no haya demanda por uva de mesa blanca, lo que pasa es que los compradores están aburridos de recibir problemas. Quieren buenas uvas, grandes, bien terminadas y sanas… y Perú se las está dando.

-¿Eso es lo que pasa con Thompson? Dicen que una buena Thompson se va a vender siempre a buen precio. Pero resulta que el productor ha tenido que dejar fuera de la caja un 40% de la uva por estar amarilla.

-No me atrevería a generalizar ya que conozco a varios productores que con Thompson logran promedios de 2.800 cajas/ha, e incluso con años de sobre 3.000 cajas. Productores que ganan mucho dinero porque sus Thompson llegan perfecto. Pero son productores que cosechan bien y a tiempo, y son productores que trabajan a la perfección en términos de manejo de follaje; entre otras diferencias. A las ocho de la mañana tienen el packing operando; la fruta está con baja temperatura porque se cosechó cuando no hacía calor. Es decir, parten con otra realidad y finalizan entrando a enfriar con la fruta a doce grados y no con treinta. Es otra fruta. La diferencia está en que son productores a los que les queda casi dos dólares por kilo en tanto que a los otros les queda menos de un dólar por kilo. Con menos de un dólar por kilo con suerte pagas los gastos. Pero con dos dólares por kilo ganas bastante dinero.

-Por supuesto que para cada variedad el objetivo productivo será distinto…

-Para cada variedad es distinto. La verdad es que 2.500 o 2.600 cajas promedio de Thompson -en un periodo de diez años-, no es fácil de lograr, porque un año te llueve, otro año falta agua, el siguiente año ocurre tal otra cosa. No es fácil. En cambio, aspirar a tener 3.500 o más por hectárea de Red Globe, por ejemplo, así como en muchas de las variedades rojas nuevas, en forma consistente, es perfectamente factible. Eso es parte de lo que ofrecen algunas de las variedades nuevas.

-Independiente de la zona geográfica, en Chile se tenía variedades tempranas, de media estación y tardías, buscando extender la temporada para  hacer más eficiente la mano de obra, ¿que va a pasar a futuro siendo que todas las nuevas variedades son tardías? Además con el ‘USDA marketing order’ como cierre de la temporada chilena en el mercado de EEUU (10 de abril). En paralelo, si sigue detrás de las variedades nuevas, California se va a ir atrasando, luego Perú, ¿cómo se va a estructurar todo este asunto en Chile y en la industria global?

-Es otra dificultad más entre las muchas que enfrentamos. Aunque hay algunas pocas variedades nuevas tempranas disponibles y otras en desarrollo. Te doy la razón en cuanto a que solo producir variedades tardías de alto rendimiento por hectárea es meterse en mayores riesgos de lluvias y de daños. Esa es una realidad  que se hace más compleja hacia la zona sur, más que hacia el norte. Es distinto el riesgo de cosechar Flame en diciembre que tener que esperar hasta marzo cualquiera de las variedades nuevas. Además se va a producir una concentración de oferta y hemos aprendido que cada vez que esto pasa, detrás vienen mayores exigencia de condición y calidad de la fruta. Este análisis lo hemos hecho mil veces en Uvanova y de aquí la preocupación de todos por aprender los mejores manejos para cada variedad nueva, que nos garanticen buena llegada y tiempo de venta. Muchas cosas ya la sabemos, pero no todos los productores las han implementado.

-¿Cuál es nuestra principal fortaleza y nuestra principal debilidad?

-En Chile tenemos buena calidad: uvas dulces, de buen sabor, pero nos falta avanzar -al menos-  en la terminación de la fruta, en el tamaño de la baya y en la calidad de escobajos. Adicionalmente, no siempre llegamos bien a destino. ¿Por qué? Porque demoras en bajar la temperatura de campo de la fruta, por condensaciones de posembalaje, por fallas en el manejo de la canopia, entre otros. Muchas veces se espera hasta última hora, hasta terminar de llenar el camión, para recién llevarlo al prefrío. Después, cuando llega al prefrío se encuentra con demoras al entrar, ya que todos llegan a la misma hora. Así se afecta severamente la condición de poscosecha de la uva. Luego llegamos a EEUU, donde nos obligan a fumigar la fruta con bromuro metilo, y nos encontramos con que el mercado está pesado y que tenemos que guardar la fruta porque hay que esperar venta. A esa altura a la fruta ya no le queda mucha vida y es probable que la comercialización vaya muy mal. El negocio está en crisis porque ahora en el mercado hay buenas alternativas a nuestras uvas cansadas. La condición de llegada es a mi entender la principal limitante del negocio de la uva de mesa chilena, sin embargo, respaldo a los expertos en poscosecha cuando dicen que hemos hecho mal la tarea en lo que respecta al manejo de los factores que afectan la condición de la fruta, tanto de campo como en poscosecha.

“HOY TODOS ESTAMOS APRENDIENDO”

-Entonces ahora pasamos de los problemas de siempre, con las variedades tradicionales, a estos nuevos problemas, por ejemplo, con los escobajos…

-Es que debemos aceptar humildemente que no sabemos aun lo suficiente de la mayoría de las variedad nuevas de uva de mesa que se plantan hoy en Chile. Entre los propios asesores nos consultamos permanentemente a medida que vamos adquiriendo mas experiencia con determinadas variedades. ¿Qué carga en esta variedad o cuánto de giberélico? Productores y asesores estamos aprendiendo.

-Siendo un problema masivo el de los escobajos deshidratados de nuevas variedades, ya que también lo hemos visto en la uva peruana, ¿has visto fruta de estas nuevas variedades con escobajos bien manejados? Como para entender que no es un problema varietal…

-Sí, lo he visto en California. Y tambien en las primeras producciones que tuvimos. En que los problemas aparecían menos marcados. Pero de que hay un problema de suceptibilidad varietal es un hecho y se marca más cuando las ventas no son inmediatas. Otra cosa cierta, es que no da lo mismo vender a los diez días o a la semana de cosecha, como hacen los californianos, que vender cinco semanas después. Los problemas se van a magnificar.

-En ese sentido, ¿cuál sería para ti una tasa razonable de recambio varietal?

-Me parece que el límite está en conocer las variedades y su comportamiento según la combinación de patron que se emplee en cada zona. ¿Qué pasó con la industria de la uva de mesa en Chile con la llegada de los patrones nuevos? Fracasamos en muchos. Traíamos a la zona central portainjertos que funcionaban muy bien en Copiapó, pero los poníamos aquí y la uva no servía. En este campo (Calera de Tango) el parrón era Thompson sobre Harmony, daba la uva más linda que te puedes imaginar. Pero no viajaba. Ahora es un parrón de Tintorera. Lamentablemente, ademas, la oferta de los viveros de las variedades nuevas no siempre es en el patron en que se espera un mejor comportamiento. Esto debe cambiar.

-Me he encontrado con productores que todavía piensan en plantar la variedad Thompson a pie franco. ¿Te parece razonable?

-Según mi experiencia es lejos como se obtiene la mejor fruta Thompson, porque sabemos como manejarla. Pero ciertamente que es una preocupación si la Thompson la podremos seguir vendiendo bien a futuro, porque al parecer hay alternativas varietales nuevas -de más productividad- que son capaces de desplazarla.

-¿Cuál sería tu recomendación a un productor que quiere renovar variedades?

-Hoy día me movería en aquellas variedades que estén mejor validadas una vez ya en destino y fumigadas. La  mayor  discusión está en las variedades blancas. Otro asunto a tener presente es que mientras más cerrada sea una variedad, menos experiencia agronómica tenemos.

MEJORAR LA CONDICIÓN DE LLEGADA DE LA FRUTA

Arturo Miquel enfatiza que, de acuerdo a las conclusiones a que han llegado en Uvanova, el principal problema de la industria chilena de la uva de mesa corresponde a la condición de llegada de la fruta. “Es el primer problema que tenemos. Y cuando fallamos en la condición de llegada es porque nos estamos equivocando -principalmente- en el manejo de la canopia, en el control de la deshidratación de la fruta y en la cadena de frío; pero además estamos fallando en el conocimiento de cuáles son los potenciales productivos y de poscosecha de las variedades nuevas en nuestras condiciones. En nuestro fruticultura falta muchísimo por avanzar en materia de métodos, procedimientos y sistemas. En la medida en que esto no se aborda, todo se hace mas lento y es más dificil manejar los costos y hacer los trabajos bien hechos”, señala tajante el asesor.