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Diciembre 2019 | Noticias

Columna de opinión

Agricultura, biotecnología y calentamiento global

Miguel Ángel Sánchez, PhD, Director Ejecutivo de ChileBio.

«Los datos son desoladores», fue la última conclusión señalada en el informe reciente que Naciones Unidas elaboró, donde comparó los niveles actuales de emisiones de gases invernadero y los niveles admisibles para evitar los efectos más catastróficos del calentamiento global.

Este informe de la ONU sostiene que los países deben quintuplicar sus compromisos de reducción de emisiones de CO2, uno de los principales gases de efecto invernadero, si se quiere evitar un calentamiento mayor de 1,5 grados celsius respecto a la era preindustrial. Aún si los países cumplieran sus compromisos delineados tras el Acuerdo de París, el mundo va camino a un calentamiento de al menos tres grados si no hay cambios drásticos y se reducen las emisiones en un 7,6% cada año durante la próxima década.

Miguel Ángel Sánchez.

¿Qué está haciendo la ciencia para contribuir a evitar este desenlace? Llama la atención el sector de la biotecnología vegetal y los cultivos transgénicos. Algo no muy conocido, pero que los datos duros lo avalan, es que gracias a su adopción se ha contribuido a mejorar la seguridad alimentaria, a hacer la agricultura una actividad más sostenible y a proporcionar herramientas para enfrentar los desafíos climáticos, como es la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.

En la actualidad existen sólo 12 cultivos transgénicos disponibles comercialmente en al menos un país: maíz, soja, algodón, canola, remolacha azucarera, caña de azúcar, alfalfa, berenjena, papaya, zapallo italiano, manzana y papa.

Según las necesidades agrícolas que existan, estos han sido mejorados para resolver los problemas de los agricultores en el campo y disminuir las pérdidas en la producción. De esta manera, algunos presentan una una mejor resistencia a ciertos insectos plaga, y/o tolerancia a herbicidas específicos para controlar malezas, y/o resistencia a determinadas enfermedades, y/o aumento de vida poscosecha disminuyendo el desecho de alimentos, y/o adaptación a condiciones climáticas adversas como la sequía.

Entre los beneficios documentados que han otorgado están:

Incremento de la productividad. Al reducir las pérdidas agrícolas, aumentó la producción en 657.6 millones de toneladas valorizadas en US$186.000 millones entre 1996-2016.

Reducción del impacto ambiental de la agricultura en un 18,4%. Debido al menor uso de pesticidas y al reemplazo de herbicidas tóxicos por otros más amigables con el medio ambiente.

Reducción de las emisiones de CO2. Debido a la menor necesidad de maquinaria para aplicar insumos y principalmente a la no necesidad de arado en algunos casos, en 2016 se evitó emitir 27.000 millones de kg de CO2, lo que equivale a sacar de circulación por un año a 16,7 millones de autos.

Conservación de la biodiversidad. La mayor producción (1996-2016) permitió ahorrar el uso de 183 millones de hectáreas, evitando desforestación y el avance de la frontera agrícola.

Se ha evitado el uso de 671 millones de kilos de ingrediente activo de pesticidas, lo que equivale a una reducción del 8,2% (1996-2016). Esto al mejorar la resistencia a ciertos insectos plagas y al hacer más eficiente control de malezas.

Aporte social. La mayor productividad ha permitido mejorar de la situación económica de 17 millones de pequeños agricultores, y sus familias.

Evaluación de su inocuidad. son los únicos cultivos que para poder ser comercializados deben previamente pasar por una etapa de análisis de riesgo que garantice su seguridad para el medio ambiente y los consumidores.

En conclusión, aunque no son la panacea ni la única herramienta disponible, los cultivos transgénicos contribuyen a que la agricultura sea más amigable con el medio ambiente y mejore la seguridad alimentaria. Hoy el desafío es que se implementen regulaciones coherentes y efectivas para asegurar la contribución de la biotecnología para avanzar hacia una agricultura sostenible.