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Marzo 2019 | Cítricos

Calibre de cítricos:

Fórmulas para aumentar el tamaño

Chile presenta excelentes condiciones para lograr cítricos de calidad, pero el clima no juega a favor cuando se trata del tamaño de la fruta, salvo en años de primaveras y veranos excepcionalmente cálidos. Afortunadamente existen productos que ayudan a suplir lo que la naturaleza nos mezquina, aumentando la división y elongación de las células. Otro aspecto muy relevante es la poda, necesaria para evitar el añerismo que va de años con gran cantidad de frutas chicas a temporadas de frutas escasas y grandes.

El aumento de la oferta de mandarinas W. Murcott, así como la competencia de otros países del hemisferio sur (Sudáfrica, Uruguay, Australia y Perú), se han traducido en una demanda más selectiva, o, en otras palabras, en un aumento de las exigencias de los compradores, quienes pueden elegir productos entre muchos oferentes. Esto es particularmente notorio en cuanto al calibre. La Dra. Johanna Martiz, de la Pontificia Universidad Católica de Chile, constata la disminución de la aceptación del calibre 5 por parte de las exportadoras en la temporada 2018, y estima que se verá aun más restringida en 2019, e incluso algunas empresas simplemente no lo aceptarán.

Figura 1. Efecto de la aplicación de bioestimulantes de declarada acción citoquinínica sobre productividad total y exportable (calibre 1X al 5) de mandarino W. Murcott. Temporada 2017/18.

Al contrario de lo que ocurre en países con climas más cálidos, el tamaño de la fruta es un desafío relevante en las condiciones de Chile. Esto no debiera extrañar, si se toma en cuenta que W. Murcott tiene su origen en Marruecos, donde la acumulación térmica supera los 2.000 grados-día, en tanto que en las áreas productivas chilenas más cálidas (Norte Chico) acumulan del orden de 1.400 a 1.500 grados-día, cuantifica la académica. Los grados-días se miden desde el 1° de septiembre (antes de floración) hasta el 30 de abril. Como sabemos, en nuestro verano y comienzos de otoño las temperaturas son bastante altas, de manera que en ese periodo no hay grandes diferencias de acumulación térmica respecto de los otros países productores. La gran disparidad ocurre en primavera.

NOS JUGAMOS LA VIDA ENTRE OCTUBRE Y PRINCIPIOS DE DICIEMBRE

Dos factores determinan el tamaño del fruto: la división y la elongación celular, en ese orden. La división dará como resultado la cantidad total de células que conforman cada fruta, mientras el tamaño final de cada célula dependerá de su elongación. Si se logra empezar una fruta con 10 millones de células y otra con 1 millón (cifras solo de valor explicativo), y las células de la primera duplican su volumen en la elongación, para alcanzar un tamaño similar la segunda fruta necesitaría que sus células aumentaran 20 veces de tamaño, lo que es imposible. En la práctica, una mandarina con división celular deficiente jamás logrará el crecimiento potencial de la variedad. Y este factor se relaciona estrechamente con lo señalado respecto al clima, porque la división celular ocurre en primavera, coincidiendo con la falta de temperaturas más altas.

“Nos jugamos la vida entre octubre y principios de diciembre”, señala el asesor Julio Cornejo, de Agroconsultores y Agroinvestigación. Y como el clima no se controla, hay que utilizar otros manejos para suplir el déficit térmico.

La principal hormona vegetal responsable de la división celular es la citoquinina, explica el consultor. Otras hormonas tienen participación, pero en muy menor proporción. Y prácticamente la totalidad de las citoquininas se produce en puntas de raicillas activas, subraya.

Johanna Martiz.

En las condiciones de Chile, el peak de raicillas se logra en el “flush” de diciembre, cuando la temperatura del suelo sobrepasa los 14,5 a 15°C. ¿Qué pasa antes? Hay raíces, pero “están con el abrigo puesto” debido al suelo frío, grafica Johanna Martiz. Por lo tanto, se encuentran muy poco activas.

Precisando ahora la limitante climática que nos dificulta el calibre, podemos decir que está dada por un déficit de temperatura, sobre todo del suelo, en octubre y noviembre. Por eso en años con primaveras cálidas los calibres mejoran de manera notable.

De acuerdo a lo dicho, se necesita iniciar la primavera con la mayor cantidad de raíces para generar citoquininas. Este requerimiento depende del flush de crecimiento radical previo, el cual ocurre normalmente a inicios de otoño.

Julio Cornejo (JC): “Si yo fomento ese desarrollo otoñal, una mayor cantidad de raíces sobrevivirá al invierno. Ellas sostendrán la división celular a inicios de primavera y además serán las que absorberán el agua y nutrientes necesarios para la planta. El flush se puede potenciar con ácidos húmicos vía riego, los cuales, en palabras simples, generan porosidad en el suelo, dando el oxígeno que las raíces necesitan para mantener su alta tasa de respiración y para crecer. Cuando la situación es difícil y se requiere de un input adicional, se puede trabajar con un enraizante”.

BIOESTIMULANTES PARA LOGRAR LA PRODUCCIÓN DE CITOQUININAS A FALTA DE TEMPERATURA

¿Cómo inducir la producción de citoquininas a falta de temperatura en el suelo? Johanna Martiz en conjunto con Agroinvestigación evalúan desde hace 6 años el uso de bioestimulantes basados en las algas Ecklonia maxima y Ascophyllum nodosum, tanto en aplicaciones foliares como al suelo a través del sistema de riego.

Johanna Martiz (JM): “Hemos comprobado a nivel de campo y en condiciones cotroladas una muy buena respuesta a ambas algas, permitiendo una división celular alta. Suponemos que son capaces de elicitar o fomentar la producción endógena de auxinas y citoquininas por parte de la planta. Ahora estamos investigando este mecanismo a nivel molecular, estudiando la activación de genes”.

Las aplicaciones deben llevarse a cabo de manera temprana, partiendo a inicios de floración. Si bien las primeras flores se aprecian después del 18 de Septiembre en la zona central, el proceso comienza de manera importante a partir de los primeros días de octubre.

JM: “Un buen desarrollo del ovario en la flor es el input, la materia prima para una mejor división celular. Un ovario pequeño siempre va a tener menor división celular y luego el fruto será más chico”.

Cuadro 1. Efecto de la aplicación de Ascophyllum nodosum y Ecklonia maxima sobre la productividad total y exportable en tres temporadas en naranjo Fukumoto (huerto de 7 años, injertado en Rubidoux).

Un segundo momento de aplicación corresponde a cuaja, y un tercero a caída fisiológica al final de la Fase I de división, añade Julio Cornejo. La primera y la segunda aplicación son las más importantes, en tanto la tercera tiene carácter opcional pues sus resultados solo se aprecian ante condiciones ambientales estresantes; por ejemplo, ante periodos de mucho calor.

Julio Cornejo.

El uso de extractos de algas significó un paso adelante en aumento de calibre, pero el mercado impone mayores exigencias.

JC: “El siguiente paso que hemos dado, ya en estudios de dos años consecutivos, es utilizar bioestimulantes (extractos de algas o extractos vegetales) con declarada acción citoquinínica. No se trata de productos sintéticos, son de origen natural, pero de efecto citoquinínico más potente”.

Estos bioestimulantes de declarada acción citoquinínica han mostrado el mejor funcionamiento. Actualmente la Dra. Martiz está probando su aplicación a inicios de septiembre, terminando la diferenciación de las flores, previa a antesis (expansión floral). La hipótesis es que dicha aplicación podría ayudar de manera significativa a que la flor forme su estructura de mejor manera dentro de la yema. Asimismo, se evalúa el empleo a nivel productivo de citoquininas sintéticas, cuyo efecto ya fue estudiado en ensayos con fines de investigación académica. Sin embargo, habrá que esperar hasta la cosecha para conocer los resultados de ambas líneas de estudio.

Cuadro 2. Retorno* acumulado de tres temporadas debido a la aplicación de bioestimulantes basados en Ascophyllum nodosum y Ecklonia maxima.

ESTIMULACIÓN PARA LA ELONGACIÓN O “ENGORDE” DE LAS CÉLULAS

Una reserva importante respecto de lo que se ha indicado sobre el uso de bioestimulantes: cuando las aplicaciones se hicieron en un año cálido, en comparación a testigos sin aplicación, la utilización de estos productos no mostró efectos significativos sobre el tamaño de la fruta, aunque sí se observó una tendencia en ese sentido. El mayor impacto se obtuvo en primaveras frías.

Los entrevistados recomiendan hacer siempre la primera aplicación a inicios de floración (por lo general los primeros días de octubre) y luego llevar un registro de temperaturas (grados-día) que ayudará a tomar la decisión del momento de la segunda y tercera aplicación, sobre bases bien fundamentadas.

¿Qué sigue después?

JM: Se ha estudiado y está reportado que el crecimiento posterior, la elongación celular, se debe sobre todo a la acción de las auxinas. ¿Qué herramientas tenemos? Se trabaja con dos auxinas sintéticas, el 3,5,6 TPA y el 2,4 DP (Maxim y Clementgros respectivamente). Para elegir cuál de ellas emplear, el criterio no es optar por la más barata. Si bien ambos productos aportan al crecimiento, presentan sutilezas que exigen un conteo de frutos y medición de tamaño.

Por ejemplo, en una evaluación de Agroinvestigación Ltda. en W. Murcott, donde se aplicó 2,4 DP y 3,5,6 TPA en comparación al testigo sin aplicación, durante dos temporadas (María Pinto, RM), los resultados indicaron que en un año de baja producción podría ser más conveniente el uso de 2,4 DP, dado que este regulador no ralea. A la inversa, Maxim sería una opción mucho más atractiva en un año normal o de alta producción, con gran cantidad de fruta, puesto que potencia un poco más el calibre y gatilla la caída de frutitos pequeños, que después serán precalibre, reduciendo los costos de cosecha. En síntesis, puede manejarse la opción de producto a aplicar de acuerdo a la condición de la planta.

El uso de auxina para “engorde” se hace una vez que ha terminado la caída natural de fruta, vale decir hacia el final de la Fase I de crecimiento e inicio de la Fase de elongación. Las auxinas desplazan la curva de crecimiento hacia calibres un poco más grandes. El efecto ocurre durante los 7 a 10 días posteriores a la aplicación, gracias a la mayor elongación celular. Se produce un aumento sustancial en el tamaño del fruto, pero después del período indicado este retoma el ritmo de crecimiento normal (ver una completa explicación en “Bioestimulantes, reguladores de crecimiento y manejo de raíces en cítricos”, Redagrícola 92, febrero-marzo 2018). Dosis mayores a las recomendadas pueden provocar una exacerbada caída de fruta, debido al incremento de etileno que generan las auxinas de síntesis, y producir sequedad de la pulpa en frutos, aspecto similar a la granulación, que se puede confundir incluso con daño de heladas.

Cornejo recalca la importancia de efectuar el conteo y monitoreo del tamaño de la fruta para determinar el momento de aplicación: “No se puede aplicar las auxinas solamente sacando un promedio del tamaño de la fruta, que es lo que muchos hacen. Tienes que ver cuáles son los diámetros alcanzados a la fecha para definir el grupo de frutos que quieres hacer crecer y el grupo de frutos que quieres que se caiga”.

La toma de color es altamente demandante de carbohidratos.

UN MITO QUE LLEVA A EXCESOS EN LA APLICACIÓN DE NITRÓGENO

Hay una idea bastante difundida respecto de que la fertilización con cantidades importantes de nitrógeno (N), que a veces superan las 350 unidades por hectárea (ha), se lograría un impacto en el calibre. La creencia se fundamenta en el rol del N en la formación de aminoácidos, los cuales forman a su vez las proteínas y estas contribuyen a la estructuración de las células. De ahí suele inferirse que dosis altas del elemento favorecerían una mayor división celular.

JC: “Suena lógico, pero no es exactamente así. En efecto se debe suplir la demanda de N de la planta según la producción estimada, pero no se saca nada adicionando grandes cantidades de este nutriente si no están las citoquininas, las cuales comandan la división celular, y las cadenas carbonadas producto de la fotosíntesis, la cual se reduce producto del sombreamiento por exceso de vigor debido a las altas cantidades de N. Por otra parte, se pierde el equilibrio nutricional, y un fruto sobrenitrogenado tiene una pésima postcosecha, con problemas de color y condición. ¿Hay que fertilizar con nitrógeno? Por supuesto: lo que se requiere y no más. Además dosis exageradas de N no contribuyen a la sustentabilidad de los huertos, aspecto fundamental que estamos trabajando hoy”.

JM: “Si no se dispone de todos los componentes para crecimiento, ¿a dónde se desvía el exceso de N? A chupones y exceso de crecimiento vegetativo, lo que junto con reducir la fotosíntesis por sombreamiento, produce pérdida de ramillas frutales al interior del árbol y un incremento de giberelinas, que pueden afectar la coloración de frutos y la inducción de yemas de la próxima temporada”.

EL EFECTO TAMBIÉN FAVORECE LA CANTIDAD DE FRUTOS

La estrategia planteada no solo incrementa el calibre de la fruta sino también su cantidad:

JM: “Los bioestimulantes mejoran la capacidad de retención de fruta del árbol, a la que suma una mayor división celular, y por tanto se obtiene más toneladas por hectárea. A diferencia del añerismo, en que un año de alta producción afecta la calidad porque se reparte lo mismo entre más frutos, la estrategia propuesta no va en desmedro de la calidad interna: se mantiene el nivel de sólidos solubles, la acidez, la coloración. Esa es una gran ventaja”.

Si se proyecta una mayor producción y calibre, ¿hay que ajustar los programas de fertilización y riego?

JC: “Absolutamente. Por eso también es tan importante el conteo luego de la caída fisiológica. Aplicas las auxinas y los ajustes te permiten saber cuánta fruta tendrás a cosecha y vas afinando el programa de fertilización”.

Los especialistas analizan un caso real en naranjo Fukumoto donde en la primera temporada el retorno a productor en el testigo sin aplicación fue de US$20.000/ha, mientras que con la aplicación de bioestimulantes a inicios de floración y cuaja, se llegó a US$25.000/ha. En la temporada siguiente en el mismo huerto la producción del testigo subió, producto de la alternancia, en tanto que en el sector con las dos aplicaciones se mantuvo. Sin embargo, mientras el testigo logró un 80% exportable, el tratamiento en floración y cuaja llevó ese porcentaje a 90%. En retorno, el testigo bajó a US$17.000 y el sector con los bioestimulantes obtuvo US$21.000/ha. El resultado final acumulado al cabo de tres temporadas fue: testigo US$60.000; con aplicaciones de floración y cuaja US$67.000 a US$71.000, o sea entre US$7.000 y US$11.000 adicionales de retorno por hectárea (cuadros 1 y 2).

¿Cuál es el costo del programa?

JC: El litro de producto cuesta del orden de 10 dólares y, dependiendo del producto, se utilizan 3 a 4 litros por hectárea en cada aplicación.

 

CONSIDERACIONES EN EL USO DE MACROPHYLLA PARA LOGRAR CALIBRE

JM: “Con Macrophylla vas a tener calibre, porque es un portainjerto vigoroso, que además ayuda a lograr mayor cantidad de fruta y resiste problemas de suelo como los carbonatos y otras sales. Pero ojo con él: si y solo si tienes una condición climática muy buena, que te ayude a compensar la calidad, porque baja los sólidos solubles, disminuye la acidez, aminora la coloración y la fruta tiende a ser más basta. Nosotros probamos y publicamos que Macrophylla en la mayoría de las condiciones de Chile tiene efectos complicados sobre la calidad”.

Los entrevistados advierten que nuestros mercados, como EE.UU., ya comenzaron a restringir por calibre y calidad, y que China, nuestro próximo mercado, se caracteriza por consumir fruta muy dulce y de gran calibre, por lo que se debe trabajar los huertos para estos objetivos.

OTRO FACTOR DETERMINANTE: CONTROLAR EL AÑERISMO

Los entrevistados aclaran que estos tratamientos no terminan con el añerismo:

JM: “No pidas milagros, los productos van a mejorar la curva de tamaño en un año de alta, pero de todas maneras habrá calibres chicos”.

JC: “Si el año viene con pocas flores, los bioestimulantes incrementarán la cuaja, pero no van a duplicar la producción si faltan flores”.

La herramienta fundamental para manejar la alternancia productiva es la poda, resaltan.

Existe un proceso de inducción que va aproximadamente de abril a agosto, donde se determina si las yemas generarán flores o no. Para la inducción se necesita una alta cantidad de carbohidratos disponibles en la yema, aspecto limitante de la inducción, de manera que cuando la planta dispone de ellos, puede dar preferencia a las flores; por el contrario, si hay escasez, buscará ahorrar ese recurso y dará preferencia a la formación de hojas.

En el caso de los cítricos, y en particular de W. Murcott, ese periodo coincide en gran parte con la Fase III de maduración, de mayo a septiembre, durante el cual la fruta madura y toma color. Este proceso también es muy demandante de carbohidratos.

Si la planta tiene una alta carga de frutos, les dará prioridad, orientando la mayor parte de los carbohidratos hacia ellos. Por lo tanto, la inducción de yemas a flores se verá seriamente restringida. En consecuencia, habrá pocas flores en primavera y escasos frutos en el otoño siguiente: un año de baja. En esta nueva temporada ocurrirá exactamente lo inverso: poca fruta, amplia disponibilidad de carbohidratos para inducir yemas a flores, y una fuerte floración en primavera, originando gran cantidad de frutos en otoño: año de alta. Así se genera la alternancia productiva, conocida como añerismo.

El ciclo descrito se corta con la poda. Y no es un juego de palabras.

JC: “Si tuviste una cosecha de año de baja y ves que viene una tremenda floración, haz una poda intensa en septiembre-octubre. Dejas un árbol pequeño, fácil de cosechar, al tiempo que eliminas gran parte del exceso de flores. Al año siguiente, de alta, habrá menos flores; haz una poda suave”.

Para ayudar a la generación de carbohidratos, dos recomendaciones muy importantes:

-Cuando se produce un “cosechón”, hay que entregar la nutrición y el agua suficientes para compensar el desgaste que está sufriendo la planta.

-Los cítricos son plantas que responden extremadamente bien a la luz. “No estamos hablando de la ventanita que se acostumbraba hacer y que al mes ya estaba tapada –enfatiza la académica de la PUC–. La inducción de yemas necesita luz además de carbohidratos. Hay que abrir el centro de la planta, y cuando lo haces pones fruta adentro”.

JC: “Llevamos más de 10 años evaluando, en conjunto con la Dra. Martiz (PUC), la poda y sistemas de conducción, y hemos visto que el mejor sistema es realizar una copa con una ‘puerta’ mirando al sol de la mañana, tal como se expuso en el último Congreso Mundial de Citricultura. Otros sistemas como la Y griega o V no presentan ventajas productivas y además dificultan la entrada de productos químicos y reguladores de crecimiento (que actúan todos por contacto) al interior del follaje y encarecen los manejos como la poda/desbrote y la cosecha, siendo esta última la labor más cara del proceso productivo. Hoy, con el tema de la mano de obra cada vez más complejo, hay que tener un árbol amigable”.