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38.000 ha estimadas de frutales ante sequía

Ajustes de gestión del agua en Limarí dan respiro a los regantes

En la región de Coquimbo el panorama de los frutales de las cuencas de Elqui y Limarí se ve difícil, pero superable. La situación más crítica se enfrenta en Choapa, por la menor capacidad de almacenamiento de agua. Luego de un año que permitió recargar los embalses al término de un calvario de escasez de más de una década, la forma de gestionar el agua ha cambiado, tanto a nivel de organizaciones de regantes como intrapredial. Las siguientes páginas recogen las razones por las cuales los productores frutícolas de Coquimbo hoy están mejor preparados que nadie en el país para sacar adelante su producción en temporadas tan secas como la presente.

Pablo Álvarez.

Pablo Álvarez y Héctor Reyes, director y subdirector, respectivamente, del laboratorio de Prospección, Monitoreo, Modelación de Recursos Agrícolas y Ambientales, PROMMRA, del Departamento de Agronomía de la Universidad de La Serena (ULS), distinguen la situación del riego en las tres grandes cuencas de la Región de Coquimbo: Elqui, Limarí y Choapa.

En Elqui, el régimen de distribución se basa en el concepto de desmarque, que corresponde a una fracción del derecho de aprovechamiento de cada regante. Puede ser el 100% si existe amplia disponibilidad del recurso, o un porcentaje menor. Este año, indican los académicos, el desmarque se ubica en torno al 30%, proporción cercana al promedio de 37,5%.

–Con ello se resuelve de manera más o menos adecuada la demanda de la superficie de uso más intensivo de la cuenca –afirman–. Un 30% es una distribución relativamente conservadora, que garantiza que en la próxima temporada los niveles de desmarque se moverán al menos en torno a ese mismo valor.

Héctor Reyes.

Hay dos fuentes de abastecimiento, el agua que escurre en la temporada por los ríos y aquella almacenada en los embalses. La condición ideal es no gastar el recurso de estos últimos, resolviendo el compromiso de desmarque que se asume con los regantes a partir de las aguas de escorrentía. Los embalses juegan un rol subsidiario, al aportar los puntos de desmarque faltantes si la situación lo amerita.

–Este año se va a cuidar los embalses Puclaro y Laguna, llenos en un 80% y en su totalidad, respectivamente, de manera que, si el 2020 llueve poco, completen un desmarque del orden del 30%. La temporada anterior fue buena y se manejó en forma criteriosa, con un desmarque propuesto de alrededor del 38%. Pudo haber sido más, pero se privilegió mantenerlo lleno por si venía una temporada de escasez. Para cumplir con un desmarque del 30%, la cuenca en total debe generar 240 millones de m3. En esta temporada el escurrimiento de los ríos debiera aportar 190 a 200 millones de m3 y nuestra estimación es que los embalses tendrían que cubrir en torno a los 40 millones de m3.

Embalse Puclaro en el valle del Elqui.

En el caso de Limarí, continúan los entrevistados, la Comunidad de Aguas Sistema Embalse Paloma, CASEP, que reúne la administración de los tres embalses existentes –Recoleta, Cogotí, La Paloma–, y el conjunto de las organizaciones de este sistema, adoptaron un modo de distribución bastante más conservador en comparación al existente antes de la sequía que culminó en 2014/15. Actualmente entregan solo un tercio del total del volumen embalsado disponible perteneciente a las organizaciones (ver Redagrícola 101), lo que en la presente temporada corresponderá a unos 100 millones de m3, cuantifican los directivos del PROMMRA. Gracias a que las organizaciones fueron muy cuidadosas en los años precedentes, añaden, la reserva guardada permitirá a la mayoría de las organizaciones distribuir más o menos dos tercios de lo que se daría en un año más abundante, en circunstancias que 2019 mantiene un 70% de déficit de precipitaciones.

La situación en Choapa presenta mayor dificultad. A pesar de ubicarse más al sur y de recibir influencia favorable a las precipitaciones del anticiclón del Pacífico, el valle tiene una capacidad mucho menor de almacenamiento en embalses. En consecuencia, también su posibilidad de regulación es pequeña y depende fundamentalmente de la escorrentía de la temporada. Algo parecido ocurre en Limarí en la comuna de Combarbalá, zona sobre cortina del embalse Cogotí. El área abastecida por los ríos Pama, Combarbalá y Cogotí va a ser la más crítica entre las que cuentan con riego, aunque la peor situación se verá en el secano, en las comunas de Canela y La Higuera, por ejemplo. No obstante, considerando las cuencas completas, la situación más dura corresponde a Choapa.

CAMBIAR EL MODELO PARA CONVIVIR CON LA DESERTIFICACIÓN

En Limarí, José González, presidente de la CASEP, a partir de proyecciones del PROMMRA, se prepara para llegar al caudal basal del río a partir de diciembre.

José González.

–Los hidrólogos hablan de caudal base cuando no hay nieve y escurre lo mínimo de acuerdo a las estadísticas –señala–. La cifra se mueve entre 300 y 500 L/segundo para atender más o menos a 4.600 hectáreas que se encuentran sobre La Paloma y que dependen del embalse natural que es la cordillera.

La región de Coquimbo ha ido aprendiendo a convivir con las sequías, un fenómeno que por su recurrencia ha llevado al Centro de Estudios Avanzados en Zonas Áridas, CEAZA, a sugerir que se prefieran los términos ‘desertificación’, ‘hiperaridez’ o ‘aridización’, ya que el concepto ‘sequía’, debido a la magnitud, espacialidad y temporalidad que implica, no resulta adecuado.

El dirigente de la CASEP resume algunas de las medidas que son fruto de la experiencia acumulada:

-Cambio del modelo operacional, llevando el máximo de distribución anual a un tercio del volumen contable de los embalses.

-Supresión de la dotación libre en caso de rebalse: antes si había rebalse se daba dotación libre a los regantes. Ahora en caso de rebalse de los embalses Recoleta o Cogotí, que se llenan más fácilmente (La Paloma no ha alcanzado su dotación máxima desde hace 16 años) se entrega la mayor parte del embalse que está rebalsando y se reserva La Paloma.

Embalse La Paloma en el valle del Limarí.

Ha habido una inversión sistemática en el recubrimiento o entubamiento de canales.

-Avances en revestimiento de canales. “Pero todavía queda mucho por hacer”, puntualiza González.

-Eficiencia en el uso de canales: en 2013-2014 se empleó el canal Palqui-Maurat-Semita como canal matriz para evitar el paso por un sector intermedio del río que presenta un alto nivel de infiltración. Adicionalmente, dicho canal disminuye sus pérdidas por conducción al llevar más agua. Existe la posibilidad de descolgar ciertos canales en otros, usando uno en lugar de dos o más para un mismo tramo, con lo que se reduce la longitud que debe recorrer el agua. Adicionalmente ello reduce la cantidad de geomembrana que se necesita para impermeabilizar los cursos, adaptándose a la disponibilidad de financiamiento. Lo anterior tiene especial importancia en el área sobre el embalse, donde se ubican alrededor de 150 de los 187 canales con derechos permanentes del sistema. “Es ahí donde hemos empezado a avanzar en el uso de los canales más altos como matrices”, comenta el dirigente.

-Adaptación del manejo con los regantes sobre la cota del embalse: desde 1997 en épocas normales o de abundancia de agua ellos tributan desde mayo a septiembre. Dado que en ese periodo la demanda natural de los cultivos se reduce, usan una fracción menor de su dotación por acción, y el resto lo tributan, almacenándose en el embalse. De octubre en adelante, sacan su dotación o el máximo posible de acuerdo al escurrimiento del río, en tanto los regantes aguas abajo aprovechan lo acumulado en otoño e invierno. Este año, por las condiciones desfavorables, la tributación se terminó en agosto en vez de septiembre, a fin de permitir riegos para iniciar la fase crítica con el suelo a estanque lleno. Hasta agosto se permitieron 0,4 L/s y en septiembre se autorizó en la parte alta el uso de la dotación total (1 L/s por acción). A medida que el caudal baja, la fracción va disminuyendo.

-Medidas de flexibilización: por ejemplo, grandes productores de uva temprana pueden pedir la entrega del agua antes de su cosecha, cuando hay mayor disponibilidad, y no consumir entre enero y marzo.

-Riego de humedales o vegas cordilleranas, con fines de mantención ecológica y para prolongar el escurrimiento de agua en el periodo estival. Este año comenzó a fines de agosto en lugar de noviembre, dada la ausencia casi total de nieve.

–Hay otra medida que tomamos –comenta el dirigente– que quizá no está dentro de nuestras atribuciones por ley, pero es de sentido común. Desde hace al menos unos 5 años, dimos prioridad al uso humano y consumo doméstico en nuestra cuenca. Sacamos un problema de encima a las autoridades y a nosotros mismos, porque nadie puede argumentar que va a intervenir la cuenca para consumo humano. Si hay un comité de agua potable rural que no tiene este recurso vital, se lo damos a través de un canal. Tener el derecho de aprovechamiento no nos da derecho de privar del agua para consumo a las personas.

REALIDAD DE PRODUCTORES: VIÑA EN CAMARICO, BAJO EL EMBALSE

Cristián Carrión, subgerente del valle de Limarí de Concha y Toro, además es presidente de la Asociación de Canalistas del Canal Camarico, director de la Junta de Vigilancia del Río Grande y Limarí, y director en la CASEP. Dado que las plantaciones de la empresa vitivinícola se encuentran aguas abajo de los embalses, Carrión considera que su nivel de acumulación le va a permitir una producción “relativamente tranquila”.

Cristián Carrión.

–De todas maneras –matiza– en Concha y Toro tenemos derechos de explotación de pozos profundos que en esta temporada vamos a usar un poco más. La superficie plantada se puede regar en forma correcta de acuerdo a nuestro balance hídrico; no podríamos plantar más. Ahora solo estamos haciendo reconversión de variedades, reemplazando Cabernet Sauvignon por variedades blancas de mejor resultado acá.

La dura experiencia acumulada por la escasez hídrica les ha hecho incorporar estrategias para aumentar la eficiencia:

–Muchos productores de uva de mesa sacaron sus cuentas y han dicho: antes regaba con 8.000 m3/ha/año, ahora lo hago con 6.000. Hemos aprendido a regar en forma sustentable: las viñas demandan 3.500 a 4.000 m3 y un parrón para vino del orden de 4.500 m3. Pero en 2014/15 regamos 1.000 m3/ha, con una poda mínima. Obviamente se pagó una cuenta; hubo una mortandad de plantas de alrededor de un 10%. Por otra parte, como en la parte baja del valle, donde nos ubicamos, debemos manejar la salinidad, estamos usando productos que nos ayudan a mejorar la estructura del suelo, como los tiosulfatos de calcio, por ejemplo, una práctica más amigable que el empleo de ácido sulfúrico. Por otra parte, los suelos tienen en torno a un 50% de arcilla, altísimo, entonces los excesos de riego provocan asfixia de raíces, lo que ya nos pasó en algunas partes. En cuanto a nuevas tecnologías, hemos sido cautos en ir validándolas, pero ya incorporamos la telemetría y estamos partiendo con algunos sectores regados en base a sondas de humedad.

Uva de mesa en la cuenca del río Mostazal.

REALIDAD DE PRODUCTORES: UVA DE MESA EN LA CUENCA CERRADA DE MOSTAZAL

Iván Varela, presidente de la Junta de Vigilancia del Río Mostazal, con participación en la propiedad de unas 135 hectáreas en este valle, donde está terminando un recambio total a nuevas variedades de uva de mesa (le quedan las últimas Thompson), realiza un diagnóstico de la situación en su sector:

–Esta cuenca, junto con la de Rapel, ubicada inmediatamente hacia el norte, son bien especiales. Ambos ríos son afluentes del río Grande, pero no tributan a este. Son “cuencas cerradas”, toda su agua se ocupa en la misma cuenca. Cuando construyeron los embalses se dieron cuenta de que si nos sacaban agua íbamos a quedar sin nada. Aquí no tenemos forma de retenerla, solo tranques prediales de pequeños volúmenes. Estimo que este va a ser uno de los peores años, junto con 1969; no me acuerdo el número exacto, creo que llovieron 18 mm y en 2019 van 14 mm. No obstante, tenemos ventajas: en esos años los canales eran de tierra, no tenían el mantenimiento correcto, ni las bocatomas tampoco. Hoy contamos con varios kilómetros de canales entubados o con geomembrana. Además tenemos nuestro propio sistema de compuertas, e intrapredialmente se han construido hartos tranques acumuladores, además del riego por goteo, que hoy está al menos en un 30 a 40% de los frutales.

Iván Varela.

Varela destaca que en la última gran sequía en el río Mostazal no se perdió superficie de frutales, aun cuando se llegó a repartir 350 L/s para todo el valle. El desmarque bajó a un 0,15 y la dotación llegaba cada 18 días. Lógicamente la producción bajó, pero se mantuvieron los árboles. El logro se obtuvo gracias al trabajo conjunto de las organizaciones, afirma, a la vigilancia de los celadores y al respeto de los tiempos de riego por los accionistas.

–Estamos preparados para esta –continúa–, nos encontramos terminando de entubar dos tramos de canales más, con el apoyo de la Ley 18.450, y eso va a ayudarnos.

También se avanza en la eficiencia del riego:

–Hace 10 años utilizábamos 10.000 m3/ha. Con nuestro asesor Martín Silva nos preguntamos por qué en otros países donde el agua es mucho más cara que acá, producen con tanto menos volumen. En Murcia sacan la temporada de uva de mesa con 5.500-6.000 m3. Empezamos a aprender el manejo de sondas de humedad y en la última sequía yo saqué variedades tempranas con 4.000 m3, y las variedades tardías con 5.800 m3. El costo es del orden de 2.500 dólares por sonda, incluida la telemetría, y en el predio de 40 ha donde estamos, por ejemplo, voy a poner 3. Estas tecnologías son caras entre comillas, porque te ahorras un montón de agua.

REALIDAD DE PRODUCTORES: CÍTRICOS EN EL PALQUI, SISTEMA PALOMA, AGUAS ARRIBA

Jaime Heredia, con más de 40 años como productor en El Palqui, arriba del embalse La Paloma, pasó de cultivar tomates a uva de mesa en el boom frutícola de los años 80 y ahora vira hacia los cítricos. Resiliente, ha debido superar cambios y desafíos, entre ellos una quiebra debida en parte a la sequía, según indica.

Jaime Heredia.

Desechó la opción de cambiar las vides tradicionales por las nuevas variedades. Consideró muy arriesgado para un productor asumir los riesgos de tener que probarlas y validar sus resultados en las condiciones de su campo al tiempo de obligarse a pagar los royalties. Por otra parte, veía “con temor” el negocio por el avance de las variedades tardías en EE.UU. y las grandes superficies de uva de mesa plantadas en Perú. En consecuencia, decidió reemplazar los parronales que van envejeciendo por clementinas.

–Durante el periodo de sequía que duró hasta el 2015 –relata– aproveché de arrancar lo más antiguo y plantar con clementina Orogrande. Las plantas jóvenes exigían mucho menos agua y a la vez sacamos parrones en los cuales ya no creíamos. Luego de la quiebra comprendí que el Talón de Aquiles nuestro es el agua, por lo tanto empezamos a hacer pozos, logramos constituir derechos subterráneos antes de que cerraran la cuenca. Como yo ya tenía mis pozos y había hecho estanques, pude plantar en 2015, en plena sequía. Después puse naranja Cara Cara y mandarina W. Murcott para desconcentrar el requerimiento de mano de obra, ampliando la cosecha desde abril a de agosto.

Heredia fue dirigente de las organizaciones de regantes durante 28 años, hasta 2012, ha participado en cursos de capacitación del PROMMRA, y tiene una visión personal sobre el manejo del agua en su zona:

Cuadro 1. Precipitaciones al 31 de agosto (lluvia). Región de Coquimbo, 2019.

Cuadro 2. Acumulación nival máxima de la temporada (mm equivalente en agua). Región de Coquimbo, 2019.

Cuadro 3. Volumen de agua almacenada en los embalses al 31 de agosto. Fuente cuadros 1, 2 y 3: información extractada de “Pronóstico de caudales de deshielo temporada de riego 2019-2020”. División de Hidrología DGA. 13/09/2019.

–Aquí contamos con más de 100 años de estadística de precipitaciones que muestran una curva descendente. Hacia atrás hay varios momentos con 15 a 20 mm de lluvia anual, mientras hay otros con 380 mm. Esto no es una sequía, es nuestra realidad. Tenemos los datos y los recursos tecnológicos, el asunto es cómo lo administramos, eso es lo que tenemos que discutir. La cuenca del Limarí tal vez sustente con 85% de seguridad unas 18.000 a 20.000 ha de frutales, no 38.000 ha. Tenemos que ajustarnos a eso. Las 2.000 ha frutícolas de antes de los embalses pueden aumentar 10 veces, gracias a los miles de millones invertidos en riego tecnificado, en acumulación, en mejoramiento de canales, pero no 20 veces. Y Ovalle ahora tiene 100.000 habitantes, por lo tanto los requerimientos para la cuenca son mayores.

LA CONEXIÓN DE LAS AGUAS SUPERFICIALES Y LAS SUBTERRÁNEAS

La evolución tecnológica ha provocado cambios en la demanda. A diferencia de antaño en que los riegos por tendido o surcos exigían turnos cortos de grandes caudales, los métodos tecnificados demandan caudales menores pero continuos.

Asimismo, los coeficientes de recuperación de los ríos han ido disminuyendo con la menor infiltración derivada de los sistemas de riego más eficientes, que dejan toda el agua a disposición de la planta, y del recubrimiento de canales. A nivel de cuenca, asevera González, el río se reabastece con las pérdidas de los que están más arriba, pero a nivel de usuario individual el ideal es llegar a cero pérdidas. “Eso se nota en el cauce, no es menor. Debemos aprender a manejarnos en forma distinta”.

José González cita un trabajo de Ricardo Oyarzún de la ULS, con isótopos radioactivos. En él se encontró aguas provenientes de la cordillera en vertientes cercanas a la costa. “Los ríos son la suma de toda la cuenca” postula el dirigente, y critica la entrega de derechos de agua subterránea a partir de 1981, en una cuenca que “se declaró agotada en 1880, hace 140 años. Las aguas subterráneas están conectadas con las superficiales, afloran más abajo –enfatiza– ¡y la DGA permite explotar aguas subterráneas a orillas de río! Hasta un niño sabe lo que significa”. En la última sequía, mediante decretos de escasez, se otorgaron derechos provisorios a algunas empresas grandes sin que las organizaciones lo supieran. “Reclamamos al director nacional de la DGA y no se entregaron más, pero las disposiciones no han cambiado y pueden volver a hacerlo”.

¿CUÁL ES EL LÍMITE PARA LAS PLANTACIONES DE FRUTALES?

Los límites autoimpuestos a la entrega, para cuidar el agua, probablemente han puesto un freno al crecimiento de las plantaciones. La provincia del Limarí, describe el presidente de la CASEP, alcanza algo más de 3 millones de hectáreas, de las cuales se llegó a regar cerca de 50.000 ha, las cuales bajaron a entre 35.000 y 40.000.

Cristián Carrión refleja cierta inquietud existente entre los productores respecto de cómo evolucionará este aspecto:

–Llama la atención la llegada de inversiones de afuera de la zona o extranjeras que desarrollan proyectos importantes. Nos preguntamos cómo van a solventar estos proyectos, porque aquí las asignaciones son variables. Nosotros hemos entregado desde la dotación máxima, que son 3.700 m3 por acción, hasta 200 m3 en el peor año de la sequía. En la zona decimos que para poder cultivar 1 ha con tranquilidad debo tener 2 acciones como mínimo. Hoy día se está plantando muchos frutales, mandarinos especialmente. Nos preocupa que en un momento vaya a existir una demanda por asignación de agua mayor a la que el sistema es capaz de sostener.

Embalse Corrales en el valle del Choapa.

Corte de paltos debido a la sequía en 2014.

Iván Varela es más optimista al respecto. Opina que ha habido un cambio favorable en los inversionistas:

–Ahora la gente que hace inversiones en agricultura analiza todas estas variables. Los bancos ya te piden informes hídricos de tus predios para financiarte. Hay un mayor conocimiento del manejo del agua.

¿Qué hacen las organizaciones de regantes para evitar una sobreplantación?

–Tenemos la obligación de ser eficientes en distribuir y repartir el agua –puntualiza José González–, sin embargo, no nos corresponde decirles qué plantar a los agricultores. Cada uno tiene que sacar sus cuentas. Pero sí debemos informarles el escenario en que nos encontramos. Más allá de la asamblea anual y las reuniones mensuales del directorio, hemos visto en la práctica que resulta mejor realizar reuniones sectoriales masivas para entregar todos los antecedentes. Hay algunos que culpan a los paltos. La culpa no es de los paltos ni de los nogales, sino de las decisiones individuales. Para tomar buenas decisiones deben recibir buena información de quienes dirigimos. Y si la gente participa, se evitan conflictos también. Ahora a través de internet tratamos de entregar los antecedentes de la manera más abierta posible, sin ninguna restricción, para que todo el mundo sepa.

No obstante, siempre se producen conflictos. Las organizaciones han ganado demandas por la instalación de pozos, solo para observar cómo se construyen otros pozos a pocos metros. González advierte, en todo caso, que insistirá en esa batalla. Asimismo han sorprendido casos de irregularidades en instituciones públicas y los han denunciado. A su juicio no se puede dejar todo el poder ni en el sector público ni en los particulares, “tenemos que controlarnos mutuamente”.

También las organizaciones han sido objeto de demandas, una de ellas la interpuso el entrevistado Jaime Heredia, quien ha recurrido a los tribunales por lo que considera una mala distribución y pago fraudulento de arriendo de derechos de aguas durante la última sequía.

UN VISTAZO A LA OPERACIÓN DEL MERCADO DEL AGUA

José González observa que la opción de productores que dejan sus cultivos y venden los derechos de agua se dio en sequías anteriores, pero va en declinación. Por un lado, la cantidad posible de obtener por arriendo es pequeña respecto de las necesidades, argumenta. Por otro, los pequeños agricultores que han logrado seguir adelante también han hecho sus inversiones, de modo que su oferta se redujo. Agrega que, aunque el movimiento de derechos a veces ofrece ventajas, hay que analizar caso a caso. “Por ejemplo, en el traslado puede haber un tramo donde se pierde mucha agua y empiezas a perjudicar a los que están más abajo. No es automático el asunto. Nosotros flexibilizamos, pero sin perjudicar a nadie”.

Cristián Carrión cuenta su experiencia en este mercado:

–Hay intermediarios, los “corredores de agua”. Las transacciones se efectúan en la plaza de la ciudad y los precios responden a la oferta y la demanda. Nosotros cuando llegamos hace unos 10 años teníamos campos que no habíamos empezado a trabajar y esa dotación la vendimos a $20 el m3. Cuando llegó la sequía debimos comprar; pagamos el agua de la misma asociación de regantes a $250/m3. Entiendo que en la parte alta los productores de fruta de exportación llegaron a pagar $600/m3. Hoy el m3 está entre unos $70 y $100, dependiendo de la asociación, porque la oferta es distinta: Camarico tiene un precio, Recoleta otro, etc.

A juicio de Carrión, el mercado electrónico del agua fue un proyecto interesante. Sin embargo, no logró sobrevivir al periodo de sequía debido a que en un momento sencillamente la oferta se terminó.